La miel puede reducir la tos, la solución salina ofrece alivio nasal y el zinc podría acortar el cuadro en algunos casos, aunque ninguna de estas medidas sustituye la evaluación médica cuando aparecen señales de alarma
Redactor: Luis Ortega
Editor: Eduardo Schmitz
El resfriado común suele resolverse por sí solo y no dispone de una cura específica, pero algunas medidas utilizadas tradicionalmente en casa cuentan con evidencia clínica que respalda su capacidad para aliviar determinados síntomas. La miel para la tos, las soluciones salinas para las molestias nasales y algunas formulaciones orales de zinc se encuentran entre las alternativas estudiadas, aunque el grado de certeza y la magnitud del beneficio no son iguales para las tres.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) recuerdan que diferentes virus respiratorios pueden provocar un resfriado y que los síntomas suelen alcanzar su mayor intensidad durante los primeros dos o tres días. Congestión o secreción nasal, tos, estornudos, dolor de garganta, cefalea y dolores corporales leves forman parte de las manifestaciones habituales.
La mayoría de las personas no necesita un tratamiento específico y mejora con el tiempo. Descansar y mantener una hidratación adecuada continúan siendo medidas básicas durante la recuperación, una recomendación que coincide con el análisis de qué conviene comer y beber durante un resfriado o un episodio febril.
La miel tiene evidencia para reducir la tos
Entre los remedios domésticos analizados científicamente, la miel dispone de uno de los respaldos más consistentes para el alivio de la tos asociada con infecciones respiratorias altas. Una revisión sistemática y metaanálisis realizada por investigadores de la Universidad de Oxford examinó 14 estudios y encontró que la miel fue superior al cuidado habitual para mejorar el conjunto de síntomas, además de reducir la frecuencia y la intensidad de la tos.
Los autores advirtieron, sin embargo, que todavía se necesitan ensayos controlados con placebo de mayor calidad. El resultado tampoco significa que la miel elimine el virus responsable de la infección: su utilidad se concentra principalmente en el control sintomático.
Los CDC incluyen la miel entre las medidas que pueden emplearse para aliviar la tos en adultos y niños a partir de un año. La restricción por edad es fundamental: los menores de 12 meses no deben consumir miel debido al riesgo de botulismo infantil.
La tos es un mecanismo defensivo de las vías respiratorias y aparece en numerosas enfermedades, no solamente en los catarros. Investigaciones sobre el papel de las neuronas del nervio vago en la respuesta respiratoria frente a la gripe han mostrado la complejidad de los mecanismos que intervienen tanto en el reflejo de la tos como en la respuesta del organismo frente a las infecciones.
La solución salina puede aliviar las molestias nasales
Las gotas, aerosoles y lavados con solución salina constituyen otra alternativa para reducir las molestias producidas por la congestión y las secreciones nasales. Los CDC recomiendan el uso de solución salina nasal como una de las opciones de autocuidado durante el resfriado.
Una revisión Cochrane examinó cinco ensayos controlados aleatorizados sobre irrigación nasal con solución salina en infecciones agudas de las vías respiratorias superiores. En total, los estudios incorporaron 749 participantes, aunque solo 565 aportaron datos analizables.
La evidencia no mostró beneficios importantes y uniformes en todos los resultados. Sin embargo, el ensayo de mayor tamaño, realizado en niños, encontró pequeñas mejoras en la secreción y la obstrucción nasal y una reducción del uso de descongestionantes. Los autores concluyeron que la irrigación salina podría ofrecer cierto alivio, pero calificaron la evidencia disponible como limitada debido al tamaño y calidad de los estudios.
El alivio de la congestión puede resultar especialmente útil porque la nariz no funciona únicamente como conducto para el aire. Su estructura participa en la filtración y humidificación de cada inhalación, como explica un análisis sobre las funciones protectoras de la respiración nasal.
Cuando se utiliza un dispositivo de irrigación nasal, la calidad del agua es una cuestión de seguridad. Debe emplearse agua destilada, estéril o previamente hervida y después enfriada siguiendo las indicaciones adecuadas del dispositivo; no es recomendable llenar estos sistemas directamente con agua corriente sin tratar.
El zinc muestra un posible beneficio, pero la evidencia es menos firme
El zinc es el más controvertido de los tres recursos. Una revisión Cochrane publicada en 2024 analizó 34 estudios controlados aleatorizados realizados en 13 países. Cuando se utilizó como tratamiento de un resfriado ya establecido, el análisis estimó una reducción media de aproximadamente 2,4 días en la duración del cuadro frente al placebo.
Sin embargo, la certeza de esa evidencia fue baja y existió una elevada heterogeneidad entre los estudios. Las investigaciones utilizaron diferentes formulaciones, dosis y vías de administración, por lo que los autores consideraron insuficiente la evidencia para formular conclusiones firmes sobre cuál es el régimen óptimo.
La revisión también encontró que el zinc utilizado como tratamiento probablemente aumenta los efectos adversos no graves. Entre los problemas descritos con suplementos orales pueden aparecer mal sabor, náuseas y otras molestias gastrointestinales.
Otros análisis han defendido un beneficio mayor con determinadas pastillas de acetato o gluconato de zinc administradas durante las primeras etapas del resfriado. Esta discrepancia entre revisiones refuerza la necesidad de no interpretar el zinc como una intervención de eficacia uniforme independientemente de la formulación y la dosis.
Además, los productos intranasales con zinc requieren una consideración diferente. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos recibió más de 130 reportes de anosmia relacionados con determinados productos intranasales de zinc y en 2009 actuó contra esos preparados por el riesgo de pérdida del olfato.
La prudencia con suplementos y medicamentos es especialmente importante porque sustancias aparentemente cotidianas también pueden interactuar con tratamientos para síntomas respiratorios. Por ejemplo, la cafeína puede potenciar efectos de algunos medicamentos utilizados contra el resfriado, particularmente cuando se combina con descongestionantes estimulantes como la pseudoefedrina.
Descanso e hidratación siguen siendo parte central del cuidado
Ninguno de estos recursos reemplaza las medidas generales. Los CDC recomiendan descansar suficientemente, beber líquidos, utilizar un humidificador limpio o vaporizador de aire frío y recurrir, cuando resulte apropiado, a solución salina, miel y otras intervenciones destinadas al alivio temporal de los síntomas.
Los antibióticos no curan el resfriado porque este es causado por virus. Utilizarlos sin una infección bacteriana que justifique su indicación no acelera la recuperación y expone innecesariamente a efectos adversos y al problema de la resistencia antimicrobiana.
También es importante no asumir que cualquier tos, congestión o fiebre corresponde necesariamente a un catarro. Los mismos síntomas iniciales pueden presentarse en gripe, COVID-19 y otras infecciones respiratorias. La circulación simultánea de catarros, gripe, bronquiolitis y otros cuadros respiratorios muestra por qué el contexto clínico y la evolución de los síntomas resultan importantes, especialmente en niños pequeños.
Cuándo un supuesto resfriado requiere consulta
La dificultad para respirar o una respiración acelerada, la deshidratación, una fiebre que persiste durante más de cuatro días, los síntomas que superan los diez días sin mejorar o un cuadro que inicialmente mejora y posteriormente vuelve a empeorar son motivos para buscar atención médica, según los CDC.
Las personas con mayor riesgo de enfermedad grave por gripe o COVID-19 deberían consultar tempranamente cuando presentan síntomas compatibles, porque existen tratamientos antivirales para esas infecciones cuya eficacia depende en parte de iniciarlos poco después del comienzo del cuadro.
En los niños, la vigilancia debe ser especialmente cuidadosa. La dificultad respiratoria, el rechazo persistente de líquidos o un deterioro evidente requieren valoración sanitaria. Asimismo, la tos y la mucosidad por sí solas no permiten distinguir una neumonía infantil de otras infecciones respiratorias, por lo que los signos de gravedad no deben manejarse exclusivamente con remedios domésticos.
La evidencia disponible permite así diferenciar entre aliviar síntomas y tratar la causa. La miel puede ayudar principalmente frente a la tos, la solución salina puede proporcionar un alivio modesto de las molestias nasales y determinadas formulaciones de zinc podrían reducir la duración del resfriado, aunque con mayor incertidumbre y posibles efectos adversos. Ninguna de estas intervenciones convierte un remedio doméstico en sustituto de una evaluación profesional cuando el cuadro se prolonga, empeora o presenta señales de alarma.
Fuentes referenciales:
Infobae
Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades
BMJ Evidence-Based Medicine
Cochrane – Irrigación nasal con solución salina
Cochrane – Zinc para la prevención y tratamiento del resfriado común

