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Hipogonadismo masculino: claves para reconocer el déficit hormonal


Las guías clínicas advierten que los síntomas y una testosterona baja persistente deben coexistir para confirmar el diagnóstico y evitar tratamientos innecesarios


Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.

El hipogonadismo masculino puede permanecer sin diagnosticar porque la fatiga, la pérdida del deseo sexual, los cambios de ánimo y la reducción de masa muscular suelen atribuirse al envejecimiento. Sin embargo, las guías clínicas señalan que esta enfermedad hormonal debe investigarse cuando los síntomas persisten y coinciden con concentraciones de testosterona inequívocamente bajas.

La guía de la European Association of Urology (EAU), actualizada en 2025, diferencia este trastorno de la llamada “andropausia”. Este último término se utiliza popularmente para describir cambios asociados con la edad, pero no representa por sí mismo un diagnóstico médico ni justifica iniciar una terapia hormonal.

La diferencia es relevante porque la testosterona puede disminuir gradualmente con el paso de los años sin causar una enfermedad. Para identificar hipogonadismo de inicio tardío deben coexistir manifestaciones clínicas compatibles y una deficiencia hormonal demostrada mediante análisis realizados en condiciones adecuadas.

Los síntomas no bastan para confirmar el hipogonadismo

Entre las manifestaciones asociadas con el déficit de testosterona se encuentran la reducción del deseo sexual, la disfunción eréctil, la pérdida de erecciones espontáneas, el cansancio, la disminución de fuerza, el aumento de grasa corporal y la merma de masa muscular. También pueden presentarse alteraciones del estado de ánimo, problemas de concentración, anemia y reducción de la densidad mineral ósea.

Ninguna de estas señales es exclusiva del hipogonadismo. La falta de sueño, la depresión, algunos medicamentos, las enfermedades crónicas y el sedentarismo pueden provocar síntomas parecidos. La disminución de fuerza, por ejemplo, también puede relacionarse con los procesos que afectan a los músculos durante el envejecimiento.

Esta superposición puede conducir a dos problemas opuestos: no detectar un déficit hormonal verdadero o atribuir a la testosterona molestias que tienen otra causa. Por eso, las guías desaconsejan diagnosticar la enfermedad únicamente mediante cuestionarios, síntomas aislados o una sola prueba de laboratorio.

Dos análisis matutinos para comprobar la testosterona baja

La evaluación comienza con la historia clínica, el examen físico y la identificación de síntomas compatibles. La testosterona total debe medirse por la mañana, preferiblemente entre las 7:00 y las 10:00, en ayunas y mediante un método de laboratorio validado.

Un resultado bajo debe confirmarse con otra medición realizada en una fecha diferente. La repetición es necesaria porque las concentraciones hormonales cambian durante el día y pueden reducirse temporalmente debido a una enfermedad aguda, una alteración del sueño, restricciones alimentarias o determinadas condiciones clínicas.

La EAU emplea como referencia diagnóstica una testosterona total inferior a 12 nanomoles por litro, equivalentes aproximadamente a 350 nanogramos por decilitro, siempre que existan síntomas compatibles y el resultado se confirme. Los valores de referencia y su interpretación, no obstante, deben revisarse según el método utilizado por cada laboratorio y las circunstancias del paciente.

Cuando la testosterona total no ofrece una respuesta concluyente, especialmente en personas con obesidad, diabetes o cambios en la globulina transportadora de hormonas sexuales (SHBG), el médico puede solicitar la medición de SHBG y calcular la testosterona libre. También pueden evaluarse la hormona luteinizante y la hormona foliculoestimulante para distinguir si el problema se origina en los testículos o en el sistema hipotálamo-hipófisis.

Obesidad y diabetes pueden ocultar el déficit hormonal

La obesidad, la resistencia a la insulina, el síndrome metabólico y la diabetes tipo 2 aparecen entre las condiciones relacionadas con un mayor riesgo de hipogonadismo funcional. A la vez, sus manifestaciones pueden encubrir el trastorno, ya que también producen cansancio, alteraciones sexuales y cambios en la composición corporal.

La relación es compleja y no debe interpretarse como una causa automática. El exceso de tejido adiposo puede alterar el funcionamiento del eje hormonal que regula la producción de testosterona, mientras que una menor actividad física y la pérdida muscular pueden agravar el deterioro metabólico.

En hombres con exceso de peso resulta importante revisar de manera integral la glucosa, la presión arterial, los lípidos y otros indicadores. La detección temprana de alteraciones como la prediabetes y su posible progresión hacia la diabetes tipo 2 permite intervenir sobre factores que pueden coexistir con los síntomas hormonales.

Los datos citados por la guía europea sitúan la incidencia del hipogonadismo sintomático entre el 2,1 % y el 5,7 % en hombres de 40 a 79 años. Estas cifras son inferiores a las estimaciones populares sobre la “andropausia”, precisamente porque exigen reunir criterios clínicos y bioquímicos.

El tratamiento depende de la causa y no solo del análisis

Cuando el déficit hormonal se relaciona con obesidad o alteraciones metabólicas, el abordaje inicial puede centrarse en reducir peso, mejorar la alimentación, tratar las enfermedades coexistentes y realizar actividad física regular. El ejercicio ayuda a conservar fuerza y masa muscular, mientras que una rutina adaptada después de los 55 años puede contribuir a sostener la autonomía y la salud metabólica.

La terapia de reemplazo con testosterona se considera en pacientes con diagnóstico confirmado, síntomas persistentes y una evaluación individual de beneficios y riesgos. No debe utilizarse como tratamiento general contra el envejecimiento, para mejorar el rendimiento físico sin indicación médica ni como método destinado a controlar la glucosa en personas con diabetes tipo 2.

Antes de prescribirla deben revisarse los antecedentes del paciente, el hematocrito, la salud prostática, el riesgo cardiovascular, la presencia de apnea obstructiva del sueño y sus planes reproductivos. La testosterona administrada desde el exterior puede suprimir la producción de espermatozoides, por lo que no se recomienda a hombres que buscan fertilidad en el corto plazo.

La Endocrine Society también desaconseja iniciar el tratamiento ante determinadas condiciones, como un hematocrito elevado, apnea grave no tratada, insuficiencia cardíaca no controlada, trombofilia o un infarto de miocardio o accidente cerebrovascular reciente. La existencia o sospecha de cáncer de próstata o de mama requiere una valoración médica específica.

Seguimiento para valorar eficacia y seguridad

La indicación de testosterona no termina con la prescripción. El seguimiento debe comprobar si mejoran los síntomas que motivaron el tratamiento y vigilar posibles efectos adversos, especialmente el aumento excesivo de glóbulos rojos. También se controlan las concentraciones hormonales y, según la edad y el riesgo individual, la salud prostática.

Si no existe una mejoría clínica pese a normalizar los niveles de testosterona, el equipo médico debe reconsiderar si los síntomas tenían realmente un origen hormonal. Esta revisión evita mantener tratamientos que no ofrecen un beneficio demostrable y permite investigar otras causas.

La distinción entre envejecimiento e hipogonadismo protege tanto frente al subdiagnóstico como frente al uso innecesario de hormonas. Fatiga, disminución de libido o pérdida muscular justifican una consulta cuando persisten, pero el diagnóstico requiere evaluación clínica, mediciones repetidas y el estudio de las condiciones metabólicas o endocrinas que puedan explicar el cuadro.

Fuentes referenciales:
Infobae Salud
European Association of Urology
Endocrine Society