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Una nueva prueba sanguínea distingue mejor el Alzheimer de la ELA


Investigadores de Alemania desarrollaron un procedimiento que identifica formas de la proteína tau procedentes del cerebro y reduce las interferencias de otros tejidos. El método mejoró la diferenciación entre ambas enfermedades en un estudio publicado en Nature Communications.


Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Karem Díaz S.


Un equipo de investigadores de la Universidad de Medicina de Halle, en Alemania, ha desarrollado un método de análisis sanguíneo que permite distinguir con mayor precisión la enfermedad de Alzheimer de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), dos trastornos neurológicos que pueden producir alteraciones en algunos de los mismos biomarcadores. El avance consiste en incorporar una etapa adicional de separación molecular para identificar específicamente las formas de la proteína tau que proceden del cerebro.

La investigación, publicada el 22 de octubre de 2026 en la revista científica Nature Communications y difundida por la institución alemana el 26 de octubre, analizó muestras sanguíneas de 315 participantes procedentes de centros neurológicos de Alemania e Italia.

Los resultados mostraron que una prueba convencional basada en la proteína tau fosforilada en la posición 217, conocida como p-tau217, podía presentar valores elevados tanto en pacientes con Alzheimer como en personas con ELA. Sin embargo, después de incorporar una etapa de aislamiento de la tau de origen cerebral, las concentraciones del biomarcador permanecieron elevadas principalmente en los pacientes con Alzheimer.

La investigación fue dirigida por Markus Otto, director del Departamento de Neurología de la Universidad de Medicina de Halle. El primer autor del estudio es Samir Abu-Rumeileh, neurólogo e investigador de la misma institución.

El hallazgo podría ayudar a reducir resultados falsamente positivos en determinadas pruebas sanguíneas utilizadas para investigar la enfermedad de Alzheimer, especialmente cuando los pacientes presentan trastornos neuromusculares capaces de alterar los niveles circulantes de tau.

No obstante, se trata de un procedimiento todavía experimental que necesita estandarización y validación en poblaciones independientes antes de incorporarse de manera generalizada a la práctica clínica.

El problema de los falsos positivos en las pruebas de Alzheimer

El diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer ha experimentado importantes cambios gracias al desarrollo de biomarcadores capaces de detectar alteraciones biológicas relacionadas con la enfermedad.

Entre los más estudiados se encuentra p-tau217, una forma modificada de la proteína tau cuya concentración en sangre puede aumentar cuando existen determinados procesos patológicos asociados con el Alzheimer.

Las pruebas sanguíneas representan una alternativa potencialmente menos invasiva y más accesible que otros procedimientos utilizados para investigar estas alteraciones, como las tomografías por emisión de positrones o el análisis del líquido cefalorraquídeo.

Su utilidad, sin embargo, depende de que puedan distinguir correctamente las señales asociadas con la enfermedad de otras alteraciones biológicas.

En este contexto, la autorización de nuevos análisis sanguíneos basados en p-tau217 ha ampliado las herramientas disponibles para apoyar la evaluación de pacientes con deterioro cognitivo.

El problema identificado por los investigadores de Halle es que algunas pruebas convencionales pueden medir formas de tau que no proceden exclusivamente del cerebro.

En determinadas enfermedades neurológicas o musculares, estas proteínas también pueden alcanzar la circulación sanguínea y elevar el resultado de un análisis.

Esto puede generar dificultades para interpretar un resultado positivo, particularmente cuando la historia clínica no coincide con los síntomas habituales del Alzheimer.

La esclerosis lateral amiotrófica reveló una limitación diagnóstica

El punto de partida de la investigación fue una observación realizada previamente por especialistas de la Universidad de Medicina de Halle.

En 2025, el equipo había comprobado que algunos pacientes con esclerosis lateral amiotrófica presentaban concentraciones sanguíneas elevadas de p-tau217, pese a que esta enfermedad afecta principalmente a las neuronas motoras.

La ELA provoca una degeneración progresiva de las células nerviosas encargadas de controlar los movimientos voluntarios y puede afectar funciones como caminar, hablar, tragar y respirar.

Su evolución clínica y sus mecanismos principales son diferentes de los característicos del Alzheimer, aunque ambas pertenecen al amplio grupo de enfermedades neurodegenerativas.

La posibilidad de encontrar valores elevados de p-tau217 en ambas condiciones planteó una pregunta importante: ¿las pruebas sanguíneas estaban detectando exclusivamente proteínas relacionadas con alteraciones cerebrales o también moléculas liberadas por tejidos periféricos?

La respuesta requería examinar con mayor detalle las distintas formas de la proteína tau.

El problema tiene relevancia clínica porque la esclerosis lateral amiotrófica presenta manifestaciones neurológicas complejas y exige una evaluación especializada para distinguirla de otras enfermedades del sistema nervioso.

Un biomarcador que aumenta en diferentes condiciones no necesariamente carece de utilidad, pero su interpretación puede requerir información adicional para evitar conclusiones equivocadas.

La proteína tau existe en diferentes formas dentro del organismo

La proteína tau participa en funciones relacionadas con la estructura y estabilidad de las células nerviosas.

Sin embargo, no todas las formas de esta proteína son idénticas ni se distribuyen de la misma manera por el organismo.

Los investigadores distinguieron dos grandes grupos de variantes moleculares.

Por una parte, existen formas relativamente pequeñas, denominadas tau derivada del cerebro o BD-tau, que predominan en el sistema nervioso central.

Por otra, se encuentra una variante de mayor tamaño conocida como big tau, presente principalmente en estructuras del sistema nervioso periférico y en otros tejidos.

Estas diferencias se relacionan con la manera en que las células procesan la información genética para producir distintas versiones de una misma proteína.

El problema es que determinados análisis comerciales de p-tau217 reconocen regiones moleculares compartidas por varias formas de tau.

Como consecuencia, pueden detectar señales procedentes tanto del sistema nervioso central como de tejidos periféricos.

Markus Otto explicó que esta falta de diferenciación puede provocar que un aumento de p-tau217 se interprete erróneamente como indicio de Alzheimer cuando existe una enfermedad muscular o nerviosa que contribuye a elevar sus concentraciones.

El nuevo estudio buscó resolver esa limitación mediante un procedimiento capaz de seleccionar específicamente las variantes de origen cerebral antes de realizar la medición.

Una etapa adicional con anticuerpos permite aislar la tau cerebral

El método desarrollado en Halle utiliza un procedimiento de dos etapas.

En la primera, los investigadores emplean un anticuerpo específico para capturar las formas de tau derivadas del cerebro presentes en la muestra sanguínea.

La técnica se conoce como inmunoprecipitación y permite separar determinadas moléculas mediante su reconocimiento por anticuerpos.

En este caso, los científicos utilizaron partículas magnéticas funcionalizadas con anticuerpos para recuperar selectivamente las variantes cerebrales de tau y reducir la interferencia de otras formas presentes en la sangre.

Posteriormente, las proteínas aisladas se sometieron a mediciones mediante inmunoensayos sensibles, incluidos análisis de p-tau217.

La diferencia respecto de un procedimiento convencional es que la segunda medición se realiza sobre una fracción previamente seleccionada de proteínas, en lugar de analizar directamente todas las formas reconocibles de tau presentes en la muestra.

El objetivo no es aumentar indiscriminadamente la cantidad de biomarcador detectado, sino mejorar la especificidad de su procedencia biológica.

Esta distinción resulta fundamental porque un análisis sanguíneo puede detectar correctamente una proteína y, aun así, conducir a una interpretación clínica equivocada si esa molécula también aparece elevada por otras causas.

El estudio incluyó 315 participantes de Alemania e Italia

Los investigadores analizaron muestras de tres grupos de participantes.

El primero estuvo formado por 101 personas con enfermedad de Alzheimer.

El segundo incluyó 139 pacientes con esclerosis lateral amiotrófica.

El tercer grupo reunió 75 participantes utilizados como controles.

Las muestras procedían de centros neurológicos situados en Halle y Mannheim, Alemania, y Milán, Italia.

El equipo comparó los resultados obtenidos mediante los inmunoensayos convencionales con los registrados después de aplicar la etapa adicional de aislamiento de tau cerebral.

En el análisis directo, los valores de p-tau217 aparecieron elevados tanto en el grupo con Alzheimer como en el grupo con ELA, en comparación con los controles.

Cuando se aplicó la separación selectiva, el comportamiento cambió: los biomarcadores de origen cerebral se mantuvieron elevados en el grupo con Alzheimer, pero no mostraron el mismo aumento significativo en los participantes con ELA.

La comparación más detallada del procedimiento semiautomatizado se realizó en un subgrupo de 149 personas: 60 con Alzheimer, 50 con ELA y 39 controles.

Esta precisión es importante porque los resultados generales del estudio proceden de 315 participantes, pero determinadas estimaciones de rendimiento diagnóstico corresponden a una muestra más reducida.

La capacidad de distinguir Alzheimer y ELA mejoró notablemente

Los resultados publicados en Nature Communications permiten cuantificar la mejoría obtenida mediante el nuevo procedimiento.

Los investigadores evaluaron el rendimiento diagnóstico utilizando el área bajo la curva ROC, conocida como AUC, una medida estadística que resume la capacidad de una prueba para distinguir entre dos grupos.

Un valor de 0,5 representa una discriminación equivalente al azar, mientras que un valor de 1 indica una separación perfecta dentro de las condiciones evaluadas.

En la comparación entre pacientes con Alzheimer y personas con ELA, la medición convencional de p-tau217 alcanzó un AUC de 0,729.

Después de incorporar el aislamiento de tau cerebral, el valor aumentó hasta 0,900.

Los investigadores también evaluaron la relación entre las concentraciones de tau cerebral y tau cerebral fosforilada.

Esta combinación alcanzó un AUC de 0,961 en la diferenciación entre Alzheimer y ELA dentro del subgrupo estudiado.

Los resultados muestran una mejor capacidad de discriminación estadística en esa comparación específica.

Sin embargo, un AUC elevado no equivale automáticamente a una exactitud del mismo porcentaje en todos los pacientes ni garantiza que la prueba funcione de igual manera en poblaciones clínicas más amplias.

La utilidad definitiva dependerá de establecer umbrales diagnósticos, evaluar resultados falsos positivos y negativos y comprobar su funcionamiento en personas con otras enfermedades que puedan alterar las concentraciones de tau.

Los análisis de tejidos confirmaron diferencias entre las variantes de tau

Para comprender por qué funcionaba el procedimiento, los investigadores no se limitaron a comparar muestras de sangre.

También examinaron proteínas presentes en tejidos cerebrales, médula espinal y músculo mediante técnicas de espectrometría de masas.

Este método permite identificar componentes moleculares específicos y distinguir variantes de proteínas con características estructurales diferentes.

Los análisis mostraron una distribución distinta de las formas de tau según el tejido estudiado.

En el cerebro predominaban las variantes pequeñas asociadas con el sistema nervioso central.

En los tejidos periféricos aumentaba la presencia de big tau, y en las muestras musculares la forma fosforilada detectada correspondía a esta variante de mayor tamaño.

Estos resultados aportan una explicación biológica para los valores elevados de p-tau217 que pueden observarse en personas con ELA mediante determinados análisis convencionales.

La señal sanguínea no necesariamente procede de las mismas estructuras que están afectadas por la enfermedad de Alzheimer.

Por ello, seleccionar las formas cerebrales antes de medirlas permite reducir una fuente concreta de interferencia diagnóstica.

Un diagnóstico más preciso puede influir en las decisiones terapéuticas

La identificación correcta de la enfermedad de Alzheimer ha adquirido mayor importancia con la aparición de tratamientos dirigidos contra determinadas alteraciones biológicas cerebrales.

Entre ellos se encuentran medicamentos basados en anticuerpos monoclonales que actúan sobre depósitos de beta-amiloide y están destinados a grupos seleccionados de pacientes en fases tempranas.

Estas terapias requieren una evaluación clínica cuidadosa y la confirmación de criterios específicos antes de considerar su administración.

Un resultado sanguíneo incorrectamente interpretado podría conducir a pruebas complementarias innecesarias o a una selección inadecuada de pacientes para estudios posteriores.

En Europa, la incorporación de tratamientos como lecanemab y donanemab también ha intensificado el interés por mejorar la precisión de las herramientas diagnósticas.

Samir Abu-Rumeileh considera que la nueva técnica podría utilizarse como una prueba complementaria cuando un resultado convencional de p-tau217 no coincide con las características clínicas del paciente.

Por ejemplo, podría ayudar a aclarar determinadas situaciones en las que una enfermedad muscular o del sistema nervioso periférico esté contribuyendo a elevar el biomarcador.

La propuesta no consiste en sustituir automáticamente todos los análisis existentes, sino en incorporar una evaluación más específica cuando exista una razón clínica para sospechar interferencias.

El hallazgo también puede aportar información sobre la ELA

Aunque la investigación se orientó principalmente a mejorar la diferenciación diagnóstica del Alzheimer, sus resultados también podrían resultar útiles para estudiar la esclerosis lateral amiotrófica.

La presencia de formas periféricas de tau en sangre plantea la posibilidad de investigar si estas proteínas reflejan determinados procesos de daño muscular o nervioso.

En el futuro, los científicos podrían estudiar si las concentraciones de big tau permiten seguir cambios relacionados con la evolución de la ELA.

Sin embargo, esa aplicación todavía no está demostrada.

Los autores encontraron algunas asociaciones entre determinados biomarcadores y características clínicas de los pacientes con ELA, pero no establecieron que la nueva prueba permita predecir de manera fiable la progresión individual de la enfermedad.

La investigación sobre enfermedades neurodegenerativas está avanzando hacia una comprensión más detallada de los mecanismos compartidos y las diferencias biológicas entre diagnósticos.

En ese contexto, las investigaciones sobre la relación entre el sistema inmunitario y la neurodegeneración representan otra línea de estudio que intenta explicar procesos presentes en enfermedades como Alzheimer, Parkinson y ELA.

El nuevo trabajo alemán aborda una dimensión diferente: determinar de qué tejido proceden las proteínas que se detectan en los análisis y cómo esa información modifica su interpretación.

La prueba todavía necesita validación clínica independiente

Los investigadores destacan que el procedimiento debe superar varias etapas antes de utilizarse de forma generalizada.

Una de ellas consiste en estandarizar el proceso de separación molecular para garantizar que diferentes laboratorios obtengan resultados comparables.

También será necesario comprobar su rendimiento en grupos más amplios y diversos, incluidos pacientes con otras enfermedades neurológicas, musculares y sistémicas.

Otra limitación es que las comparaciones principales se realizaron en cohortes seleccionadas de personas con diagnósticos establecidos.

El comportamiento de la prueba podría ser diferente en consultas donde los pacientes presentan síntomas iniciales, diagnósticos inciertos o varias enfermedades simultáneas.

Además, aunque el procedimiento mejoró la diferenciación entre Alzheimer y ELA, no demostró una superioridad equivalente en todas las comparaciones diagnósticas realizadas.

Por ejemplo, la capacidad de distinguir Alzheimer de los controles no mejoró significativamente en todas las evaluaciones después de incorporar la etapa adicional.

Esto indica que el principal beneficio identificado se relaciona con la reducción de interferencias procedentes de determinadas formas periféricas de tau.

Los resultados tampoco justifican utilizar la prueba como examen general de detección de Alzheimer en personas sin síntomas.

Un estudio publicado en Nature Communications en octubre de 2026

La investigación se titula «Tau isoform mapping across tissues and biofluids reveals a signature distinguishing Alzheimer’s disease from amyotrophic lateral sclerosis».

El trabajo fue publicado el 22 de octubre de 2026 en Nature Communications, volumen 17, artículo 10745, y difundido posteriormente por la Universidad de Medicina de Halle.

El primer autor es Samir Abu-Rumeileh y el investigador sénior es Markus Otto, junto con colaboradores de instituciones alemanas e italianas.

El identificador científico del artículo es DOI: 10.1038/s41467-026-78390-3.

El hallazgo principal demuestra que determinadas elevaciones de p-tau217 en sangre pueden estar influidas por proteínas procedentes de tejidos periféricos y que una separación selectiva de tau cerebral mejora la diferenciación entre Alzheimer y ELA en las muestras analizadas.

La investigación aporta una mejora metodológica concreta para el estudio de biomarcadores neurológicos, aunque todavía requiere validación antes de su aplicación rutinaria.

Su importancia radica en que un resultado sanguíneo no depende únicamente de la cantidad de proteína detectada, sino también de identificar correctamente su procedencia y su significado biológico.

Fuentes referenciales:
Nature Communications — Tau isoform mapping across tissues and biofluids reveals a signature distinguishing Alzheimer’s disease from amyotrophic lateral sclerosis (2026)
Universidad de Medicina de Halle — Comunicación científica del 26 de octubre de 2026