Un estudio del Karolinska Institutet halló patrones diferentes de acumulación cerebral de tau entre el Alzheimer de inicio temprano y el de inicio tardío.
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz
La enfermedad de Alzheimer no avanza de la misma manera en todos los pacientes. Científicos suecos identificaron diferencias en la forma en que la proteína tau se distribuye en el cerebro según la edad de inicio de la enfermedad, un hallazgo que puede ayudar a evaluar mejor sus subtipos clínicos.
El estudio fue informado por el Karolinska Institutet y publicado en European Journal of Nuclear Medicine and Molecular Imaging. La investigación comparó el Alzheimer de inicio temprano, antes de los 65 años, con el Alzheimer de inicio tardío, y encontró patrones divergentes en la propagación cerebral de tau.
La tau se expande más en el Alzheimer temprano
En los casos de inicio temprano, la proteína tau tendió a expandirse de forma más amplia, incluso desde etapas iniciales. En cambio, en pacientes con inicio tardío, la distribución fue más limitada y concentrada en regiones temporales.
La tau es una de las proteínas centrales en la enfermedad de Alzheimer. Su acumulación anormal forma ovillos neurofibrilares y se asocia con deterioro neuronal, pérdida de conexiones y progresión cognitiva. Por eso, su detección mediante imágenes se volvió una herramienta relevante para comprender cómo avanza la enfermedad.
El hallazgo se suma a una etapa en la que los biomarcadores en sangre alertan sobre Alzheimer, pero también muestran límites cuando se los compara con lo que ocurre dentro del cerebro.
Cómo se hizo la investigación
El trabajo analizó a 57 participantes en Suecia. De ellos, 39 eran pacientes con deterioro cognitivo leve o Alzheimer atendidos en el Karolinska University Hospital de Estocolmo, y 18 eran controles sanos.
Todos los participantes se sometieron a tomografía por emisión de positrones para tau, resonancia magnética, pruebas cognitivas y medición en sangre del biomarcador p-tau217. Los investigadores separaron los casos según la edad de inicio, con un punto de corte en los 65 años.
Qué regiones cerebrales mostraron diferencias
En personas con deterioro cognitivo leve y amiloide positivo, la proteína tau se acumuló pronto en zonas vinculadas con memoria y emociones, como la amígdala, la corteza entorrinal y el hipocampo. También se observó extensión hacia regiones temporales inferiores.
En la etapa de demencia, las diferencias entre subtipos fueron más marcadas. Los pacientes con Alzheimer de inicio temprano mostraron mayor extensión hacia la neocorteza, especialmente en áreas temporoparietales y frontales. En los casos de inicio tardío, la señal permaneció más concentrada en regiones temporales.
La utilidad de las imágenes cerebrales ya venía ganando peso con avances como un nuevo escáner que detecta antes la tau del Alzheimer, una línea clave para estudiar fases tempranas y estratificar pacientes.
La sangre no siempre muestra el mapa completo
El biomarcador sanguíneo p-tau217 aumentó a medida que la enfermedad se volvió más grave. También fue más alto en los grupos con Alzheimer temprano y tardío que en los controles sanos.
Sin embargo, esa señal no siempre coincidió con la cantidad de tau detectada en el cerebro. Algunos pacientes con inicio tardío presentaron niveles altos de p-tau217 en sangre, pese a una acumulación cerebral relativamente limitada.
Agneta Nordberg, profesora del Karolinska Institutet, explicó que los biomarcadores basados en sangre captan ciertos aspectos de la enfermedad, pero no ofrecen el cuadro completo de cómo se propaga la tau en el cerebro.
Por qué importa combinar pruebas
La investigación sugiere que combinar análisis de sangre, líquido cefalorraquídeo e imágenes cerebrales podría mejorar la clasificación clínica del Alzheimer. Cada prueba aporta información distinta: la sangre puede mostrar señales sistémicas, mientras que la imagen cerebral permite observar ubicación, extensión y carga regional de tau.
Este enfoque coincide con la transición hacia una nueva era del diagnóstico del Alzheimer, marcada por biomarcadores, terapias modificadoras de enfermedad y necesidad de seleccionar mejor a los pacientes.
Relación con el deterioro cognitivo
La tomografía por emisión de positrones para tau se vinculó de manera más estrecha con el deterioro cognitivo que el marcador p-tau217 en sangre. Esa relación fue especialmente clara en cortezas temporal inferior y parietal, y más marcada en los casos de inicio temprano.
El dato refuerza la utilidad clínica de la imagen cerebral para seguir la enfermedad, medir gravedad y evaluar tratamientos que buscan modificar su progresión.
Una enfermedad más heterogénea de lo que parece
El estudio también plantea que el Alzheimer debe evaluarse como una enfermedad heterogénea. No todos los pacientes siguen el mismo recorrido biológico, y la edad de inicio puede modificar la forma en que la tau se propaga por el cerebro.
La heterogeneidad de esta proteína ya había sido señalada en investigaciones sobre terapias anti-tau para Alzheimer, donde las distintas formas y patrones de propagación dificultan diseñar estrategias universales.
Los límites del estudio
Los autores pidieron cautela. La muestra fue reducida y algunos análisis por subgrupos tuvieron potencia estadística limitada. Además, el trabajo comparó biomarcadores y subtipos en un momento determinado, pero no siguió la evolución de los pacientes a lo largo del tiempo.
Los investigadores propusieron comprobar estos patrones en muestras más grandes y con seguimiento prolongado antes de extraer conclusiones firmes. La principal contribución del estudio es abrir una vía para evaluar el Alzheimer desde una perspectiva más precisa, incorporando edad de inicio, imagen cerebral y biomarcadores biológicos.
