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La cinta reduce el impacto tibial al correr frente a superficies exteriores


Un estudio con 20 corredores recreativos comparó asfalto, césped, pista sintética y cinta mediante sensores y encontró diferencias relevantes en la carga que recibe la tibia durante cada zancada


Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.


La superficie elegida para correr puede modificar de forma significativa la carga mecánica que recibe la pierna. Una investigación con 20 corredores recreativos encontró que la aceleración tibial máxima fue considerablemente menor en una cinta de correr que sobre asfalto, césped o una pista sintética, un resultado que aporta nuevos datos para comprender cómo cambia la biomecánica de la carrera según el terreno.

El trabajo, publicado en Sports Biomechanics, fue realizado por Griffin R. Moon, Brian K. Leary, Anh-Dung Nguyen y Jean L. McCrory, investigadores vinculados con West Virginia University y Frostburg State University, en Estados Unidos. Los participantes corrieron sobre las cuatro superficies mientras sensores portátiles registraban variables relacionadas con el impacto, la frecuencia de zancada y el movimiento del pie.

Los resultados no significan que correr al aire libre sea necesariamente perjudicial ni que una única superficie pueda considerarse universalmente la mejor para todas las personas. La tolerancia al ejercicio depende también del volumen de entrenamiento, la velocidad, la técnica, la condición física y los antecedentes individuales. De hecho, la relación entre running y salud de las rodillas es más compleja que la simple presencia de impactos repetidos.

La aceleración de la tibia fue menor en la cinta

Los investigadores colocaron unidades de medición inercial en la tibia derecha y en la parte posterior del calzado de los participantes. Cada corredor se desplazó a una velocidad seleccionada individualmente y un sistema de cronometraje permitió mantener condiciones comparables entre las superficies. Para el análisis se utilizaron 30 pasos de cada condición.

La diferencia más clara apareció en la aceleración tibial máxima, una variable utilizada para estudiar la carga mecánica experimentada por la pierna durante el contacto con el suelo. En el asfalto se registró un promedio de 11,0 ± 2,7 g; en el césped, 10,7 ± 3,4 g; y en la pista, 10,6 ± 2,3 g. En la cinta, el promedio descendió a 7,9 ± 1,6 g.

En términos relativos, el valor registrado en la cinta fue aproximadamente entre un 25 % y un 28 % inferior al observado en las tres superficies exteriores cuando se comparan directamente los promedios publicados. El hallazgo indica una reducción de la aceleración medida en la tibia bajo las condiciones específicas del experimento, pero no permite afirmar por sí solo que la cinta prevenga lesiones.

Esta distinción es importante porque las lesiones deportivas responden a múltiples factores. La rodilla, por ejemplo, puede verse afectada por traumatismos y problemas derivados de diferentes mecanismos, como muestra la información disponible sobre lesiones de rodilla entre deportistas.

La superficie también modifica la mecánica del pie

El estudio evaluó además la velocidad máxima de eversión del retropié, es decir, el movimiento mediante el cual el talón se inclina durante determinadas fases del apoyo. Esta variable también presentó diferencias significativas entre las superficies.

El césped mostró el promedio más bajo, con 394,9 ± 256,5 grados por segundo. Los valores fueron mayores en la pista sintética, con 623,5 ± 299,3 grados por segundo, y en el asfalto, con 620,7 ± 289,1 grados por segundo. Estos resultados muestran que una superficie que presenta determinada respuesta frente al impacto no necesariamente produce el mismo comportamiento en todas las variables biomecánicas.

También hubo diferencias en la frecuencia de zancada. El estudio encontró la frecuencia más alta durante la carrera en cinta y la más baja sobre césped. En cambio, el tiempo durante el cual el pie permaneció en contacto con la superficie no mostró diferencias estadísticamente significativas entre las cuatro condiciones.

Investigaciones recientes continúan examinando cómo la velocidad y la cadencia interactúan con la aceleración tibial en corredores recreativos. Esto refuerza la necesidad de interpretar la carga de la carrera como el resultado de varios componentes simultáneos y no únicamente de la dureza aparente del suelo.

Menor impacto medido no equivale automáticamente a menos lesiones

La aceleración tibial es una medida biomecánica útil, pero no constituye por sí sola una predicción individual de lesión. El estudio comparó respuestas inmediatas durante la carrera y no siguió a los participantes durante meses o años para determinar cuántas lesiones desarrollaban en cada superficie.

Por ese motivo, los resultados deben interpretarse dentro de los límites del diseño experimental. La cinta produjo la menor aceleración tibial en esta muestra y bajo estas condiciones, pero la elección de dónde correr puede depender también de la experiencia, el ritmo, el calzado, el historial de molestias, la adaptación al terreno y los objetivos del entrenamiento.

Para personas que ya presentan dolor o limitaciones articulares, además, puede ser necesario reducir inicialmente la carga y recurrir a alternativas específicas. Los ejercicios sin carga orientados a proteger las rodillas constituyen un ejemplo de cómo la actividad física puede adaptarse cuando el impacto representa una dificultad.

El estudio cuestiona extrapolar el laboratorio a la carrera exterior

Uno de los aspectos destacados por los investigadores es que los estudios biomecánicos realizados exclusivamente en cinta pueden no reproducir exactamente la forma de correr que una persona utiliza sobre superficies exteriores. Las diferencias detectadas en aceleración tibial, frecuencia de zancada y movimiento del retropié muestran que cambiar el terreno modifica determinadas características de la carrera.

Esto tiene implicaciones para la investigación deportiva. Una prueba realizada únicamente en un laboratorio puede proporcionar mediciones controladas, pero sus resultados no necesariamente representan toda la carga experimentada durante entrenamientos habituales en calles, parques o pistas.

La utilización de sensores portátiles permite precisamente ampliar las mediciones fuera del laboratorio. Las unidades de medición inercial empleadas en este estudio registraron directamente variables biomecánicas mientras los participantes corrían en diferentes entornos, facilitando una comparación bajo condiciones más próximas a la práctica cotidiana.

La elección del terreno debe considerar el conjunto del entrenamiento

Para una persona sana que corre de manera recreativa, los resultados ofrecen información sobre cómo cambia la carga mecánica entre superficies, pero no establecen una prescripción universal. Mantener una progresión razonable del entrenamiento y adaptar la intensidad a la capacidad individual continúa siendo fundamental.

El running forma parte del ejercicio aeróbico y puede contribuir al acondicionamiento cardiovascular cuando se practica de manera adecuada. Otras actividades menos exigentes también pueden utilizarse para aumentar gradualmente el movimiento diario; por ejemplo, caminar de forma regular favorece la salud cardiovascular y puede servir como punto de partida para personas con baja condición física.

La investigación tampoco plantea que la cinta deba reemplazar todos los entrenamientos exteriores. Más bien demuestra que el organismo responde de manera diferente según la superficie y que esas diferencias deberían considerarse al estudiar la biomecánica, diseñar programas de entrenamiento o ajustar la actividad de personas que buscan controlar determinadas cargas.

Para quienes entrenan con regularidad, la superficie constituye así una variable más junto con la duración, la intensidad, la recuperación y la preparación muscular. El fortalecimiento también forma parte de una estrategia integral, ya que mantener la fuerza muscular aporta beneficios funcionales que no dependen exclusivamente del trabajo aeróbico.

Fuentes referenciales:
Infobae Salud
Sports Biomechanics: A comparison of running biomechanics on track, asphalt, grass, and treadmill using wearable sensors