Un estudio estadounidense con datos de casi 200.000 personas encontró asociaciones entre la alimentación nocturna, el hígado graso metabólico y la cirrosis, aunque todavía no demuestra una relación causal
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Karem Díaz S.
Una investigación dirigida por la Universidad de Ciencias y Salud de Oregón (Oregon Health & Science University, OHSU), en Estados Unidos, ha encontrado que las personas que acostumbran a comer tarde por la noche presentan un riesgo relativo entre un 20 % y un 30 % mayor de desarrollar determinadas enfermedades hepáticas, en comparación con quienes no mantienen ese hábito. El estudio, publicado en octubre de 2026 en la revista científica Clinical Gastroenterology and Hepatology, analizó información procedente de tres grandes investigaciones estadounidenses que reunieron datos de casi 200.000 participantes.
Los resultados relacionan la alimentación nocturna con dos problemas sanitarios importantes: la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, conocida como MASLD, y la cirrosis. El hallazgo amplía las investigaciones sobre la influencia de los horarios de alimentación en el metabolismo y plantea nuevas preguntas sobre la relación entre el reloj biológico y la salud del hígado.
Sin embargo, los investigadores advierten que el trabajo es observacional. Esto significa que identifica asociaciones estadísticas, pero no demuestra que comer después de la cena o cerca de la hora de dormir provoque directamente enfermedad hepática.
La investigación tampoco establece que adelantar la cena sea suficiente para prevenir la cirrosis ni que modificar los horarios de alimentación sustituya otras medidas preventivas, como mantener una dieta equilibrada, realizar actividad física y controlar los factores de riesgo metabólico.
Tres grandes estudios permitieron analizar los hábitos alimentarios
El equipo científico examinó información de tres investigaciones longitudinales desarrolladas en Estados Unidos: Nurses’ Health Study, Nurses’ Health Study II y Health Professionals Follow-up Study.
Estos proyectos han recopilado durante años datos sobre alimentación, condiciones de salud, comportamientos cotidianos y otros factores relacionados con el desarrollo de enfermedades crónicas.
Los investigadores utilizaron la información declarada por los participantes para identificar patrones de alimentación nocturna y examinar su relación con los diagnósticos comunicados de hígado graso metabólico y cirrosis.
El análisis consideró como alimentación tardía el consumo de alimentos después de la cena o durante el período nocturno, incluso después de la hora habitual de acostarse.
Posteriormente, los científicos compararon los resultados de quienes declararon estos comportamientos con los de participantes que no acostumbraban a comer durante esas horas.
La amplitud de las cohortes permitió investigar una asociación que podría pasar inadvertida en estudios pequeños. No obstante, el tamaño de la muestra no elimina las limitaciones derivadas de utilizar información alimentaria autodeclarada.
La alimentación nocturna se asoció con un riesgo entre 20 % y 30 % mayor
El resultado principal fue una asociación entre comer tarde por la noche y una mayor frecuencia de enfermedades hepáticas durante el seguimiento.
Según la comunicación de OHSU, los participantes que declararon alimentación nocturna presentaron incrementos relativos del riesgo situados aproximadamente entre el 20 % y el 30 % para los resultados hepáticos examinados.
Esta diferencia no significa que entre veinte y treinta de cada cien personas que comen tarde desarrollarán una enfermedad del hígado. Los porcentajes expresan un aumento relativo respecto del grupo de comparación, no una probabilidad absoluta de enfermar.
La distinción es importante porque el riesgo individual depende de numerosos factores, entre ellos el peso corporal, la presencia de diabetes, la alimentación habitual, el consumo de alcohol y las características metabólicas de cada persona.
Robert Wilechansky, hepatólogo de OHSU y autor principal del estudio, destacó que la investigación aporta una de las primeras evaluaciones longitudinales amplias que relacionan específicamente los hábitos de alimentación nocturna con el hígado graso.
El investigador también recordó que solamente una parte de las personas con enfermedad hepática esteatósica desarrolla complicaciones graves como la cirrosis.
Por qué el hígado podría ser sensible al horario de las comidas
Una de las hipótesis consideradas por los investigadores se relaciona con los ritmos circadianos, los procesos biológicos que regulan numerosas funciones del organismo durante ciclos de aproximadamente veinticuatro horas.
El hígado participa en el procesamiento de nutrientes, el almacenamiento de energía, la regulación de la glucosa sanguínea y el metabolismo de las grasas. Estas actividades no permanecen completamente constantes durante el día, sino que interactúan con señales relacionadas con el sueño, la vigilia y los períodos de alimentación.
Cuando una persona consume alimentos en horarios que no coinciden con su ciclo biológico habitual, algunos procesos metabólicos pueden funcionar de manera diferente.
Andrew McHill, investigador de OHSU especializado en sueño y fisiología circadiana y coautor del trabajo, explicó que investigaciones anteriores habían encontrado cambios en la capacidad del organismo para metabolizar alimentos cuando estos se consumen durante la noche biológica.
La relación entre los horarios y el metabolismo también ha sido examinada en estudios experimentales sobre el reloj circadiano y el funcionamiento del tejido adiposo. Esas investigaciones sugieren que la sincronización entre alimentación y actividad biológica puede influir en la regulación energética.
Sin embargo, los mecanismos propuestos todavía no permiten afirmar que la alteración circadiana explique por completo la asociación observada entre comer tarde y enfermedad hepática.
El hígado graso metabólico puede avanzar sin síntomas evidentes
La enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica se caracteriza por la acumulación excesiva de grasa en el hígado en personas que presentan determinados factores de riesgo cardiometabólico.
Entre estos factores se encuentran el sobrepeso, la obesidad, la diabetes tipo 2, la hipertensión y las alteraciones de los lípidos sanguíneos.
Muchas personas pueden vivir durante años con esta condición sin experimentar síntomas claros. En algunos casos, la enfermedad progresa hacia inflamación, fibrosis y formas avanzadas de daño hepático.
La fibrosis aparece cuando el tejido del hígado desarrolla cicatrices como consecuencia de procesos persistentes de lesión y reparación. Cuando estas alteraciones alcanzan un grado avanzado y modifican la estructura del órgano, puede aparecer cirrosis.
No obstante, la evolución no es igual en todos los pacientes. Una investigación anterior identificó cinco perfiles de hígado graso con riesgos diferentes, relacionados con características metabólicas y genéticas que podrían ayudar a explicar por qué algunas personas desarrollan complicaciones mientras otras mantienen una enfermedad más estable.
El nuevo estudio de OHSU incorpora una dimensión diferente a esa discusión: la posible relación entre el momento del consumo alimentario y la aparición de enfermedades hepáticas.
Los trabajadores nocturnos plantean preguntas adicionales
Uno de los antecedentes que motivó la investigación fue la evidencia acumulada sobre los efectos metabólicos de los horarios laborales nocturnos.
Las personas que trabajan durante la noche pueden experimentar una desalineación entre sus actividades cotidianas y el ciclo biológico de sueño y vigilia.
Esta situación se ha relacionado en investigaciones anteriores con alteraciones metabólicas y un mayor riesgo de determinadas enfermedades crónicas.
Wilechansky señaló que estos antecedentes llevaron al equipo a investigar si el horario de las comidas podía estar asociado también con la salud del hígado.
Sin embargo, los resultados no permiten establecer recomendaciones idénticas para todas las personas. Quienes trabajan por turnos, tienen horarios irregulares o presentan necesidades nutricionales específicas pueden requerir estrategias adaptadas a sus circunstancias.
Además, comer tarde no necesariamente implica consumir una cantidad excesiva de alimentos. Para interpretar correctamente el riesgo deben considerarse tanto los horarios como la composición de la dieta, la ingesta energética y otros comportamientos.
La calidad de la alimentación sigue siendo fundamental
Los autores consideran que modificar los horarios podría convertirse en una estrategia complementaria para mejorar la salud metabólica, pero todavía no existe evidencia suficiente procedente de este estudio para establecer un beneficio preventivo directo.
Las medidas con mayor respaldo clínico para el manejo del hígado graso continúan incluyendo una alimentación equilibrada, actividad física regular, control del peso cuando corresponde y tratamiento de las enfermedades metabólicas asociadas.
Las investigaciones sobre hábitos que favorecen la salud hepática destacan la importancia de mantener cambios sostenidos y adaptados a la situación clínica de cada paciente.
Asimismo, el control de la diabetes y otros factores de riesgo puede resultar especialmente relevante para evitar complicaciones. Un estudio reciente realizado en Estados Unidos encontró que la diabetes y la susceptibilidad genética se relacionaban con cirrosis de aparición temprana en determinadas personas con enfermedad hepática metabólica.
La investigación sobre alimentación nocturna no modifica por sí sola estas prioridades. Su aportación consiste en identificar un posible factor adicional que merece ser evaluado mediante estudios específicamente diseñados para comprobar sus efectos.
Por qué todavía no puede hablarse de causalidad
La principal limitación del estudio es su carácter observacional. Los investigadores no asignaron aleatoriamente a los participantes a comer temprano o tarde ni controlaron experimentalmente todos los factores que podrían influir en la aparición de enfermedad hepática.
Por esta razón, no es posible descartar que parte de la asociación esté relacionada con otras características de las personas que acostumbran a comer durante la noche.
Por ejemplo, los horarios de alimentación pueden coexistir con diferencias en la duración del sueño, el trabajo por turnos, la actividad física, el peso corporal o los patrones dietéticos generales.
Otra limitación es que la información sobre los hábitos alimentarios procedía de declaraciones de los propios participantes. Este tipo de datos puede contener errores de recuerdo o no reflejar con precisión las variaciones de comportamiento a lo largo del tiempo.
Además, la definición utilizada para identificar la alimentación nocturna era relativamente amplia. Comer después de la cena no necesariamente representa la misma exposición metabólica que consumir alimentos durante la madrugada.
El estudio tampoco permite determinar cuántas horas deberían transcurrir entre la última comida y el sueño para obtener un beneficio hepático comprobado.
Por tanto, aunque la asociación observada resulta relevante, no constituye una demostración de que adelantar la última comida reduzca por sí solo el riesgo de hígado graso o cirrosis.
Un nuevo estudio clínico evaluará si comer antes mejora la salud hepática
La Universidad de Ciencias y Salud de Oregón ha informado que Wilechansky participa en una nueva investigación clínica destinada a examinar directamente el efecto de los horarios de alimentación.
El proyecto contempla observar con mayor precisión cuándo comen los participantes y evaluar si adelantar el consumo alimentario produce cambios medibles en personas que ya presentan enfermedad hepática esteatósica.
Este enfoque permitirá avanzar desde las asociaciones identificadas en grandes cohortes hacia una evaluación más directa de los posibles efectos de modificar el horario de las comidas.
Entre las preguntas pendientes se encuentran si el beneficio depende del tiempo transcurrido entre la última comida y el sueño, si existen diferencias según los factores metabólicos y si los cambios pueden mantenerse a largo plazo.
También será importante determinar si una modificación del horario alimentario aporta beneficios adicionales a los obtenidos mediante intervenciones nutricionales y actividad física.
El trabajo publicado en Clinical Gastroenterology and Hepatology proporciona una base científica para investigar estas cuestiones, pero sus resultados actuales deben interpretarse como evidencia de asociación y no como una nueva recomendación clínica universal.
La posibilidad de que el horario de las comidas influya en la salud hepática abre una línea de investigación preventiva que podría complementar las estrategias existentes si futuros ensayos demuestran beneficios concretos.
Fuentes referenciales:
Clinical Gastroenterology and Hepatology — Late-Night Eating is Associated with MASLD and Cirrhosis: The Nurses’ Health Study and Health Professionals’ Follow-Up Study (2026)
Oregon Health & Science University — Late-night eating may be bad for your liver, study suggests (9 de octubre de 2026)

