Estado de la Salud Global

Lectura rápida de señales sanitarias globales

🫁
Respiratorias Vigilancia activa Influenza, SARS-CoV-2 y VRS continúan bajo seguimiento internacional ante los cambios estacionales de circulación.
💉
Vacunación Preparación y cobertura La agenda mundial mantiene el foco en inmunización, poliomielitis, mpox y preparación de vacunas frente a amenazas emergentes.
🧠
Salud mental Prioridad sostenida Más de mil millones de personas viven con alguna condición de salud mental y persisten importantes brechas de atención.
🥗
Nutrición Prevención en foco La calidad de la dieta continúa vinculada a la prevención de enfermedades crónicas y a la protección de la salud durante todo el ciclo vital.
❤️
Crónicas Carga elevada Las enfermedades no transmisibles siguen concentrando una parte mayoritaria de la mortalidad mundial y requieren atención continuada.
⚠️
Alertas Brotes bajo seguimiento Ébola, mpox, cólera, poliomielitis y otras amenazas infecciosas mantienen activos los sistemas internacionales de vigilancia.
🔬
Investigación Capacidad en expansión Ensayos clínicos, inteligencia epidemiológica y nuevas tecnologías sanitarias avanzan como componentes de la preparación mundial.

Migraña: los hábitos diarios que pueden ayudar a reducir las crisis


Registrar los episodios, mantener horarios regulares de sueño y alimentación, cuidar la hidratación y controlar la exposición a pantallas forman parte de las estrategias recomendadas para manejar este trastorno neurológico


Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.


La migraña no se limita a un dolor de cabeza intenso. Sus crisis pueden prolongarse durante horas y, en algunos casos, hasta tres días, acompañadas de náuseas, sensibilidad a la luz y otras alteraciones capaces de interferir con el trabajo y las actividades cotidianas. Frente a esta enfermedad neurológica, la regularidad del sueño, la alimentación, la actividad física y otros hábitos diarios puede formar parte de una estrategia preventiva individualizada.

La neuróloga Gina Kennedy, jefa clínica del servicio de cefaleas del Hospital Royal de Sunderland, en Reino Unido, plantea que uno de los primeros pasos consiste en llevar un diario de migraña. El registro permite documentar cuándo comienza cada episodio, cuánto dura, su intensidad, los síntomas asociados, los medicamentos utilizados y las circunstancias que lo precedieron, información que posteriormente puede ayudar al paciente y al profesional sanitario a reconocer patrones.

Un diario de migraña ayuda a identificar patrones personales

No existe un desencadenante universal que explique todas las crisis. Una misma persona puede presentar episodios después de determinadas situaciones y, en otras ocasiones, no encontrar una causa evidente. Por eso, el registro sistemático resulta más útil que intentar eliminar indiscriminadamente alimentos, actividades o estímulos.

El diario también puede facilitar la distinción entre un patrón habitual y un dolor de cabeza que ha cambiado de características. Esta diferencia es importante porque existen señales de alarma asociadas al dolor de cabeza que requieren atención médica urgente, especialmente cuando aparecen síntomas neurológicos nuevos, pérdida de conciencia, convulsiones o un dolor repentino de intensidad excepcional.

La migraña puede presentar además alteraciones visuales, sensitivas o del lenguaje en las personas que experimentan aura. Aunque estos síntomas suelen ser reversibles, una manifestación nueva o diferente de las crisis conocidas necesita valoración profesional para descartar otras causas neurológicas.

La regularidad del sueño puede influir en la frecuencia de las crisis

Mantener horarios relativamente constantes para acostarse y levantarse constituye una de las recomendaciones destacadas para las personas con migraña. No se trata únicamente de acumular un determinado número de horas de descanso, sino también de reducir grandes variaciones entre unos días y otros.

Un estudio en adultos con migraña episódica, citado entre las evidencias disponibles sobre este problema, evaluó distintos componentes de la salud del sueño, entre ellos su regularidad, duración, horario, satisfacción y el estado de alerta durante el día. Los participantes con mejores indicadores registraron entre tres y cuatro días menos de dolor de cabeza al mes que aquellos con peores condiciones de descanso.

La preparación del sueño también comienza antes de acostarse. Especialistas en medicina del sueño han señalado que reducir las pantallas, la iluminación intensa y otros estímulos antes de dormir puede facilitar la transición fisiológica hacia el descanso y evitar que el cerebro permanezca activado hasta el último momento.

La relación entre descanso y funcionamiento cerebral es objeto de numerosas investigaciones. Una revisión científica reciente planteó, por ejemplo, que el ejercicio regular podría favorecer procesos de limpieza cerebral durante el sueño, aunque esos mecanismos se investigan en un contexto diferente y no constituyen un tratamiento específico para la migraña.

Comer a horarios regulares y evitar largos períodos de ayuno

La alimentación es otro componente del manejo cotidiano. Saltarse comidas o permanecer durante períodos prolongados sin comer puede coincidir con la aparición de ataques en algunas personas. Una revisión de investigaciones sobre intervenciones alimentarias ha señalado la conveniencia de mantener cierta regularidad y evitar restricciones innecesarias sin haber identificado previamente una relación individual.

Chocolate, queso, café y cítricos aparecen con frecuencia en las listas de posibles desencadenantes. Kennedy los agrupa como las “cuatro C”, pero la evidencia disponible no permite afirmar que esos alimentos provoquen migrañas en todas las personas. Eliminarlos automáticamente de la dieta puede generar restricciones que no aporten beneficios.

La cafeína ilustra especialmente esta variabilidad. Su efecto puede depender de la cantidad consumida, la frecuencia y los hábitos individuales. Por eso, identificar una asociación repetida mediante el registro de los episodios resulta más razonable que atribuir una crisis aislada a un único alimento.

La hidratación también merece atención. Mantener un consumo adecuado de líquidos y evitar períodos prolongados sin beber puede integrarse en una rutina destinada a reducir factores potencialmente modificables, especialmente cuando el propio historial del paciente muestra una asociación entre deshidratación y aparición del dolor.

Ejercicio regular sin convertirlo en un nuevo desencadenante

La actividad física forma parte de las rutinas recomendadas, pero debe adaptarse a cada persona. El objetivo es mantener constancia y evitar cambios bruscos que puedan convertirse en un factor adicional de estrés fisiológico. La frecuencia, intensidad y modalidad del ejercicio pueden ajustarse según la tolerancia individual.

La evidencia acumulada sobre actividad física muestra además beneficios que trascienden la migraña. Investigaciones experimentales han estudiado cómo el ejercicio genera señales entre los músculos y el cerebro relacionadas con procesos de plasticidad neuronal y protección cerebral.

En el caso específico de la migraña, la actividad física no debe entenderse como una intervención aislada capaz de evitar todos los ataques. Se integra con el descanso, la alimentación, la hidratación, el control de otros desencadenantes personales y, cuando corresponde, el tratamiento médico.

Pantallas y sensibilidad a la luz durante la migraña

La exposición a la luz puede ser especialmente molesta durante una crisis. Kennedy señala que el resplandor de computadoras y otros dispositivos puede actuar como desencadenante en algunas personas y recomienda reducir el brillo cuando se identifica esa relación. Protectores antirreflejo y determinados filtros visuales también se han estudiado como recursos para disminuir la exposición luminosa.

La relación entre pantallas, luz y salud no debe simplificarse, sin embargo, como si todos los dispositivos provocaran migraña. Una revisión de más de 2.200 publicaciones realizada por especialistas en sueño encontró evidencia especialmente consistente sobre los efectos del uso de pantallas en niños y adolescentes, pero también identificó áreas donde todavía faltan datos concluyentes. En Mundo de la Salud se ha analizado qué se conoce sobre la relación entre pantallas y alteraciones del sueño y las diferencias entre los efectos de la luz, el contenido y los horarios de uso.

Para una persona con migraña, la estrategia práctica consiste en observar su propia respuesta. Si una exposición determinada coincide repetidamente con el inicio o agravamiento de las crisis, puede registrarse y posteriormente discutirse durante la consulta médica.

Los cambios de hábitos complementan, pero no sustituyen, el tratamiento

Las medidas de estilo de vida no eliminan la necesidad de tratamiento farmacológico cuando está indicado. Los analgésicos de venta libre pueden ser utilizados en determinados episodios, mientras que las personas con ataques frecuentes o incapacitantes pueden necesitar medicamentos específicos para la fase aguda o tratamientos preventivos prescritos por un profesional.

También es importante evitar el uso excesivo de medicamentos contra el dolor, porque la utilización frecuente de ciertos analgésicos puede contribuir a una cefalea por sobreuso de medicación. La frecuencia de las crisis, los días de consumo de fármacos y la respuesta obtenida son datos que conviene incorporar al diario de migraña.

Las recomendaciones sobre descanso, alimentación, ejercicio y pantallas tienen mayor utilidad cuando se aplican de manera sistemática y se contrastan con la evolución individual. La migraña presenta una gran variabilidad entre pacientes, por lo que reconocer patrones propios permite orientar los cambios hacia factores realmente relacionados con cada persona en lugar de imponer restricciones generales difíciles de mantener.

Fuente referencial:
Infobae