Un estudio en ratones presentado en el FENS Forum 2026 detectó alteraciones duraderas en neuronas vinculadas con la recompensa y la motivación
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Una única exposición a la cocaína puede dejar una huella genética duradera en neuronas del cerebro vinculadas con la recompensa, la motivación y el placer, de acuerdo con una investigación realizada en ratones y presentada en el FENS Forum 2026.
El hallazgo aporta una nueva explicación biológica sobre por qué el cerebro puede volverse más vulnerable a la adicción después de consumos posteriores, incluso cuando la primera exposición parece aislada.
La cocaína es una droga con alta capacidad adictiva. Puede provocar ansiedad y paranoia y, a largo plazo, asociarse con daño cardíaco, impotencia y deterioro de la salud mental. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito informó que su consumo mundial pasó de 17 millones de usuarios en 2013 a 25 millones en 2023.
Cambios en el genoma de neuronas dopaminérgicas
El estudio mostró que una sola exposición a la cocaína alteró la arquitectura tridimensional del genoma en neuronas dopaminérgicas del área tegmental ventral del mesencéfalo, una región profunda relacionada con la recompensa, la motivación y el procesamiento del placer.
Estas neuronas forman parte de circuitos cerebrales que también han sido estudiados en investigaciones sobre adicción a las drogas y cambios persistentes en la conducta.
Los investigadores detectaron alrededor de 1.700 nuevas áreas de aislamiento de dominios de cromatina y la pérdida de cerca de 1.100. Estas estructuras ayudan a regular qué genes se activan o se silencian dentro de cada célula.
Las alteraciones ya podían observarse 24 horas después de la exposición a la droga. Dos semanas más tarde, seguían presentes y, en algunos casos, se habían intensificado.
Una “cicatriz” genética asociada al riesgo de adicción
La investigación fue presentada por Ana Pombo, profesora en la Universidad Johns Hopkins e investigadora del Max Delbrück Centre for Molecular Medicine de Berlín.
Pombo explicó que el equipo utilizó ratones para observar dónde almacena el cerebro el recuerdo de haber consumido cocaína por primera vez y para comprender por qué puede producirse adicción tras consumos repetidos, incluso separados por meses o años.
Para estudiar el fenómeno, los científicos emplearon una técnica llamada mapeo de arquitectura del genoma. Este método permite analizar cómo se organiza el material genético dentro de una célula y cómo esa disposición tridimensional influye en la activación o silenciamiento de genes.
El análisis de actividad genética mostró que las células expuestas producían mayores cantidades de algunos neuropéptidos, moléculas de señalización cerebral asociadas con la adicción en humanos. Al mismo tiempo, otros genes necesarios para el funcionamiento normal de la célula redujeron su actividad.
Recompensa, motivación y respuesta a una segunda exposición
Los resultados sugieren que la cocaína puede “reconfigurar” el genoma de células cerebrales clave. Para los investigadores, esa huella persistente podría preparar al cerebro para una respuesta más intensa ante una segunda dosis.
Ese posible mecanismo ayuda a entender por qué el consumo recreativo ocasional no puede considerarse inofensivo desde el punto de vista neurobiológico. La exposición inicial podría modificar la forma en que determinadas neuronas responden a experiencias posteriores relacionadas con la droga.
La relación entre cerebro, recompensa y hábitos también ha sido abordada por estudios sobre cómo el cerebro forma hábitos y por qué algunos patrones de conducta resultan difíciles de romper.
Un estudio en ratones con preguntas abiertas
Christina Dalla, de la Universidad Nacional y Kapodistríaca de Atenas, presidenta del comité de comunicación del FENS Forum y ajena al estudio, destacó que investigar estos mecanismos en detalle en el cerebro humano es casi imposible, por lo que los modelos en ratones permiten avanzar en la comprensión de los efectos de la droga.
Dalla señaló que los investigadores identificaron cambios profundos y duraderos en células cerebrales de ratones tras una sola exposición a la cocaína. Esa alteración de la estructura del genoma podría persistir en el tiempo y ayudar a explicar diferencias individuales en la vulnerabilidad a la adicción.
El equipo todavía debe determinar cuánto duran esos cambios, si son permanentes o si las células pueden recuperarse. También falta precisar cómo se traducen esas modificaciones en riesgo concreto de dependencia.
Implicaciones para prevención y tratamientos
El hallazgo abre una línea de trabajo para estudiar con mayor precisión por qué algunas personas desarrollan adicción y otras no, aun cuando han estado expuestas a la misma sustancia.
Comprender cómo la cocaína modifica la organización genética de neuronas específicas podría aportar nuevas pistas para diseñar estrategias preventivas y terapéuticas. La investigación se conecta con una agenda más amplia de salud mental, neurociencia y trastornos por consumo de sustancias.
La evidencia presentada en el FENS Forum 2026 no describe un tratamiento nuevo, pero sí identifica un mecanismo celular que podría ayudar a explicar la transición desde la exposición inicial hasta una mayor susceptibilidad a la adicción.
