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La shigelosis se propaga por vía sexual y gana resistencia a los antibióticos

Algunas variantes de esta enfermedad, que se transmiten por vía sexual y provocan diarrea sanguinolenta o prolongada, están aumentando en Reino Unido. / Unsplash

Un estudio realizado en Inglaterra advierte que algunas variantes de Shigella transmitidas durante las relaciones sexuales crecieron un 15 % más rápido que las asociadas con viajes, alimentos contaminados o brotes infantiles.


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.


La shigelosis es una infección bacteriana que suele asociarse con diarrea, alimentos contaminados, viajes internacionales o brotes en centros infantiles. Sin embargo, una investigación de epidemiología genómica muestra que algunas variantes de Shigella también están propagándose con rapidez mediante el contacto sexual y presentan una elevada resistencia a los antibióticos.

El estudio, publicado en The Lancet Infectious Diseases, analizó la expansión de cepas de transmisión sexual en Inglaterra. Entre 2015 y 2020, estas variantes crecieron cada año un 15 % más rápido que las vinculadas con otras vías de contagio, como los viajes al extranjero, las intoxicaciones alimentarias y los brotes registrados en escuelas infantiles.

Los resultados plantean un desafío adicional para la salud pública porque las recomendaciones tradicionales contra la shigelosis se concentran en el lavado de manos, el saneamiento y la higiene de los alimentos. Estas medidas siguen siendo fundamentales, pero no bastan cuando la bacteria circula también dentro de redes sexuales.

Qué es la shigelosis y cómo afecta al intestino

Shigella es un grupo de bacterias estrechamente relacionado con Escherichia coli y responsable de gran parte de los casos de disentería en el mundo, especialmente entre la población infantil.

La bacteria invade y coloniza la mucosa del colon. La infección puede provocar diarrea intensa, prolongada o acompañada de sangre, además de dolor abdominal, fiebre y malestar general. La gravedad varía entre personas y algunos pacientes necesitan atención hospitalaria.

Otras bacterias intestinales también pueden aprovechar alteraciones en el ecosistema digestivo para aumentar su capacidad de invasión. Investigaciones sobre la interacción entre Salmonella y microorganismos del intestino muestran la complejidad de las infecciones gastrointestinales y la influencia del entorno microbiano en su evolución.

La shigelosis se transmite por vía fecal-oral. Una cantidad muy pequeña de materia fecal infectada puede alcanzar la boca de otra persona mediante manos, superficies, agua, alimentos o contacto sexual directo e indirecto.

Las variantes sexuales se expandieron con mayor rapidez

Para reconstruir la propagación de la bacteria, los investigadores utilizaron técnicas de secuenciación genética similares a las empleadas durante la pandemia de covid-19. El análisis del ADN permitió comparar las cepas y establecer relaciones entre los distintos casos.

Los científicos observaron que, durante un periodo de dos años y medio, las variantes relacionadas con la transmisión sexual se propagaron casi el doble de rápido dentro del Reino Unido. La distancia media entre cepas genéticamente relacionadas fue de 117 kilómetros.

El resultado demuestra que estas infecciones no permanecieron limitadas a pequeños brotes locales. Las cadenas de transmisión conectaron casos detectados en zonas separadas geográficamente, lo que refuerza la necesidad de coordinar la vigilancia epidemiológica.

Kate Baker, epidemióloga de la Universidad de Cambridge y líder del trabajo, señaló que la transmisión sexual forma parte de manera constante de la epidemiología de la shigelosis en el Reino Unido. La investigadora considera esencial que la información llegue a las comunidades más afectadas.

Quiénes presentan mayor exposición

Los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres constituyen el grupo principalmente afectado por las variantes analizadas. No obstante, cualquier persona puede contraer la infección si existe exposición a materia fecal infectada durante una práctica sexual.

La transmisión se ha relacionado con redes sexuales densas, múltiples parejas, infecciones de transmisión sexual concurrentes, uso de la profilaxis preexposición frente al VIH y consumo de drogas durante encuentros sexuales.

Estas relaciones son asociaciones epidemiológicas y no demuestran que una sola conducta explique por sí misma el aumento de casos. El riesgo depende de las prácticas concretas, del grado de exposición y de la circulación de la bacteria dentro de cada red de contactos.

El consumo de sustancias en contextos sexuales puede disminuir la percepción del riesgo y prolongar los encuentros. La información sobre los riesgos sanitarios asociados con el chemsex resulta relevante para comprender por qué determinadas infecciones pueden encontrar condiciones favorables para propagarse.

Más del 70 % mostró resistencia a algún antibiótico

Uno de los hallazgos más preocupantes fue la elevada resistencia a los medicamentos. Más del 70 % de las cepas transmitidas sexualmente eran resistentes al menos a un antibiótico clínicamente importante.

La proporción fue claramente superior a la registrada en las cepas no relacionadas con transmisión sexual, donde la resistencia alcanzó el 40 %, y en los casos asociados con viajes, donde se situó en el 49 %.

Un análisis adicional examinó 468 muestras obtenidas en Inglaterra entre 2016 y 2021. Los investigadores identificaron variantes de transmisión sexual que habían adquirido resistencia a tres de los principales antibióticos utilizados contra estas infecciones: ceftriaxona, azitromicina y ciprofloxacina.

La resistencia antimicrobiana también está reduciendo las opciones terapéuticas frente a otras infecciones sexuales bacterianas. El desarrollo de nuevos tratamientos contra la gonorrea resistente evidencia la necesidad de conservar la eficacia de los medicamentos disponibles y buscar alternativas cuando dejan de funcionar.

El uso de antibióticos puede favorecer resistencias cruzadas

Los autores consideran que parte de la resistencia observada podría estar relacionada con los tratamientos preventivos o terapéuticos utilizados frente a otras infecciones de transmisión sexual.

Cuando una persona toma un antibiótico, el medicamento no actúa exclusivamente sobre el patógeno que se pretende eliminar. También entra en contacto con otras bacterias presentes en el organismo, incluidas posibles cepas de Shigella, y puede favorecer la selección de variantes resistentes.

Este efecto refuerza la importancia de utilizar antibióticos solo cuando están indicados y bajo supervisión profesional. Además de impulsar la resistencia, estos fármacos pueden modificar durante años la composición de la microbiota, como muestra un estudio sobre los efectos prolongados de los antibióticos en el intestino.

Alicia Calvo-Villamañán, investigadora posdoctoral del Instituto de Medicina Molecular Gulbenkian de Lisboa, explicó que la resistencia antimicrobiana responde a múltiples factores. Las bacterias conviven en comunidades complejas, intercambian información genética y muestran distintos niveles de sensibilidad frente a un mismo medicamento.

Una infección que puede requerir hospitalización

Investigaciones previas sugieren que aproximadamente un tercio de los pacientes con shigelosis necesita ingreso hospitalario. La estancia media se sitúa entre cuatro y cinco días.

El riesgo de complicaciones puede aumentar cuando la diarrea es persistente, existe deshidratación, aparecen heces con sangre o la persona presenta inmunosupresión u otras enfermedades previas.

La automedicación con antibióticos no es recomendable. El diagnóstico y las pruebas de sensibilidad bacteriana pueden ayudar a determinar si el tratamiento es necesario y qué medicamento conserva actividad frente a la cepa responsable.

Cómo reducir la transmisión sexual

La prevención requiere incorporar recomendaciones específicas de salud sexual a las medidas tradicionales de higiene. Las personas con diarrea o que se están recuperando de una shigelosis deben evitar las relaciones sexuales hasta dos semanas después de la desaparición completa de los síntomas.

También es importante lavarse cuidadosamente las manos y las zonas del cuerpo que hayan podido estar en contacto con materia fecal, además de limpiar juguetes sexuales y utilizar barreras de protección cuando exista riesgo de contacto oral-anal.

Quienes consulten por diarrea intensa o prolongada deberían comunicar al profesional sanitario cualquier exposición sexual relevante. Esta información puede orientar el diagnóstico, la solicitud de pruebas microbiológicas y la evaluación de otras infecciones de transmisión sexual.

La vigilancia integrada de infecciones sexuales ya es una herramienta central frente a otros patógenos. La experiencia con la prevención y el control de la mpox muestra la importancia de adaptar los mensajes sanitarios a las formas reales de transmisión y a las comunidades más expuestas.

La vigilancia genómica permite seguir las cadenas de contagio

La secuenciación del genoma de las bacterias permite identificar qué cepas están relacionadas, medir la velocidad de propagación y detectar la aparición de genes de resistencia.

Estas herramientas también pueden revelar si una variante se mantiene dentro de una red concreta o si comienza a extenderse hacia otros grupos de población y regiones geográficas.

Los autores sostienen que la shigelosis transmitida sexualmente debe tratarse como una amenaza específica para la salud pública. Esto implica combinar la vigilancia microbiológica, la atención clínica, la salud sexual y el uso responsable de antibióticos.

La actualización de las guías nacionales será necesaria a medida que aumente el conocimiento sobre las cepas resistentes. El objetivo es diagnosticar antes, interrumpir las cadenas de transmisión y evitar tratamientos ineficaces que puedan favorecer una resistencia todavía mayor.

Fuente(s) referenciales

Agencia SINC — La shigelosis, una infección que produce diarrea y que también se contagia por el sexo