Un estudio de la Universidad de Florida Central vinculó microgravedad y radiación con deterioro hepático acelerado en modelos animales y señales genéticas similares en astronautas
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Eduardo Schmitz
La exposición al espacio podría ayudar a comprender mejor cómo envejecen las células y por qué algunos órganos pierden función con el paso del tiempo. Un estudio de investigadores de la Universidad de Florida Central y otros científicos de Estados Unidos vinculó la microgravedad y la radiación espacial con cambios moleculares en el hígado similares al envejecimiento acelerado.
El trabajo, publicado en la revista científica GeroScience, también detectó alteraciones genéticas parecidas en muestras de sangre de astronautas analizadas en el NASA Twins Study y en la misión Inspiration4.
La investigación no solo apunta a proteger la salud de astronautas en misiones largas. También abre una línea para estudiar enfermedades asociadas a la edad en la Tierra, un campo conectado con otros avances sobre envejecimiento molecular y deterioro celular.
Por qué el hígado fue el órgano elegido
Michal Masternak, profesor de medicina y responsable de investigaciones sobre envejecimiento y medicina espacial, explicó que el equipo centró el análisis en el hígado por su papel en el metabolismo corporal.
El hígado participa en procesos esenciales de regulación energética, detoxificación, inflamación y equilibrio metabólico. Por eso, los investigadores lo consideran un órgano relevante para observar cómo el ambiente espacial puede acelerar rutas biológicas asociadas al deterioro orgánico.
Los hallazgos se relacionan con una preocupación médica más amplia: la salud hepática puede verse afectada por procesos silenciosos de inflamación, fibrosis o acumulación de daño celular, como también se observa en investigaciones sobre enfermedades hepáticas.
Cómo se simuló el espacio profundo
Para el estudio, el equipo recreó en laboratorio un entorno semejante al espacio profundo. Los modelos animales fueron expuestos durante 14 días a microgravedad simulada y a radiación cósmica galáctica, además de eventos de partículas solares en el Laboratorio de Radiación Espacial de la NASA.
Las dosis utilizadas buscaron imitar la exposición que podrían recibir astronautas durante un viaje a Marte. Después de esa exposición, los científicos analizaron las alteraciones producidas en el hígado.
Los resultados mostraron aumento de senescencia celular, inflamación y fibrosis. Sin intervención, esos procesos pueden contribuir al deterioro gradual de la función orgánica.
Cambios genéticos en solo 24 horas
Masternak indicó que apenas 24 horas después de la exposición a la radiación ya aparecían numerosos cambios genéticos en el hígado, con similitudes notables frente a lo que ocurre durante el envejecimiento.
El investigador también advirtió que, si una persona permaneciera mucho más tiempo en el espacio, el daño podría ser mayor. Esa advertencia resulta especialmente relevante para misiones prolongadas fuera de la órbita terrestre.
La aceleración de estos procesos convierte al espacio en una especie de modelo biológico extremo. Permite observar en menos tiempo mecanismos que, en la Tierra, pueden tardar años o décadas en manifestarse.
Datos de astronautas y muestras humanas
El equipo comparó sus resultados con datos de sangre de astronautas del NASA Twins Study y de la misión Inspiration4. En esas muestras humanas también aparecieron señales genéticas similares, aunque el análisis corresponde a sangre y no directamente al hígado.
Esa diferencia es importante: los modelos animales permiten estudiar el órgano con más detalle, mientras que las muestras humanas ayudan a confirmar si ciertas rutas biológicas también se activan en personas expuestas a vuelos espaciales.
El cruce entre modelos animales y datos de astronautas refuerza la hipótesis de que microgravedad y radiación pueden modificar rutas genéticas asociadas con senescencia, inflamación y fibrosis.
Antagomires y posibles vías terapéuticas
La publicación firmada por Natalie Hayslip y otros autores identificó moléculas llamadas antagomires, capaces de modificar rutas genéticas vinculadas al envejecimiento y la inflamación mediante interacción con microARN.
Estas moléculas aparecen como posibles herramientas para proteger a astronautas durante misiones de larga duración. También podrían orientar investigaciones futuras sobre terapias dirigidas a preservar la función de órganos afectados por enfermedades asociadas a la edad.
El hallazgo se suma a otras líneas biomédicas que exploran mecanismos de reparación, regeneración y deterioro tisular, como las investigaciones sobre regeneración de tejidos tras una lesión.
Una ventana para estudiar la edad biológica
La investigación no plantea que viajar al espacio sea una solución terapéutica. Su valor está en mostrar cómo un ambiente extremo puede acelerar procesos celulares y ayudar a identificar blancos moleculares.
Comprender esas rutas podría servir para medir mejor los riesgos de los vuelos espaciales prolongados y, al mismo tiempo, aportar conocimiento sobre enfermedades crónicas vinculadas al envejecimiento en la Tierra.
El próximo desafío será determinar si esas señales pueden prevenirse, revertirse o reducirse mediante intervenciones específicas. Para la medicina espacial y la biología del envejecimiento, el hígado aparece ahora como un observatorio clave de cómo el organismo responde a condiciones extremas.
