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Alzheimer y envejecimiento alteran el cerebro de forma distinta


Un estudio de la Universidad de Lund con más de 1.000 participantes identificó patrones diferentes de conectividad cerebral y detectó cambios asociados al Alzheimer antes del deterioro cognitivo evidente


Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz


El envejecimiento normal y la enfermedad de Alzheimer modifican la comunicación entre distintas regiones del cerebro, pero no parecen hacerlo siguiendo el mismo proceso. Una investigación dirigida por científicos de la Universidad de Lund, en Suecia, identificó patrones diferenciados de reorganización de la conectividad cerebral asociados, por una parte, con la edad y, por otra, con la acumulación de patología característica del Alzheimer.

El estudio, publicado el 1 de octubre de 2026 en Nature Neuroscience, analizó principalmente datos de resonancia magnética funcional, biomarcadores de beta amiloide y tau y evaluaciones cognitivas de 973 participantes del estudio sueco BioFINDER-2. Los investigadores comprobaron posteriormente sus principales resultados utilizando una segunda cohorte independiente de 129 personas pertenecientes a la Alzheimer’s Disease Neuroimaging Initiative.

Uno de los resultados más relevantes fue que el patrón de conectividad relacionado con el Alzheimer podía observarse incluso en personas cognitivamente sanas con niveles todavía bajos de patología asociada a la enfermedad. El hallazgo no constituye por sí mismo una nueva prueba diagnóstica: los autores advierten que los patrones identificados a escala de grupo todavía deben validarse a nivel individual antes de determinar si pueden anticipar el deterioro cognitivo de una persona concreta.

La comunicación cerebral cambia siguiendo dos patrones

La conectividad funcional describe la sincronización de la actividad entre diferentes regiones del cerebro. En lugar de estudiar únicamente si dos zonas concretas aumentaban o reducían su comunicación, el equipo examinó cómo se reorganizaban simultáneamente los patrones de conectividad a través de toda la corteza cerebral.

Los investigadores encontraron que los cambios relacionados con el Alzheimer se alineaban principalmente con un eje que va desde las áreas sensoriales y motoras hasta las regiones de asociación implicadas en funciones cognitivas complejas. El envejecimiento normal, en cambio, mostró modificaciones asociadas con otro eje de organización cerebral, relacionado con sistemas representacionales y ejecutivos.

Esta diferencia sugiere que el Alzheimer no representa simplemente una versión acelerada o más intensa del envejecimiento cerebral normal. Aunque ambos procesos pueden ocurrir simultáneamente en una misma persona, la investigación indica que modifican grandes redes funcionales siguiendo direcciones diferentes.

El hallazgo aporta contexto a una cuestión relevante para distinguir enfermedad y edad. Como ha explicado Mundo de la Salud al abordar las señales de alerta del Alzheimer y los cambios cognitivos asociados al envejecimiento, olvidar ocasionalmente una información no equivale por sí solo a padecer una demencia, mientras que las alteraciones persistentes que interfieren con la autonomía requieren evaluación médica.

Los cambios del Alzheimer aparecieron antes de los síntomas

La investigación utilizó una medida continua de patología del Alzheimer basada en biomarcadores y examinó cómo se relacionaba con la organización funcional del cerebro. Los científicos encontraron que el patrón característico de reorganización podía aparecer durante etapas tempranas de acumulación patológica, cuando las personas todavía no presentaban deterioro cognitivo clínicamente detectable.

“Ya sabemos que marcadores sanguíneos como p-tau217 pueden revelar signos de la enfermedad de Alzheimer antes de que aparezcan síntomas cognitivos. Lo que nos sorprendió fue que el patrón distintivo de cambios en la comunicación cerebral ya era evidente en personas con niveles bajos de patología de Alzheimer que todavía estaban cognitivamente intactas”, explicó Jonathan Rittmo, investigador doctoral de la Universidad de Lund y primer autor del estudio.

La observación coincide con el conocimiento actual de que el proceso biológico del Alzheimer puede comenzar mucho antes de que aparezcan problemas evidentes de memoria. Mundo de la Salud ha explicado previamente cómo los cambios de beta amiloide y tau pueden desarrollarse durante una fase sin síntomas claros, un periodo que concentra buena parte de la investigación contemporánea sobre detección temprana.

Sin embargo, detectar una alteración cerebral asociada estadísticamente con la enfermedad no significa que pueda utilizarse inmediatamente para diagnosticar a un individuo. Los propios investigadores señalan que necesitan comprobar si las medidas obtenidas en personas concretas permiten predecir posteriormente quién desarrollará deterioro cognitivo.

Más de mil participantes permitieron comparar edad y patología

La cohorte principal estuvo formada por 973 participantes de BioFINDER-2 con datos de resonancia magnética funcional en reposo, beta amiloide en líquido cefalorraquídeo y estudios PET de tau. La corteza cerebral fue dividida analíticamente en 1.000 regiones para estudiar cómo se relacionaba el perfil de conectividad de cada una con el resto del cerebro.

El equipo utilizó después información de 129 participantes de la Alzheimer’s Disease Neuroimaging Initiative para comprobar si los patrones encontrados podían reproducirse en una cohorte independiente.

El análisis mostró que, a medida que aumentaba la patología del Alzheimer, las regiones cerebrales de orden superior relacionadas con funciones como la memoria tendían a presentar patrones de comunicación más similares entre sí, mientras determinadas regiones sensoriales y motoras se diferenciaban más. El envejecimiento mostró una organización distinta, con modificaciones especialmente vinculadas a sistemas relacionados con funciones ejecutivas.

Los investigadores destacan que los aumentos o disminuciones de conectividad no deberían interpretarse necesariamente como fenómenos aislados de una región. Los resultados sugieren que forman parte de reorganizaciones coordinadas de sistemas cerebrales completos.

La conectividad también se relacionó con la función cognitiva

Entre las personas con deterioro cognitivo, el patrón de conectividad identificado mostró una relación más estrecha con el rendimiento cognitivo que con la cantidad de beta amiloide y tau acumulada. Este resultado abre preguntas sobre si la reorganización funcional refleja estrés del sistema nervioso, mecanismos compensatorios o una combinación que puede variar según la fase de la enfermedad.

Los autores son prudentes en este punto. El estudio no permite establecer que los cambios de conectividad sean necesariamente perjudiciales ni que constituyan una respuesta protectora. Algunos análisis sugieren que determinadas reorganizaciones podrían contribuir a mantener funciones concretas mientras otras capacidades se deterioran.

Esta complejidad ayuda a explicar por qué las enfermedades neurodegenerativas no pueden interpretarse exclusivamente mediante una sola proteína o tipo celular. Investigaciones recientes han mostrado, por ejemplo, subtipos de microglía con posibles funciones protectoras frente al Alzheimer, reforzando una visión en la que proteínas, células inmunitarias y redes neuronales interactúan durante la progresión de la enfermedad.

También se investiga cómo la comunicación entre diferentes regiones puede influir en la distribución de las proteínas patológicas. Estudios anteriores han señalado que la arquitectura de las redes neuronales está relacionada con la propagación de tau, una de las proteínas características del Alzheimer.

Una posible herramienta para estudiar las fases tempranas

La pérdida de neuronas y la reducción del volumen de determinadas regiones cerebrales pueden hacerse especialmente evidentes en etapas relativamente avanzadas. La conectividad funcional ofrece otra perspectiva porque permite analizar cómo funciona coordinadamente el cerebro antes de que algunos cambios estructurales sean pronunciados.

Si futuras investigaciones consiguen validar los patrones a nivel individual, la resonancia funcional podría contribuir a caracterizar mejor los cambios asociados con el Alzheimer y diferenciarlos de aquellos producidos por el envejecimiento normal. También podría investigarse si estas señales permiten seguir la respuesta cerebral a determinadas intervenciones.

El campo de la detección temprana ya está incorporando diferentes herramientas. Además de las imágenes cerebrales, se estudian biomarcadores sanguíneos y técnicas PET capaces de identificar proteínas vinculadas con la enfermedad. Esta evolución forma parte del esfuerzo por reconocer indicadores que permitan caracterizar mejor el deterioro cognitivo y la demencia en poblaciones diversas.

El patrón cerebral todavía no es una prueba diagnóstica

Los resultados describen tendencias observadas en grupos de participantes y no establecen un procedimiento clínico para diagnosticar Alzheimer mediante conectividad cerebral. Antes de alcanzar esa etapa será necesario demostrar que una medida obtenida en una persona puede reproducirse de forma fiable y anticipar su evolución posterior.

Jacob Vogel, profesor asociado de la Universidad de Lund y responsable del equipo, considera que comprender las consecuencias de estos patrones podría permitir investigar en el futuro si determinadas alteraciones funcionales pueden modificarse mediante intervenciones como estimulación cerebral no invasiva, tareas cognitivas o medicamentos. Esa posibilidad sigue siendo una línea de investigación y no un tratamiento derivado del estudio actual.

La distinción entre envejecimiento y enfermedad resulta especialmente importante porque la edad constituye el principal factor de riesgo para el Alzheimer, pero la demencia no es una consecuencia inevitable de envejecer. La investigación refuerza precisamente esa diferencia: el cerebro cambia con los años, pero los cambios funcionales asociados con la patología del Alzheimer siguen una organización distinta.

Otros fenómenos neurológicos todavía difíciles de explicar, como los episodios de lucidez paradójica observados en algunas personas con demencia avanzada, también han dirigido la atención científica hacia la manera en que las redes cerebrales pueden conservar, perder o recuperar temporalmente determinadas funciones.

El siguiente paso del equipo sueco será avanzar desde los patrones poblacionales hacia medidas individuales y evaluar si permiten predecir deterioro cognitivo posterior. Solo entonces podrá determinarse si esta reorganización de la comunicación cerebral puede convertirse en un biomarcador útil para distinguir con mayor precisión el envejecimiento normal de las primeras etapas de la enfermedad.

Fuentes referenciales:
Nature Neuroscience
Universidad de Lund – MultiPark