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Herpes zóster: un riesgo vascular que va más allá de la piel


Estudios vinculan la infección con más infartos y accidentes cerebrovasculares después del brote, aunque la magnitud depende del periodo observado y de la población analizada


Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz


El herpes zóster puede tener consecuencias que superan la erupción dolorosa que lo caracteriza. En el marco del Día Mundial del Corazón, celebrado el 29 de septiembre, vuelve a cobrar relevancia la evidencia que relaciona esta infección con una mayor frecuencia de infartos y accidentes cerebrovasculares durante las semanas y los meses posteriores al diagnóstico.

La asociación aparece en investigaciones de distintos países, pero no se expresa mediante un porcentaje único. El tipo de evento, la edad de los participantes y el tiempo transcurrido desde el episodio modifican los resultados. Por eso, interpretar un aumento superior al 30 % exige identificar qué se midió y durante cuánto tiempo.

Qué muestran los estudios sobre los meses posteriores

Un metaanálisis publicado en PLOS ONE en 2017 reunió doce estudios con aproximadamente 7,9 millones de personas. Sus autores encontraron una asociación entre herpes zóster y eventos cerebrovasculares durante los tres meses posteriores al inicio de la enfermedad, con una razón de posibilidades de 1,34: un incremento del 34 % en esa medida relativa frente al grupo de comparación.

La revisión también detectó asociaciones con eventos cardíacos, aunque algunos resultados variaban según el modelo estadístico utilizado. Los investigadores señalaron limitaciones en la calidad de la evidencia y en los registros empleados para identificar diagnósticos.

Un estudio anterior, publicado en PLOS Medicine en 2015, examinó registros de beneficiarios de Medicare de 65 años o más en Estados Unidos. En la primera semana después del diagnóstico de zóster, la tasa de ACV isquémico fue aproximadamente 2,4 veces mayor y la de infarto, 1,7 veces mayor que en los periodos de referencia de esas mismas personas. El exceso disminuyó progresivamente durante los seis meses siguientes.

Un aumento relativo no indica cuántas personas sufrirán un evento

El 34 % describe una comparación estadística entre grupos. No significa que 34 de cada 100 personas con herpes zóster vayan a sufrir un ACV, ni que su probabilidad aumente 34 puntos porcentuales. Para conocer el riesgo absoluto hacen falta las frecuencias de eventos y las características de la población estudiada.

La distinción también resulta relevante al interpretar investigaciones sobre lipoproteína(a) y riesgo cardiovascular hereditario: una variación porcentual necesita contexto para comprender su significado clínico.

Además, los trabajos sobre zóster son principalmente observacionales. Detectan asociaciones compatibles con un posible efecto vascular de la infección, pero no permiten atribuir automáticamente cada infarto o ACV posterior al virus.

La relación también se ha estudiado a largo plazo

Un trabajo encabezado por Sharon G. Curhan, del Brigham and Women’s Hospital, analizó a 205.030 participantes de tres cohortes estadounidenses sin antecedentes de ACV o enfermedad coronaria al inicio. Publicado en 2022 en el Journal of the American Heart Association, vinculó el antecedente de zóster con un riesgo a largo plazo de eventos cardiovasculares mayores casi un 30 % superior.

Los resultados variaron según el desenlace y los años transcurridos. Ese hallazgo no debe confundirse con las estimaciones sobre las primeras semanas después del brote: son investigaciones que estudian ventanas temporales diferentes.

Entre los mecanismos considerados por los investigadores están la inflamación y la posible afectación de los vasos sanguíneos por el virus. Sin embargo, también deben tenerse en cuenta factores compartidos y diferencias de salud entre las personas comparadas.

Prevenir el zóster y mantener el control cardiovascular

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, CDC, explican que el herpes zóster aparece por la reactivación del virus varicela-zóster, que permanece latente después de la varicela. El riesgo de enfermedad y complicaciones aumenta con la edad y con determinadas condiciones que debilitan el sistema inmunitario.

En Estados Unidos, los CDC recomiendan dos dosis de vacuna recombinante contra el zóster para adultos de 50 años o más y para personas de 19 años o más inmunodeficientes o inmunosuprimidas. Las indicaciones y el acceso deben consultarse según el país y la situación clínica. La vacuna previene el zóster y sus complicaciones; no sustituye el tratamiento cardiovascular.

La prevención sigue requiriendo una evaluación conjunta de presión arterial, colesterol, glucosa, tabaquismo y antecedentes, como explica el análisis sobre el perfil integral de riesgo cardiovascular.

Ante síntomas compatibles con zóster, la consulta temprana permite valorar el tratamiento antiviral. Los CDC señalan que este resulta más eficaz cuando comienza dentro de las primeras 72 horas desde el inicio de los síntomas. Esa recomendación busca tratar la infección y sus complicaciones, sin garantizar por sí sola la prevención de un evento vascular.

Un dolor de cabeza súbito y extremadamente intenso, especialmente acompañado de debilidad o alteraciones del habla, requiere atención urgente. Reconocer las señales neurológicas de alarma es importante con independencia de haber tenido o no herpes zóster.

Fuentes referenciales:
PLOS ONE — Revisión sistemática y metaanálisis sobre herpes zóster y eventos cardíacos y cerebrovasculares, 2017
PLOS Medicine — Eventos cardiovasculares agudos después del herpes zóster, 2015
Journal of the American Heart Association — Herpes zóster y riesgo cardiovascular a largo plazo, 2022
CDC — Información clínica sobre herpes zóster
CDC — Recomendaciones de vacunación contra el herpes zóster