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La vacuna contra el herpes zóster suma evidencias sobre el riesgo de demencia


Investigaciones realizadas en Estados Unidos y Europa encuentran menos diagnósticos de deterioro cognitivo entre adultos mayores vacunados, mientras los científicos estudian el papel de la inflamación y la respuesta inmunitaria


Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Karem Díaz S.


La vacunación contra el herpes zóster continúa despertando interés científico por una posible relación con la salud cerebral. Investigaciones realizadas en Estados Unidos, Reino Unido y otros países han encontrado que los adultos mayores inmunizados presentan una menor incidencia de demencia durante los años posteriores a la vacunación. Los resultados, examinados nuevamente en octubre de 2026, refuerzan la hipótesis de que la prevención de determinadas infecciones y la regulación de la respuesta inmunitaria podrían influir en el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas.

Uno de los hallazgos más relevantes procede de una investigación dirigida por Pascal Geldsetzer, de la Universidad de Stanford, que analizó registros sanitarios de más de 280.000 adultos mayores en Gales. El estudio encontró una reducción aproximada del 20 % en los nuevos diagnósticos de demencia durante siete años entre las personas que tuvieron acceso a la vacunación contra el herpes zóster.

Otras investigaciones realizadas con la vacuna recombinante Shingrix han comunicado asociaciones de diferente magnitud, incluida una reducción relativa del 51 % en un estudio publicado en febrero de 2026 en Nature Communications.

Sin embargo, los especialistas advierten que estos porcentajes proceden de poblaciones, diseños y períodos de seguimiento distintos. No pueden interpretarse como una eficacia clínica universal de la vacuna para prevenir la demencia.

La inmunización está autorizada para prevenir el herpes zóster y sus complicaciones. Su posible efecto sobre la aparición o progresión de la demencia continúa bajo investigación y todavía no constituye una indicación médica aprobada.

Un experimento natural en Gales permitió estudiar la relación

La investigación de Stanford aprovechó una circunstancia particular del programa de vacunación establecido por el sistema sanitario de Gales en septiembre de 2013.

Las autoridades definieron el acceso a la vacuna mediante un criterio de edad. Las personas que ya habían cumplido 80 años al entrar en vigor el programa quedaron excluidas de la vacunación inicial, mientras que quienes se encontraban ligeramente por debajo de ese límite podían recibirla.

Esta diferencia permitió comparar a personas nacidas en fechas muy próximas, con características demográficas y sanitarias potencialmente similares, pero con probabilidades diferentes de acceder a la inmunización.

Los investigadores utilizaron este diseño para reducir algunos de los problemas habituales de los estudios observacionales, especialmente las diferencias de salud y comportamiento entre quienes deciden vacunarse y quienes no lo hacen.

Durante aproximadamente siete años de seguimiento, el acceso a la vacunación se relacionó con una reducción cercana al 20 % en la probabilidad de recibir un diagnóstico de demencia.

El hallazgo aportó nuevas evidencias a la posible relación entre la vacunación contra el herpes zóster y el deterioro cognitivo, que ya había despertado interés en investigaciones anteriores.

La fortaleza del experimento natural radica en que el criterio administrativo de elegibilidad permitió aproximarse a una comparación experimental sin asignar deliberadamente una vacuna o un placebo a los participantes.

No obstante, el estudio no equivale a un ensayo clínico aleatorizado y tampoco permite identificar por sí solo el mecanismo biológico responsable de la asociación observada.

La vacuna recombinante mostró una asociación del 51 % en otro estudio

En febrero de 2026, un equipo de investigadores de Kaiser Permanente Southern California publicó en Nature Communications un análisis centrado en la vacuna recombinante contra el herpes zóster.

La investigación incluyó a 65.800 adultos de 65 años o más que habían recibido dos dosis de la vacuna y los comparó con 263.200 personas no vacunadas.

Los participantes vacunados habían completado el esquema entre abril de 2018 y diciembre de 2020. Los investigadores utilizaron registros sanitarios para examinar la aparición posterior de diagnósticos de demencia.

Tras aplicar ajustes estadísticos, encontraron que quienes habían recibido dos dosis presentaban un riesgo relativo de diagnóstico de demencia un 51 % menor que el grupo de comparación.

El resultado fue estadísticamente significativo y apareció en diferentes grupos de edad y poblaciones raciales y étnicas. La asociación también fue más pronunciada entre las mujeres.

Los investigadores examinaron la posibilidad de que parte del resultado estuviera relacionado con el denominado sesgo del vacunado sano.

Este fenómeno ocurre cuando las personas que se vacunan presentan, en promedio, mejores condiciones de salud, mayor acceso a servicios médicos o comportamientos preventivos diferentes de quienes no reciben la inmunización.

Al utilizar como comparación a personas vacunadas contra el tétanos, la difteria y la tos ferina, la asociación con menor riesgo de demencia persistió, aunque su magnitud se redujo.

Este resultado indica que una parte de la diferencia inicial podría estar influida por características de los participantes, pero no explica completamente la asociación encontrada.

La investigación amplió los antecedentes sobre Shingrix y sus posibles beneficios neurológicos y cardiovasculares, dos áreas que actualmente se estudian mediante grandes bases de datos sanitarios.

Otro análisis encontró menos demencia en residencias de adultos mayores

Una investigación coordinada por la Universidad de Brown examinó los registros de 509.926 adultos de 66 años o más que habían ingresado en centros de cuidados especializados de Estados Unidos.

El trabajo, publicado en Annals of Internal Medicine, comparó la incidencia de demencia entre personas que recibieron la vacuna recombinante contra el herpes zóster y participantes que permanecieron sin vacunar.

Durante cuatro años, el 18,8 % de los vacunados recibió un diagnóstico de demencia, frente al 24,6 % del grupo no vacunado.

La diferencia correspondió a una reducción relativa del riesgo del 24 % y una reducción absoluta aproximada de 5,8 puntos porcentuales.

Los investigadores utilizaron una metodología denominada emulación de ensayo clínico, diseñada para organizar los datos observacionales de una manera semejante a la que se utilizaría en un estudio experimental.

Sin embargo, los participantes no fueron asignados aleatoriamente a recibir la vacuna. Por ello, todavía es posible que diferencias previas de salud o factores no medidos hayan influido en los resultados.

La importancia de este trabajo reside en que estudió una población especialmente vulnerable, con necesidades de atención sanitaria diferentes de las que presentan los adultos mayores que viven de forma independiente.

Las diferencias entre los resultados de Stanford, Kaiser Permanente y Brown no representan necesariamente contradicciones. Cada investigación utilizó poblaciones, vacunas, períodos de seguimiento y métodos estadísticos diferentes.

El virus varicela-zóster permanece latente durante décadas

El herpes zóster, conocido también como culebrilla, aparece cuando se reactiva el virus varicela-zóster, responsable de la varicela.

Después de la infección inicial, el virus puede permanecer latente durante muchos años en estructuras nerviosas del organismo.

Su reactivación provoca una erupción cutánea dolorosa que suele distribuirse en una zona limitada del cuerpo. En algunos pacientes también puede producir complicaciones neurológicas y dolor persistente, conocido como neuralgia posherpética.

El riesgo de desarrollar herpes zóster aumenta con la edad y en determinadas situaciones que debilitan la respuesta inmunitaria.

La vacunación busca reducir la probabilidad de reactivación clínica del virus y prevenir complicaciones asociadas con la infección.

La relación entre esta enfermedad y otros problemas de salud también ha sido examinada mediante estudios sobre el herpes zóster y el riesgo cardiovascular, que investigan la aparición de eventos vasculares después de determinados episodios infecciosos.

En el caso de la demencia, una de las hipótesis es que la reactivación viral podría contribuir a procesos inflamatorios capaces de afectar el sistema nervioso.

Sin embargo, los científicos todavía no han establecido que las reactivaciones habituales del virus sean una causa directa de la enfermedad de Alzheimer o de otros tipos de demencia.

La inflamación y el sistema inmunitario concentran las nuevas hipótesis

La investigación sobre la demencia se ha concentrado tradicionalmente en procesos cerebrales como la acumulación de proteínas amiloide y tau, las alteraciones vasculares y la degeneración de determinadas poblaciones neuronales.

Los nuevos estudios sobre vacunación han ampliado el interés hacia la influencia de las infecciones y la actividad inmunitaria en todo el organismo.

Una de las explicaciones propuestas es que prevenir episodios de herpes zóster podría reducir determinados estímulos inflamatorios que, con el paso del tiempo, influyen sobre la salud cerebral.

Otra posibilidad es que la vacunación produzca modificaciones inmunitarias con efectos indirectos sobre procesos relacionados con el envejecimiento del sistema nervioso.

La vacuna recombinante contiene un componente del virus varicela-zóster y un adyuvante diseñado para potenciar la respuesta inmunitaria.

Los investigadores estudian si esta respuesta podría contribuir a explicar las diferencias observadas en los diagnósticos de demencia.

Sin embargo, todavía no está claro si la asociación depende principalmente de evitar la reactivación viral, de la respuesta inmunitaria inducida por la vacuna o de una combinación de mecanismos.

Tampoco se ha demostrado que el adyuvante produzca por sí solo una protección clínica contra enfermedades neurodegenerativas.

La genética podría influir en la asociación observada

Otra línea de investigación examina si determinadas características genéticas modifican la relación entre la vacunación y el riesgo de demencia.

La investigadora Svetlana Ukraintseva, de la Universidad de Duke, ha estudiado la posible participación de la proteína nectina-2, relacionada con mecanismos de interacción entre células y utilizada por determinados virus durante sus procesos de infección.

Los análisis han prestado atención a una variante genética identificada como rs6859 (A), localizada en el gen NECTIN2.

En los resultados examinados, algunas mujeres portadoras de esta variante presentaron una asociación más pronunciada entre la vacunación contra el herpes zóster y la reducción del riesgo de demencia.

Estos hallazgos son preliminares y no permiten establecer que la variante genética determine individualmente quién se beneficiará de la vacunación.

La investigación genética también debe considerar otros factores que participan en el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer, entre ellos la edad, la salud cardiovascular y las variantes de genes relacionados con el metabolismo de lípidos.

Por ahora, no existen pruebas suficientes para recomendar análisis genéticos con el objetivo de decidir quién debe recibir la vacuna contra el herpes zóster por motivos de prevención de la demencia.

Algunos estudios también investigan la progresión de la demencia

La posible relación entre vacunación y salud cerebral no se limita a la aparición de nuevos diagnósticos.

Investigaciones basadas en registros sanitarios han examinado si las personas que ya viven con demencia presentan diferencias en la evolución de la enfermedad después de recibir la inmunización.

Algunos análisis han encontrado asociaciones con una menor mortalidad atribuida a demencia entre personas vacunadas.

Estos resultados han llevado a plantear la hipótesis de que la vacunación podría influir no solamente en la incidencia, sino también en determinados aspectos de la progresión de la enfermedad.

Sin embargo, la mortalidad registrada no equivale a una medición directa de memoria, autonomía funcional o velocidad de deterioro cognitivo.

Además, las personas con demencia que reciben vacunas pueden diferir de quienes no las reciben en su acceso a cuidados médicos, estado general de salud y otras circunstancias.

Por ello, no existe evidencia suficiente para utilizar la vacuna contra el herpes zóster como tratamiento destinado a ralentizar una demencia ya diagnosticada.

La atención de estos pacientes continúa requiriendo evaluación neurológica, tratamiento de las enfermedades asociadas y apoyo adaptado a las necesidades individuales.

Las mujeres muestran asociaciones más pronunciadas en varios trabajos

Un resultado repetido en diferentes investigaciones es que la relación entre vacunación y menor riesgo de demencia parece ser más intensa entre las mujeres.

El estudio de Kaiser Permanente encontró diferencias por sexo, mientras que investigaciones anteriores basadas en programas de vacunación también identificaron asociaciones más marcadas en determinados grupos femeninos.

Los científicos todavía no han determinado por qué aparece esta diferencia.

Entre las posibilidades que se investigan se encuentran variaciones en la respuesta inmunitaria, factores hormonales, características genéticas y diferencias en la exposición o respuesta frente a determinadas infecciones.

También es necesario considerar que las mujeres presentan una mayor carga poblacional de demencia en numerosos países, influida en parte por su mayor esperanza de vida.

Por ello, una asociación estadística más pronunciada no demuestra necesariamente que exista un mecanismo protector exclusivo del sexo femenino.

Los futuros estudios deberán establecer si las diferencias observadas se mantienen cuando se consideran de manera conjunta la edad, las enfermedades previas, las características inmunológicas y otros factores relevantes.

La prevención de la demencia continúa siendo multifactorial

La enfermedad de Alzheimer es la causa más frecuente de demencia, pero no la única. También existen demencias vasculares, frontotemporales y otras formas relacionadas con enfermedades o lesiones del sistema nervioso.

El riesgo de deterioro cognitivo depende de numerosos factores, entre ellos la edad, la genética, la salud vascular, las condiciones sociales y determinadas exposiciones ambientales.

La vacunación contra el herpes zóster podría incorporarse en el futuro a las estrategias investigadas para reducir ese riesgo, siempre que los ensayos clínicos confirmen un efecto causal.

Mientras tanto, las recomendaciones de salud pública continúan centradas en intervenciones con beneficios mejor establecidos.

La actividad física, el control de la hipertensión arterial y la diabetes, la prevención del tabaquismo, la atención de la pérdida auditiva y la participación social forman parte de las estrategias para reducir el riesgo de deterioro cognitivo y demencia.

Estas medidas no garantizan que una persona nunca desarrolle una enfermedad neurodegenerativa, pero pueden contribuir a disminuir determinados riesgos modificables.

La posibilidad de que una vacuna tenga beneficios adicionales no sustituye estas actuaciones ni justifica abandonar tratamientos médicos o programas de prevención establecidos.

Qué falta demostrar antes de recomendar la vacuna contra la demencia

La principal pregunta científica pendiente es si la vacunación contra el herpes zóster produce directamente una reducción del riesgo de demencia o si parte de las asociaciones observadas depende de diferencias entre las personas vacunadas y no vacunadas.

Los experimentos naturales permiten reducir algunas fuentes de sesgo, pero no eliminan todas las incertidumbres.

Los estudios de cohortes, por su parte, pueden analizar poblaciones numerosas y períodos prolongados, aunque dependen de la calidad de los registros clínicos y de los métodos utilizados para controlar los factores de confusión.

Los ensayos clínicos aleatorizados diseñados específicamente para evaluar resultados cognitivos permitirían aportar pruebas más sólidas sobre causalidad.

También sería necesario determinar si la posible protección se mantiene a largo plazo, qué tipos de demencia podrían verse afectados y si existen diferencias relevantes según edad, sexo o antecedentes médicos.

Otro interrogante es si las vacunas vivas atenuadas utilizadas en programas anteriores y las formulaciones recombinantes actuales producen efectos comparables sobre la salud cerebral.

Los porcentajes publicados hasta ahora no deben sumarse, promediarse directamente ni trasladarse a recomendaciones individuales sin considerar las características de cada investigación.

La vacunación mantiene una indicación preventiva comprobada

La vacuna recombinante contra el herpes zóster tiene una finalidad sanitaria establecida: prevenir la aparición de la enfermedad y reducir sus complicaciones.

En Estados Unidos, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades recomiendan dos dosis para adultos de 50 años o más y para determinados adultos de 19 años o más con inmunodeficiencia o inmunosupresión.

Las recomendaciones, los grupos de edad y las condiciones de acceso pueden variar entre países y deben consultarse con las autoridades sanitarias correspondientes.

La decisión de vacunarse debe basarse en las indicaciones aprobadas y en la situación clínica individual, no únicamente en los resultados todavía preliminares sobre demencia.

La evidencia reunida hasta octubre de 2026 señala una asociación repetida entre la vacunación contra el herpes zóster y una menor incidencia de diagnósticos de demencia. Los resultados procedentes de Gales, Estados Unidos y otras poblaciones ofrecen argumentos para continuar investigando el papel de las infecciones y del sistema inmunitario en el envejecimiento cerebral.

La posibilidad de identificar mecanismos preventivos adicionales resulta especialmente relevante ante el aumento mundial de personas que viven con enfermedades neurodegenerativas. Sin embargo, confirmar que la vacunación modifica directamente ese riesgo requerirá investigaciones capaces de distinguir los efectos biológicos de la inmunización de otros factores relacionados con la salud de los participantes.

Fuentes referenciales:
Nature Communications — Recombinant zoster vaccine is associated with a reduced risk of dementia, 2026
Infobae — Revisión de los últimos datos científicos sobre la vacunación contra el herpes zóster y el riesgo de demencia, 16 de octubre de 2026
CDC — Recomendaciones clínicas de vacunación contra el herpes zóster