Estado de la Salud Global

Lectura rápida de señales sanitarias globales

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RespiratoriasActividad global moderadaInfluenza y SARS-CoV-2 permanecen bajo vigilancia, con circulación desigual y detecciones humanas aisladas de virus gripales zoonóticos. Actualizado: 16 de julio de 2026.
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VacunaciónRecuperación con brechas persistentesLos programas nacionales refuerzan coberturas infantiles y respuesta frente al sarampión, aunque continúan diferencias territoriales de acceso. Actualizado: 16 de julio de 2026.
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Salud mentalMayor presión asistencialLos sistemas sanitarios priorizan prevención, atención comunitaria e integración de servicios ante una demanda sostenida de apoyo psicológico. Actualizado: 16 de julio de 2026.
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NutriciónDoble carga nutricionalDesnutrición, inseguridad alimentaria, obesidad y enfermedades metabólicas continúan coexistiendo dentro de numerosos países y grupos sociales. Actualizado: 16 de julio de 2026.
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CrónicasPrevención en primer planoCáncer, enfermedades cardiovasculares, diabetes y afecciones respiratorias crónicas concentran la agenda de diagnóstico temprano y continuidad asistencial. Actualizado: 16 de julio de 2026.
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AlertasVigilancia epidemiológica reforzadaÉbola, hantavirus, sarampión, virus del Nilo Occidental y brotes alimentarios requieren seguimiento coordinado y prevención específica. Actualizado: 16 de julio de 2026.
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InvestigaciónNuevas guías y evidencia aplicadaLa investigación internacional avanza en cáncer, deterioro cognitivo, vacunas, vigilancia genómica y tecnologías sanitarias responsables. Actualizado: 16 de julio de 2026.

TDAH en adultos: seis claves para reconocer los síntomas


Especialistas de INECO explicaron cómo distinguir las dificultades persistentes de atención, organización e impulsividad de situaciones vinculadas con el estrés, la ansiedad o el estilo de vida.


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.


Olvidar reuniones importantes, perder objetos con frecuencia, comenzar varias tareas sin terminar ninguna o calcular mal el tiempo necesario para cumplir una obligación pueden parecer consecuencias del estrés cotidiano. Sin embargo, cuando estas dificultades comenzaron durante la infancia, se mantienen en el tiempo y afectan diferentes áreas de la vida, podrían estar relacionadas con un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) no diagnosticado.

Especialistas del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO), en Argentina, advirtieron que numerosas personas llegan a la adultez sin haber recibido una evaluación adecuada. Algunas aprendieron a compensar sus dificultades, mientras que otras fueron consideradas desorganizadas, impulsivas, poco interesadas o incapaces de mantener el esfuerzo.

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo y no se limita a la dificultad para prestar atención. También puede comprometer funciones ejecutivas como la planificación, la organización, el inicio de tareas, el control de los impulsos y la regulación de la conducta de acuerdo con determinados objetivos.

Una condición que también continúa en la adultez

Durante mucho tiempo, el TDAH fue asociado casi exclusivamente con niños inquietos que tenían problemas para permanecer sentados o seguir una clase. Esa representación, sin embargo, solo describe una parte de sus posibles manifestaciones.

Muchas personas adultas no presentan una hiperactividad evidente. Sus principales dificultades pueden aparecer al organizar actividades, cumplir plazos, administrar responsabilidades, mantener la concentración o regular sus emociones.

La doctora Teresa Torralva, directora del Departamento de Neuropsicología de INECO, explicó que el trastorno afecta principalmente las funciones ejecutivas. Estas capacidades permiten establecer prioridades, iniciar acciones, organizar el tiempo y controlar respuestas impulsivas.

La investigación científica continúa analizando la diversidad de esta condición. Un trabajo difundido anteriormente identificó diferentes perfiles cerebrales en personas con TDAH, lo que refuerza la necesidad de evitar interpretaciones uniformes de un trastorno que puede manifestarse de distintas maneras.

Primera clave: observar dificultades persistentes de organización

La primera recomendación es no confundir un episodio ocasional de desorden con una dificultad constante para organizar la vida cotidiana. En una persona con TDAH pueden repetirse los olvidos de pagos o compromisos, la pérdida de objetos, los errores al calcular los tiempos y los problemas para establecer prioridades.

Estas situaciones adquieren relevancia clínica cuando interfieren en el trabajo, los estudios, las relaciones personales o el funcionamiento doméstico. Un día desorganizado no constituye una señal suficiente; el elemento central es la persistencia del patrón y su impacto acumulado.

Segunda clave: reconocer la dificultad para iniciar tareas

Algunas personas saben qué deben hacer y comprenden la importancia de una actividad, pero experimentan una gran dificultad para comenzarla. Esta sensación puede describirse como una forma de parálisis frente a tareas administrativas, académicas, laborales o domésticas.

El problema no siempre está relacionado con falta de voluntad o desconocimiento. Puede responder a alteraciones en los mecanismos que permiten iniciar, ordenar y sostener una conducta dirigida hacia un objetivo.

Tercera clave: identificar las fluctuaciones de la atención

El TDAH no implica necesariamente una incapacidad permanente para concentrarse. Algunas personas alternan períodos de gran concentración, conocidos como hiperfoco, con dificultades importantes para sostener la atención en actividades repetitivas, poco estimulantes o cuyos resultados no son inmediatos.

La atención humana depende de diferentes redes neuronales y mecanismos cerebrales. Estudios sobre cómo se origina y se controla la atención muestran que esta capacidad no funciona como un proceso único y uniforme.

Por ese motivo, una persona puede concentrarse intensamente en una actividad que le interesa y, al mismo tiempo, tener serias dificultades para completar otras obligaciones. La existencia de hiperfoco no descarta el TDAH.

Cuarta clave: diferenciar los descuidos del desconocimiento

Los errores relacionados con el TDAH pueden aparecer incluso en personas con una excelente formación o un alto nivel intelectual. Olvidos, omisiones y equivocaciones evitables no siempre se deben a la falta de conocimientos, sino a problemas para sostener la atención, revisar una actividad o seguir una secuencia organizada.

Cuando estos fallos se repiten, pueden generar frustración y afectar la valoración que la persona tiene de sus propias capacidades. En algunos casos, las consecuencias acumuladas incluyen baja autoestima, dificultades laborales, conflictos interpersonales y síntomas de ansiedad.

Quinta clave: prestar atención a la regulación emocional

La frustración intensa, la impaciencia y determinadas respuestas impulsivas también pueden formar parte de las manifestaciones asociadas al TDAH. Aunque estos signos no confirman por sí solos el trastorno, deben considerarse dentro de una evaluación completa.

La doctora Paloma Bamondez, integrante del Departamento de Psiquiatría de Adultos de INECO, señaló que muchas personas consultan inicialmente por las consecuencias del problema y no porque sospechen directamente la presencia de TDAH.

Los síntomas pueden confundirse con ansiedad, estrés, depresión u otros problemas de salud mental. Esta superposición exige una evaluación diferencial cuidadosa, debido a que el TDAH comparte algunas manifestaciones con otras condiciones. También se han advertido limitaciones en investigaciones realizadas con adultos con TDAH, especialmente cuando los estudios no consideran adecuadamente la diversidad de los pacientes y las condiciones coexistentes.

Sexta clave: revisar la historia desde la infancia

El diagnóstico no debe establecerse únicamente a partir de las dificultades presentes en la adultez. La doctora Mariana Kes, médica psiquiatra de INECO, destacó que los síntomas deben haber estado presentes desde etapas tempranas del desarrollo y ocasionar un impacto significativo en diferentes ámbitos.

La historia escolar, los relatos familiares y los antecedentes sobre organización, impulsividad, atención y conducta pueden aportar información relevante. Aunque el diagnóstico se realice muchos años después, el problema no comienza repentinamente en la vida adulta.

La investigación sobre intervenciones tempranas relacionadas con el TDAH también ha puesto el foco en la importancia de reconocer señales durante los primeros años, sin convertir comportamientos aislados en diagnósticos prematuros.

Las redes sociales no sustituyen la evaluación clínica

Los contenidos difundidos en redes sociales pueden ayudar a algunas personas a reconocer experiencias que antes no comprendían. No obstante, listas de síntomas, videos o cuestionarios en línea no permiten confirmar la presencia de TDAH.

Muchas de las manifestaciones descritas —distracción, cansancio, problemas de memoria, dificultad para concentrarse o desorganización— también pueden aparecer por falta de sueño, ansiedad, depresión, consumo de sustancias, estrés prolongado, enfermedades médicas o situaciones personales complejas.

Una evaluación especializada debe analizar la historia clínica completa, la trayectoria del desarrollo, la persistencia de los síntomas, su presencia en diferentes contextos y el grado de interferencia que producen en la vida cotidiana.

El diagnóstico no debe convertirse en una etiqueta

La doctora Andrea Abadi, directora del Departamento Infanto Juvenil de INECO, explicó que comprender el diagnóstico puede cambiar la manera en que las personas y sus familias interpretan dificultades que durante años fueron atribuidas a falta de esfuerzo, desinterés o problemas de conducta.

Identificar correctamente el trastorno permite reducir sentimientos de culpa, mejorar los vínculos y desarrollar estrategias orientadas a favorecer la autonomía. El objetivo de la evaluación no es asignar una etiqueta, sino comprender el funcionamiento de cada persona y determinar qué apoyos necesita.

El tratamiento puede combinar psicoeducación, estrategias cognitivas, psicoterapia, modificaciones del entorno y, cuando exista una indicación profesional, tratamiento farmacológico. La elección dependerá de las características clínicas, las necesidades individuales y la etapa de la vida.

INECO recomienda no minimizar dificultades persistentes, evitar el autodiagnóstico, reconstruir la historia del desarrollo y consultar con profesionales capacitados cuando los síntomas afectan de manera significativa el desempeño académico, laboral, social, familiar o emocional.

Fuente(s) referenciales

Infobae – Día Internacional del TDAH: seis claves para identificar síntomas en adultos y evitar diagnósticos erróneos