Un amplio estudio británico relacionó una mayor ingesta de calcio, presente en alimentos como leche y yogur, con una reducción del riesgo, mientras que el alcohol y las carnes rojas y procesadas mostraron asociaciones en sentido contrario
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz
Una investigación realizada con más de medio millón de mujeres del Reino Unido aporta nuevas evidencias sobre la relación entre la alimentación y el cáncer colorrectal. El estudio encontró que una mayor ingesta de calcio se asociaba con un menor riesgo de desarrollar esta enfermedad, mientras que el consumo de alcohol y de carnes rojas y procesadas se relacionaba con un aumento del riesgo.
El trabajo, publicado en Nature Communications por investigadores vinculados a la Universidad de Oxford, analizó 97 factores dietéticos en 542.778 participantes del Million Women Study. Durante un seguimiento medio de 16,6 años se registraron 12.251 diagnósticos de cáncer colorrectal, lo que permitió estudiar a gran escala las asociaciones entre diferentes componentes de la dieta y la aparición de la enfermedad.
Los resultados amplían el conocimiento sobre factores modificables asociados con uno de los tumores más frecuentes. El cáncer colorrectal también está experimentando cambios epidemiológicos relevantes: investigaciones recientes han llamado la atención sobre el aumento de su impacto entre adultos menores de 50 años, lo que refuerza el interés por la prevención y la detección temprana.
Un 17 % menos de riesgo por cada 300 miligramos de calcio al día
Entre todos los componentes evaluados, el calcio y el alcohol presentaron las asociaciones más fuertes con el riesgo de cáncer colorrectal. Cada incremento de 300 miligramos diarios de calcio se relacionó con un riesgo relativo aproximadamente un 17 % menor de desarrollar la enfermedad.
Los investigadores observaron además asociaciones inversas con varios alimentos y nutrientes vinculados a los lácteos, entre ellos la leche y el yogur. Sin embargo, análisis posteriores indicaron que buena parte de ese efecto podría explicarse por el calcio que contienen estos productos.
Un vaso de leche puede aportar alrededor de 300 miligramos del mineral, aunque la cantidad depende del producto. Las fuentes dietéticas no se limitan a los lácteos: pescados consumidos con sus espinas blandas, tofu elaborado con sales de calcio y determinados alimentos fortificados también pueden contribuir a cubrir las necesidades diarias. Mundo de la Salud ha abordado recientemente cuánto calcio necesita el organismo y cuáles son sus principales fuentes alimentarias.
El estudio encontró que la asociación protectora del calcio no parecía depender significativamente de si procedía de fuentes lácteas o no lácteas. Esto llevó a los investigadores a plantear que el propio mineral podría desempeñar un papel importante en la relación observada.
Cómo podría actuar el calcio dentro del colon
Los mecanismos biológicos todavía se investigan, pero existen varias hipótesis. Una de ellas plantea que el calcio puede unirse en el interior del colon a ácidos biliares y ácidos grasos libres, reduciendo sus posibles efectos perjudiciales sobre la mucosa intestinal.
Trabajos experimentales anteriores también han sugerido que concentraciones adecuadas de calcio en el lumen intestinal pueden contribuir a proteger la barrera del colon y participar en procesos relacionados con la diferenciación y eliminación de células dañadas. Estos mecanismos no significan que consumir más calcio garantice la prevención del cáncer, pero aportan plausibilidad biológica a las asociaciones observadas en los estudios epidemiológicos.
La investigación nutricional analiza además otros componentes de la dieta que podrían intervenir en los mecanismos de protección intestinal. Un estudio reseñado por Mundo de la Salud examinó, por ejemplo, cómo la combinación de fibra fermentable y omega-3 puede activar procesos celulares relacionados con la eliminación de células dañadas en el colon.
Alcohol y carnes rojas y procesadas mostraron la relación opuesta
La investigación también identificó asociaciones que apuntan en sentido contrario. Cada consumo adicional de 20 gramos diarios de alcohol se relacionó con un incremento aproximado del 15 % en el riesgo relativo de cáncer colorrectal.
En el caso de las carnes rojas y procesadas, cada aumento de 30 gramos diarios se asoció con aproximadamente un 8 % más de riesgo. Estos resultados son coherentes con evaluaciones internacionales anteriores que han relacionado el consumo de alcohol y carnes procesadas con el cáncer colorrectal.
La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer ha clasificado las bebidas alcohólicas y las carnes procesadas como carcinógenas para los seres humanos, mientras que la carne roja está clasificada como probablemente carcinógena. En Mundo de la Salud también se ha explicado que el consumo elevado de carnes rojas y procesadas se relaciona con diferentes riesgos para la salud, entre ellos el cáncer colorrectal.
Otros alimentos mostraron asociaciones favorables más débiles
El análisis detectó asimismo asociaciones inversas entre el riesgo de cáncer colorrectal y el consumo de fruta, cereales integrales, fibra, folato, vitamina C y otros componentes de la alimentación. Sin embargo, los propios investigadores advierten que estas relaciones fueron menos robustas y que algunas podrían estar influidas por otros hábitos de vida.
Esta precaución es importante porque se trata fundamentalmente de un estudio prospectivo observacional. Aunque el tamaño de la cohorte, la duración del seguimiento y los análisis complementarios fortalecen los resultados, una asociación estadística no significa automáticamente que un alimento concreto sea responsable por sí solo de aumentar o disminuir el riesgo de cáncer.
El equipo complementó el análisis observacional con un estudio de aleatorización mendeliana relacionado con el consumo de leche, utilizando información genética de decenas de miles de casos de cáncer colorrectal. Estos resultados también respaldaron una posible relación causal entre el consumo de leche y/o el calcio dietético y un menor riesgo, aunque los autores señalan que la magnitud de los efectos debe interpretarse cuidadosamente.
La alimentación complementa, pero no sustituye, el cribado
Los resultados aportan información útil para comprender cómo el patrón alimentario puede participar en la prevención, pero no convierten al calcio ni a los lácteos en un método de protección absoluta frente al cáncer. Edad, antecedentes familiares, factores genéticos, tabaquismo, actividad física, peso corporal y otros elementos también intervienen en el riesgo individual.
La detección precoz sigue siendo una herramienta fundamental. Un estudio sueco con más de 376.000 personas encontró que la participación efectiva en el cribado colorrectal se asoció con una reducción del 43 % en el riesgo de morir por la enfermedad. Los controles permiten identificar lesiones precancerosas y tumores en fases en las que las posibilidades terapéuticas son mayores.
Por esa razón, los posibles beneficios de una alimentación equilibrada deben entenderse dentro de una estrategia preventiva más amplia. Mantener una dieta variada, limitar el alcohol y moderar el consumo de carnes procesadas puede acompañar las recomendaciones de prevención, pero no reemplaza las pruebas de detección indicadas según la edad y el riesgo personal.
Tampoco debe interpretarse el resultado como una recomendación para consumir cantidades excesivas de calcio o utilizar suplementos sin indicación. Una ingesta elevada mediante suplementación puede plantear problemas en determinadas circunstancias, y las necesidades dependen de la edad, el sexo, la alimentación y la situación clínica de cada persona.
Fuentes referenciales:
Nature Communications
Cancer Epidemiology Unit — University of Oxford
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