Estado de la Salud Global

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La longevidad aumenta, pero también los años con mala salud


Un estudio global reveló que la esperanza de vida avanzó más rápido que los años vividos sin enfermedades, discapacidad o limitaciones funcionales


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz


La población mundial vive más años que hace tres décadas, pero una proporción creciente de ese tiempo transcurre con enfermedades, discapacidad o limitaciones funcionales. Un estudio global publicado en The Lancet Public Health advierte que el aumento de la longevidad no estuvo acompañado por una mejora equivalente de la esperanza de vida saludable.

La investigación fue desarrollada por el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud y utilizó las estimaciones del estudio sobre la Carga Global de Enfermedad 2023. El análisis examinó la evolución del envejecimiento saludable entre 1990 y 2023 por países, regiones, sexo y nivel de desarrollo sociodemográfico.

Durante ese período, la esperanza de vida global al nacer aumentó de 64,6 a 73,8 años. La esperanza de vida saludable también avanzó, pero lo hizo a un ritmo menor: pasó de 55,9 a 63,1 años.

La diferencia entre ambos indicadores produjo una ampliación de la brecha de morbilidad, definida como el tiempo vivido con problemas de salud. En 1990, esta brecha era de 8,8 años y en 2023 llegó a 10,7 años.

La población mundial pasó así de vivir el 13,6 % de su vida con mala salud en 1990 al 14,5 % en 2023. El hallazgo plantea que el progreso sanitario no puede evaluarse únicamente mediante el número de años vividos, sino también por la condición física y mental mantenida durante ese tiempo.

La brecha de morbilidad creció durante toda la vida adulta

El aumento de los años vividos con mala salud no se concentró exclusivamente en la vejez. Los investigadores observaron una expansión de la brecha durante toda la vida adulta, lo que indica que más personas conviven durante períodos prolongados con enfermedades y discapacidades.

La pandemia de COVID-19 alteró temporalmente la esperanza de vida y la esperanza de vida saludable. Sin embargo, el análisis determinó que esa interrupción no modificó la tendencia general de ampliación de la brecha de morbilidad.

Christopher Murray, director del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington y autor principal del estudio, sostuvo que los próximos avances sanitarios no dependerán únicamente de prolongar la vida, sino de conseguir que las personas vivan esos años adicionales en mejores condiciones.

Esta perspectiva coincide con el enfoque de la longevidad activa frente al sedentarismo, que propone medir el envejecimiento por la conservación de la autonomía, la función física y la capacidad para prevenir enfermedades crónicas.

Estados Unidos registró la mayor brecha nacional

La carga de mala salud presentó diferencias importantes entre países y regiones. Los períodos más prolongados con enfermedades o discapacidad se encontraron en los territorios donde la esperanza de vida era más alta.

Estados Unidos registró en 2023 la mayor brecha nacional de morbilidad, con 14 años. Le siguieron Australia, con 13,9 años, y Canadá, con 13,7 años.

El patrón fue más marcado en los países con un Índice Sociodemográfico elevado, donde el aumento de la supervivencia superó con mayor amplitud los avances obtenidos en calidad de vida y salud funcional.

Las siete superregiones analizadas por el estudio incrementaron tanto el número absoluto de años vividos con mala salud como su proporción respecto de la vida total. La superregión de altos ingresos presentó en 2023 una brecha de 12,7 años, mientras que África subsahariana registró la menor, con 9 años.

Las mujeres viven más, pero acumulan más años con enfermedades

El estudio identificó una diferencia persistente entre mujeres y hombres. En todas las regiones y niveles de desarrollo, las mujeres vivieron más años, pero también pasaron más tiempo con mala salud.

En 2023, la brecha promedio de morbilidad fue de 12,1 años entre las mujeres y de 9,3 años entre los hombres. La desigualdad apareció en todos los quintiles del índice de desarrollo social.

Catherine Bisignano, redactora científica sénior del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud y coautora del trabajo, señaló que mejorar el envejecimiento saludable requerirá prestar mayor atención a las afecciones y factores de riesgo responsables de los años vividos con discapacidad.

La pérdida de capacidades físicas y la dependencia para realizar actividades diarias figuran también entre las principales preocupaciones de los adultos mayores, especialmente cuando las enfermedades crónicas afectan la movilidad y la autonomía.

El dolor lumbar fue el principal causante de discapacidad

Más de la mitad de los años vividos con mala salud estuvo relacionada con un grupo relativamente reducido de afecciones crónicas, en su mayoría no mortales. En 2023, estas condiciones representaron el 57,4 % de la brecha global de morbilidad.

Los trastornos musculoesqueléticos ocuparon el primer lugar, especialmente el dolor lumbar. Aunque estas afecciones no suelen reducir directamente la esperanza de vida, pueden limitar el movimiento, dificultar el trabajo y aumentar la dependencia durante períodos prolongados.

La conservación de la fuerza y la movilidad adquiere especial relevancia frente a esta carga. La evidencia sobre los músculos que anticipan cómo vamos a envejecer destaca la función del entrenamiento físico para preservar el equilibrio, la independencia y la capacidad de realizar tareas cotidianas.

Después de las afecciones musculoesqueléticas aparecieron los trastornos mentales, entre ellos la depresión y la ansiedad. También contribuyeron las enfermedades de los órganos de los sentidos, especialmente la pérdida de audición asociada con la edad.

Las caídas, otras lesiones no intencionadas y distintas enfermedades crónicas no transmisibles completaron el conjunto de problemas que más años de mala salud generaron en la población mundial.

La depresión y la pérdida de audición afectan la calidad de vida

La inclusión de la depresión, la ansiedad y la pérdida auditiva entre las principales causas de la brecha muestra que el envejecimiento saludable no depende exclusivamente de evitar enfermedades mortales.

Los trastornos mentales pueden afectar la capacidad para mantener relaciones sociales, trabajar, descansar y participar en actividades cotidianas. Su impacto puede prolongarse durante años cuando no existe diagnóstico, tratamiento o acceso suficiente a servicios de salud mental.

La pérdida de audición también puede reducir la comunicación, aumentar el aislamiento social y limitar la autonomía. Aunque suele considerarse una consecuencia habitual del envejecimiento, representa una fuente importante de discapacidad y requiere detección y atención oportunas.

El estudio plantea que los sistemas sanitarios deben responder no solo a las causas de mortalidad, sino también a las afecciones que deterioran durante largos períodos la calidad de vida de quienes sobreviven.

Varios factores de riesgo pueden prevenirse o controlarse

Una proporción importante de los años vividos con mala salud estuvo vinculada con factores de riesgo modificables. A escala global, los principales fueron la glucosa plasmática en ayunas elevada, el alto índice de masa corporal, la desnutrición infantil y materna y el consumo de tabaco.

La importancia de cada factor varió según la región y el nivel de desarrollo. En África subsahariana y otros entornos con menor desarrollo socioeconómico, la desnutrición infantil y materna fue el principal riesgo asociado con la brecha de morbilidad.

La contaminación del aire también figuró entre los cinco factores de mayor peso en esos contextos. Estas diferencias reflejan que las estrategias para aumentar los años de vida saludable deben adaptarse a las condiciones epidemiológicas, sociales y económicas de cada población.

La inflamación persistente también ha sido estudiada como un mecanismo relacionado con múltiples enfermedades de la edad. Las investigaciones sobre inflamación crónica y envejecimiento describen su vínculo con el deterioro metabólico, cardiovascular y funcional en adultos mayores.

La prevención debe comenzar antes de la vejez

Los autores sostienen que el progreso en envejecimiento saludable debe evaluarse a lo largo de toda la vida. La ampliación de la brecha durante la adultez indica que esperar hasta edades avanzadas para intervenir puede limitar la capacidad de prevenir enfermedades y discapacidad.

Las políticas sanitarias deberán fortalecer la prevención, el diagnóstico temprano y el control prolongado de enfermedades crónicas. También será necesario ampliar el acceso a rehabilitación, atención de salud mental y servicios destinados a personas que necesitan cuidados durante períodos extensos.

La prevención de factores metabólicos, el abandono del tabaco, la conservación de la capacidad física y el tratamiento de afecciones sensoriales pueden reducir parte de la carga asociada con los años vividos en malas condiciones de salud.

El aumento de la longevidad representa un avance sanitario, pero los resultados muestran que prolongar la supervivencia no garantiza por sí mismo más años de bienestar, independencia o funcionalidad.

La investigación señala que reducir la brecha de morbilidad exigirá invertir en prevención, manejo de enfermedades crónicas, rehabilitación y atención de largo plazo, con el objetivo de que la vida adicional obtenida durante las últimas décadas transcurra con menos discapacidad y mejores condiciones de salud.

Fuente(s) referenciales

Infobae