La psicóloga Vanesa Pérez Bencomo explica cómo la anticipación del dolor puede afectar planes y relaciones incluso en días sin síntomas.
Redactor: Luis Ortega
Editor: Eduardo Schmitz
La migraña puede condicionar decisiones incluso cuando no hay dolor. Vanesa Pérez Bencomo, profesora de Psicología de la Universidad Europea de Canarias, llama la atención sobre lo que ocurre entre una crisis y otra: el temor a sufrir un nuevo episodio puede llevar a cancelar actividades o evitar compromisos. Ese impacto cotidiano merece atención junto con los síntomas físicos.
Una persona puede encontrarse bien al recibir una invitación y, aun así, dudar si aceptarla por la posibilidad de tener migraña ese día. La incertidumbre también puede hacer que una molestia leve se interprete como el inicio de una crisis. Esa interpretación no confirma que vaya a producirse un ataque, pero puede influir en la decisión de salir, viajar o trabajar.
La carga de la migraña entre episodios
La expresión carga interictal describe el impacto de la enfermedad entre ataques. Incluye preocupación, cambios de conducta y dificultades para planificar. Una revisión científica sobre migraña y ansiedad recoge que el miedo al dolor y las conductas de evitación pueden presentarse sin que la persona cumpla los criterios de un trastorno de ansiedad.
Contar los días con dolor sigue siendo útil para evaluar la enfermedad, aunque no refleja por completo sus efectos. La carga de las migrañas y otras cefaleas en la salud pública también plantea la necesidad de reconocer cómo afectan a la actividad cotidiana y a la calidad de vida.
Observar los síntomas sin dar por segura una crisis
Prestar atención a las señales del cuerpo puede ayudar a explicar los episodios durante una consulta. Sin embargo, una sensación aislada no permite saber con certeza si comenzará una migraña. Distinguir los síntomas que se repiten de las preocupaciones que aparecen ante una posible crisis puede facilitar una conversación más precisa con el profesional sanitario.
En ese proceso resulta útil conocer los patrones y síntomas que orientan la evaluación de la migraña. El registro puede incluir tanto los episodios de dolor como las actividades que se modificaron o cancelaron por temor a sufrirlos. La información ayuda a valorar el impacto real de la enfermedad sin convertir cada molestia en un diagnóstico.
Una atención que incluya el dolor y la vida cotidiana
El abordaje debe ajustarse a cada persona. Cuando las crisis son frecuentes o limitan sus actividades, la evaluación médica puede determinar si conviene un tratamiento preventivo. Un estudio sobre atogepant en pacientes con migraña difícil de tratar ilustra que existen opciones preventivas, aunque la respuesta varía y la elección del medicamento requiere valoración profesional.
La atención también puede abordar el miedo persistente y las actividades que la persona ha dejado de realizar. La investigación clínica ha descrito estrategias conductuales como parte de planes individualizados para reducir la carga emocional entre crisis. Si esa preocupación limita de forma habitual el trabajo, las relaciones o el ocio, comunicarlo en consulta permite evaluar necesidades que el recuento de días con dolor podría pasar por alto.
Fuentes referenciales:
The Conversation
Revisión científica sobre migraña, ansiedad y conductas de evitación
Estudio clínico sobre la carga de la migraña entre crisis
