Un ensayo controlado detectó una mayor activación de células defensivas después de reintroducir almidones refinados en adultos que habían perdido peso con una dieta baja en carbohidratos
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
Un estudio realizado por investigadores de NYU Langone Health encontró que la respuesta biológica a una dieta alta en carbohidratos puede variar según el origen de esos nutrientes. En adultos que habían perdido peso mediante una alimentación muy baja en carbohidratos, la incorporación de almidones procedentes de cereales refinados produjo una mayor activación inmunitaria que mantener la restricción o consumir una cantidad equivalente de energía proveniente de azúcares añadidos.
El ensayo no demostró que todos los carbohidratos causen inflamación ni que una dieta rica en azúcares sea más saludable. Sus resultados describen diferencias observadas en un grupo reducido y durante un periodo limitado, por lo que no permiten establecer recomendaciones nutricionales generales.
La primera etapa indujo una pérdida cercana al 15 % del peso
El estudio partió de 54 adultos de entre 18 y 50 años que presentaban sobrepeso u obesidad, pero no tenían diabetes ni enfermedad cardiovascular. Durante la primera fase recibieron una dieta muy baja en carbohidratos con un déficit energético del 40 %, diseñada para provocar una reducción de peso.
Cuando los participantes habían perdido cerca del 15 % de su peso corporal, comenzaron una segunda etapa de diez semanas. En ese periodo fueron distribuidos aleatoriamente entre tres planes con el mismo aporte calórico, lo que permitió estudiar la composición de la dieta sin atribuir las diferencias únicamente a la cantidad de energía consumida.
Un grupo continuó con la alimentación muy baja en carbohidratos. Los otros dos recibieron dietas en las que estos nutrientes aportaban el 57 % de la energía, las grasas el 25 % y las proteínas el 18 %.
La diferencia entre los dos planes altos en carbohidratos estaba en su fuente principal. Uno obtenía el 20 % de la energía total de almidones de cereales refinados; el otro incorporaba esa misma proporción mediante azúcares añadidos.
El almidón refinado activó diferentes células defensivas
Los análisis inmunológicos finales, realizados en 44 participantes, mostraron que el grupo de almidones refinados presentó mayores señales de activación del sistema inmunitario periférico.
Los investigadores registraron cambios en la proporción de células asesinas naturales y una mayor activación de monocitos, linfocitos T, células dendríticas y neutrófilos. También detectaron niveles superiores de adipsina, una proteína relacionada con el sistema del complemento.
El análisis transcriptómico identificó una regulación al alza de vías inmunitarias y metabólicas en el grupo que consumió almidón refinado. La nutrición activa una red de procesos que incluye digestión, absorción, metabolismo y defensas, una interacción explicada también al analizar las estructuras corporales que participan en la nutrición humana.
Estos marcadores muestran actividad biológica, pero no equivalen automáticamente a una enfermedad inflamatoria ni demuestran que los participantes hayan sufrido daños clínicos. Para determinar sus consecuencias sería necesario realizar investigaciones más extensas y con seguimiento prolongado.
Los picos de glucosa ofrecen una posible explicación
Los autores plantearon que los cereales refinados ricos en almidón podrían elevar rápidamente la glucosa después de las comidas. Esa respuesta posprandial podría activar el sistema del complemento y otras vías relacionadas con la inmunidad.
El procesamiento de los cereales suele reducir su contenido de fibra y modificar la velocidad con la que se digieren. Sin embargo, el efecto de un alimento también depende de la porción, la preparación, los demás componentes de la comida y las características metabólicas de cada persona.
La relación entre fluctuaciones de glucosa y respuestas fisiológicas también aparece en el análisis de alimentos que pueden alterar la glucosa, la microbiota y el bienestar. En ambos casos, el patrón alimentario completo resulta más informativo que clasificar un nutriente aislado como beneficioso o perjudicial.
El equipo complementó la investigación con experimentos en ratones. Los animales que recibieron maltodextrina derivada del almidón después de un periodo de ayuno mostraron mayor actividad inmunitaria, un resultado que respaldó la posible participación del sistema del complemento. Los hallazgos animales, no obstante, no pueden trasladarse directamente a los seres humanos.
La menor activación con azúcar no representa una ventaja
El grupo que recibió la dieta alta en azúcares añadidos mostró la puntuación más baja de activación inmunitaria entre las tres intervenciones. Los investigadores advirtieron que este resultado no significa que la sacarosa o la fructosa añadidas protejan la salud.
Una posibilidad considerada por los autores es que la disminución de determinadas vías refleje una supresión de respuestas defensivas mediadas por el complemento, en lugar de una mejora metabólica. El estudio no fue diseñado para demostrar que una de estas dietas previene enfermedades a largo plazo.
Además, una respuesta inmunitaria más alta o más baja no puede interpretarse de forma aislada. El sistema inmunológico necesita activarse frente a amenazas, pero una estimulación persistente o una respuesta insuficiente pueden tener consecuencias diferentes según el contexto.
La muestra y la duración limitan las conclusiones
El número reducido de participantes constituye una de las principales limitaciones. Aunque el ensayo comenzó con 54 personas, los análisis inmunológicos abarcaron a 44, una muestra insuficiente para extrapolar los resultados a la población general.
Los participantes tenían sobrepeso u obesidad, habían perdido una cantidad considerable de peso y no presentaban diabetes ni enfermedad cardiovascular. Por ello, los resultados no describen necesariamente lo que ocurriría en personas con otras características clínicas o que modifican su dieta sin una fase previa de adelgazamiento.
Las diez semanas de seguimiento tampoco permiten conocer las consecuencias de mantener estas pautas durante meses o años. El organismo puede experimentar adaptaciones, mientras que en la vida cotidiana influyen la actividad física, los medicamentos, el sueño y la combinación de alimentos.
La respuesta metabólica tampoco es uniforme entre personas. Investigaciones que han identificado distintos perfiles de riesgo en el hígado graso muestran la importancia de evitar recomendaciones idénticas para pacientes con características biológicas diferentes.
La calidad importa más que la cantidad aislada
El trabajo aporta evidencia de que hablar únicamente de una dieta “alta” o “baja” en carbohidratos puede ocultar diferencias relevantes. Los cereales refinados, los azúcares añadidos, las legumbres, las frutas y los granos integrales pertenecen al mismo grupo general de macronutrientes, pero poseen estructuras, fibra y densidades nutricionales distintas.
Los hallazgos no justifican eliminar todos los carbohidratos ni sustituir almidones refinados por grandes cantidades de azúcar. Las decisiones alimentarias deben considerar la calidad global de la dieta, el estado de salud, las necesidades energéticas y el acompañamiento profesional cuando existen enfermedades metabólicas o cambios importantes de peso.
Fuente referencial:
Infobae
