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Shingrix se vincula con menor riesgo de demencia y cardiopatías


Dos estudios en adultos mayores asociaron la vacuna contra el herpes zóster con menos diagnósticos de deterioro cognitivo y eventos cardiovasculares, aunque todavía no demuestran causalidad


Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz


Dos investigaciones realizadas en Estados Unidos relacionaron la vacuna recombinante contra el herpes zóster, conocida comercialmente como Shingrix, con una menor incidencia de demencia y una reducción de determinados problemas cardiovasculares entre adultos mayores. Los trabajos analizaron grandes registros sanitarios mediante metodologías diferentes y aportaron nuevas pistas sobre posibles beneficios adicionales de una inmunización destinada principalmente a prevenir la culebrilla.

El estudio coordinado por la Universidad de Brown encontró un riesgo de demencia un 24 % menor durante cuatro años entre personas vacunadas de 66 años o más que habían ingresado en centros de enfermería especializada. Otra investigación, dirigida por la Universidad de Oxford y publicada en Nature Medicine, asoció la vacuna recombinante con una menor carga de cardiopatía isquémica, insuficiencia cardíaca y accidente cerebrovascular isquémico frente a la antigua vacuna elaborada con virus vivo atenuado.

Los resultados fortalecen la hipótesis de que prevenir la reactivación del virus varicela-zóster o modificar determinadas respuestas inmunitarias podría beneficiar al cerebro y al sistema cardiovascular. Sin embargo, ambos trabajos son observacionales: identifican asociaciones estadísticas y no prueban que Shingrix prevenga directamente la demencia o las enfermedades del corazón.

El estudio sobre demencia analizó a más de 500.000 adultos

El equipo de la Universidad de Brown examinó datos de Medicare e historias clínicas correspondientes a más de 500.000 personas de 66 años o más. Todos los participantes habían ingresado en un centro de enfermería especializada para recibir atención de corta o larga duración, no tenían un diagnóstico previo de demencia y cumplían los requisitos para recibir la vacuna.

Los investigadores compararon a quienes recibieron al menos una dosis de Shingrix durante el ingreso o en los 12 meses posteriores con personas que permanecieron sin vacunar. Al finalizar cuatro años de seguimiento, el 18,8 % de los integrantes del grupo vacunado había recibido un diagnóstico de demencia, frente al 24,6 % del grupo no vacunado.

La diferencia representó una reducción relativa del riesgo del 24 % y una reducción absoluta de 5,8 puntos porcentuales. Según el cálculo del equipo, esta última equivaldría aproximadamente a un diagnóstico menos de demencia por cada 17 personas vacunadas durante el periodo estudiado.

El hallazgo amplía la evidencia reunida en trabajos anteriores sobre la posible relación entre la vacunación contra el herpes zóster y la prevención de la demencia. La nueva investigación se concentró en una población especialmente vulnerable y en la formulación recombinante, que sustituyó progresivamente a la antigua vacuna de virus vivo en Estados Unidos.

La comparación no elimina todos los posibles sesgos

El estudio sobre demencia utilizó una emulación de ensayo objetivo, un método que intenta reproducir con datos observacionales algunas condiciones de un ensayo clínico. Los autores ajustaron las comparaciones mediante numerosas características clínicas y demográficas para reducir las diferencias iniciales entre vacunados y no vacunados.

Aun así, las personas que deciden vacunarse pueden diferir de las no vacunadas en aspectos difíciles de medir, como el acceso a la atención médica, el apoyo familiar, el estado funcional o determinadas conductas de prevención. Esas diferencias podrían explicar una parte de la asociación observada.

El diagnóstico de demencia también se obtuvo de registros asistenciales y no mediante evaluaciones neurológicas uniformes realizadas específicamente para el estudio. Además, los resultados corresponden a adultos mayores que habían pasado por centros de enfermería especializada y no deben extrapolarse automáticamente a toda la población.

La investigación coincide con otros análisis que han vinculado Shingrix con un menor riesgo cognitivo. Mundo de la Salud abordó previamente la evidencia y las hipótesis sobre la vacuna recombinante y el deterioro cognitivo, incluidas las dudas que todavía existen sobre el mecanismo biológico y la necesidad de ensayos aleatorizados.

Un experimento natural evaluó los efectos cardiovasculares

El estudio dirigido por Maxime Taquet, de la Universidad de Oxford, aprovechó el rápido cambio ocurrido en Estados Unidos después de octubre de 2017, cuando Shingrix comenzó a reemplazar a la vacuna viva atenuada Zostavax. Los científicos compararon a adultos de 60 años o más inmunizados inmediatamente antes y después de esa transición.

Este diseño redujo el denominado sesgo del vacunado sano, ya que ambos grupos habían decidido recibir una vacuna contra el herpes zóster. La diferencia principal fue la formulación administrada: la antigua vacuna viva o la nueva vacuna recombinante con el adyuvante AS01.

Durante siete años, Shingrix se asoció con una disminución del 9 % en la carga combinada de cardiopatía isquémica, insuficiencia cardíaca y accidente cerebrovascular isquémico. La carga se calculó a partir del tiempo perdido sin presentar esos diagnósticos, una medida que incorpora tanto la aparición de los eventos como el momento en que ocurrieron.

El análisis individual mostró una reducción del 10 % en la carga de cardiopatía isquémica y del 12 % en la de insuficiencia cardíaca, asociaciones observadas en ambos sexos. También se registró un descenso del 12 % en la carga de accidente cerebrovascular isquémico entre los hombres y del 7 % en la correspondiente a fibrilación auricular en el conjunto de participantes.

Los autores no encontraron asociaciones significativas para todos los trastornos cardíacos, vasculares periféricos o cerebrovasculares examinados. El efecto fue más intenso durante los primeros años posteriores a la vacunación y disminuyó gradualmente con el tiempo.

Prevenir el herpes zóster podría reducir inflamación y daño vascular

El herpes zóster aparece cuando el virus varicela-zóster, que permanece latente en el sistema nervioso después de causar varicela, vuelve a activarse. Además de la erupción y el dolor característicos, la infección puede desencadenar inflamación y se ha relacionado temporalmente con un aumento del riesgo de infarto y accidente cerebrovascular.

Una de las explicaciones consideradas por los científicos es que Shingrix, al ofrecer una protección más eficaz frente a la reactivación viral que la vacuna anterior, disminuiría episodios capaces de afectar los vasos sanguíneos. La prevención de esos brotes podría reducir la inflamación, la alteración de la coagulación y otros procesos vinculados con eventos cardiovasculares.

Otra hipótesis atribuye una función más amplia al adyuvante AS01, incorporado para reforzar la respuesta inmunitaria. Estudios previos han encontrado asociaciones semejantes con otra vacuna que emplea el mismo sistema adyuvante, lo que plantea la posibilidad de que este componente modifique respuestas inflamatorias relacionadas con el envejecimiento.

Los mecanismos cerebral y cardiovascular podrían compartir elementos, pero todavía no han sido establecidos. La salud vascular desempeña un papel importante en el deterioro cognitivo, y el control de la hipertensión, el colesterol y los accidentes cerebrovasculares aparece entre los factores asociados con la reducción de la incidencia de demencia en adultos mayores.

Los hallazgos no convierten la vacuna en un tratamiento

Shingrix está autorizada para prevenir el herpes zóster y sus complicaciones, no como tratamiento de la demencia ni como medicamento cardiovascular. Las asociaciones encontradas no justifican cambiar por cuenta propia las indicaciones, edades o esquemas establecidos por las autoridades sanitarias de cada país.

El estudio cardiovascular comparó dos formulaciones vacunales administradas en periodos consecutivos, pero no asignó aleatoriamente a los participantes. Los cambios médicos y sociales ocurridos alrededor de la transición entre vacunas podrían haber influido en algunos resultados, aunque los investigadores realizaron análisis para medir y reducir ese riesgo.

En la investigación sobre demencia tampoco puede descartarse por completo que características no registradas diferenciaran a vacunados y no vacunados. Para determinar si la inmunización causa la reducción observada se necesitan ensayos clínicos que asignen las intervenciones de forma aleatoria y evalúen resultados neurológicos y cardiovasculares previamente definidos.

Mientras esas pruebas avanzan, la conclusión respaldada por la autorización vigente continúa siendo que la vacuna protege frente al herpes zóster. La posible prevención adicional de demencia, cardiopatía isquémica, insuficiencia cardíaca o accidente cerebrovascular debe considerarse una hipótesis respaldada por evidencia observacional creciente, pero todavía no confirmada como efecto causal.

Fuentes referenciales:
Infobae
Universidad de Brown
Annals of Internal Medicine
Nature Medicine
Universidad de Oxford