La OPS advierte sobre brotes infecciosos, estrés térmico, desnutrición, interrupciones asistenciales y desplazamientos mientras el fenómeno avanza hacia 2027
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
El nuevo episodio de El Niño que se desarrolla desde finales de mayo de 2026 podría generar riesgos sanitarios simultáneos en América Latina y el Caribe. Un análisis de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) señala que las alteraciones de las lluvias y las temperaturas pueden favorecer brotes epidémicos, comprometer el acceso al agua y los alimentos e interrumpir servicios esenciales.
La evaluación regional proyecta que el fenómeno podría mantenerse activo hasta avanzado el verano austral de 2027. Su impacto, sin embargo, no será uniforme: algunas zonas afrontarán lluvias intensas e inundaciones, mientras otras podrían experimentar sequías, calor extremo, incendios y escasez de agua.
La advertencia refuerza la evidencia sobre la relación entre las alteraciones climáticas y la salud humana. Los fenómenos meteorológicos no producen por sí solos todos los daños previstos, pero pueden amplificar amenazas existentes cuando coinciden con pobreza, deficiencias de saneamiento, baja cobertura de vacunación o servicios médicos con capacidad limitada.
Siete riesgos que pueden presentarse al mismo tiempo
El primer grupo señalado por la OPS comprende las enfermedades transmitidas por mosquitos. Los cambios en la temperatura, la humedad y la acumulación de agua pueden modificar la reproducción y distribución de los vectores del dengue, el chikungunya y la malaria. En áreas afectadas por sequías, incluso el almacenamiento doméstico de agua puede multiplicar los recipientes utilizados como criaderos por el mosquito Aedes aegypti.
Esta amenaza coincide con investigaciones que describen cómo el chikungunya amplía sus áreas de riesgo bajo condiciones climáticas favorables. La OPS también advierte que algunos territorios donde el virus circuló poco durante los últimos años podrían contar con poblaciones menos protegidas frente a una nueva expansión.
El segundo riesgo corresponde a las enfermedades transmitidas por el agua. Las inundaciones pueden dañar redes de saneamiento y contaminar fuentes de consumo, mientras que la escasez obliga a utilizar reservas de calidad incierta. Cólera, diarreas y otras infecciones intestinales requieren una vigilancia reforzada en ambos escenarios.
La relación entre lluvias, exposición ambiental y enfermedad ya se ha observado en situaciones como el aumento de la leptospirosis durante la temporada lluviosa en República Dominicana. Aunque cada enfermedad posee mecanismos de transmisión particulares, disponer de agua segura, controlar la contaminación y reconocer rápidamente los casos son medidas comunes de protección.
Vacunación, calor y contaminación del aire
Las emergencias climáticas también pueden interrumpir campañas de inmunización, dificultar el traslado de personal sanitario y aislar comunidades. La OPS incluye entre sus alertas las enfermedades prevenibles mediante vacunas, especialmente el sarampión, debido a que cualquier suspensión prolongada puede ampliar brechas de cobertura preexistentes.
El cuarto frente reúne las enfermedades respiratorias y el estrés por calor. Las temperaturas extremas elevan el riesgo de deshidratación y sobrecarga térmica, mientras el humo procedente de incendios puede agravar el asma y otras afecciones respiratorias. La concurrencia de calor, sequía, mala calidad del aire y una mayor demanda asistencial puede ejercer una presión considerable sobre centros de salud y servicios de emergencia.
En cuanto al dengue, la preparación regional combina control vectorial, vigilancia clínica y vacunación cuando esta se encuentre autorizada e indicada por las autoridades. Brasil, por ejemplo, aprobó una vacuna de dosis única contra el dengue, una herramienta que forma parte de una respuesta más amplia y no sustituye la eliminación de criaderos ni la detección temprana.
Alimentos, salud materna y desplazamientos
La quinta alerta corresponde a la desnutrición y la inseguridad alimentaria. Las sequías, inundaciones y pérdidas de cultivos pueden reducir la disponibilidad de alimentos, elevar precios y deteriorar la calidad de la dieta. Los niños y las familias con menores ingresos se encuentran entre los grupos más expuestos cuando esas alteraciones se prolongan.
La OPS identifica además posibles efectos sobre la salud materna, infantil y mental. Las embarazadas, los recién nacidos y las personas que ya viven con trastornos psicológicos pueden resultar especialmente afectadas si una emergencia dificulta las consultas, interrumpe tratamientos o altera las redes comunitarias de apoyo.
El séptimo grupo comprende lesiones, violencia de género y desplazamientos. Inundaciones, deslizamientos e incendios pueden provocar traumatismos, exposición a animales peligrosos, evacuaciones y pérdida de viviendas. Los refugios temporales y los movimientos forzados de población también pueden generar condiciones de inseguridad y aumentar la vulnerabilidad de mujeres, niños y personas con discapacidad.
El impacto previsto cambia según cada territorio
Durante el invierno austral, el informe prevé condiciones más secas y cálidas en sectores de Centroamérica, el Caribe, el norte de Sudamérica y la cuenca amazónica. Allí podrían aumentar la escasez de agua, los incendios, los problemas respiratorios y la presión sobre la seguridad alimentaria.
En Ecuador, el norte de Perú, el oeste de Colombia, el sur de Brasil, Paraguay y Argentina se esperan lluvias superiores a los valores normales en determinados períodos. Ese escenario podría favorecer inundaciones, deslizamientos, daños en infraestructuras y enfermedades relacionadas con el agua y los mosquitos.
Para Argentina, especialistas consultados por Infobae indicaron que las precipitaciones podrían intensificarse en el noreste y generar inundaciones. Al mismo tiempo, el sur de Córdoba, San Luis y el norte de La Pampa podrían registrar un déficit de lluvias, con un posible aumento del peligro de incendios en la zona central.
Estas proyecciones describen escenarios de riesgo y no significan que todos los eventos ocurrirán con la misma intensidad. La OPS subraya que las amenazas varían entre países, dentro de un mismo territorio y a lo largo del tiempo, por lo que la respuesta debe ajustarse a las condiciones locales.
Preparación sanitaria antes de los meses más críticos
La OPS recomienda reforzar desde ahora el acceso al agua potable, la vigilancia de mosquitos, la continuidad de los servicios esenciales y los planes de contingencia frente a olas de calor, incendios e inundaciones. También plantea integrar información meteorológica y epidemiológica para identificar cambios en las temperaturas, alertas de sequía y tendencias de dengue, cólera o malaria.
La coordinación entre autoridades sanitarias, protección civil, servicios meteorológicos y gobiernos locales será determinante para anticipar necesidades. Mantener campañas de vacunación, asegurar medicamentos, preparar establecimientos médicos y establecer canales de comunicación con las comunidades puede reducir las consecuencias de emergencias que se desarrollen de manera simultánea.
Para la población, las medidas deben adaptarse a las alertas de cada localidad: eliminar recipientes con agua estancada, almacenar agua de forma segura, evitar el contacto con aguas de inundación, mantener la vacunación al día y buscar atención ante fiebre persistente, dificultad respiratoria, signos de deshidratación o síntomas posteriores a una exposición de riesgo.
Fuentes referenciales:
Infobae — El Niño 2026 y los siete riesgos para la salud en América Latina
Organización Panamericana de la Salud — Posibles impactos de El Niño en la salud de las Américas
OPS — El Niño en las Américas 2026-2027
