Un estudio internacional encontró que la combinación de pruebas funcionales en fibroblastos alcanzó una sensibilidad del 76 % y una especificidad del 93 %, como complemento de la secuenciación genética
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Karem Díaz S.
Una pequeña biopsia de piel puede proporcionar información relevante para confirmar determinadas enfermedades mitocondriales primarias y reducir, en algunos pacientes, la necesidad de recurrir a procedimientos más invasivos. Un estudio internacional liderado por investigadores del Children’s Hospital Colorado y la Universidad de Colorado Anschutz, en Estados Unidos, evaluó de manera sistemática varias pruebas funcionales realizadas en fibroblastos cultivados a partir de muestras cutáneas.
El trabajo, publicado en EMBO Molecular Medicine, analizó el rendimiento de diferentes técnicas destinadas a comprobar directamente cómo funcionan las mitocondrias dentro de las células. Cuando los investigadores combinaron los distintos ensayos, obtuvieron una sensibilidad global del 76 % y una especificidad del 93 % para identificar enfermedades mitocondriales primarias.
El avance no sustituye la secuenciación genética, que continúa siendo una herramienta de primera línea. Su principal utilidad aparece precisamente cuando el análisis del ADN no proporciona una respuesta definitiva o detecta variantes genéticas cuyo significado clínico permanece incierto.
El diagnóstico genético todavía deja pacientes sin una respuesta
Las enfermedades mitocondriales primarias comprenden un conjunto muy heterogéneo de trastornos genéticos que afectan la capacidad de las mitocondrias para realizar adecuadamente funciones esenciales relacionadas con el metabolismo y la producción de energía celular. Debido a ello, pueden comprometer distintos órganos y generar manifestaciones clínicas muy diferentes entre pacientes.
La secuenciación del ADN mitocondrial, del exoma o del genoma completo ha transformado el diagnóstico de estas enfermedades. Sin embargo, los autores señalan que las estrategias moleculares actuales consiguen establecer una causa genética definitiva aproximadamente en el 50 % al 65 % de los casos evaluados.
Una dificultad adicional aparece cuando la secuenciación identifica una variante de significado incierto. Encontrar una alteración genética no demuestra automáticamente que esa variante sea responsable de los síntomas: en determinadas situaciones es necesario comprobar si realmente altera el funcionamiento celular.
Este desafío forma parte de un problema más amplio en medicina genómica. En Mundo de la Salud se ha abordado anteriormente la prolongada búsqueda de un diagnóstico que afrontan muchas personas con enfermedades raras, para quienes identificar la alteración responsable puede requerir años de estudios clínicos y genéticos.
Los investigadores estudiaron fibroblastos obtenidos de la piel
El equipo analizó fibroblastos cultivados en laboratorio. Estas células pueden obtenerse mediante una pequeña biopsia cutánea y posteriormente multiplicarse para estudiar diferentes aspectos de la función mitocondrial.
El estudio incluyó una amplia colección de líneas celulares correspondientes a pacientes con enfermedades mitocondriales genéticamente confirmadas, controles sanos y personas con otros diagnósticos que podían presentar características clínicas semejantes.
Las muestras procedían de pacientes atendidos en más de 30 centros médicos de Norteamérica, Europa, Australia y Nueva Zelanda. Esta diversidad permitió evaluar las pruebas en numerosos trastornos genéticos y no únicamente en una enfermedad mitocondrial concreta.
El enfoque guarda relación con otras investigaciones en las que las células de la piel permiten estudiar las consecuencias funcionales de alteraciones genéticas. Por ejemplo, investigaciones sobre las causas genéticas del síndrome de Perrault utilizaron fibroblastos para estudiar defectos de la cadena respiratoria mitocondrial y comprender mejor el efecto biológico de determinadas variantes.
La combinación de pruebas alcanzó una sensibilidad del 76 %
Los científicos evaluaron varias técnicas funcionales. Entre ellas se encontraban ensayos de las enzimas de la cadena respiratoria, electroforesis en gel de poliacrilamida azul nativo con medición de actividad, análisis del ensamblaje del complejo I y, en determinados casos, estudios dirigidos de abundancia de proteínas.
Cada prueba utilizada aisladamente tenía limitaciones. Los ensayos enzimáticos mostraron una sensibilidad cercana al 46 %, mientras que el análisis mediante BN-PAGE alcanzó aproximadamente el 40 % y el ensayo de ensamblaje del complejo I alrededor del 49 %.
La especificidad individual fue considerablemente mayor: aproximadamente 93 % para los ensayos enzimáticos, 98 % para BN-PAGE y 99 % para el análisis del ensamblaje del complejo I.
La principal ventaja apareció al combinar la información proporcionada por las distintas pruebas. El conjunto alcanzó una sensibilidad del 76 %, una especificidad del 93 %, un valor predictivo positivo del 96 % y un valor predictivo negativo del 67 %.
Estos resultados muestran también una limitación importante: una prueba funcional negativa en fibroblastos no permite descartar por sí sola una enfermedad mitocondrial. El valor predictivo negativo obtenido fue considerablemente menor que el valor predictivo positivo.
No todas las enfermedades mitocondriales se detectaron igual
El rendimiento de las pruebas varió sustancialmente según el mecanismo genético responsable de la enfermedad. Los mejores resultados aparecieron en deficiencias aisladas de los complejos de la cadena respiratoria, alteraciones de la síntesis de proteínas mitocondriales codificadas por ADN nuclear y determinados defectos de cofactores.
El análisis dirigido de abundancia de proteínas también incrementó la capacidad diagnóstica en algunos trastornos relacionados con las aminoacil-ARNt sintetasas mitocondriales.
En cambio, las enfermedades producidas por determinadas variantes del ADN mitocondrial y los trastornos relacionados con su mantenimiento resultaron más difíciles de detectar mediante fibroblastos.
Esta variabilidad explica por qué los investigadores no plantean la biopsia cutánea como una prueba universal capaz de reemplazar las demás técnicas diagnósticas. La elección de los análisis debe depender de los hallazgos clínicos, genéticos, bioquímicos y del tipo de alteración que se sospecha.
La prueba funcional complementa la secuenciación del genoma
El enfoque propuesto combina dos tipos de información. La secuenciación permite identificar una posible alteración genética, mientras que los estudios funcionales pueden ayudar a establecer si esa alteración produce realmente un defecto en el funcionamiento de las mitocondrias.
Esta integración resulta particularmente útil frente a variantes genéticas inciertas. En lugar de interpretar únicamente la secuencia del ADN, los especialistas disponen de evidencia adicional procedente de las propias células del paciente.
La necesidad de combinar genómica y evidencia funcional también aparece en otras enfermedades poco frecuentes. Investigaciones publicadas anteriormente han mostrado cómo el análisis avanzado del genoma permitió identificar nuevos trastornos del neurodesarrollo después de que estudios genéticos previos no consiguieran establecer la causa de los síntomas en algunos pacientes.
El nuevo trabajo sobre enfermedades mitocondriales aborda el problema desde otra dirección: una vez identificadas posibles variantes, estudia directamente las consecuencias bioquímicas que producen en las células.
Una biopsia cutánea puede evitar procedimientos más invasivos
Históricamente, la evaluación funcional de la cadena respiratoria mitocondrial ha recurrido en determinados pacientes a biopsias de músculo o hígado. Estos tejidos pueden proporcionar información valiosa, pero su obtención resulta considerablemente más invasiva que una pequeña muestra de piel.
Los fibroblastos presentan una ventaja práctica: pueden cultivarse y utilizarse para realizar múltiples análisis sin necesidad de obtener repetidamente tejido del paciente.
Los resultados respaldan que, en determinados contextos diagnósticos, una biopsia cutánea puede aportar suficiente información funcional para evitar inicialmente una biopsia muscular o hepática. Sin embargo, los autores no sostienen que esos procedimientos puedan eliminarse en todos los casos.
Algunos defectos mitocondriales se expresan de manera diferente dependiendo del tejido. Una alteración que resulta evidente en músculo puede no manifestarse con la misma intensidad en fibroblastos, una de las razones por las que la sensibilidad de estas pruebas no alcanza el 100 %.
El estudio reunió una amplia red internacional
La investigación fue coordinada por Johan L. K. Van Hove y Marisa W. Friederich, vinculados al Children’s Hospital Colorado y a la Universidad de Colorado Anschutz. Participaron especialistas de numerosos centros de Estados Unidos, Canadá, Bélgica, Austria y Nueva Zelanda, entre otros países.
La amplitud de la colaboración permitió estudiar enfermedades mitocondriales genéticamente diversas y comparar los resultados con controles sanos y con pacientes afectados por otros trastornos metabólicos, neuromusculares y genéticos.
El proyecto recibió apoyo de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos a través del North American Mitochondrial Disease Consortium, integrado en la Rare Diseases Clinical Research Network, además de financiación filantrópica vinculada al Children’s Hospital Colorado y la University of Colorado Foundation.
La cooperación internacional resulta especialmente relevante en enfermedades poco frecuentes, donde un solo hospital puede disponer de muy pocos pacientes con una alteración genética determinada. Mundo de la Salud ha analizado también cómo las redes de investigación permiten reunir datos clínicos, genómicos y experimentales para mejorar el diagnóstico de enfermedades raras.
Un resultado negativo no descarta la enfermedad
El estudio aporta evidencia sobre la utilidad clínica de estas pruebas, pero también define con claridad sus límites. Una sensibilidad global del 76 % implica que existen enfermedades mitocondriales confirmadas que pueden no ser detectadas mediante el conjunto de análisis realizados en fibroblastos.
Por ello, los resultados deben interpretarse junto con la historia clínica, los síntomas, las pruebas metabólicas, los estudios de imagen y la información genética disponible. En determinados pacientes seguirá siendo necesario estudiar otros tejidos o utilizar técnicas diagnósticas adicionales.
El mayor valor del método se encuentra en su capacidad para complementar la genómica cuando esta deja preguntas abiertas. Una biopsia cutánea relativamente poco invasiva puede proporcionar células vivas del paciente y permitir comprobar si determinadas rutas mitocondriales funcionan correctamente.
Los resultados ofrecen así una herramienta adicional para uno de los principales desafíos de la medicina de enfermedades raras: convertir una variante encontrada en el ADN en evidencia funcional suficiente para determinar si realmente explica la enfermedad del paciente.
Fuentes referenciales:
EMBO Molecular Medicine
PubMed — National Library of Medicine
Children’s Hospital Colorado

