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Diez alimentos que favorecen la salud después de los 60


Proteínas, calcio, fibra, vitamina B12 y grasas saludables ayudan a proteger músculos, huesos, corazón y cerebro durante el envejecimiento


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.


La alimentación adquiere una importancia particular después de los 60 años, cuando la pérdida progresiva de masa muscular, la reducción de la densidad ósea y los cambios en la absorción de nutrientes pueden afectar la autonomía. Nutricionistas consultadas por Infobae señalaron diez grupos de alimentos que ayudan a cubrir esas necesidades dentro de una dieta variada.

Las recomendaciones no conforman una dieta rígida ni convierten a un alimento aislado en garantía contra las enfermedades. Su utilidad depende del patrón completo, las cantidades, la actividad física y las condiciones clínicas de cada persona.

Menos calorías no significa menos nutrientes

Con el paso de los años puede disminuir el gasto energético, pero el organismo continúa necesitando proteínas, vitaminas, minerales, fibra y grasas esenciales. Esto obliga a priorizar alimentos de alta densidad nutricional en lugar de cubrir gran parte de las calorías con productos ultraprocesados.

María Eugenia Castro, jefa del Servicio de Nutrición del Hospital Italiano de Buenos Aires, advirtió que la desnutrición en adultos mayores puede pasar inadvertida y repercutir sobre la fuerza, la funcionalidad y la supervivencia. La pérdida involuntaria de peso, la debilidad, la reducción del apetito y las dificultades para comprar, preparar o tragar alimentos requieren evaluación.

Una referencia práctica consiste en destinar aproximadamente la mitad del plato a frutas y verduras, y dividir el resto entre cereales integrales y proteínas. Esta distribución debe adaptarse a las necesidades energéticas, preferencias culturales y enfermedades existentes.

Proteína para conservar músculos y autonomía

La sarcopenia es la disminución progresiva de masa y función muscular asociada con el envejecimiento. Una ingesta adecuada de proteína, distribuida entre las comidas y combinada con ejercicios de resistencia, contribuye a preservar fuerza, movilidad y capacidad para realizar actividades cotidianas.

La importancia del movimiento se extiende más allá del gasto calórico. El análisis sobre el papel del músculo en un envejecimiento autónomo explica por qué el entrenamiento de fuerza debe acompañar a una alimentación suficiente.

Las necesidades individuales varían. Las personas con enfermedad renal, fragilidad avanzada u otras condiciones médicas no deben aumentar de forma automática el consumo de proteínas sin recibir orientación profesional.

Diez grupos de alimentos para mayores de 60 años

1. Pescados grasos: salmón, sardinas, caballa y atún aportan proteína de calidad, vitamina B12 y ácidos grasos omega-3. Pueden integrarse en preparaciones horneadas, guisadas o a la plancha, procurando variar las especies y seguir las recomendaciones locales sobre mercurio.

Los omega-3 son nutrientes importantes, pero esto no significa que las cápsulas prevengan por sí solas el deterioro cognitivo. Un ensayo reciente sobre suplementos de aceite de pescado y riesgo de Alzheimer no encontró mejorías en memoria o función cognitiva tras dos años, lo que refuerza la diferencia entre un alimento dentro de una dieta equilibrada y un nutriente aislado.

2. Huevos: proporcionan proteína completa, vitamina B12, vitamina D y leucina, un aminoácido relacionado con la síntesis muscular. Son versátiles y su textura puede adaptarse a personas con dificultades para masticar.

3. Frutos secos: nueces, almendras, pistachos y maní aportan grasas insaturadas, proteína vegetal, fibra y minerales. Conviene elegir versiones sin exceso de sal o azúcar y ajustar la porción por su elevada densidad energética.

4. Legumbres: lentejas, garbanzos, frijoles y arvejas combinan proteína vegetal, fibra, folato, hierro y otros minerales. Pueden consumirse enteras, trituradas o como base de sopas y cremas.

5. Cereales integrales: avena, arroz integral, panes de grano entero y otros cereales conservan más fibra y micronutrientes que las versiones refinadas. La explicación sobre los beneficios intestinales de los granos enteros destaca su papel en el tránsito digestivo, la glucosa y el colesterol.

6. Verduras de hojas verdes: espinaca, col rizada, acelga y berza aportan vitamina K, folato y compuestos vegetales. Las personas que toman anticoagulantes no necesitan necesariamente eliminarlas, pero deben mantener un consumo estable y consultar con el equipo médico antes de modificarlo.

7. Frutas frescas de colores intensos: arándanos, frutillas, cítricos y otras frutas proporcionan fibra, agua, vitaminas y polifenoles. Es preferible consumirlas enteras y sin azúcar añadida para conservar la fibra.

Los arándanos contienen antocianinas y otros compuestos bioactivos, pero no sustituyen medicamentos ni controles. Su papel dentro de un patrón cardioprotector se desarrolla en el análisis sobre arándanos, salud cerebral y cardiovascular.

8. Ciruelas pasas: aportan fibra y compuestos bioactivos. Estudios en mujeres posmenopáusicas han encontrado resultados favorables sobre algunos indicadores óseos, aunque no deben presentarse como tratamiento para la osteoporosis. También pueden ayudar frente al estreñimiento, pero es aconsejable incorporarlas gradualmente.

9. Lácteos: leche, yogur y queso proporcionan proteínas y calcio de buena disponibilidad. El yogur natural también puede aportar microorganismos fermentadores. Las alternativas vegetales deben revisarse para comprobar si están fortificadas con calcio y vitamina D y si contienen suficiente proteína.

Quienes no consumen lácteos pueden encontrar opciones en pescados con espinas comestibles, tofu enriquecido y ciertos vegetales, como explica la guía sobre alimentos no lácteos que contribuyen al cuidado de los huesos.

10. Aceite de oliva extra virgen: aporta grasas monoinsaturadas y compuestos fenólicos. Puede utilizarse para reemplazar parte de las grasas saturadas, pero sigue siendo un alimento energético y debe incorporarse en cantidades acordes con las necesidades personales.

Calcio, vitamina D y B12 merecen atención

El calcio y la vitamina D trabajan conjuntamente en la conservación del tejido óseo. Los lácteos, pescados con espinas comestibles y alimentos fortificados pueden aportar calcio, mientras la vitamina D está presente en pocos alimentos y también se produce mediante la exposición de la piel a la luz solar.

Las recomendaciones de suplementación no son universales. La edad, exposición solar, función renal, medicación y resultados de laboratorio pueden modificar la indicación y la dosis. Consumir vitamina D o calcio en exceso también puede causar efectos adversos.

La absorción de vitamina B12 puede disminuir por cambios gastrointestinales o por el uso prolongado de determinados medicamentos. Esta vitamina se encuentra naturalmente en pescado, carne, huevos y lácteos, además de productos fortificados. Una deficiencia confirmada puede requerir suplementos bajo supervisión sanitaria.

Fibra e hidratación deben avanzar juntas

Frutas, verduras, legumbres, granos enteros, frutos secos y semillas aportan fibra, que favorece el tránsito intestinal y contribuye al control de la glucosa y el colesterol. Un aumento brusco puede provocar distensión o gases, por lo que conviene incorporarla gradualmente.

La percepción de sed puede disminuir con la edad. Beber líquidos regularmente ayuda a evitar la deshidratación y permite que la fibra cumpla su función, pero las personas con insuficiencia cardíaca, renal u otras indicaciones de restricción deben seguir el volumen establecido por su equipo médico.

Problemas dentales, sequedad bucal o trastornos de deglución pueden dificultar el consumo de alimentos. En esos casos es posible modificar consistencias y preparaciones sin reducir innecesariamente el valor nutricional, siempre con una valoración individual.

La dieta mediterránea integra varias de estas opciones

Verduras, frutas, legumbres, granos enteros, pescado, frutos secos y aceite de oliva forman parte del patrón mediterráneo. Investigaciones recientes han encontrado asociaciones favorables entre este modelo alimentario y determinados indicadores cardiovasculares y cerebrales en personas mayores.

Los resultados sobre dieta mediterránea, corazón y cerebro durante el envejecimiento respaldan la importancia del patrón completo y no de un ingrediente presentado como solución única.

También conviene limitar bebidas azucaradas, grasas trans, exceso de grasas saturadas, cereales refinados y ultraprocesados con mucho sodio. La meta no es imponer restricciones extremas, sino reemplazar progresivamente productos de menor calidad nutricional por alimentos mínimamente procesados.

La alimentación debe ajustarse a cada persona

Diabetes, hipertensión, enfermedad renal, anticoagulación, alergias, intolerancias y dificultades digestivas pueden modificar estas recomendaciones. También influyen el presupuesto, la capacidad para cocinar y el acceso regular a alimentos frescos.

La pérdida de peso no buscada, el cansancio persistente, la reducción de fuerza o un apetito muy bajo justifican una consulta médica y nutricional. Detectar temprano la desnutrición permite intervenir antes de que comprometa la movilidad y la independencia.

Fuentes referenciales:
Infobae Salud
MedlinePlus
Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos