La incorporación abre la posibilidad de que países de América Latina y el Caribe accedan a una vacuna proteica contra el COVID-19 desarrollada y producida íntegramente en la región.
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) incorporó la vacuna argentina ARVAC contra el COVID-19 a su Fondo Rotatorio, el mecanismo regional mediante el cual los países de América Latina y el Caribe pueden adquirir vacunas, medicamentos y otros insumos esenciales para sus sistemas sanitarios.
La decisión representa un avance para la producción biofarmacéutica latinoamericana, debido a que ARVAC fue desarrollada por especialistas del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), y es producida a escala industrial por el Laboratorio Pablo Cassará.
Su incorporación al mecanismo de compras de la OPS permitirá que los países participantes accedan a una vacuna contra el COVID-19 producida íntegramente en América Latina y basada en una plataforma de proteínas recombinantes.
Una alternativa regional frente al COVID-19
Desde 2026, los países de la región podrán adquirir ARVAC mediante el Fondo Rotatorio de la OPS, una plataforma que consolida la demanda, facilita las compras conjuntas y busca mejorar el acceso oportuno y equitativo a vacunas de calidad.
La vacuna aparece en el listado de productos del mecanismo regional en presentaciones monodosis y multidosis. Su disponibilidad ofrece una alternativa para los programas nacionales de inmunización en un momento en el que las recomendaciones sobre las vacunas contra el COVID-19 continúan adaptándose a la circulación del virus, las nuevas variantes y las características de los grupos de riesgo.
La incorporación también responde al objetivo de reducir la dependencia de insumos médicos producidos fuera de América Latina, una vulnerabilidad que quedó expuesta durante los momentos más críticos de la pandemia.
La producción regional puede mejorar la capacidad de respuesta ante futuras emergencias sanitarias, disminuir los riesgos de desabastecimiento y facilitar una distribución adaptada a las condiciones logísticas de cada país.
Desarrollo científico y producción en Argentina
El proyecto ARVAC involucró el trabajo de más de 500 profesionales pertenecientes a 20 instituciones públicas y privadas de Argentina. La dirección científica estuvo encabezada por Juliana Cassataro, investigadora del CONICET y de la UNSAM.
La iniciativa integró capacidades científicas, clínicas, regulatorias e industriales para desarrollar una vacuna de alta complejidad y llevarla desde las primeras etapas de investigación hasta su producción a escala.
Jorge Cassará, presidente de la Fundación Cassará y director del laboratorio, destacó que son pocos los países que poseen la capacidad necesaria para diseñar, desarrollar y producir vacunas innovadoras.
El empresario calificó el proyecto como un nuevo hito de la cooperación entre instituciones argentinas y como una demostración de los resultados que pueden alcanzarse mediante el trabajo conjunto entre el sector científico, el Estado, las universidades y la industria farmacéutica.
Tecnología proteica y respuesta inmunitaria
ARVAC utiliza una tecnología de antígeno recombinante con hidróxido de aluminio como adyuvante. Se trata de una plataforma proteica que emplea una parte específica del virus para estimular la respuesta del sistema inmunitario.
La tecnología se basa en procedimientos conocidos y utilizados en otras vacunas, entre ellas la vacuna recombinante contra la hepatitis B producida por el mismo laboratorio argentino desde hace varias décadas.
La formulación se diferencia de las vacunas de ARN mensajero, aunque ambas plataformas tienen como objetivo inducir defensas capaces de reconocer al SARS-CoV-2 y reducir el riesgo de enfermedad.
Los estudios sobre la memoria inmunológica frente al SARS-CoV-2 han mostrado la importancia de analizar no solo la presencia inicial de anticuerpos, sino también la duración y calidad de la respuesta protectora.
ARVAC fue diseñada para adaptarse a variantes circulantes del virus. Sus responsables señalaron que el principio activo podría actualizarse en aproximadamente cuatro meses ante la aparición de una variante capaz de evadir de manera significativa la respuesta inmunitaria de la población.
Resultados de los ensayos clínicos
La vacuna fue autorizada por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica de Argentina (ANMAT) después de la evaluación de los ensayos clínicos de fases I, II y III.
Los resultados indicaron que ARVAC induce seroconversión, es decir, la generación de anticuerpos específicos, en más del 90 % de las personas inmunizadas.
Entre los adultos mayores de 60 años, el 92 % alcanzó niveles de anticuerpos neutralizantes asociados con una protección del 90 % frente a la enfermedad sintomática, de acuerdo con la información presentada por los investigadores.
Los datos de la fase III también mostraron una incidencia reducida de eventos adversos sistémicos. En la mayoría de los casos, las reacciones registradas entre las personas vacunadas fueron similares a las observadas en el grupo que recibió placebo.
El perfil de seguridad y tolerabilidad cobra relevancia ante la disminución de las coberturas de refuerzo y la reticencia de una parte de la población a continuar con la vacunación periódica contra el COVID-19.
Baja reactogenicidad y confianza en la vacunación
El médico Marcelo Corti, integrante de la Academia Nacional de Medicina de Argentina, señaló que disponer de una vacuna contra el COVID-19 con tecnología segura y baja reactogenicidad representa una oportunidad para recuperar la confianza y mejorar las coberturas de inmunización.
La reactogenicidad comprende las reacciones esperables que pueden aparecer después de recibir una vacuna, como dolor de cabeza, fatiga, molestias musculares o dolor en el lugar de la inyección.
Roberto Debbag, presidente de la Sociedad Latinoamericana de Vacunología, destacó que el ingreso de una vacuna proteica de alta inmunogenicidad, seguridad y baja reactogenicidad al Fondo Rotatorio constituye una oportunidad estratégica para fortalecer la vacunación contra el COVID-19 en la región.
La disponibilidad de diferentes plataformas permite que los sistemas sanitarios adapten sus estrategias a las necesidades de cada población, especialmente entre adultos mayores, personas con enfermedades crónicas y otros grupos con mayor riesgo de complicaciones.
Ventajas para el almacenamiento y la distribución
ARVAC se presenta en forma líquida y lista para utilizar. Está disponible en envases monodosis y multidosis, lo que permite ajustar su uso a campañas masivas, hospitales, centros de atención primaria o establecimientos que atienden poblaciones pequeñas.
La presentación monodosis puede reducir hasta en un 80 % el desperdicio de vacunas en comparación con determinados formatos multidosis, especialmente cuando no es posible utilizar todas las dosis de un frasco dentro del periodo establecido.
Otra de sus ventajas es que puede conservarse durante 24 meses en heladeras convencionales, a temperaturas de entre 2 °C y 8 °C.
Esta característica evita la necesidad de sistemas de ultracongelación y facilita su distribución en zonas rurales, periféricas o con infraestructura sanitaria limitada.
La posibilidad de utilizar las cadenas de frío ya existentes puede reducir los costos operativos y simplificar el transporte hasta los centros de vacunación.
El producto también se distribuye con empaques, prospectos e indicaciones en español, incluidas las fechas de vencimiento en formatos utilizados habitualmente en los países de la región.
Producción regional y seguridad sanitaria
El director de la OPS, Jarbas Barbosa, ha sostenido que la producción regional de vacunas constituye un componente esencial de la seguridad sanitaria en las Américas.
El fortalecimiento de las capacidades industriales locales puede disminuir la dependencia de proveedores externos, reducir vulnerabilidades logísticas y facilitar el acceso oportuno a tecnologías sanitarias durante emergencias y programas regulares de vacunación.
El Fondo Rotatorio de la OPS acumula más de cuatro décadas de experiencia en la consolidación de compras conjuntas para América Latina y el Caribe. Su intervención permite que los países participantes negocien y adquieran vacunas mediante un mecanismo común.
La incorporación de ARVAC se suma a otros esfuerzos regionales destinados a fortalecer la investigación y fabricación de vacunas. Brasil, por ejemplo, avanzó recientemente con una vacuna monodosis contra el dengue desarrollada por el Instituto Butantan.
Estos proyectos muestran el crecimiento de las capacidades científicas e industriales latinoamericanas para producir herramientas sanitarias destinadas a enfermedades que afectan directamente a la región.
El COVID-19 continúa bajo vigilancia
Aunque la emergencia sanitaria internacional terminó, el SARS-CoV-2 continúa circulando y generando infecciones, hospitalizaciones y secuelas persistentes en una parte de los pacientes.
Entre estas secuelas se encuentran problemas de concentración, fatiga, alteraciones respiratorias y otros síntomas vinculados con el COVID persistente.
La caída de la percepción del riesgo y la reducción de las campañas de refuerzo plantean nuevos desafíos para las autoridades sanitarias, especialmente cuando aparecen variantes capaces de modificar los patrones de transmisión.
ARVAC fue desarrollada sin incorporar el antígeno correspondiente a la versión ancestral del virus. Sus responsables sostienen que esta decisión busca evitar determinados fenómenos de impronta inmunológica y facilitar la adaptación de la vacuna a variantes más recientes.
La entrada de ARVAC al Fondo Rotatorio amplía las opciones disponibles para los países de América Latina y el Caribe y consolida un modelo regional de investigación, producción y distribución de vacunas contra el COVID-19.
Fuente(s) referenciales
Infobae: La vacuna ARVAC hecha en Argentina entra a la OPS para abastecer a los países de la región

