Un estudio longitudinal con 1.095 participantes comparó la pubertad, el embarazo y la menopausia mediante resonancias magnéticas estructurales
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
La transición de la premenopausia a la posmenopausia presenta un patrón de cambio cerebral diferente al observado durante la pubertad y el embarazo, según una investigación coordinada por el Amsterdam University Medical Center, en Países Bajos. El estudio, publicado el 8 de septiembre de 2026 en Nature Communications, comparó por primera vez las tres etapas mediante un mismo marco analítico.
Los investigadores analizaron datos longitudinales de resonancia magnética estructural correspondientes a 1.095 participantes. Dentro de la muestra, 34 atravesaron su primera menstruación durante el seguimiento, 70 completaron un primer o segundo embarazo y 120 pasaron de la premenopausia a la posmenopausia. Cada cohorte incluyó grupos estables de comparación para distinguir los cambios propios de cada transición de los asociados con el desarrollo o el envejecimiento.
Pubertad y embarazo compartieron una reducción de materia gris
La primera menstruación y el embarazo se asociaron con una reducción acelerada del volumen total y cortical de materia gris frente a sus respectivos grupos de control. La coincidencia no implicó, sin embargo, que ambas etapas remodelaran el cerebro de manera idéntica.
Durante la pubertad, la disminución apareció ampliamente distribuida por la corteza cerebral. En el embarazo se concentró especialmente en regiones parietales posteriores y temporales superiores. Los dos procesos compartieron modificaciones en áreas de asociación prefrontales, parietales y temporales, pero mostraron diferencias en más de la mitad de las regiones corticales examinadas.
Estos resultados amplían el conocimiento sobre la influencia del estrógeno en las propiedades del hipocampo, una región relacionada con el aprendizaje y la memoria. No obstante, los autores advierten que una disminución del volumen de materia gris no debe interpretarse automáticamente como deterioro, daño neuronal o pérdida de capacidades.
La menopausia se distinguió por la ausencia de pérdida acelerada
Las mujeres que atravesaron la transición menopáusica entre las dos exploraciones no presentaron una reducción significativa del volumen total o cortical de materia gris. En contraste, el descenso sí apareció entre las participantes que permanecieron premenopáusicas o posmenopáusicas durante todo el periodo de seguimiento.
El equipo considera que este comportamiento podría reflejar una atenuación temporal de la reducción de volumen asociada con la edad. La interpretación es preliminar porque las comparaciones directas entre grupos y momentos no alcanzaron significación suficiente para demostrar un efecto protector.
El hallazgo tampoco significa que el cerebro deje de cambiar durante la menopausia. Indica que su reorganización estructural no reproduce el patrón observado cuando las concentraciones de hormonas sexuales aumentan durante la pubertad o el embarazo. La plasticidad cerebral también se estudia desde otros estímulos, como muestra la investigación sobre las redes cerebrales activadas por la música.
Los cambios estructurales no determinan síntomas cognitivos
El estudio analizó el volumen de la materia gris, pero no estableció que las diferencias detectadas causen problemas de memoria, atención, estado de ánimo u otras manifestaciones neurológicas. Tampoco permite utilizar una resonancia magnética para anticipar cómo experimentará cada mujer la menopausia.
Esta distinción es relevante porque algunas mujeres informan dificultades para concentrarse o recordar información durante el climaterio. Los resultados estructurales no explican por sí solos esos síntomas, que pueden estar relacionados con múltiples factores, como alteraciones del sueño, sofocos, estrés, salud mental, medicamentos o condiciones médicas coexistentes.
La memoria tampoco depende de una única región o variable fisiológica. Estudios sobre el sueño ligero y la memoria onírica y sobre la interacción entre respiración, latidos y actividad cerebral muestran la diversidad de procesos que intervienen en la formación, recuperación y estabilidad de los recuerdos.
Un diseño longitudinal para separar transición y envejecimiento
La principal aportación metodológica fue aplicar procedimientos equivalentes a tres conjuntos de datos longitudinales. Los investigadores calcularon las tasas mensuales de cambio cerebral y las compararon con participantes de edades semejantes que permanecieron en una etapa hormonal estable.
En la cohorte de pubertad, las participantes que atravesaron la menarquia registraron reducciones mensuales del 0,13% en el volumen total de materia gris y del 0,16% en la materia gris cortical. Durante el embarazo, las tasas fueron del 0,12% y del 0,11%, respectivamente. El grupo que pasó por la menopausia no mostró una reducción significativa equivalente.
Las cifras describen promedios obtenidos mediante neuroimagen y no permiten extraer conclusiones individuales. Tampoco prueban que los cambios hormonales sean directamente responsables de cada modificación cerebral observada.
Las limitaciones impiden establecer una relación causal
Las tres cohortes procedían de investigaciones independientes y las imágenes fueron obtenidas con equipos de resonancia magnética diferentes. Aunque todas se procesaron con procedimientos comparables, la variabilidad técnica no pudo eliminarse por completo.
El estado menopáusico se determinó mediante la información aportada por las participantes y no existían mediciones hormonales armonizadas para las tres transiciones. Tampoco se reunieron de manera uniforme datos sobre anticonceptivos hormonales, salud mental, estrés, situación socioeconómica e historia reproductiva.
Los autores proponen realizar nuevos estudios prospectivos con mediciones hormonales directas, exploraciones más frecuentes y protocolos de imagen homogéneos. También será necesario determinar si las modificaciones estructurales guardan relación con funciones cognitivas, síntomas clínicos o resultados de salud a largo plazo.
Fuentes referenciales:
Infobae
Nature Communications
Amsterdam University Medical Center
