El ECDC advierte que los casos bacterianos alcanzaron niveles récord en 2024 y reclama más pruebas, prevención accesible y atención sanitaria sin estigma
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Europa registra un aumento sostenido de varias infecciones de transmisión sexual, con cifras especialmente elevadas de gonorrea y sífilis. Los datos correspondientes a 2024, publicados por el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC), confirman que el incremento posterior a la pandemia no puede atribuirse únicamente a la recuperación de las pruebas diagnósticas.
Los países de la Unión Europea y el Espacio Económico Europeo notificaron 106.331 casos confirmados de gonorrea durante 2024, un 303 % más que en 2015. La sífilis alcanzó 45.577 diagnósticos, más del doble que nueve años antes. Estas tendencias muestran una transmisión activa que exige reforzar la detección, el tratamiento oportuno y la vigilancia epidemiológica.
La clamidia continúa siendo la infección bacteriana de transmisión sexual notificada con mayor frecuencia en la región. En 2024 se confirmaron 213.443 casos, aunque su tasa descendió con respecto a 2023 y regresó aproximadamente al nivel observado en 2015. Las diferencias entre infecciones demuestran que no existe una única explicación para la evolución epidemiológica europea.
La gonorrea y la sífilis mantienen una trayectoria ascendente
La tasa de notificación de gonorrea aumentó un 4,3 % entre 2023 y 2024. Aunque los diagnósticos disminuyeron entre los hombres de 15 a 24 años, crecieron en grupos masculinos de mayor edad. En el conjunto de los hombres, el aumento fue cercano al 8 %. Entre las mujeres se produjo un descenso, pero los niveles permanecieron por encima de los registrados antes de la pandemia de COVID-19.
La situación de la sífilis presenta otros patrones. Los hombres concentraron la mayoría de los casos europeos, particularmente quienes mantienen relaciones sexuales con otros hombres, pero la tasa también aumentó entre las mujeres. Entre 2023 y 2024, las notificaciones femeninas subieron alrededor de un 15 %, un cambio que requiere especial atención por el riesgo de transmisión durante el embarazo.
Las cifras actuales se relacionan con una combinación de factores conductuales, sociales y sanitarios. Entre ellos figuran una posible reducción del uso del preservativo, cambios en las redes sexuales, diagnósticos más amplios en determinados grupos y dificultades de acceso a los servicios. Un análisis previo sobre las causas que favorecen el aumento de las infecciones sexuales muestra que ningún elemento aislado permite explicar toda la tendencia.
Muchas infecciones avanzan sin producir síntomas
Una de las principales dificultades para controlar estas enfermedades es que pueden permanecer sin síntomas. Una persona infectada puede transmitir el patógeno sin conocer su situación y buscar atención médica únicamente cuando aparecen complicaciones o cuando una pareja recibe un diagnóstico.
La clamidia y la gonorrea no tratadas pueden ocasionar enfermedad inflamatoria pélvica, afectar la fertilidad y provocar complicaciones testiculares. La sífilis puede dañar el sistema nervioso y cardiovascular cuando progresa sin tratamiento. Estas consecuencias refuerzan la necesidad de ofrecer pruebas conforme al riesgo individual, aunque no existan molestias visibles.
La prevención también depende de que las personas puedan hablar sobre antecedentes, pruebas y protección sin temor a ser juzgadas. Las conversaciones pendientes sobre salud sexual influyen en la comunicación con las parejas y en la decisión de acudir a los servicios sanitarios.
La sífilis congénita revela brechas durante el embarazo
El ECDC registró 140 casos de sífilis congénita en 2024, casi el doble que el año anterior. Aunque la cifra absoluta continúa siendo reducida frente al total de diagnósticos, el incremento representa una señal de fallas evitables en la detección o el tratamiento de mujeres embarazadas.
La infección puede transmitirse de la madre al feto y provocar aborto espontáneo, muerte fetal, parto prematuro o problemas graves en el recién nacido. La detección temprana y el tratamiento con penicilina permiten prevenir la mayoría de estos desenlaces.
La mayor parte de los países de la Unión Europea incluye una prueba de sífilis durante el primer trimestre. Sin embargo, menos de la mitad aplica de manera sistemática la recomendación de repetirla durante el tercer trimestre o en el parto cuando la mujer presenta un riesgo elevado. Los focos recientes observados en Bulgaria, Portugal y Hungría evidencian la necesidad de revisar la cobertura real de esos protocolos.
Las pruebas deben llegar a las poblaciones desatendidas
Las autoridades sanitarias necesitan conocer no solo cuántos diagnósticos se producen, sino también qué proporción de las personas vulnerables accede a pruebas en cada país. Según la información difundida, apenas un tercio de los países europeos entrega datos suficientes sobre la cobertura diagnóstica de estos grupos, lo que limita la interpretación de las tasas notificadas.
Los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, las personas migrantes y quienes ejercen el trabajo sexual pueden enfrentar obstáculos económicos, administrativos o culturales para recibir atención. La discriminación añade otra barrera: el temor a revelar prácticas sexuales, orientación, identidad o situación migratoria puede retrasar la consulta y prolongar la transmisión.
El problema también se observa en otros ámbitos de la salud sexual. Los diagnósticos tardíos de VIH entre personas migrantes en España muestran cómo las vulnerabilidades sociales y el estigma pueden acumularse hasta dificultar tanto la realización de pruebas como la continuidad asistencial.
Ampliar la oferta requiere consultas confidenciales, horarios accesibles, pruebas comunitarias y profesionales capacitados para atender sin prejuicios. La búsqueda activa de contactos y la notificación voluntaria a las parejas también pueden interrumpir cadenas de transmisión cuando se acompañan de garantías de privacidad.
La resistencia antibiótica complica la respuesta sanitaria
La mayoría de las infecciones bacterianas de transmisión sexual puede tratarse, pero la gonorrea ha desarrollado resistencia a varios antibióticos. La aparición de cepas con sensibilidad reducida amenaza la eficacia de los esquemas disponibles y obliga a mantener una vigilancia microbiológica constante.
Esta presión no afecta exclusivamente a la gonorrea. La propagación sexual de bacterias resistentes, como se ha observado en los casos de shigelosis con resistencia a múltiples antibióticos, demuestra que el uso de estos medicamentos debe basarse en criterios clínicos, diagnósticos fiables y seguimiento epidemiológico.
Una política de pruebas generalizadas debe equilibrar la detección de infecciones relevantes con el uso responsable de antibióticos. Países Bajos, por ejemplo, dejó de recomendar el cribado rutinario de clamidia en personas asintomáticas después de revisar la evidencia sobre sus posibles beneficios y los riesgos asociados al tratamiento innecesario. Esa decisión específica no elimina la necesidad de evaluar a personas con síntomas, exposición conocida o factores de riesgo.
Prevención combinada y atención libre de prejuicios
El uso correcto del preservativo sigue siendo una medida central para reducir la transmisión de gonorrea, sífilis y clamidia. La profilaxis preexposición protege frente al VIH cuando se utiliza adecuadamente, pero no evita por sí sola otras infecciones sexuales, por lo que debe integrarse con pruebas periódicas, asesoramiento y métodos de barrera.
Para contener el repunte europeo, el ECDC plantea fortalecer la vigilancia, mejorar la información sobre cobertura diagnóstica y facilitar el tratamiento temprano. La educación sexual, las pruebas durante el embarazo y los servicios dirigidos a poblaciones con menor acceso completan una respuesta que debe adaptarse a los patrones epidemiológicos de cada país.
Reducir el estigma es parte de esa intervención sanitaria. Cuando una persona puede solicitar una prueba sin miedo a discriminación o reproches, aumentan las posibilidades de detectar la infección, tratarla y avisar a sus parejas. La respuesta europea dependerá tanto de la capacidad de los laboratorios y centros médicos como de la confianza que esos servicios logren generar.
Fuentes referenciales:
Infobae – The Economist
Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades
