Estado de la Salud Global

Lectura rápida de señales sanitarias globales

🫁
RespiratoriasActividad global contenida17 de julio de 2026 — Influenza, COVID-19 y VRS mantienen niveles globales bajos, con mayor circulación gripal en áreas templadas del hemisferio sur.
💉
VacunaciónAvance moderado con brechas17 de julio de 2026 — La cobertura infantil mejoró ligeramente y disminuyeron los niños con cero dosis, pero persisten abandonos y desigualdades territoriales.
🧠
Salud mentalPrevención durante todo el ciclo vital17 de julio de 2026 — Las nuevas directrices sobre demencia refuerzan actividad física, vínculos sociales, audición, educación y control vascular.
🥗
NutriciónCalidad alimentaria prioritaria17 de julio de 2026 — Los sistemas sanitarios mantienen el foco en dietas variadas, reducción de sodio y azúcares libres y prevención de la malnutrición.
❤️
CrónicasMayor presión preventiva17 de julio de 2026 — Cáncer, diabetes, enfermedades cardiovasculares y deterioro cognitivo impulsan intervenciones tempranas sobre factores modificables.
⚠️
AlertasVigilancia reforzada17 de julio de 2026 — Ébola Bundibugyo, sarampión, virus del Nilo Occidental, hantavirus y riesgos asociados al calor permanecen bajo seguimiento.
🔬
InvestigaciónNuevas guías y diagnósticos17 de julio de 2026 — Avanzan herramientas diagnósticas, recomendaciones pediátricas y estudios preventivos aplicables a enfermedades infecciosas y neurodegenerativas.

El ejercicio podría ayudar al cerebro a eliminar desechos durante el sueño


Una revisión científica plantea que la actividad física regular puede favorecer los procesos fisiológicos relacionados con la limpieza cerebral nocturna y contribuir a proteger la función cognitiva durante el envejecimiento.


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.


Mientras una persona duerme, el cerebro activa mecanismos que facilitan la eliminación de residuos metabólicos acumulados durante las horas de vigilia. Una revisión científica reciente plantea que el ejercicio físico regular podría favorecer este proceso nocturno y contribuir a conservar la salud cerebral a medida que avanza la edad.

El trabajo fue encabezado por James R. Broatch, investigador de la Universidad Victoria de Wellington, en Nueva Zelanda, y publicado en la revista científica Trends in Neurosciences. La investigación analizó estudios realizados tanto en seres humanos como en animales para explorar la relación entre actividad física, sueño y funcionamiento del sistema glinfático.

Este sistema actúa como una vía de depuración dentro del cerebro. Su función consiste en facilitar el movimiento de líquidos alrededor de los vasos sanguíneos y retirar productos de desecho que, cuando se acumulan, pueden relacionarse con deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas.

El sistema glinfático limpia el cerebro mientras dormimos

El sistema glinfático es una red perivascular distribuida por el cerebro. A través de ella circulan fluidos que ayudan a retirar residuos metabólicos y proteínas potencialmente dañinas para las células nerviosas.

Entre las sustancias que este mecanismo contribuye a eliminar se encuentran la beta amiloide y la proteína tau, cuya acumulación se ha vinculado con la enfermedad de Alzheimer y otros procesos neurodegenerativos.

La actividad del sistema glinfático aumenta principalmente durante el sueño. En ese periodo disminuyen los niveles de norepinefrina, una sustancia química del sistema nervioso que interviene en la vigilia y el estado de alerta.

El descenso de la norepinefrina crea condiciones que favorecen el movimiento de los fluidos alrededor de los vasos cerebrales, permitiendo retirar parte de los residuos generados durante la actividad neuronal cotidiana.

Este proceso ayuda a explicar por qué una noche de insomnio puede alterar proteínas vinculadas con el Alzheimer y por qué la calidad del descanso se considera un componente relevante de la salud neurológica.

Las ondas lentas favorecen la depuración cerebral

La revisión identificó que la actividad glinfática parece ser mayor durante el sueño no REM, especialmente en las fases caracterizadas por ondas cerebrales lentas.

Durante esas etapas profundas del descanso se producen cambios en la actividad eléctrica cerebral, el flujo sanguíneo y la circulación del líquido cefalorraquídeo. Estas variaciones pueden facilitar la entrada de fluidos en el tejido cerebral y la posterior retirada de desechos.

Los estudios analizados asociaron el sueño insuficiente o fragmentado con una depuración cerebral menos eficiente y con la aparición de marcadores relacionados con el deterioro cognitivo.

El envejecimiento también se vincula con cambios estructurales y funcionales en el sistema glinfático. Al mismo tiempo, muchas personas experimentan una reducción en la duración o calidad del sueño a medida que cumplen años.

Investigaciones sobre hábitos saludables y prevención de la demencia han señalado que el descanso sostenido interviene en la memoria, el metabolismo cerebral, la regulación inflamatoria y la eliminación de residuos neuronales.

Cómo podría intervenir el ejercicio físico

La revisión plantea que el ejercicio puede mejorar diferentes procesos fisiológicos que regulan indirectamente el funcionamiento del sistema glinfático.

Entre esos cambios se encuentran la reducción de la presión arterial y de la rigidez vascular, una mejor activación neuronal, menor inflamación cerebral, disminución de la norepinefrina durante el reposo y una mayor calidad del sueño profundo.

La actividad física también puede favorecer la salud cardiovascular y cerebrovascular, mejorar la función respiratoria y contribuir a conservar la integridad de la barrera hematoencefálica, estructura que protege al cerebro frente a sustancias potencialmente perjudiciales.

Una mejor condición vascular podría facilitar las pulsaciones arteriales que impulsan el movimiento de líquidos a través de los espacios que rodean los vasos sanguíneos cerebrales.

Estos mecanismos coinciden con otros beneficios atribuidos al movimiento regular. Los hábitos que protegen la agilidad mental incluyen la actividad física, el descanso adecuado, la estimulación cognitiva, una alimentación equilibrada y el mantenimiento de vínculos sociales.

El beneficio no sería inmediato

Los investigadores advierten que el flujo glinfático podría disminuir temporalmente durante una sesión de ejercicio. Por esta razón, la posible mejora en la limpieza cerebral no sería una consecuencia inmediata de cada entrenamiento.

El beneficio aparecería como resultado de las adaptaciones generadas por la actividad física regular. Con el tiempo, el ejercicio puede mejorar la función cardiovascular, disminuir la inflamación y favorecer un sueño más profundo y reparador.

La revisión también recoge estudios en seres humanos que relacionaron la actividad física con una menor latencia para conciliar el sueño, una mayor duración del sueño no REM profundo y una actividad más intensa de las ondas lentas.

Este patrón nocturno se ha vinculado con una mayor entrada de líquido cefalorraquídeo al cerebro y con mejores condiciones para la eliminación de productos de desecho.

Primeras evidencias observadas en personas

Una de las investigaciones incluidas en la revisión encontró que 12 semanas de ciclismo de baja intensidad aumentaron el influjo glinfático en adultos sanos.

El mismo estudio registró un incremento en el tamaño y el flujo de los vasos linfáticos meníngeos, estructuras situadas en las membranas que rodean el cerebro y que participan en el drenaje de líquidos y residuos.

Otra investigación piloto detectó una menor depuración glinfática en personas con enfermedad de Alzheimer leve en comparación con adultos sanos.

Los datos también sugieren que el ejercicio regular puede mejorar la estructura y la función de los vasos linfáticos meníngeos, tanto en modelos animales como en seres humanos.

Estos hallazgos se relacionan con investigaciones que utilizan las características del descanso como indicadores del funcionamiento neurológico. Un estudio previo identificó que determinadas señales durante el sueño podrían anticipar el riesgo de demencia mediante el análisis de la actividad eléctrica cerebral.

La mayor parte de la evidencia procede de animales

La revisión advierte que gran parte del conocimiento disponible sobre el sistema glinfático proviene de experimentos realizados en roedores.

La traducción directa de esos resultados a los seres humanos presenta limitaciones debido a las diferencias en la fisiología cerebral, la arquitectura del sueño y el funcionamiento del sistema glinfático entre especies.

Además, numerosos estudios con animales fueron realizados mediante procedimientos invasivos o bajo anestesia, condiciones que pueden modificar la circulación de líquidos dentro del cerebro.

Los científicos también mantienen debates metodológicos y conceptuales sobre el funcionamiento exacto del sistema glinfático. Todavía no existen técnicas clínicas plenamente validadas, precisas y no invasivas para medir su actividad de manera rutinaria en personas.

Falta determinar qué ejercicio produce mayores beneficios

James R. Broatch pidió cautela al interpretar las posibles aplicaciones de los resultados. Aún se desconoce qué tipo de ejercicio, con qué intensidad y durante cuánto tiempo podría generar los mayores beneficios sobre la función glinfática.

Tampoco está claro si la respuesta es igual en personas jóvenes, adultos mayores o pacientes que ya presentan deterioro cognitivo o una enfermedad neurodegenerativa.

La revisión plantea que los hábitos saludables adoptados desde etapas tempranas de la vida podrían fortalecer progresivamente los mecanismos de depuración cerebral y aumentar la resiliencia neurológica durante la edad adulta.

El ejercicio no actuaría como una intervención aislada ni garantizaría la prevención de la demencia. Su posible efecto se integraría con el sueño adecuado, el control de la presión arterial, la salud vascular y otros factores que influyen en el envejecimiento cerebral.

Fuente(s) referenciales

Infobae: Cómo el ejercicio puede ayudar al cerebro a eliminar desechos durante el sueño