Un estudio de universidades de Chile y Estados Unidos identificó en animales una cadena de señales entre tanicitos, astrocitos y neuronas del hipotálamo.
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Eduardo Schmitz
Investigadores de la Universidad de Concepción, en Chile, y la Universidad de Maryland, en Estados Unidos, identificaron una vía de comunicación cerebral que podría ayudar a explicar cómo se regula el apetito. El trabajo, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, mostró en modelos animales que los astrocitos participan en la transmisión de señales hacia neuronas relacionadas con la saciedad.
El hallazgo amplía el estudio de un proceso que suele centrarse en las neuronas. Otras investigaciones ya habían examinado cómo las reservas de grasa de ciertas neuronas intervienen en el apetito y el control del peso. El nuevo trabajo incorpora a los astrocitos como participantes de la comunicación dentro del hipotálamo.
De la glucosa a las neuronas de la saciedad
La secuencia comienza en los tanicitos, células que detectan glucosa en el líquido que circula por cavidades del cerebro. Al procesarla, liberan lactato. Los investigadores observaron que los astrocitos próximos detectan ese lactato mediante un receptor llamado HCAR1 y, a continuación, liberan glutamato, una señal capaz de aumentar la actividad de neuronas vinculadas con la reducción del apetito.
En uno de los experimentos, estimularon con glucosa un solo tanicito y registraron respuestas en varios astrocitos vecinos. El resultado permitió seguir cómo una señal localizada se propaga entre distintos tipos de células. También se estudian otras rutas del hipotálamo: una investigación sobre el gen Otp y las neuronas que promueven el hambre muestra la diversidad de mecanismos implicados en la regulación de la ingesta.
Qué significa el hallazgo para la investigación sobre obesidad
Los autores consideran que HCAR1 podría convertirse en una diana para futuras investigaciones sobre obesidad y trastornos relacionados con el apetito. Sin embargo, todavía deben comprobar si modificar ese receptor cambia la conducta alimentaria de los animales. El estudio no demuestra que actuar sobre esta vía sea un tratamiento eficaz en personas.
La prudencia también es necesaria al comparar resultados entre especies. Los tanicitos y los astrocitos existen en los seres humanos, pero eso no confirma que el circuito funcione de la misma manera ni que tenga idénticos efectos sobre la alimentación. Otro trabajo, dedicado a la conexión entre el olfato y las señales cerebrales de saciedad, encontró diferencias entre ratones con y sin obesidad y dejó pendiente comprobar su funcionamiento en humanos.
El siguiente paso anunciado por el equipo es estudiar directamente el efecto de intervenir sobre HCAR1 en los astrocitos. Esa prueba ayudará a establecer si la vía identificada influye en cuánto comen los animales, además de explicar la comunicación observada entre sus células cerebrales.
Fuentes referenciales:
Salud y Medicina
Universidad de Maryland
Proceedings of the National Academy of Sciences
