Un estudio publicado el 28 de septiembre identifica el papel de esta proteína en dos vías activadas por el factor de necrosis tumoral; las pruebas se realizaron en células y ratones
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz
Una célula puede recibir una señal del factor de necrosis tumoral, conocido como TNF, y continuar viva o iniciar un proceso de muerte programada. Un equipo internacional ha identificado una pieza que ayuda a explicar ese cambio: la proteína HERC4. Según el estudio publicado en Nature Structural & Molecular Biology, HERC4 modifica otra proteína, RIPK1, para facilitar el ensamblaje de los complejos que desencadenan dos formas de muerte celular.
El hallazgo precisa el funcionamiento de una señal relacionada con la inflamación, pero todavía pertenece a la investigación básica. En otros contextos, el TNF también interviene en procesos inflamatorios y de daño celular estudiados en el corazón. Comprender cada paso de sus vías de señalización puede ayudar a distinguir sus distintas funciones biológicas.
Una modificación que permite actuar a RIPK1
RIPK1 participa tanto en señales que favorecen la supervivencia celular como en otras que conducen a su muerte. Los investigadores encontraron que HERC4 se une a RIPK1 cuando esta se ha activado y le añade cadenas de ubiquitina, pequeñas marcas moleculares que permiten organizar las proteínas necesarias para iniciar la respuesta de muerte.
En los experimentos, esa modificación facilitó la formación de un complejo asociado con la apoptosis, un proceso de eliminación celular ordenada. Cuando se inhibieron las caspasas, enzimas importantes para esa vía, también favoreció la formación del complejo que inicia la necroptosis, otra modalidad de muerte programada capaz de generar señales inflamatorias. La diferencia entre ambas resulta relevante en investigaciones sobre la muerte de células tumorales y la respuesta inmunitaria.
El equipo llegó a HERC4 mediante análisis genéticos y pruebas bioquímicas en líneas celulares humanas y de ratón. Al eliminarla, las células mostraron resistencia a determinadas condiciones experimentales que normalmente desencadenan la muerte mediada por TNF y RIPK1.
Protección en ratones, sin tratamiento humano todavía
Los investigadores también estudiaron ratones sin HERC4 en modelos de respuesta inflamatoria sistémica y lesión hepática aguda provocadas experimentalmente por TNF. Estos animales presentaron menos daño y menores niveles de la molécula inflamatoria IL-6. En uno de los experimentos, sobrevivió el 80 % de los ratones sin HERC4, mientras que los animales de comparación murieron dentro de las 28 horas posteriores a la administración de TNF.
Esos resultados muestran la importancia de HERC4 en los modelos utilizados, pero no significan que bloquearla sea ya una opción terapéutica para personas. Hacen falta más estudios para determinar qué consecuencias tendría modificar esta vía en distintos tejidos y enfermedades. La relación del TNF con patologías inflamatorias ya ha motivado investigaciones sobre tratamientos dirigidos a su señalización, aunque el papel concreto de HERC4 requiere evaluación independiente.
La aportación del nuevo trabajo es identificar un mecanismo que faltaba entre la activación de RIPK1 y la organización de la maquinaria de muerte celular. Ese conocimiento ofrece una pregunta más precisa para futuras investigaciones sobre inflamación y daño tisular.
Fuente referencial:
Estudio original en Nature Structural & Molecular Biology

