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El sobrediagnóstico por mamografía podría ser menor de lo estimado


Un nuevo metaanálisis de ocho ensayos de cribado de cáncer de mama concluye que, al considerar el seguimiento y las mamografías posteriores de los grupos de control, los datos son compatibles con un sobrediagnóstico inferior al 5 %


Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Karem Díaz S.


Una nueva investigación liderada desde Dinamarca cuestiona algunas de las estimaciones más elevadas sobre uno de los principales riesgos atribuidos al cribado del cáncer de mama: detectar mediante mamografía tumores que nunca habrían causado síntomas ni amenazado la vida de la paciente. Investigadores de la Universidad del Sur de Dinamarca, el Hospital Universitario del Sur de Dinamarca, la Universidad de Copenhague, Queen Mary University of London y la American Cancer Society concluyen que los ensayos aleatorizados disponibles son compatibles con un sobrediagnóstico inferior al 5 % cuando se analizan teniendo en cuenta cómo y durante cuánto tiempo fueron examinadas las participantes.

El trabajo, publicado el 14 de septiembre de 2026 en JNCI: Journal of the National Cancer Institute, reanalizó los ensayos aleatorizados históricos de mamografía mediante un marco metodológico común y utilizó como referencia la experiencia de los programas poblacionales de cribado desarrollados en Dinamarca.

El resultado no significa que el sobrediagnóstico haya desaparecido ni que todas las mujeres obtengan necesariamente el mismo balance entre beneficios y riesgos de una mamografía. Los autores sostienen específicamente que parte de las grandes diferencias observadas entre estimaciones anteriores puede explicarse por la forma en que se contabilizaron las mamografías realizadas posteriormente en los grupos de control, el número de rondas de cribado y el tiempo de seguimiento.

El sobrediagnóstico no equivale a un falso positivo

El sobrediagnóstico ocurre cuando el cribado identifica un cáncer real que, de no haberse descubierto, nunca habría producido síntomas o problemas durante la vida de la persona. Por tanto, es diferente de un resultado falso positivo, en el que una prueba inicialmente sospechosa termina demostrando que no existe cáncer.

Esta distinción tiene consecuencias importantes. Una mujer con un cáncer sobrediagnosticado puede recibir cirugía, radioterapia, tratamiento hormonal u otras intervenciones para una lesión que nunca habría afectado su salud si hubiese permanecido sin detectar. El problema es que, una vez diagnosticado un tumor, normalmente no puede saberse con absoluta certeza cuál habría sido su evolución sin tratamiento.

La dificultad para diferenciar lesiones peligrosas de aquellas que podrían permanecer estables constituye una de las cuestiones centrales de la detección temprana. Investigadores españoles han intentado abordar precisamente este problema mediante un marcador destinado a distinguir lesiones mamarias con capacidad de progresar hacia un tumor, una línea de investigación diferente pero relacionada con la necesidad de evitar intervenciones innecesarias.

Las estimaciones anteriores iban desde casi cero hasta el 50 %

La magnitud del sobrediagnóstico por mamografía ha sido objeto de debate durante décadas. Según el nuevo artículo, las estimaciones obtenidas a partir de ensayos aleatorizados han oscilado aproximadamente entre el 0 % y el 50 %.

Una diferencia tan amplia dificulta explicar a las mujeres cuál es realmente la probabilidad de que el cribado encuentre un tumor que nunca habría llegado a perjudicarlas. También puede influir en recomendaciones sanitarias, materiales informativos y decisiones individuales sobre la participación en programas de detección.

Los investigadores plantearon que parte de esta disparidad podía proceder de inconsistencias metodológicas y no necesariamente de diferencias biológicas tan grandes entre las poblaciones estudiadas.

Para examinarlo, realizaron un análisis unificado de los ensayos aleatorizados disponibles y compararon sus patrones de incidencia acumulada de cáncer de mama con los observados en un programa poblacional de cribado de la isla danesa de Fionia.

Ocho ensayos históricos fueron reanalizados

El equipo incluyó los ocho grandes ensayos de mamografía considerados en este campo: New York Health Insurance Plan, Malmö, Two-County, Edinburgh, Canadian National Breast Screening Study, Stockholm, Gothenburg y UK Age.

El análisis comprendió tanto cáncer de mama invasivo como carcinoma ductal in situ, una proliferación de células anormales confinada a los conductos mamarios que en algunos casos puede progresar y en otros permanecer sin convertirse en enfermedad invasiva.

Los investigadores evaluaron tres aspectos capaces de modificar sustancialmente una estimación de sobrediagnóstico: si las mujeres del grupo de control recibieron mamografías posteriormente, cuántas rondas de cribado fueron ofrecidas a cada grupo y cuánto tiempo continuó el seguimiento después de finalizar la fase activa del ensayo.

La mamografía continúa siendo la técnica central de numerosos programas de cribado, aunque se investigan métodos complementarios. Entre ellos se encuentra una técnica de imagen mamaria asistida por inteligencia artificial que combina señales ópticas y ultrasónicas, cuyo desempeño clínico todavía necesita seguir evaluándose antes de plantear cambios amplios en los programas poblacionales.

El momento en que aparece un cáncer cambia la interpretación

El cribado altera temporalmente la incidencia observada porque encuentra algunos tumores antes del momento en que habrían sido diagnosticados clínicamente. Cuando comienza un programa de mamografías, es esperable que inicialmente aumente el número de cánceres detectados.

Ese incremento temprano no puede considerarse automáticamente sobrediagnóstico. Parte de los tumores encontrados durante la primera fase del cribado habrían aparecido posteriormente en las mujeres que no fueron examinadas.

Con suficiente seguimiento, el grupo que inicialmente no fue sometido a cribado debería acumular algunos de esos diagnósticos más tarde, reduciendo la diferencia entre ambos grupos. Este fenómeno es una de las razones por las que la duración del seguimiento resulta crítica para calcular cuántos tumores representan realmente diagnósticos adicionales que nunca habrían aparecido clínicamente.

La interpretación se complica todavía más cuando las participantes asignadas originalmente al grupo de control comienzan posteriormente a recibir mamografías, algo que ocurrió en varios de los ensayos históricos después de finalizar su fase aleatorizada o cuando se implantaron programas rutinarios de cribado.

Los grupos de control también recibieron mamografías

Una de las decisiones metodológicas del nuevo análisis fue reclasificar como examinados aquellos grupos de control que posteriormente recibieron una mamografía de salida o comenzaron a participar en programas de cribado.

Si esas exposiciones posteriores no se consideran adecuadamente, la comparación deja de representar estrictamente a un grupo sometido a cribado frente a otro que nunca lo recibió.

El número de rondas también importa. Un grupo invitado repetidamente a realizarse mamografías dispone de más oportunidades para detectar anticipadamente un cáncer que otro sometido a un número menor de exámenes.

Por último, un seguimiento demasiado corto puede capturar el aumento inicial de diagnósticos en el grupo sometido a cribado sin esperar el tiempo suficiente para observar los cánceres que posteriormente aparecen en el grupo comparador.

Dinamarca ofreció un escenario para estudiar el efecto a largo plazo

Los investigadores utilizaron los datos daneses como referencia porque el país presentó una circunstancia particular: algunas regiones introdujeron el cribado organizado del cáncer de mama entre 14 y 17 años antes que otras.

Esa diferencia permitió observar cómo evolucionaba la incidencia en poblaciones invitadas y no invitadas al cribado durante periodos prolongados.

El nuevo metaanálisis comparó los patrones observados en los ensayos históricos con los que cabría esperar según la experiencia poblacional de Fionia. A través de 52 puntos temporales, los investigadores analizaron 73 estimaciones de proporciones relativas de incidencia acumulada.

Según el artículo, los valores observados coincidieron estrechamente con los esperados utilizando el patrón danés, tanto al analizar el cáncer invasivo como al incorporar el carcinoma ductal in situ. La mayoría de los intervalos de confianza del 95 % de las estimaciones observadas se superpusieron con los valores esperados.

Los resultados son compatibles con un sobrediagnóstico inferior al 5 %

Tras considerar las mamografías posteriores en los grupos de control y las diferencias en el seguimiento, los autores concluyeron que los patrones de exceso de incidencia encontrados en los ensayos son compatibles con un nivel muy bajo de sobrediagnóstico, inferior al 5 %.

Esto contrasta con interpretaciones de determinados ensayos que habían situado el problema entre el 30 % y el 50 %. Los investigadores no sostienen que esos estudios carezcan de valor, sino que proponen reinterpretar sus cifras dentro de la secuencia temporal completa del cribado.

Sisse Helle Njor, profesora de programas poblacionales de cribado de cáncer de la Universidad del Sur de Dinamarca y del Hospital Universitario del Sur de Dinamarca, explicó que el propósito era reunir la evidencia de los ensayos aleatorizados y calcular el sobrediagnóstico considerando simultáneamente las mamografías realizadas en los grupos de control, el número de rondas y el periodo de seguimiento.

El hallazgo tampoco elimina la necesidad de seguir perfeccionando la detección. La investigación continúa buscando herramientas capaces de aportar más información a partir de las imágenes existentes; por ejemplo, algoritmos de inteligencia artificial han utilizado mamografías rutinarias para estudiar también indicadores asociados con el riesgo cardiovascular, aunque estas aplicaciones adicionales requieren validación antes de incorporarse de manera generalizada.

El estudio no demuestra que el riesgo sea idéntico para todas

La cifra inferior al 5 % debe interpretarse como una estimación poblacional derivada del marco analítico utilizado y no como la probabilidad individual de cada mujer que participa en un programa de cribado.

El balance entre beneficios y posibles daños puede variar con la edad, antecedentes familiares, densidad mamaria, riesgo genético, enfermedades coexistentes y expectativa de vida. La frecuencia y edad recomendadas para las mamografías también difieren entre países y organizaciones sanitarias.

Además, el nuevo estudio es un reanálisis de investigaciones existentes, no un ensayo contemporáneo en el que nuevas participantes hayan sido asignadas a diferentes estrategias de cribado. Los ensayos incluidos se realizaron en distintos periodos, con tecnologías, intervalos y poblaciones que no son idénticos a los actuales.

Los propios autores señalan que algunas desviaciones observadas en los primeros periodos de los ensayos podrían estar relacionadas con información incompleta en los informes originales.

La detección del cáncer de mama tampoco se limita a las mujeres. Aunque no existe cribado poblacional mediante mamografía para hombres con riesgo promedio, el cáncer de mama masculino también requiere evaluación de bultos, alteraciones del pezón y otros signos persistentes, especialmente cuando existen antecedentes hereditarios relevantes.

Detectar antes y evitar tratamientos innecesarios son objetivos compatibles

El debate sobre sobrediagnóstico no plantea necesariamente una elección entre detectar el cáncer precozmente o evitar tratamientos innecesarios. Ambos objetivos forman parte de la misma búsqueda de mayor precisión en la prevención oncológica.

La mamografía intenta encontrar tumores en una etapa en la que el tratamiento pueda ser más eficaz. Al mismo tiempo, la investigación molecular y de imagen intenta identificar qué lesiones representan una amenaza real y cuáles tienen una probabilidad muy baja de progresar.

Esta distinción resulta particularmente importante con alteraciones tempranas como el carcinoma ductal in situ. El diagnóstico describe células anormales confinadas dentro de los conductos, pero existe heterogeneidad biológica entre lesiones y no todas presentan necesariamente la misma trayectoria.

El desarrollo de marcadores biológicos, modelos de riesgo y técnicas de imagen más precisas podría permitir en el futuro adaptar mejor la intensidad del seguimiento y del tratamiento, aunque estas herramientas deben demostrar su utilidad clínica antes de modificar las decisiones asistenciales.

La nueva estimación busca mejorar las decisiones informadas

Los autores consideran que estimar correctamente el sobrediagnóstico es importante tanto para las políticas sanitarias como para la conversación entre profesionales y pacientes. Una cifra artificialmente elevada podría hacer que algunas mujeres sobreestimen los posibles daños del cribado, mientras minimizar completamente el problema impediría explicar de manera adecuada sus riesgos.

El estudio no propone abandonar el consentimiento informado ni presentar la mamografía como una intervención sin efectos adversos. Los falsos positivos, las pruebas adicionales, las biopsias y el sobrediagnóstico continúan formando parte de los posibles daños que deben valorarse junto con el beneficio de detectar cánceres clínicamente importantes en etapas tempranas.

La investigación aparece además en un contexto de avances rápidos en oncología. Un balance reciente mostró que la mortalidad por cáncer ha disminuido mientras la incidencia mundial podría crecer considerablemente hacia 2050, lo que refuerza la necesidad de combinar prevención, detección temprana y tratamientos cada vez más precisos.

El nuevo análisis danés aporta una revisión metodológica a una controversia de larga duración. Sus resultados sostienen que, cuando los ensayos de mamografía se interpretan teniendo en cuenta las exposiciones posteriores al cribado y el tiempo necesario para que aparezcan diagnósticos en los grupos comparadores, el exceso de cánceres observado es compatible con un sobrediagnóstico inferior al 5 %, considerablemente menor que algunas estimaciones históricas.

Fuentes referenciales:
JNCI: Journal of the National Cancer Institute
University of Southern Denmark
PubMed