La Sociedad Española de Reumatología advierte contra las dietas milagro y la suplementación sin indicación, mientras señala beneficios moderados asociados a patrones saludables como la dieta mediterránea
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Karem Díaz S.
La alimentación puede formar parte del cuidado de las personas con enfermedades reumáticas, pero actualmente no existen alimentos prohibidos de manera general ni dietas capaces de curar estas patologías. La Sociedad Española de Reumatología (SER) ha advertido en España sobre la proliferación de dietas milagro y suplementos promocionados para combatir la inflamación o el dolor, pese a que la evidencia científica disponible continúa siendo limitada.
El mensaje cobra especial importancia para quienes viven con enfermedades inflamatorias y autoinmunes y buscan en la nutrición una herramienta adicional para controlar sus síntomas. Los especialistas reconocen que determinados patrones alimentarios saludables pueden aportar beneficios, pero insisten en diferenciar ese efecto complementario de la capacidad de modificar o curar por sí solos una enfermedad.
La dietista-nutricionista Rocío Diago Ortega, de la Unidad de Dietética y Nutrición del Centro DcienciaSalud, explica que la investigación disponible no permite afirmar que la alimentación, de forma aislada, cambie significativamente la evolución de estas enfermedades. Sin embargo, una mayor adherencia a patrones saludables puede asociarse con una menor incidencia o actividad de algunas patologías, entre ellas la artritis reumatoide.
Esta distinción también resulta importante al interpretar investigaciones que encuentran asociaciones entre determinados alimentos y la enfermedad. Un metaanálisis reseñado anteriormente por Mundo de la Salud encontró que una dieta antiinflamatoria podría asociarse con menor riesgo de artritis reumatoide, pero este tipo de resultados no significa que una dieta concreta constituya un tratamiento curativo.
La dieta mediterránea aparece como una opción razonable
Frente a los regímenes restrictivos, la recomendación se orienta hacia patrones nutricionales equilibrados y sostenibles. Entre ellos destaca la dieta mediterránea, caracterizada por una elevada presencia de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y otras fuentes vegetales, junto con aceite de oliva, pescado y frutos secos.
La SER señala que una alimentación rica en productos vegetales y grasas cardiosaludables puede contribuir al bienestar general y ayudar a controlar factores asociados a las enfermedades reumáticas. La evidencia no permite atribuirle un efecto curativo, pero sí existen indicios de beneficios moderados en determinados pacientes.
Los fundamentos de este modelo alimentario y la evidencia acumulada sobre sus efectos han sido ampliamente estudiados. Mundo de la Salud ha explicado previamente las pautas que caracterizan una verdadera dieta mediterránea, basada fundamentalmente en alimentos vegetales, aceite de oliva, pescado, frutos secos y un consumo limitado de carnes rojas y productos altamente procesados.
Además de sus posibles efectos sobre determinados procesos inflamatorios, este patrón resulta relevante porque las personas con enfermedades reumáticas pueden presentar factores de riesgo cardiovascular y metabólico que requieren atención. La relación entre la dieta mediterránea y la prevención cardiovascular constituye uno de los ámbitos con mayor respaldo científico dentro de la investigación nutricional.
Eliminar gluten o lácteos no está justificado para todos
Otra práctica que preocupa a los especialistas es la eliminación indiscriminada de grupos completos de alimentos. No existe evidencia científica sólida que permita recomendar de forma general retirar el gluten o los productos lácteos para mejorar los síntomas o modificar la evolución de las enfermedades reumáticas.
La situación cambia cuando una persona presenta una intolerancia, alergia o enfermedad diagnosticada que requiere una restricción específica. En esos casos, la modificación de la alimentación responde a una indicación clínica individual y no a una recomendación general para todos los pacientes reumáticos.
Eliminar alimentos sin una razón médica puede además dificultar la obtención de determinados nutrientes y convertir la dieta en un régimen innecesariamente restrictivo. Por ello, cualquier modificación importante debería valorarse con profesionales sanitarios, especialmente cuando el paciente recibe tratamientos farmacológicos o presenta otras enfermedades.
Omega-3, vitamina D y colágeno tampoco son una solución universal
Los suplementos constituyen otro de los ámbitos donde proliferan afirmaciones que superan a la evidencia disponible. Productos con omega-3, vitamina D o colágeno se comercializan con frecuencia vinculados a la salud articular, la inflamación o el sistema inmunitario, pero la SER señala que actualmente no existe respaldo suficiente para recomendar su suplementación generalizada a todos los pacientes con enfermedades reumáticas.
La indicación puede ser diferente cuando existe un déficit nutricional demostrado. En esas circunstancias, un profesional sanitario puede determinar qué nutriente necesita el paciente, la dosis apropiada y durante cuánto tiempo debe utilizarse.
La precaución también responde a cuestiones de seguridad. Los suplementos pueden producir efectos adversos cuando se consumen en cantidades excesivas o interactuar con determinados medicamentos. Como se ha explicado al analizar el uso adecuado de vitaminas y suplementos, factores como el nutriente, la dosis, los alimentos y los tratamientos farmacológicos pueden modificar su absorción y seguridad.
La alimentación influye más allá del dolor y la inflamación
Aunque los estudios todavía no han demostrado un efecto directo y contundente de la dieta sobre el dolor o la inflamación en todas las enfermedades reumáticas, la nutrición sí puede influir sobre otros componentes importantes de la salud del paciente.
Entre ellos se encuentran el peso corporal, el riesgo cardiovascular, la salud ósea y enfermedades asociadas como diabetes, hipertensión, alteraciones de los lípidos o enfermedad renal. Mantener una alimentación equilibrada puede ayudar a controlar estos factores y contribuir a mejorar la salud general y la calidad de vida.
En este contexto, los patrones occidentales caracterizados por abundancia de carnes rojas, productos ultraprocesados, bebidas azucaradas, dulces y aperitivos de elevada densidad energética se consideran menos favorables. No se trata de responsabilizar a un único alimento de la inflamación, sino de evaluar el conjunto de la alimentación mantenida en el tiempo.
La microbiota abre nuevas líneas de investigación
La relación entre alimentación, microbiota intestinal y sistema inmunitario constituye uno de los campos que despierta mayor interés científico. La comunidad de microorganismos que habita el intestino interviene en numerosos procesos metabólicos e inmunológicos y puede verse modificada por la dieta y otros componentes del estilo de vida.
Patricia Ruiz-Limón, investigadora postdoctoral del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga-Plataforma BIONAND y del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario Virgen de la Victoria de Málaga, señala que las alteraciones de la microbiota o disbiosis pueden favorecer cambios en la permeabilidad intestinal y respuestas inflamatorias sistémicas de bajo grado relacionadas con enfermedades inflamatorias inmunomediadas.
Una alimentación rica en fibra procedente de frutas, verduras y legumbres, junto con ejercicio físico regular, descanso adecuado y un uso responsable de los medicamentos, puede contribuir al mantenimiento de una microbiota saludable. La relación entre los horarios de alimentación y estos microorganismos también está siendo investigada: estudios recientes han observado que comer repetidamente fuera de los horarios habituales puede alterar la microbiota intestinal y algunos procesos metabólicos.
Probióticos, prebióticos y otras estrategias destinadas a modificar la microbiota también se estudian en enfermedades autoinmunes. Sin embargo, el interés científico por estos mecanismos no convierte automáticamente estas intervenciones en tratamientos probados para todas las enfermedades reumáticas.
Nutrición como complemento y no como sustituto del tratamiento
El mensaje de los especialistas se aleja tanto de las dietas milagro como de la idea de que la alimentación carece de importancia. Una dieta equilibrada puede contribuir al control del peso, la salud cardiovascular, la microbiota, el metabolismo y otros aspectos que influyen en el bienestar de las personas con enfermedades reumáticas.
Lo que la evidencia disponible no permite es prometer que eliminar determinados alimentos, seguir una dieta restrictiva o consumir suplementos pueda curar estas patologías o sustituir los tratamientos prescritos por los profesionales sanitarios.
La educación nutricional y el seguimiento profesional permiten adaptar la alimentación a las necesidades de cada paciente, evitando restricciones innecesarias, deficiencias nutricionales, interacciones con medicamentos y expectativas que no cuentan con respaldo científico.
Fuentes referenciales:
Sociedad Española de Reumatología
Sociedad Española de Reumatología — Información para pacientes con artritis reumatoide
EFE Salud — Alimentación y enfermedades reumáticas

