Aceite de oliva y cabello: mirada dermatológica


La dermatóloga Ana Molina explica por qué este aceite puede ayudar a nutrir la fibra capilar, mejorar el brillo y reducir el daño del pelo


Redactor: Valentina Ríos
Editor: Karem Díaz S.

El aceite de oliva vuelve a ocupar espacio en el cuidado capilar, no como una solución milagrosa contra la caída del cabello, sino como un producto con propiedades nutritivas, emolientes y protectoras que pueden favorecer la salud del pelo cuando se utiliza de forma adecuada. La dermatóloga Ana Molina lo describe como uno de los mejores aceites tanto para la salud general como para nutrir el cabello.

La explicación se centra en varios mecanismos. Por un lado, el aceite de oliva aporta ácidos grasos esenciales y compuestos antioxidantes que pueden ayudar a mejorar la hidratación y la resistencia de la fibra capilar. Por otro, algunos estudios citados por la especialista relacionan sus fitoestrógenos con posibles efectos sobre procesos vinculados a la alopecia androgenética, una de las formas más frecuentes de pérdida de cabello.

Qué relación tiene con la caída del pelo

Ana Molina explica que los fitoestrógenos presentes en el aceite de oliva pueden tener un efecto antiandrogénico mediante la inhibición de la enzima 5-alfa-reductasa. Esta enzima participa en la conversión de la testosterona en dihidrotestosterona, conocida como DHT, una hormona implicada en la miniaturización de los folículos pilosos en la alopecia androgenética.

Reducir la acción de la DHT es uno de los objetivos habituales en los tratamientos contra este tipo de caída capilar. Por eso, la relación entre fitoestrógenos, folículo piloso y crecimiento del cabello resulta de interés dermatológico, aunque debe interpretarse con prudencia y no como sustituto de un diagnóstico médico. En los casos de pérdida persistente de cabello, la evaluación profesional sigue siendo clave, especialmente cuando ya existen tratamientos estudiados para la calvicie.

Nutrición directa sobre la fibra capilar

Aplicado de forma tópica, el aceite de oliva puede aportar nutrición, brillo y suavidad al cabello. También puede ayudar a controlar el frizz, porque sus propiedades emolientes contribuyen a mejorar la apariencia de la fibra capilar y a reducir el aspecto seco o áspero del pelo.

Un estudio publicado en el Journal of Cosmetic Science evaluó los efectos de distintos aceites sobre la hidratación y elasticidad del cabello. En ese análisis, el aceite de oliva mostró capacidad para mejorar la hidratación de la fibra capilar y aumentar su resistencia, un efecto relacionado con su penetración en el pelo y con su contenido de ácidos grasos esenciales.

Cuero cabelludo, descamación e inflamación

El cuero cabelludo también puede beneficiarse de las propiedades antioxidantes y protectoras del aceite de oliva. La dermatóloga señala que el mismo estudio observó una reducción de la descamación y la inflamación en casos de dermatitis seborreica del cuero cabelludo, con una mejora general de su estado.

Este punto es importante porque la salud del cabello no depende solo de la fibra visible. El cuero cabelludo funciona como el entorno donde se desarrollan los folículos pilosos, y alteraciones como irritación, inflamación, exceso de descamación o sequedad pueden empeorar la calidad del pelo. La relación entre nutrición, inflamación y piel también aparece en otros problemas dermatológicos, como ocurre con el papel de la nutrición en la salud de la piel.

Protección frente al daño químico

Otro estudio citado por Ana Molina, publicado en el International Journal of Trichology, analizó el efecto de diferentes aceites sobre el cabello dañado por procesos químicos como los tintes. En ese contexto, el aceite de oliva se mostró eficaz para reducir el daño gracias a sus propiedades emolientes y protectoras, que ayudan a mantener la integridad de la cutícula capilar.

Esto no significa que el aceite repare por completo una fibra muy dañada, pero sí puede actuar como apoyo cosmético para mejorar la textura, reducir la sequedad y disminuir la sensación de fragilidad. Su uso resulta especialmente interesante en cabellos sometidos con frecuencia a coloración, calor, decoloraciones o tratamientos agresivos.

Aceite de oliva, dieta y salud general

El interés por el aceite de oliva no se limita al cabello. Dentro de la alimentación, es una de las grasas características de la dieta mediterránea, patrón asociado con beneficios cardiovasculares y antiinflamatorios. Su contenido en polifenoles y grasas monoinsaturadas explica parte de esa valoración en nutrición preventiva, especialmente cuando reemplaza grasas menos saludables dentro de una dieta equilibrada.

En salud general, el aceite de oliva aparece vinculado a modelos alimentarios más protectores, como la dieta mediterránea, y a compuestos antioxidantes estudiados por su relación con menor riesgo cardiovascular, como los polifenoles. Esa evidencia nutricional no debe confundirse con un efecto automático sobre el crecimiento del pelo, pero ayuda a entender por qué este aceite tiene una buena reputación dentro y fuera del cuidado cosmético.

Uso prudente y sin falsas promesas

El aceite de oliva puede ser útil para nutrir el cabello, mejorar el brillo, reducir el frizz y proteger la fibra capilar frente a cierto daño externo. También puede aportar beneficios al cuero cabelludo en casos de sequedad o descamación leve, siempre que se use con moderación y se retire correctamente para evitar sensación grasa o acumulación.

Cuando la caída del pelo es intensa, prolongada, aparece en placas o se acompaña de picor, dolor, inflamación o descamación marcada, lo recomendable es consultar con dermatología. El aceite de oliva puede formar parte de una rutina de cuidado capilar, pero no debe reemplazar la evaluación médica ni los tratamientos indicados cuando existe una alopecia diagnosticada.

Fuente(s) referenciales

Trendencias: Ana Molina, dermatóloga: “El aceite de oliva ayuda a mejorar el crecimiento del pelo y combate la caída”