Especialistas advierten que atribuir la hipoacusia simplemente a la edad o pensar que los audífonos no funcionan puede retrasar el diagnóstico, el tratamiento y la rehabilitación auditiva
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz
La pérdida de audición en las personas mayores no debe asumirse como una consecuencia inevitable del envejecimiento ante la que solo cabe resignarse. La Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) advierte que diferentes mitos sobre la hipoacusia pueden retrasar la búsqueda de atención médica, dificultar el diagnóstico y privar a los pacientes de intervenciones capaces de mejorar su comunicación y calidad de vida.
La advertencia coincide con los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que estima que más del 25 % de las personas mayores de 60 años presenta una pérdida de audición discapacitante. La frecuencia aumenta con la edad, pero eso no significa que el problema deba ignorarse: la detección temprana y una rehabilitación adecuada pueden reducir sus consecuencias.
El impacto tampoco se limita a escuchar peor. Mundo de la Salud ha abordado cómo la pérdida de audición y de visión puede acelerar el deterioro de la salud durante la vejez, afectando aspectos como la comunicación, la actividad social, la movilidad y la autonomía.
Primer mito: perder audición es simplemente cosa de la edad
La presbiacusia es la pérdida auditiva asociada al envejecimiento y constituye una condición crónica que puede progresar con el paso del tiempo. Sin embargo, considerar que una persona oye peor únicamente porque ha envejecido puede convertirse en una barrera para identificar y tratar el problema.
La OMS señala que la pérdida auditiva relacionada con la edad se debe, entre otros procesos, a la degeneración de células sensoriales y no puede revertirse. Sí puede, en cambio, manejarse mediante audífonos, dispositivos de comunicación y otras intervenciones adaptadas a las necesidades del paciente.
Por esta razón, los especialistas defienden que la salud auditiva forme parte de la vigilancia habitual de las personas mayores y no dependa exclusivamente de que el propio paciente detecte el problema y solicite ayuda. Entre las señales que justifican una evaluación están pedir frecuentemente que se repitan las palabras, aumentar demasiado el volumen de la televisión, perder fragmentos de conversaciones o tener dificultades para comprender el habla cuando existe ruido de fondo.
La evaluación sensorial forma parte además de una visión más amplia del envejecimiento saludable. El concepto de capacidad intrínseca integra audición, visión, cognición, movilidad y otras funciones para detectar cambios que puedan comprometer la autonomía antes de que aparezca una discapacidad importante.
Segundo mito: una audiometría normal significa que todo está bien
Escuchar no consiste únicamente en detectar sonidos. Algunas personas pueden percibir que alguien está hablando y, sin embargo, experimentar dificultades para comprender determinadas palabras, especialmente en restaurantes, reuniones u otros lugares donde varias voces y ruidos compiten simultáneamente.
La investigación está examinando alteraciones que pueden no reflejarse claramente en una audiometría tonal convencional. Entre ellas se encuentra la denominada sinaptopatía coclear o pérdida auditiva oculta, relacionada con alteraciones en las conexiones entre las células sensoriales de la cóclea y las fibras del nervio auditivo.
Este tipo de dificultades explica por qué la valoración clínica no debería limitarse exclusivamente al resultado de una prueba aislada. La capacidad de comprender conversaciones y desenvolverse en situaciones reales también proporciona información relevante sobre la función auditiva.
Tercer mito: los audífonos no funcionan
Los audífonos no restauran exactamente la audición de una persona sin hipoacusia y los resultados varían según el tipo y grado de pérdida auditiva. Pero eso no significa que sean ineficaces. Una indicación apropiada, una adaptación correcta y el seguimiento profesional pueden mejorar la audición funcional y facilitar la comunicación de numerosos pacientes.
La OMS incluye los auxiliares auditivos entre las principales tecnologías utilizadas para la rehabilitación. Dependiendo de las características de la pérdida auditiva, también pueden emplearse implantes cocleares, implantes de conducción ósea, implantes de oído medio y otras tecnologías de asistencia.
La hipoacusia tiene numerosos orígenes posibles y no existe una única solución para todos los pacientes. Como explica otro análisis publicado por Mundo de la Salud, la pérdida auditiva puede tener causas genéticas, ambientales y relacionadas con el estilo de vida, por lo que la evaluación especializada resulta fundamental para decidir la intervención adecuada.
Cuarto mito: una persona mayor no puede beneficiarse de un implante coclear
La edad cronológica tampoco determina por sí sola si una persona puede recibir un implante coclear. Cuando la pérdida auditiva es suficientemente importante y los audífonos correctamente adaptados no proporcionan una audición útil, el implante puede ser considerado también en pacientes de edad avanzada.
La decisión requiere una evaluación individual que tenga en cuenta las características de la hipoacusia, el estado general de la persona, su capacidad funcional y el beneficio esperado. La SEORL-CCC considera necesario evitar que la edad se convierta automáticamente en una barrera para que los pacientes potencialmente candidatos sean evaluados.
Quinto mito: escuchar menos permite distraerse menos
La pérdida auditiva no necesariamente reduce las distracciones. Cuando la señal sonora llega deteriorada, el cerebro puede necesitar dedicar un esfuerzo mayor a interpretar sonidos, reconstruir palabras y comprender una conversación, un fenómeno conocido como aumento de la carga cognitiva.
Una investigación presentada en el 76.º Congreso Nacional de la SEORL-CCC y realizada con 714 adultos mayores de 55 años observó que un peor nivel auditivo se asociaba con puntuaciones inferiores en las pruebas cognitivas. El estudio también encontró que los participantes con pérdida auditiva no tratada presentaban tres veces más riesgo de inestabilidad postural que aquellos con audición normal.
La relación entre audición y funcionamiento cognitivo es objeto de creciente investigación. Un estudio europeo analizado anteriormente por Mundo de la Salud encontró que la pérdida auditiva puede acelerar el deterioro cognitivo especialmente entre personas mayores que experimentan soledad.
Sexto mito: oír menos no tiene consecuencias importantes
Otra creencia que los especialistas intentan combatir es que escuchar menos puede tener pocas consecuencias en la vida cotidiana. La dificultad para seguir conversaciones puede hacer que algunas personas comiencen a evitar reuniones, comidas, celebraciones y otras actividades donde comunicarse exige un esfuerzo creciente.
Esta reducción de la interacción puede favorecer aislamiento y soledad no deseada. Un estudio español realizado con más de 400 adultos mayores encontró una asociación entre pérdida auditiva y un riesgo un 78 % mayor de fragilidad social, entendida mediante factores como vivir solo, carecer de apoyos o presentar una baja participación en la comunidad.
La OMS también incluye entre las consecuencias potenciales de una pérdida auditiva no tratada las dificultades de comunicación, el aislamiento social, la soledad y efectos negativos sobre la cognición. Por ello, el problema debe considerarse dentro de la atención integral de la persona y no únicamente como una alteración de uno de los sentidos.
Prevenir, detectar y tratar antes de perder autonomía
La prevención auditiva comienza antes de la vejez. Proteger los oídos frente a sonidos intensos, evitar introducir objetos en el conducto auditivo, buscar atención médica ante dolor o secreciones y controlar enfermedades crónicas que pueden favorecer el deterioro auditivo son algunas de las recomendaciones de la OMS.
La exposición prolongada al ruido merece especial atención. Además de afectar directamente al sistema auditivo, el ruido puede tener efectos sobre distintos sistemas del organismo cuando la exposición es persistente.
La detección precoz permite identificar el tipo y grado de pérdida auditiva y determinar si la persona puede beneficiarse de tratamiento médico o quirúrgico, audífonos, implantes u otras formas de rehabilitación. La OMS recomienda prestar especial atención al cribado de las personas con mayor riesgo, entre ellas los adultos mayores.
Combatir los mitos tiene así una consecuencia práctica: evitar que una persona deje pasar años de deterioro porque considera que escuchar peor es simplemente parte de hacerse mayor. Aunque algunas formas de pérdida auditiva no puedan revertirse, existen intervenciones capaces de mejorar la comunicación, la participación social y la autonomía.
Fuentes referenciales:
Organización Mundial de la Salud — Pérdida de audición relacionada con la edad
Organización Mundial de la Salud — Sordera y pérdida de la audición
EFE Salud

