Especialistas de la Universidad Complutense de Madrid señalan que los avances en el control de estas infecciones deben acompañarse de tratamientos más seguros, eficaces y accesibles.
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Karem Díaz S.
Los progresos frente a las enfermedades parasitarias han reducido la necesidad de atención en numerosas comunidades, pero no han resuelto las limitaciones de todos los tratamientos. José María Alunda Rodríguez y Juan José Torrado Durán, especialistas de la Universidad Complutense de Madrid, plantean que desarrollar mejores fármacos contra estas infecciones exige conectar la investigación de laboratorio con las necesidades de los pacientes y los sistemas de salud.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó que, a comienzos de 2026, 58 países habían eliminado al menos una enfermedad tropical desatendida. La cifra describe logros frente a enfermedades concretas en determinados países: no significa que hayan desaparecido todas las infecciones parasitarias ni que sus tratamientos actuales sean suficientes.
Tratamientos que todavía presentan limitaciones
La enfermedad de Chagas muestra por qué sigue siendo necesario investigar. Los medicamentos disponibles tienen limitaciones, especialmente en la fase crónica. Entre las líneas estudiadas figura un compuesto del amancay investigado contra el parásito del Chagas; sus resultados preliminares requieren nuevas pruebas antes de considerarlo una opción para pacientes.
En la malaria, la resistencia a los antipalúdicos impulsa la búsqueda de mecanismos de acción distintos. Una investigación sobre profármacos que se activarían dentro del parásito de la malaria ilustra esa búsqueda. Identificar cómo funciona una molécula es un paso inicial; después deben evaluarse su eficacia y seguridad en las etapas correspondientes de desarrollo.
Del hallazgo de laboratorio a una terapia útil
Alunda Rodríguez y Torrado Durán proponen combinar los ensayos que miden el efecto de los compuestos sobre los parásitos con herramientas de biología molecular y diseño computacional. Esa colaboración puede ayudar a seleccionar candidatos, pero una predicción prometedora no demuestra por sí sola que un medicamento funcione en personas.
La prevención también forma parte de la respuesta sanitaria. En esquistosomiasis, por ejemplo, una candidata a vacuna mostró respuestas inmunitarias en ensayos pequeños. Aún falta comprobar en estudios más amplios si ofrece protección efectiva. En malaria ya existen vacunas recomendadas para niños en zonas de riesgo, aunque la investigación sobre vacunas contra el parásito continúa porque ninguna herramienta aislada elimina la necesidad de prevención, diagnóstico y tratamiento.
El acceso importa tanto como el descubrimiento
La OMS estimó que alrededor de 1.400 millones de personas necesitaron intervenciones contra enfermedades tropicales desatendidas en 2024. El dato incluye diversas enfermedades y tipos de intervención; no representa exclusivamente a personas con infecciones parasitarias ni a pacientes que necesitan un nuevo fármaco.
Para los especialistas, el objetivo es que la investigación produzca terapias que puedan utilizarse allí donde se necesitan. Eso requiere comprobar su seguridad y eficacia, considerar las condiciones de administración y sostener la cooperación entre científicos, profesionales sanitarios y programas de salud pública.
Fuentes referenciales:
The Conversation
Organización Mundial de la Salud: Día Mundial de las Enfermedades Tropicales Desatendidas 2026
