Aspirina, calor y parto prematuro


Un análisis liderado por Harvard y Beth Israel Deaconess relacionó el calor húmedo con más riesgo de parto prematuro, pero no entre quienes tomaron aspirina en dosis baja desde el inicio del embarazo.


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.


El aumento de las temperaturas ya no es solo una preocupación ambiental. También está modificando riesgos concretos durante el embarazo. Una investigación liderada por especialistas de Harvard Medical School y Beth Israel Deaconess Medical Center encontró que la exposición al calor húmedo durante la gestación se asoció con mayores probabilidades de parto prematuro, aunque ese aumento no se observó entre las participantes que tomaron aspirina en dosis baja desde etapas tempranas del embarazo.

El trabajo fue publicado el 6 de mayo de 2026 en JAMA Network Open y corresponde a un análisis secundario del ensayo clínico ASPIRIN, una investigación internacional del Global Network for Women’s and Children’s Health Research. El estudio incluyó a más de 11.500 personas embarazadas primerizas de siete países de África, Asia del Sur y América Latina, y evaluó si la aspirina diaria en dosis baja podía reducir el riesgo de parto prematuro y otros desenlaces adversos.

La pregunta climática fue incorporada después. Blair Wylie, profesora de obstetricia, ginecología y biología reproductiva de Harvard Medical School y especialista de Beth Israel Deaconess, junto con sus colegas, vinculó la ubicación de cada participante con datos climáticos de alta resolución. El objetivo fue estimar la exposición real al calor húmedo durante el embarazo y analizar su relación con el nacimiento antes de las 37 semanas.

Calor extremo y embarazo

La evidencia científica viene señalando que el calor extremo se relaciona con parto prematuro, bajo peso al nacer y muerte fetal. Este vínculo preocupa porque el parto prematuro ya es una de las principales causas de enfermedad y muerte infantil en el mundo. Se estima que entre 12 y 15 millones de bebés nacen demasiado pronto cada año, por lo que incluso aumentos modestos del riesgo asociado al calor pueden traducirse en consecuencias amplias para la salud pública.

El nuevo análisis se suma a investigaciones que ya habían observado una relación entre temperaturas elevadas y complicaciones del nacimiento. En Mundo de la Salud se ha abordado previamente cómo el calor aumenta el riesgo de partos prematuros, una señal que cobra más relevancia a medida que las olas de calor se vuelven más frecuentes e intensas.

Wylie advirtió que los eventos de calor extremo están aumentando en frecuencia y severidad, y recordó que los diez años más cálidos registrados han ocurrido durante la última década. Ese contexto convierte la salud maternoinfantil en una dimensión directa de la adaptación climática.

Qué mostró el ensayo ASPIRIN

El análisis utilizó datos del ensayo ASPIRIN, en el que las participantes fueron asignadas aleatoriamente a recibir aspirina diaria en dosis baja o placebo desde etapas tempranas del embarazo. El ensayo original buscaba determinar si la aspirina podía reducir el riesgo de parto prematuro y otros desenlaces adversos en embarazadas primerizas.

Para evaluar el calor, los investigadores recurrieron a una medida que combina temperatura, humedad, radiación solar y viento. Esta métrica permite estimar mejor cómo se siente el calor en el cuerpo, más allá de la temperatura medida por un termómetro. Luego analizaron si esa exposición se asociaba con nacimiento prematuro, definido como parto antes de las 37 semanas de gestación.

Entre quienes no tomaron aspirina en dosis baja, cada aumento de 1 °C en el promedio diario de calor húmedo durante el embarazo se asoció con un incremento del 5 % en las probabilidades de parto prematuro. En cambio, ese aumento de riesgo no se observó entre quienes recibieron aspirina desde el inicio de la gestación.

Una intervención posible, pero no automática

La aspirina en dosis baja ya se utiliza de forma rutinaria en algunos embarazos para reducir el riesgo de preeclampsia, una complicación caracterizada por presión arterial elevada y potenciales daños para la madre y el bebé. Los nuevos resultados sugieren que también podría tener valor para reducir el riesgo de parto prematuro relacionado con calor, aunque todavía no debe interpretarse como una recomendación universal.

La relación entre embarazo, hipertensión y complicaciones tempranas exige supervisión profesional. En este campo, avances sobre preeclampsia durante el embarazo muestran la complejidad de intervenir en procesos placentarios, vasculares e inflamatorios sin simplificar los riesgos.

El mensaje práctico no es que toda embarazada deba tomar aspirina por calor. La aspirina puede aumentar ciertos riesgos y debe indicarse según antecedentes, edad gestacional, condiciones médicas y evaluación obstétrica. La investigación abre una vía de prevención potencial, pero requiere más estudios antes de traducirse en protocolos amplios para poblaciones expuestas a temperaturas extremas.

La señal de alerta sobre mortalidad perinatal

El estudio también incluyó una advertencia importante. Entre las participantes que tomaron aspirina, la exposición al calor se asoció con mayor mortalidad perinatal, definida como muerte fetal o muerte durante la primera semana de vida. Los investigadores aclararon que no está claro si este resultado refleja un hallazgo estadístico por el bajo número de casos o si apunta a un efecto real que debe investigarse.

El resultado no apareció en el análisis original del ensayo ASPIRIN, que no examinaba efectos relacionados con calor y había encontrado que las participantes tratadas con aspirina tenían una probabilidad ligeramente menor de mortalidad perinatal, salvo en contextos con malaria. Por esa razón, el equipo pidió estudios con cohortes más grandes, especialmente en regiones donde la malaria es endémica.

Esta cautela es central para la cobertura sanitaria. Una intervención barata y disponible puede parecer una solución rápida, pero en embarazo toda medida debe evaluarse con rigor. El equilibrio entre beneficio potencial y seguridad maternoinfantil no puede resolverse con un solo análisis secundario.

Por qué el calor puede adelantar el parto

El artículo original no presenta un mecanismo único, pero el vínculo entre calor, embarazo y parto prematuro se entiende dentro de una respuesta fisiológica más amplia. El calor extremo puede aumentar estrés térmico, deshidratación, inflamación y presión sobre el sistema cardiovascular. Durante la gestación, esos factores pueden alterar la estabilidad materna y placentaria.

El calor húmedo es especialmente relevante porque limita la capacidad del cuerpo para enfriarse mediante sudoración. Cuando la humedad es alta, el organismo tiene más dificultad para disipar calor, lo que puede elevar la carga fisiológica. En embarazadas, esa carga se suma a cambios cardiovasculares, metabólicos y hormonales propios de la gestación.

Detectar riesgos antes de que aparezcan complicaciones sigue siendo un objetivo clave de la medicina maternoinfantil. Investigaciones sobre riesgos de nacimiento durante el embarazo apuntan en la misma dirección: anticipar problemas para intervenir antes de que el desenlace sea crítico.

Adaptación climática en salud materna

El estudio muestra cómo el cambio climático obliga a repensar la atención prenatal. No basta con controlar presión arterial, glucosa o crecimiento fetal. En regiones expuestas a calor extremo, la evaluación del ambiente también puede convertirse en parte del riesgo obstétrico.

Las medidas de prevención no farmacológica siguen siendo esenciales: acceso a sombra, hidratación segura, reducción de exposición en horas de mayor calor, ventilación, sistemas de alerta temprana y seguimiento especial de embarazadas durante olas de calor. En comunidades con menos recursos, estas recomendaciones dependen también de infraestructura, vivienda, trabajo y acceso a atención médica.

La salud durante el embarazo puede beneficiarse de intervenciones integrales que incluyan actividad física segura, control clínico y prevención de complicaciones. En ese marco, recomendaciones sobre ejercicio físico durante el embarazo muestran que el cuidado prenatal debe adaptarse a condiciones individuales y ambientales.

Una pista útil para futuros protocolos

La investigación liderada por Harvard y Beth Israel Deaconess no cierra la discusión, pero aporta una pista relevante: la aspirina en dosis baja podría modificar la relación entre calor húmedo y parto prematuro en algunos contextos. Su bajo costo y disponibilidad la convierten en una candidata atractiva para investigación futura, especialmente en regiones donde el aumento de temperaturas coincide con altas tasas de nacimientos prematuros.

La prioridad ahora es determinar en qué poblaciones podría ser útil, con qué nivel de seguridad, bajo qué condiciones climáticas y con qué vigilancia médica. También será necesario aclarar la señal observada sobre mortalidad perinatal, porque cualquier intervención durante el embarazo debe demostrar beneficios claros sin añadir riesgos inaceptables.

El calor extremo ya forma parte del escenario sanitario. Para embarazadas y recién nacidos, sus efectos pueden ser graves incluso cuando el aumento del riesgo parece pequeño. La prevención del parto prematuro en un planeta más cálido exigirá combinar ciencia climática, obstetricia, salud pública y políticas capaces de proteger a las personas gestantes antes de que el calor se convierta en emergencia.

Fuente(s) referenciales

Medical Xpress — Low-dose aspirin may offset premature birth risk linked to extreme heat