Demasiada proteína: cinco riesgos para la salud


El consumo elevado de carne roja y procesada se asocia con más riesgo de enfermedad cardíaca, diabetes tipo 2, cáncer colorrectal y problemas renales


Redactor: Luis Ortega
Editor: Javier Morales O.


La proteína es un nutriente esencial para el cuerpo, pero aumentar su consumo sin criterio no siempre significa mejorar la salud. El interés por las dietas hiperproteicas, los productos enriquecidos y los mensajes que asocian proteína con bienestar, musculatura o pérdida de peso ha llevado a muchas personas a consumir más cantidad de la que realmente necesitan.

En Estados Unidos, la tendencia es clara. Una encuesta realizada en 2025 a 3.000 adultos mostró que el 71 % intentaba consumir más proteínas, frente al 59 % registrado en 2022. Al mismo tiempo, las investigaciones citadas por especialistas en nutrición indican que la mayoría de los adultos estadounidenses ya consume más proteína de la necesaria para mantener una buena salud.

Cuándo puede empezar el exceso

No existe una cifra única que defina para todos cuándo la proteína se vuelve excesiva. Bettina Mittendorfer, profesora de nutrición y fisiología del ejercicio en la Facultad de Medicina de la Universidad de Misuri, advierte que los problemas potenciales pueden aparecer cuando una persona consume bastante más de 1,2 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal al día.

El riesgo no depende solo de la cantidad, sino también del origen de esa proteína. En un estudio publicado en 2021, investigadores del Departamento de Agricultura de Estados Unidos encontraron que los alimentos de origen animal, incluidos carne de res, pollo y embutidos, representaban casi el 70 % del consumo de proteínas de la población estadounidense.

Ese dato es relevante porque el consumo elevado de carne roja y procesada se ha relacionado con mayor riesgo de enfermedades cardíacas y diabetes tipo 2. La elección de proteínas, por tanto, forma parte de una discusión más amplia sobre prevención de enfermedades cardiovasculares y patrones alimentarios sostenibles para la salud.

Más carne roja, más riesgo cardiometabólico

Donald Hensrud, profesor titular de nutrición y medicina preventiva en la Facultad de Medicina de la Clínica Mayo, señala que las personas que consumen mayores cantidades de carne roja y procesada tienden a presentar más riesgo de enfermedad cardíaca y diabetes tipo 2.

Un amplio análisis publicado en 2023 encontró que consumir 100 gramos adicionales de carne roja al día, una cantidad comparable a una chuleta de cerdo delgada y sin hueso, aumentaba el riesgo de enfermedades cardíacas en un 11 %. El mismo análisis observó que cada 50 gramos adicionales de carne roja procesada al día, una cantidad similar a una salchicha estándar, elevaba ese riesgo en un 26 %.

Otro estudio publicado en 2023, con casi 217.000 participantes, en su mayoría mujeres, encontró que quienes consumían más carne roja tenían un riesgo 40 % mayor de desarrollar diabetes tipo 2 que quienes consumían menos. En el caso de la carne roja procesada, el riesgo fue 51 % mayor.

Las carnes rojas y procesadas suelen contener altos niveles de grasas saturadas, capaces de elevar el colesterol LDL, conocido como colesterol malo. También pueden favorecer inflamación y resistencia a la insulina, dos mecanismos vinculados al aumento del riesgo cardiovascular y metabólico.

Cáncer colorrectal y salud digestiva

El consumo excesivo de carne roja y procesada también se ha asociado con mayor riesgo de cáncer, especialmente cáncer colorrectal. En un estudio publicado en 2024, las dietas ricas en carne roja se relacionaron con un riesgo 30 % mayor de desarrollar cáncer colorrectal, mientras que las dietas ricas en carne procesada se asociaron con un aumento del 40 %.

Dariush Mozaffarian, cardiólogo y director del Food Is Medicine Institute de la Universidad de Tufts, plantea que fuentes vegetales de proteína como soya, lentejas, frijoles y frutos secos, además del pescado y lácteos fermentados como el yogur, son opciones más saludables.

El problema digestivo no se limita al tipo de proteína. Marc O’Meara, nutricionista del Hospital Brigham and Women’s de Boston, advierte que quienes intentan aumentar su consumo proteico, sobre todo con dietas bajas en carbohidratos, pueden desplazar alimentos ricos en fibra como verduras y cereales integrales.

La fibra ayuda a mantener la regularidad intestinal y alimenta a los microbios del intestino. Esta relación también aparece en investigaciones sobre salud intestinal, donde frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales ocupan un papel central.

Proteína, calorías y aumento de peso

Una idea frecuente en redes sociales es que una dieta rica en proteínas basta para perder peso o ganar músculo. Mozaffarian advierte que, si no existe suficiente entrenamiento de fuerza u otra actividad física que acompañe ese aumento, el exceso de calorías, incluso si procede de proteínas, puede terminar almacenándose como grasa.

O’Meara ofrece una comparación sencilla: media taza de verduras cocidas aporta alrededor de 25 calorías, mientras que media taza de pollo cocido aporta cerca de 140. Si una persona triplica una porción de pollo para comer más proteína, puede consumir entre cinco y seis veces más calorías que si triplicara una porción de verduras.

Por eso, el equilibrio del plato importa. Una comida centrada casi por completo en proteína puede dejar poco espacio para verduras, cereales integrales y otros alimentos que aportan volumen, fibra y micronutrientes con menor densidad calórica. Esa relación entre calidad de dieta, energía y salud metabólica también se observa en estudios sobre microbiomas intestinales y resultados de salud.

El riñón necesita una advertencia especial

En personas con riñones sanos, el consumo elevado de proteínas no suele ser una preocupación inmediata. Sin embargo, Hensrud advierte que la situación cambia en quienes tienen enfermedad renal crónica. En Estados Unidos, más de uno de cada siete adultos padece esta condición.

Para quienes están cerca de necesitar diálisis, metabolizar grandes cantidades de proteínas puede sobrecargar los riñones y reducir todavía más su función. Los cálculos renales también aparecen como posible efecto secundario del consumo excesivo de proteínas animales, aunque una hidratación adecuada puede disminuir ese riesgo.

La advertencia es especialmente relevante porque algunas personas aumentan la proteína sin saber si tienen factores de riesgo renal o metabólico. En quienes ya presentan enfermedad renal crónica, el manejo nutricional debe formar parte de una evaluación médica individual, como ocurre en otros problemas vinculados a la enfermedad renal crónica.

La proteína sigue siendo necesaria para preservar masa muscular, reparar tejidos y sostener funciones básicas del organismo. El punto crítico no es eliminarla, sino evitar que el mensaje de “más proteína” desplace una alimentación variada, rica en vegetales, fibra, cereales integrales y fuentes proteicas de mejor calidad.

Fuente(s) referenciales

Infobae / The New York Times – Los cinco riesgos de consumir demasiada proteína que pueden dañar la salud