Estado de la Salud Global

Lectura rápida de señales sanitarias globales

🫁
RespiratoriasActividad global moderadaInfluenza y SARS-CoV-2 permanecen bajo vigilancia, con circulación desigual y detecciones humanas aisladas de virus gripales zoonóticos. Actualizado: 16 de julio de 2026.
💉
VacunaciónRecuperación con brechas persistentesLos programas nacionales refuerzan coberturas infantiles y respuesta frente al sarampión, aunque continúan diferencias territoriales de acceso. Actualizado: 16 de julio de 2026.
🧠
Salud mentalMayor presión asistencialLos sistemas sanitarios priorizan prevención, atención comunitaria e integración de servicios ante una demanda sostenida de apoyo psicológico. Actualizado: 16 de julio de 2026.
🥗
NutriciónDoble carga nutricionalDesnutrición, inseguridad alimentaria, obesidad y enfermedades metabólicas continúan coexistiendo dentro de numerosos países y grupos sociales. Actualizado: 16 de julio de 2026.
❤️
CrónicasPrevención en primer planoCáncer, enfermedades cardiovasculares, diabetes y afecciones respiratorias crónicas concentran la agenda de diagnóstico temprano y continuidad asistencial. Actualizado: 16 de julio de 2026.
⚠️
AlertasVigilancia epidemiológica reforzadaÉbola, hantavirus, sarampión, virus del Nilo Occidental y brotes alimentarios requieren seguimiento coordinado y prevención específica. Actualizado: 16 de julio de 2026.
🔬
InvestigaciónNuevas guías y evidencia aplicadaLa investigación internacional avanza en cáncer, deterioro cognitivo, vacunas, vigilancia genómica y tecnologías sanitarias responsables. Actualizado: 16 de julio de 2026.

La vacuna contra el herpes zóster podría reducir el riesgo de demencia


Estudios recientes asocian la inmunización con una disminución cercana al 20 % en el riesgo de deterioro cognitivo, aunque todavía se investiga cómo actúa esta posible protección.


Redactor: Valentina Ríos
Editor: Karem Díaz S.


El número de personas que viven con demencia podría triplicarse y alcanzar los 153 millones en 2050, impulsado principalmente por el envejecimiento de la población mundial. Sin embargo, nuevas evidencias científicas están abriendo una vía preventiva inesperada: la vacuna contra el herpes zóster podría disminuir de forma considerable el riesgo de desarrollar esta condición.

La demencia reúne distintas enfermedades que deterioran progresivamente la memoria, el pensamiento y la capacidad para realizar actividades cotidianas. El Alzheimer es su causa más común y continúa siendo uno de los trastornos neurológicos más temidos por su impacto sobre la identidad, la autonomía y la vida familiar.

Aunque las proyecciones mundiales anticipan un fuerte crecimiento del número total de casos, el riesgo ajustado por edad ha disminuido durante las últimas décadas en varios países de ingresos altos. Esta evolución sugiere que la demencia no depende exclusivamente del envejecimiento o la genética y que determinadas intervenciones médicas y sociales pueden modificar su trayectoria.

Una reducción cercana al 20 %

Uno de los hallazgos más relevantes de los últimos años indica que completar una serie de dosis de la vacuna contra el herpes zóster podría reducir aproximadamente en una quinta parte el riesgo de demencia. Se trata de una asociación de gran interés porque la inmunización exige mucho menos esfuerzo sostenido que las modificaciones de estilo de vida que deben mantenerse durante años.

La evidencia se suma a investigaciones anteriores sobre la vacunación contra el herpes zóster y la prevención de la demencia, en las que las personas inmunizadas registraron menos diagnósticos de deterioro cognitivo durante los años posteriores.

El herpes zóster aparece cuando el virus varicela-zóster, responsable de la varicela, se reactiva después de permanecer latente durante décadas en el sistema nervioso. La infección puede provocar una erupción dolorosa y complicaciones persistentes, especialmente entre adultos mayores y personas con defensas debilitadas.

Entre el 20 % y el 30 % de las personas no vacunadas desarrolla herpes zóster a lo largo de su vida. La protección frente a esta enfermedad constituye por sí sola una razón para ampliar la inmunización, pero la posible reducción de la demencia aumenta considerablemente su relevancia para la salud pública.

Por qué una vacuna podría proteger el cerebro

Los científicos todavía no han determinado con exactitud por qué la vacuna estaría relacionada con una menor incidencia de demencia. Una hipótesis plantea que el virus varicela-zóster puede contribuir al daño o la inflamación del sistema nervioso, incluso durante periodos en los que permanece aparentemente inactivo.

La reactivación viral podría desencadenar procesos inflamatorios capaces de afectar tejidos y vasos sanguíneos cerebrales. Al prevenir o reducir los episodios de herpes zóster, la vacuna limitaría una posible fuente de agresión neurológica acumulativa.

Otra explicación se centra en el sistema inmunitario. La inmunización podría estimular las células B y reforzar la respuesta frente a otros patógenos que también podrían intervenir en el desarrollo del deterioro cognitivo. Ambas teorías continúan bajo investigación y todavía no permiten afirmar que la vacuna prevenga directamente todos los tipos de demencia.

La relación tampoco elimina la importancia de otros factores. La edad, la genética, la salud vascular, la educación, las enfermedades crónicas y los hábitos cotidianos participan conjuntamente en el riesgo individual. La evidencia sobre hábitos saludables y demencia respalda el control de la presión arterial, el colesterol, la depresión y la pérdida auditiva, junto con la actividad física, la alimentación equilibrada y la estimulación cognitiva.

Las vacunas antiguas y la llegada de Shingrix

Buena parte de los primeros estudios sobre demencia se realizó con una vacuna anterior contra el herpes zóster que contenía una forma atenuada del virus vivo. Esa formulación fue sustituida ampliamente por Shingrix, una vacuna que utiliza una cantidad limitada de proteínas virales y no puede provocar la infección.

Los datos disponibles sugieren que Shingrix podría ser al menos tan eficaz como la vacuna anterior para reducir el riesgo de demencia. No obstante, los investigadores consideran necesarios ensayos aleatorizados que permitan establecer con mayor precisión qué formulación ofrece mejores resultados, cuál es la edad óptima para administrarla y si serán necesarias dosis de refuerzo.

Estas preguntas son relevantes porque el deterioro cognitivo no sigue un patrón idéntico en todas las personas. Estudios sobre la propagación de la proteína tau según la edad han mostrado diferencias entre el Alzheimer de inicio temprano y el de inicio tardío, lo que refuerza la necesidad de adaptar la prevención y el seguimiento clínico.

Una cobertura todavía limitada

Pese a sus beneficios conocidos contra el herpes zóster, numerosos sistemas sanitarios ofrecen la vacuna únicamente a grupos de edad restringidos. Diferentes evaluaciones económicas han concluido que inmunizar a una población más amplia, aproximadamente desde los 55 años, podría resultar rentable incluso sin considerar su posible efecto sobre la demencia.

En 2023, el Reino Unido redujo de 70 a 65 años la edad mínima de acceso a la vacunación, aunque la incorporación de otros grupos mayores de 60 años ha avanzado lentamente. En la Unión Europea, solo 17 de sus 27 Estados miembros recomiendan esta vacuna y varios limitan su aplicación a personas mayores de 65 años.

Un ciclo completo de dos dosis de Shingrix cuesta alrededor de 320 libras —unos 430 dólares— al sistema sanitario británico. En los programas federales de Estados Unidos, el coste se aproxima a los 270 dólares. La comparación con los gastos prolongados de atención, dependencia y cuidados asociados con la demencia fortalece el argumento económico a favor de ampliar la cobertura.

Una herramienta preventiva, no una garantía individual

La asociación observada no significa que la vacunación garantice evitar la demencia ni que deba sustituir otras medidas preventivas. El riesgo depende de la interacción entre numerosos elementos biológicos, médicos y ambientales, por lo que ninguna intervención aislada ofrece protección absoluta.

La investigación sobre biomarcadores sanguíneos para detectar el Alzheimer también está mejorando la capacidad de identificar la enfermedad y evaluar su progresión, pero el diagnóstico temprano y la prevención desempeñan funciones diferentes dentro de la atención sanitaria.

Mientras se desarrollan ensayos más concluyentes, la vacuna mantiene un beneficio comprobado frente al herpes zóster y presenta una posible ventaja adicional para la salud cerebral. La magnitud de esa asociación, cercana al 20 %, plantea a los sistemas sanitarios la necesidad de revisar las edades de acceso, la cobertura y el coste de una intervención relativamente sencilla ante el crecimiento mundial previsto de la demencia.

Fuente(s) referenciales

Infobae / The Economist: Una simple vacuna podría reducir drásticamente el riesgo de demencia