Un equipo de Argentina, Costa Rica y España identificó que la candimina se une de forma estable a una proteína clave del Trypanosoma cruzi
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
La búsqueda de tratamientos más seguros contra la enfermedad de Chagas sumó una nueva línea de investigación a partir de un compuesto natural presente en una planta silvestre argentina conocida popularmente como amancay o amarilis.
Investigadores de Argentina, Costa Rica y España identificaron que la candimina, un alcaloide extraído de Hippeastrum escoipense, podría actuar sobre un blanco molecular esencial del parásito Trypanosoma cruzi, responsable de esta enfermedad de Chagas.
El trabajo forma parte de la red RENATEC del Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo, CYTED, y reúne a especialistas vinculados al Conicet, la Universidad Nacional de San Juan, la Universidad de Costa Rica y la Universidad de Barcelona.
Una enfermedad que aún afecta a millones
El Chagas afecta a unos 8 millones de personas en el mundo, principalmente en América Latina, y causa más de 10.000 muertes al año. Todavía no existe una vacuna y los tratamientos disponibles presentan limitaciones, especialmente frente a la fase crónica de la infección.
La enfermedad es causada por el parásito Trypanosoma cruzi, transmitido sobre todo por insectos vectores como la vinchuca. También puede propagarse por transfusiones de sangre contaminada, vía materna y alimentos contaminados.
Por eso, la investigación sobre nuevos blancos terapéuticos resulta central para mejorar el control de una enfermedad considerada desatendida. En esa línea también se han explorado estrategias de diagnóstico y nuevas formas de ampliar el acceso sanitario en zonas endémicas.
Qué hace la candimina
Estudios previos ya habían mostrado que la candimina podía matar al parásito en pruebas de laboratorio. También se observó que, combinada con benznidazol, potenciaba su efecto y permitía reducir la dosis efectiva.
La candimina daña las membranas del Trypanosoma cruzi, genera estrés oxidativo y altera su función mitocondrial. El nuevo paso consistió en identificar con mayor precisión a qué proteína del parásito podría unirse para producir ese efecto.
Para responder esa pregunta, el equipo utilizó modelado molecular computacional, una herramienta que permite predecir cómo interactúan moléculas y proteínas antes de avanzar hacia experimentos más costosos. Este tipo de aproximación también se usa en otras áreas de desarrollo de nuevos fármacos contra enfermedades infecciosas.
La proteína clave del parásito
Los investigadores evaluaron ocho proteínas esenciales para la supervivencia del parásito, entre ellas la escualeno sintetasa de Trypanosoma cruzi, conocida como TcSQS, la cruzipaína, la tripanothiona reductasa y la trans-sialidasa.
La TcSQS fue la proteína que mostró mayor afinidad con la candimina. Esta enzima participa en el primer paso de la producción de compuestos que el parásito necesita para conservar la integridad de su membrana.
El equipo aplicó primero acoplamiento molecular y luego simulaciones de dinámica molecular durante 400 nanosegundos. El resultado mostró que la candimina permaneció estable dentro del sitio activo de la enzima TcSQS y no se separó del bolsillo de unión durante la simulación.
Un perfil inicial alentador
El análisis computacional de toxicidad clasificó a la candimina en la clase de toxicidad 3 y no encontró evidencia de daño hepático, neurológico, cardíaco, citotóxico ni mutagénico. Además, estimó una absorción gastrointestinal alta, un dato relevante ante una posible administración oral.
Ese perfil preliminar contrasta con las limitaciones de los tratamientos actuales, marcados por efectos secundarios importantes y menor eficacia en la fase crónica. Sin embargo, los autores remarcan que las simulaciones por sí solas no alcanzan para confirmar el mecanismo de acción ni la seguridad real del compuesto.
El siguiente paso será avanzar con estudios en modelos animales de infección, tanto en fase aguda como crónica, para evaluar eficacia, toxicidad y seguridad frente a las terapias existentes. La línea se suma a otros trabajos sobre compuestos contra el parásito del Chagas que buscan ampliar las opciones terapéuticas disponibles.
