La OMS confirmó 2.493 casos y 1.001 fallecimientos mientras el virus Bundibugyo continúa extendiéndose por varias provincias congoleñas
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
El brote de ébola declarado en mayo de 2026 provocó más de 1.000 muertes en la República Democrática del Congo y Uganda, en medio de una rápida expansión territorial y de las dificultades para contener la variante Bundibugyo. La Organización Mundial de la Salud confirmó un total conjunto de 2.493 casos y 1.001 fallecimientos en ambos países.
La República Democrática del Congo concentra la mayor parte del impacto sanitario, con 2.473 casos confirmados y 999 muertes. Uganda ha registrado otros 20 contagios y dos fallecimientos, de acuerdo con el informe general de la OMS elaborado a partir de los datos oficiales comunicados por las autoridades de ambos países.
Las nuevas cifras representan un fuerte agravamiento frente a los registros comunicados durante las primeras semanas de la emergencia. El avance puede observarse en la evolución del brote de ébola en el Congo, que anteriormente había superado los 1.000 casos y acumulaba 254 muertes.
El brote se extendió desde Ituri hacia otras provincias
El decimoséptimo brote de ébola registrado en la República Democrática del Congo fue declarado oficialmente el 15 de mayo, después de que se notificaran varias muertes en Ituri. Esta provincia del noreste del país, rica en minerales y afectada por la actividad de grupos armados, se convirtió en el foco inicial de la emergencia.
Desde Ituri, la enfermedad se propagó hacia otras cuatro provincias congoleñas. La extensión territorial complica el aislamiento de los pacientes, el seguimiento de contactos y el traslado de equipos médicos, especialmente en comunidades con acceso limitado a servicios sanitarios y en zonas donde la inseguridad dificulta las operaciones de respuesta.
La presión generada por la emergencia no se limita a la atención de los pacientes infectados. El aumento acelerado de casos también amenaza el funcionamiento de hospitales, laboratorios y servicios esenciales, una situación analizada previamente al abordar cómo el ébola amenaza los sistemas de salud del Congo.
El virus se transmite principalmente mediante el contacto directo con la sangre, secreciones u otros fluidos corporales de personas infectadas. La prevención requiere detectar rápidamente los casos, aislar a los pacientes, proteger al personal sanitario, identificar contactos y aplicar protocolos seguros durante la atención médica y los entierros.
La movilidad fronteriza mantiene el riesgo regional
La mayoría de los casos identificados en Uganda corresponde a ciudadanos congoleños que cruzaron la frontera, lo que evidencia la dimensión transfronteriza del brote. La circulación de personas entre comunidades vecinas obliga a mantener una coordinación constante entre las autoridades sanitarias de los dos países.
Uganda aseguró que llevaba tres semanas sin registrar nuevos contagios. Sin embargo, la ausencia reciente de casos no elimina la necesidad de conservar la vigilancia epidemiológica, el seguimiento de contactos y la capacidad hospitalaria ante la posibilidad de detectar nuevas infecciones vinculadas con desplazamientos desde las zonas afectadas.
La expansión regional ya había llevado a activar una alerta sanitaria por el brote en Congo y Uganda, debido a la movilidad fronteriza, la aparición de casos en diferentes territorios y las dificultades para controlar las cadenas de transmisión.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió que la emergencia se ha propagado con mayor rapidez que cualquier brote anterior de ébola. La valoración refleja la velocidad con la que aumentaron los contagios y fallecimientos desde la declaración oficial de mayo.
La variante Bundibugyo dificulta la respuesta médica
El brote está causado por el virus Bundibugyo, una variante menos frecuente del ébola para la que no existen vacunas ni tratamientos específicamente aprobados. Esta ausencia de herramientas autorizadas limita las opciones disponibles para reducir la mortalidad y proteger a las personas expuestas.
Thierno Balde, responsable de la OMS para la gestión del virus Bundibugyo en la República Democrática del Congo, reconoció que los equipos de respuesta todavía intentan alcanzar el ritmo de propagación de la enfermedad. La organización considera que el brote continúa avanzando por delante de las operaciones de control.
Las características del virus Bundibugyo y sus formas de transmisión constituyen uno de los principales desafíos de la emergencia. Las vacunas autorizadas contra otras variantes del ébola no cuentan actualmente con aprobación específica para esta especie viral.
Ensayos clínicos buscan tratamientos y vacunas
A pesar de la gravedad del escenario, la OMS informó de avances alentadores en la investigación de nuevas herramientas médicas. En las zonas afectadas se realizan ensayos sobre dos posibles tratamientos, una vacuna candidata y una estrategia de protección posexposición destinada a personas que hayan tenido contacto con el virus.
Las investigaciones todavía no equivalen a tratamientos o vacunas aprobados. Su utilización se desarrolla bajo protocolos experimentales mientras los equipos científicos evalúan su seguridad, eficacia y capacidad para reducir el riesgo de enfermedad grave o muerte.
Entre las líneas de estudio se encuentra el desarrollo de una vacuna experimental de ARN mensajero contra varios tipos de ébola, incluida la variante Bundibugyo. Estas investigaciones buscan ampliar la protección frente a especies virales que actualmente no están cubiertas por las vacunas autorizadas.
Mientras avanzan los ensayos, la respuesta continúa dependiendo de la detección temprana, el aislamiento de pacientes, el rastreo de contactos, la protección del personal sanitario y la cooperación entre la República Democrática del Congo y Uganda. La OMS mantiene la vigilancia sobre la extensión territorial del brote y la evolución de los casos en ambos lados de la frontera.

