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Hospitales aún fallan en medidas clave contra infecciones por catéter


Un estudio de 1.461 hospitales de Estados Unidos documenta avances durante 20 años, pero revela que recordatorios y protocolos para retirar catéteres urinarios siguen sin aplicarse de forma consistente


Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz


Los hospitales de Estados Unidos han mejorado sustancialmente la vigilancia y prevención de las infecciones urinarias asociadas con catéteres durante las últimas dos décadas, pero algunas de las medidas con mayor potencial para reducir el uso innecesario de estos dispositivos continúan lejos de aplicarse sistemáticamente. Un estudio de la Universidad de Michigan y el VA Ann Arbor Healthcare System analizó seis encuestas nacionales realizadas entre 2005 y 2025 y encontró diferencias importantes entre las prácticas que los hospitales conocen y aquellas que incorporan de manera habitual.

La investigación, publicada el 6 de octubre de 2026 en JAMA Network Open, incluyó 1.461 hospitales que participaron en al menos una de las seis rondas de encuestas. El análisis se centró en las infecciones urinarias asociadas con catéteres, conocidas como CAUTI por sus siglas en inglés, una complicación vinculada con la atención sanitaria que puede aumentar la morbilidad de los pacientes.

Los resultados muestran un contraste: casi todos los hospitales estudiados disponen actualmente de sistemas para vigilar estas infecciones, pero medidas prácticas como recordar a los profesionales que reconsideren si el paciente todavía necesita el catéter o permitir que enfermería lo retire bajo protocolos establecidos presentan una adopción mucho menor.

Dos décadas de datos permiten medir el cambio hospitalario

El equipo utilizó encuestas nacionales repetidas cada cuatro años desde 2005. Los cuestionarios fueron enviados a los responsables de prevención de infecciones de todos los hospitales del sistema del Departamento de Asuntos de Veteranos de Estados Unidos y a muestras aleatorias de hospitales generales médicos y quirúrgicos no federales con unidades de cuidados intensivos.

En conjunto, participaron 1.461 hospitales únicos durante los 20 años analizados. Las tasas medias de respuesta fueron del 63,4 % para los hospitales del sistema de veteranos y del 56,5 % para los centros no federales.

Los investigadores evaluaron, entre otras prácticas, los recordatorios y órdenes automáticas para revisar la necesidad del catéter, la retirada iniciada por personal de enfermería, la ecografía vesical, el cateterismo intermitente, los dispositivos externos, las técnicas asépticas de inserción y mantenimiento y los sistemas institucionales de vigilancia.

El problema sanitario asociado con estos dispositivos no es nuevo. Mundo de la Salud ya había abordado los riesgos de infección y otras complicaciones relacionados con los catéteres urinarios, así como la importancia de retirar aquellos que dejan de ser clínicamente necesarios.

Los sistemas de vigilancia se acercan al 100 %

Uno de los avances más claros apareció en el seguimiento de las infecciones. En 2025, el 98,1 % de los hospitales no federales y el 98,7 % de los centros del sistema de veteranos declararon contar con sistemas establecidos para vigilar las tasas de infecciones urinarias asociadas con catéteres.

También aumentó considerablemente la proporción de hospitales que controla qué pacientes tienen un catéter y durante cuánto tiempo permanece colocado. En los hospitales no federales, el monitoreo de los pacientes portadores pasó del 44,1 % en 2005 al 92,1 % en 2025.

El seguimiento rutinario de la duración y retirada de los catéteres experimentó una evolución igualmente marcada: pasó del 25,9 % al 87,2 % durante ese mismo periodo en los hospitales no federales.

Estos sistemas son relevantes porque el riesgo asociado con un dispositivo invasivo no depende únicamente de la técnica utilizada al colocarlo. También importa si su indicación continúa siendo válida y cuánto tiempo permanece en el paciente.

Los recordatorios para retirar catéteres siguen siendo insuficientes

Las diferencias fueron mayores al analizar intervenciones destinadas a reducir directamente el tiempo durante el cual permanece colocado un catéter urinario.

En los hospitales no federales, el uso habitual de recordatorios o de órdenes de suspensión aumentó desde apenas 9,1 % en 2005 hasta 48,7 % en 2025. El avance es considerable, pero significa que aproximadamente la mitad de los centros encuestados todavía no declaraba utilizar regularmente este tipo de sistema.

En los hospitales del Departamento de Asuntos de Veteranos, la utilización pasó del 11,1 % en 2005 al 31,5 % en 2025.

La Universidad de Michigan informó, al agrupar determinadas respuestas de la encuesta, que alrededor del 49 % de los hospitales generales y el 32 % de los centros del sistema de veteranos contaban con mecanismos para recordar a los médicos la presencia del catéter o exigir una renovación activa de la orden después de determinado periodo.

Los investigadores consideran importantes estos mecanismos porque una indicación clínica válida en el momento del ingreso, una operación o una situación aguda puede dejar de ser necesaria posteriormente. Si nadie vuelve a plantearse explícitamente la necesidad del dispositivo, este puede permanecer colocado durante más tiempo del requerido.

Dar capacidad de retirada a enfermería también mostró una brecha

Otra estrategia consiste en establecer protocolos que permitan al personal de enfermería retirar un catéter sin esperar una nueva orden médica cuando el paciente cumple criterios previamente definidos.

En hospitales no federales, esta práctica aumentó desde el 11,3 % registrado en 2009 hasta el 58,3 % en 2025. En los hospitales del sistema de veteranos pasó del 14,5 % al 37,8 %.

La investigación señala que los recordatorios, las órdenes de suspensión y los protocolos de retirada iniciados por enfermería cuentan con evidencia favorable para disminuir la exposición innecesaria a los catéteres. Sin embargo, su utilización mostró variabilidad e incluso descensos después de 2017 en algunos entornos.

Los autores advierten por ello que las mejoras alcanzadas durante años no necesariamente se mantienen por sí solas. Integrar estas decisiones en los sistemas rutinarios de atención puede resultar más sostenible que depender exclusivamente de que cada profesional recuerde revisar manualmente el dispositivo.

La tecnología puede ayudar a evitar catéteres innecesarios

Más del 70 % de los hospitales de ambos sistemas informó utilizar ecógrafos vesicales portátiles. Estos dispositivos permiten estimar la cantidad de orina que permanece en la vejiga después de la micción y pueden ayudar a decidir si realmente es necesario colocar un catéter.

También aumentó el empleo de dispositivos externos, especialmente entre las mujeres. En 2025, el 62,6 % de los hospitales no federales y el 41,1 % de los hospitales de veteranos declararon utilizarlos regularmente en pacientes femeninas.

Por el contrario, los catéteres Foley recubiertos con aleación de plata perdieron presencia en los hospitales no federales: su uso habitual disminuyó del 32,4 % en 2005 al 14 % en 2025.

Las estrategias de prevención de infecciones relacionadas con dispositivos forman parte de un problema más amplio de seguridad hospitalaria. Investigaciones anteriores reseñadas por Mundo de la Salud han analizado cómo los antisépticos utilizados en hospitales pueden modificar las comunidades bacterianas del entorno clínico, lo que ilustra la complejidad de controlar microorganismos sin generar consecuencias no previstas.

Las infecciones urinarias pueden progresar hacia cuadros graves

Los catéteres permanentes proporcionan una vía por la que los microorganismos pueden alcanzar el tracto urinario. Aunque no toda presencia de bacterias produce una infección sintomática, determinadas infecciones pueden progresar y alcanzar estructuras superiores del aparato urinario o, en los casos más graves, el torrente sanguíneo.

La propia biología del tracto urinario dispone de mecanismos destinados a limitar esa progresión. Estudios experimentales han mostrado, por ejemplo, que los neutrófilos y la uromodulina participan en mecanismos que ayudan a impedir que determinadas bacterias asciendan desde la vejiga hacia los riñones.

En un paciente hospitalizado, sin embargo, la presencia de dispositivos invasivos, enfermedades de base, procedimientos quirúrgicos y exposición a microorganismos del entorno sanitario puede modificar el riesgo individual.

La prevención tiene además implicaciones frente a la resistencia antimicrobiana. Reducir infecciones evitables puede disminuir la necesidad de tratamientos antibióticos y, con ello, parte de la presión que favorece la selección de microorganismos resistentes.

Este problema trasciende a los catéteres. Un estudio realizado en Guatemala encontró que la exposición reciente a hospitales y clínicas se asociaba con una mayor probabilidad de portar determinadas bacterias resistentes a antibióticos, aunque aquella investigación observacional no establecía que la atención sanitaria fuera por sí misma la causa de la colonización.

El estudio mide prácticas declaradas, no infecciones evitadas

Los resultados requieren una interpretación precisa. La investigación no fue un ensayo clínico destinado a comprobar directamente cuántas infecciones evitó cada estrategia. Se trató de una serie de encuestas transversales repetidas en las que responsables de prevención informaron sobre las prácticas utilizadas en sus hospitales.

Por tanto, los datos permiten analizar la evolución de la adopción de medidas preventivas, pero no demuestran que los cambios observados hayan causado directamente una determinada reducción en las tasas de infección.

También existe la posibilidad de que las respuestas institucionales no reflejen exactamente cómo se aplica cada protocolo a todos los pacientes y en todas las unidades de un hospital. Además, los centros participantes no fueron exactamente los mismos en cada una de las seis rondas realizadas durante las dos décadas.

Aun con estas limitaciones, disponer de una serie nacional desde 2005 hasta 2025 ofrece una perspectiva poco habitual sobre la capacidad de los sistemas sanitarios para adoptar y, sobre todo, mantener intervenciones de seguridad del paciente durante periodos prolongados.

Convertir la prevención en una rutina del sistema hospitalario

Los autores plantean que el siguiente paso no consiste simplemente en recordar nuevamente a los profesionales cuáles son las recomendaciones, sino en incorporarlas de forma estable dentro del funcionamiento cotidiano de los hospitales.

Los registros médicos electrónicos pueden, por ejemplo, solicitar una indicación clínica específica antes de ordenar la colocación de un catéter, recordar posteriormente que el dispositivo continúa presente y facilitar una revisión periódica de su necesidad.

Los protocolos de enfermería pueden actuar de manera complementaria al permitir la retirada cuando se cumplen criterios previamente establecidos. La combinación busca reducir la dependencia de decisiones aisladas y convertir la revisión del catéter en una parte rutinaria de la atención.

La experiencia con otros programas de control hospitalario muestra que la prevención necesita mantenerse en el tiempo. El uso intensivo de determinadas intervenciones tampoco está exento de interrogantes: Mundo de la Salud informó previamente que algunas estrategias de descolonización universal en cuidados intensivos deben evaluarse según el contexto epidemiológico y el riesgo de resistencia.

El nuevo análisis estadounidense muestra que los hospitales han construido durante 20 años una infraestructura mucho más sólida para vigilar las infecciones asociadas con catéteres. La brecha que persiste se encuentra en trasladar esa vigilancia a acciones sistemáticas que reduzcan la exposición innecesaria al dispositivo, especialmente mediante recordatorios, órdenes de suspensión y protocolos de retirada oportuna.

Fuentes referenciales:
JAMA Network Open
University of Michigan Health