Un estudio de Roswell Park observó cambios inmunitarios y menor crecimiento del cáncer de pulmón en ratones activos, además de analizar muestras de 73 pacientes
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Investigadores del Roswell Park Comprehensive Cancer Center, en Estados Unidos, hallaron que la actividad física puede contrarrestar parte de la alteración inmunitaria vinculada con la obesidad en el cáncer de pulmón de células no pequeñas. Los resultados proceden principalmente de modelos animales y fueron complementados con el análisis de muestras pulmonares de 73 pacientes.
El estudio, publicado en Annals of Surgery, indica que la obesidad favorece un entorno inmunitario capaz de dificultar la eliminación de células tumorales. En los ratones que realizaron ejercicio, los científicos detectaron menos células T reguladoras, conocidas como Tregs, y más linfocitos T CD8+, responsables de reconocer y destruir células anormales. Los tumores también crecieron con mayor lentitud en los animales físicamente activos.
Los autores advierten que estos hallazgos no convierten el ejercicio en un tratamiento independiente ni permiten establecer todavía que produzca los mismos resultados clínicos en todas las personas. La investigación aporta una base biológica para estudiar la actividad física como complemento de la atención oncológica, siempre adaptada al estado general y a la capacidad funcional de cada paciente.
La obesidad modifica el entorno inmunitario del pulmón
El equipo empleó secuenciación de ARN y citometría de flujo para estudiar tumores y leucocitos infiltrantes. Los experimentos compararon ratones delgados y obesos, con o sin cáncer de pulmón de células no pequeñas, que permanecieron sedentarios o tuvieron acceso a una rueda de ejercicio.
Las células T reguladoras cumplen una función necesaria al evitar respuestas inmunitarias excesivas. Sin embargo, su acumulación alrededor de un tumor puede limitar el ataque de otras defensas. Los linfocitos T CD8+, en cambio, pueden actuar directamente contra células malignas cuando logran reconocerlas y mantenerse funcionales dentro del microambiente tumoral.
Los resultados mostraron que los ratones obesos físicamente activos presentaron menos Tregs y más células T CD8+ que los animales sedentarios utilizados como referencia. Este cambio coincidió con una progresión tumoral más lenta, lo que sugiere que el movimiento influyó tanto en la composición de las defensas pulmonares como en su capacidad para controlar el cáncer.
El hallazgo se relaciona con el papel central que desempeña el sistema inmunitario en las actuales terapias de precisión contra el cáncer de pulmón. Algunos tratamientos buscan precisamente recuperar la capacidad de las células T para reconocer y atacar los tumores, aunque su eficacia depende del subtipo de cáncer, los biomarcadores y las condiciones particulares del paciente.
Las muestras humanas respaldaron la señal inmunitaria
Para explorar si el patrón experimental también aparecía en personas, los investigadores examinaron células obtenidas de los pulmones de 73 pacientes con cáncer de pulmón de células no pequeñas. Los participantes fueron clasificados de acuerdo con su área total de grasa y el nivel de actividad física informado.
Las muestras correspondientes a las personas físicamente activas contenían menos células T reguladoras y menos células mieloides potenciadas por la grasa. Estas últimas también pueden inhibir las respuestas capaces de destruir tumores. La coincidencia con los experimentos en ratones refuerza la hipótesis de que el ejercicio puede modular el entorno inmunitario pulmonar.
Sin embargo, este componente humano fue observacional. No demuestra por sí solo que la actividad física haya causado las diferencias celulares ni establece cuánto ejercicio sería necesario para obtener un efecto clínico. La edad, el tratamiento recibido, la composición corporal, el tabaquismo y otras condiciones de salud pueden influir en los resultados.
La investigación amplía el conocimiento sobre los mecanismos mediante los cuales el organismo intenta contener la enfermedad. Otros trabajos también han examinado cómo las conexiones entre el sistema nervioso y el cáncer de pulmón pueden relacionarse con la progresión tumoral, evidenciando la complejidad de las interacciones que rodean al tumor.
El ejercicio se plantea como apoyo, no como sustituto terapéutico
Sai Yendamuri, jefe del Departamento de Cirugía Torácica de Roswell Park, y Andrew Ray, profesor asociado de oncología en el Departamento de Prevención y Control del Cáncer, encabezaron el trabajo como autores sénior. Según los investigadores, los resultados muestran que el ejercicio puede corregir determinadas disfunciones inmunitarias pulmonares y reforzar la defensa frente a los tumores.
La propuesta encaja con el desarrollo de la inmunoterapia que reactiva las defensas contra el cáncer. No obstante, el estudio no evaluó si una rutina física permite reemplazar cirugía, radioterapia, quimioterapia, terapias dirigidas o medicamentos inmunoterapéuticos.
Antes de incorporar o intensificar el ejercicio durante un tratamiento oncológico se requiere una valoración profesional. La enfermedad, las intervenciones quirúrgicas, la capacidad respiratoria, la fatiga, las alteraciones cardiovasculares y los efectos adversos de los medicamentos pueden hacer necesarias actividades supervisadas y adaptadas individualmente.
Los próximos estudios deberán determinar si programas estructurados de ejercicio modifican de forma sostenida las células inmunitarias, mejoran la respuesta a los tratamientos o se traducen en menor recurrencia y mayor supervivencia. También será necesario precisar qué intensidad, frecuencia y modalidad resultan seguras y eficaces para distintos grupos de pacientes.
Fuentes referenciales:
Medical Xpress
Roswell Park Comprehensive Cancer Center
Annals of Surgery — registro en PubMed
