Un estudio de las universidades de Columbia y Nueva York, realizado con 399.500 adultos en Estados Unidos, relaciona las dosis iniciales elevadas de analgésicos opioides con un riesgo 147 % mayor de trastorno por consumo de estas sustancias o sobredosis. Las terapias no farmacológicas mostraron asociaciones más favorables.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Karem Díaz S.
La forma en que se trata inicialmente un episodio de dolor lumbar agudo puede estar relacionada con el riesgo posterior de desarrollar un trastorno por consumo de opioides o sufrir una sobredosis. Así lo indica una investigación de la Escuela de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia y la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York, en Estados Unidos, que analizó los registros sanitarios de 399.500 adultos.
El estudio, publicado el 19 de octubre de 2026 en la revista científica JAMA Network Open y difundido el 27 de octubre por las instituciones participantes, encontró que quienes recibieron inicialmente opioides en dosis superiores a 50 miligramos equivalentes de morfina al día presentaron un riesgo relativo 147 % mayor de desarrollar posteriormente un trastorno por consumo de opioides o experimentar una sobredosis.
Los investigadores también observaron que las prescripciones de menor dosis, pero de duración prolongada, estaban asociadas con un aumento del riesgo, mientras que las intervenciones no farmacológicas y no invasivas mostraron relaciones más favorables.
Los resultados refuerzan la importancia de evaluar cuidadosamente los tratamientos utilizados durante las primeras semanas de un episodio de lumbalgia, especialmente cuando se considera la prescripción de medicamentos opioides.
Un estudio con casi 400.000 pacientes de Medicaid
La investigación fue desarrollada por un equipo encabezado por Lisa V. Doan, de la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York, junto con especialistas en epidemiología y psiquiatría de la Universidad de Columbia.
Los científicos utilizaron información del programa público estadounidense Medicaid correspondiente al período comprendido entre enero de 2016 y diciembre de 2019.
La muestra incluyó a 399.500 adultos menores de 65 años que habían recibido atención por un episodio de dolor lumbar agudo y no tenían antecedentes identificados de consumo de opioides en el período de evaluación establecido por el estudio.
Los participantes procedían de 25 estados estadounidenses que habían ampliado la cobertura de Medicaid antes de 2014, entre ellos California, Nueva York, Illinois, Ohio y Massachusetts.
El equipo examinó los tratamientos recibidos durante el primer mes posterior al diagnóstico y posteriormente evaluó los registros relacionados con trastornos por consumo de opioides y sobredosis.
El seguimiento abarcó hasta 13 meses desde el inicio del tratamiento, incluido el primer mes utilizado para identificar las intervenciones médicas.
Durante ese período, aproximadamente el 2 % de los pacientes presentó un nuevo diagnóstico de trastorno por consumo de opioides, una sobredosis no mortal o un registro de tratamiento farmacológico para la dependencia.
La investigación es especialmente relevante porque estudia una población cubierta por Medicaid, un programa sanitario dirigido principalmente a personas con ingresos limitados y otros grupos elegibles en Estados Unidos.
Las dosis elevadas de opioides se asociaron con el mayor riesgo
Uno de los principales resultados fue la relación entre la intensidad de la prescripción inicial y la aparición posterior de problemas asociados con los opioides.
Los investigadores clasificaron las prescripciones según la dosis diaria expresada en miligramos equivalentes de morfina, una medida utilizada para comparar la potencia de diferentes medicamentos opioides.
Los pacientes que recibieron más de 50 miligramos equivalentes de morfina al día presentaron el mayor aumento del riesgo relativo estimado: un 147 % frente al escenario de comparación utilizado en el análisis.
Esta cifra equivale aproximadamente a un riesgo relativo 2,47 veces mayor.
Sin embargo, no significa que el 147 % de los pacientes desarrollara una adicción ni que la mayoría sufriera una sobredosis. Se trata de una comparación estadística entre diferentes patrones de tratamiento.
Los investigadores también encontraron que las dosis de 50 miligramos equivalentes de morfina al día o menos, cuando se prescribían durante más de siete días, estaban asociadas con un riesgo aproximadamente dos veces mayor.
En cambio, las prescripciones de dosis iguales o inferiores a ese umbral y con una duración máxima de siete días mostraron un aumento relativo más reducido, cercano al 31 %.
Los resultados indican que tanto la dosis como la duración del tratamiento deben considerarse al evaluar los riesgos asociados con estos medicamentos.
Uno de cada cinco pacientes recibió una prescripción de opioides
El análisis también permitió identificar cuáles fueron las intervenciones más utilizadas durante el primer mes de tratamiento de la lumbalgia aguda.
Los antiinflamatorios fueron los medicamentos más frecuentes, utilizados por aproximadamente el 48 % de los pacientes.
Los relajantes musculares ocuparon el segundo lugar, con una proporción cercana al 45 %.
Por su parte, el 21 % recibió al menos una prescripción de opioides.
Entre quienes utilizaron estos analgésicos, la mayoría recibió dosis de 50 miligramos equivalentes de morfina al día o menos, generalmente durante siete días o menos.
Sin embargo, una proporción de pacientes recibió tratamientos más prolongados o dosis superiores.
Los autores señalaron que estas prescripciones continuaban siendo relativamente frecuentes a pesar de la existencia de recomendaciones clínicas que favorecen las estrategias no farmacológicas y no opioides para muchos episodios de dolor lumbar agudo.
La preocupación por los riesgos de los opioides ha impulsado investigaciones sobre nuevas estrategias para aliviar el dolor sin activar los mecanismos cerebrales asociados con la dependencia.
La fisioterapia y otras intervenciones mostraron asociaciones favorables
Además de estudiar los medicamentos prescritos, los investigadores evaluaron diferentes tratamientos no farmacológicos.
La fisioterapia fue la intervención de este grupo utilizada con mayor frecuencia y estuvo presente en aproximadamente el 16 % de los pacientes.
La atención quiropráctica fue registrada en alrededor del 10 %.
También se analizaron otras intervenciones, entre ellas los masajes terapéuticos.
El estudio encontró que las modalidades no farmacológicas y no invasivas se asociaron con una reducción del riesgo posterior de trastorno por consumo de opioides o sobredosis.
Entre ellas, la atención quiropráctica presentó la mayor reducción relativa estimada en el análisis.
Sin embargo, estos resultados requieren una interpretación cuidadosa.
El hecho de que una intervención esté asociada con un menor riesgo no demuestra necesariamente que sea la causa directa de esa reducción.
Las personas que reciben fisioterapia, atención quiropráctica u otros tratamientos pueden diferir en aspectos clínicos y sociales de quienes reciben opioides.
Los investigadores utilizaron métodos estadísticos para abordar estas diferencias, pero un estudio observacional no puede eliminar por completo la posibilidad de factores de confusión.
Por qué la lumbalgia aguda requiere un tratamiento individualizado
El dolor lumbar agudo es una de las causas frecuentes de consulta médica y puede aparecer después de esfuerzos físicos, movimientos bruscos o actividades cotidianas.
En muchos casos, el dolor mejora progresivamente con medidas conservadoras y sin necesidad de recurrir a analgésicos opioides.
Sin embargo, la intensidad de los síntomas, las limitaciones funcionales y la presencia de enfermedades asociadas pueden variar considerablemente entre pacientes.
Por esta razón, las decisiones terapéuticas deben considerar la evaluación clínica individual y la posibilidad de que existan causas que requieran atención específica.
Los investigadores destacaron que las recomendaciones clínicas actuales suelen priorizar medidas no farmacológicas y tratamientos no opioides para muchos casos de lumbalgia aguda.
La elección de una intervención también debe tener en cuenta sus beneficios potenciales, contraindicaciones y riesgos.
Los opioides pueden resultar apropiados en determinadas situaciones clínicas, pero su utilización requiere precaución debido a sus posibles efectos adversos, incluida la sedación, la depresión respiratoria y el desarrollo de trastornos relacionados con su consumo.
La búsqueda de alternativas farmacológicas ha impulsado estudios sobre el receptor TRPV1 y los mecanismos moleculares implicados en la percepción del dolor, una línea de investigación orientada a comprender vías distintas de la señalización opioide.
El trastorno por consumo de opioides es diferente de la dependencia física
Uno de los aspectos importantes para interpretar los resultados consiste en distinguir entre el uso médico de opioides, la dependencia física y el trastorno por consumo de estas sustancias.
La dependencia física puede aparecer cuando el organismo se adapta a la exposición continuada a determinados medicamentos y desarrolla síntomas de abstinencia si se suspenden bruscamente.
En cambio, el trastorno por consumo de opioides implica un patrón problemático de utilización que puede incluir pérdida de control, consumo persistente pese a consecuencias perjudiciales y deterioro de diferentes áreas de la vida.
No todas las personas que reciben una prescripción de opioides desarrollan un trastorno por consumo.
Del mismo modo, la aparición de dependencia física durante un tratamiento médico no equivale automáticamente a un diagnóstico de adicción.
El estudio de Columbia y la Universidad de Nueva York evaluó registros clínicos compatibles con nuevos diagnósticos de trastorno por consumo de opioides, sobredosis y utilización de determinados tratamientos farmacológicos para la dependencia.
Estos indicadores permitieron analizar los riesgos posteriores, aunque no sustituyen una evaluación clínica individual.
La comprensión de las adicciones también requiere considerar los factores biológicos, psicológicos y sociales que intervienen en los trastornos por consumo de sustancias, además de las características de los medicamentos utilizados.
Los resultados proceden de un estudio observacional
La investigación utilizó registros administrativos de salud y no un ensayo clínico en el que los participantes fueran asignados aleatoriamente a diferentes tratamientos.
Esto significa que los científicos identificaron asociaciones entre las intervenciones iniciales y los problemas registrados posteriormente, pero no demostraron una relación causal directa.
También existen limitaciones relacionadas con la información disponible en los registros médicos.
Por ejemplo, una prescripción registrada no permite conocer con certeza cuánto medicamento consumió realmente cada paciente.
Asimismo, algunos episodios de consumo problemático o sobredosis pueden no haber quedado documentados en los sistemas analizados.
La muestra estuvo restringida a adultos menores de 65 años cubiertos por Medicaid en determinados estados estadounidenses.
Por tanto, los resultados no deben extrapolarse automáticamente a todas las personas con dolor lumbar, a otros sistemas sanitarios o a pacientes con características diferentes.
El estudio tampoco demuestra que todas las intervenciones no farmacológicas tengan la misma eficacia para aliviar el dolor.
Su principal contribución es aportar información sobre cómo diferentes patrones de tratamiento inicial se relacionaron con problemas posteriores vinculados a los opioides.
Los investigadores recomiendan prudencia con la dosis y la duración
Lisa Doan, primera autora del estudio y profesora asociada de anestesiología de la Universidad de Nueva York, señaló que los resultados respaldan la utilización preferente de tratamientos no farmacológicos y no invasivos cuando están recomendados para la lumbalgia aguda.
La investigadora también destacó la necesidad de evaluar los posibles beneficios de los medicamentos frente a sus riesgos a largo plazo.
Cuando se considere necesario utilizar opioides, el equipo recomienda prestar especial atención a la dosis y a la duración del tratamiento.
Por su parte, Kara Rudolph, profesora asociada de epidemiología de la Universidad de Columbia y autora principal sénior de la investigación, destacó que los opioides y otros medicamentos continuaban utilizándose con frecuencia durante el primer mes de tratamiento, a pesar de las recomendaciones clínicas existentes.
Los hallazgos ofrecen información para profesionales sanitarios y responsables de políticas de prescripción, especialmente en la atención inicial de pacientes con dolor lumbar agudo.
También refuerzan la importancia de ampliar el acceso a tratamientos conservadores adecuados, siempre que estén indicados según la situación clínica.
Para los pacientes que ya reciben opioides, los resultados no implican que deban suspenderlos por su cuenta. Cualquier modificación de un tratamiento prescrito debe realizarse con orientación profesional, especialmente cuando existe un uso prolongado.
La investigación identifica una relación consistente entre prescripciones iniciales más intensas y un mayor riesgo posterior de problemas asociados con los opioides, al tiempo que aporta evidencia favorable para considerar alternativas no farmacológicas en el tratamiento inicial de muchos episodios de lumbalgia.
Fuentes referenciales:
JAMA Network Open — Initial Treatment for Acute Low Back Pain and Risk of Opioid Use Disorder and Overdose (19 de octubre de 2026)
Universidad de Columbia / Medical Xpress — Initial treatment for lower back pain is associated with subsequent risk of opioid use disorder and overdose (27 de octubre de 2026)

