Investigadores de VIB-KU Leuven, en Bélgica, descubrieron que determinados lípidos liberados por las células inmunitarias del cerebro favorecen la propagación de este cáncer agresivo. Interrumpir esa comunicación redujo la invasión tumoral en modelos experimentales, aunque no disminuyó el tamaño del tumor.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Karem Díaz S.
Un equipo de investigadores del Centro de Biología del Cáncer de VIB-KU Leuven, en Bélgica, identificó un mecanismo mediante el cual las células inmunitarias del cerebro pueden favorecer la propagación del glioblastoma, uno de los tumores cerebrales más agresivos en adultos. Los científicos comprobaron que bloquear determinadas señales químicas entre las células inmunitarias y las cancerosas reduce la capacidad del tumor para invadir el tejido cerebral circundante.
El descubrimiento, publicado el 27 de octubre de 2026 en la revista científica Cancer Cell, plantea una posible estrategia terapéutica diferente de los tratamientos destinados a destruir directamente las células malignas: impedir que el cáncer se extienda hacia otras regiones del cerebro y facilitar, potencialmente, su extirpación quirúrgica.
La investigación fue dirigida por la profesora Gabriele Bergers y contó con la participación de Carla Pallarés-Moratalla como primera autora. El equipo combinó experimentos en ratones con el análisis de tejidos procedentes de pacientes con glioblastoma y pruebas realizadas en líneas celulares tumorales humanas.
Los resultados mostraron que las células inmunitarias conocidas como microglía liberan unas moléculas grasas que las células cancerosas aprovechan para aumentar su movilidad e infiltrarse en el tejido cerebral sano.
Al interrumpir esa comunicación, los investigadores consiguieron limitar la invasión tumoral en los modelos estudiados. Sin embargo, observaron una diferencia fundamental: el tumor no redujo su tamaño. El efecto experimental consistió en restringir su capacidad de propagación.
Por qué el glioblastoma resulta tan difícil de extirpar
El glioblastoma es un tumor maligno primario del sistema nervioso central caracterizado por su rápido crecimiento y su capacidad para infiltrarse en el tejido cerebral que lo rodea.
A diferencia de otras lesiones que pueden presentar límites relativamente definidos, las células del glioblastoma suelen extenderse más allá de la masa tumoral visible en las pruebas de imagen.
Esta característica dificulta su eliminación completa mediante cirugía, porque algunas células malignas pueden permanecer dispersas en regiones del cerebro donde una intervención extensa provocaría daños neurológicos.
La enfermedad también presenta una elevada probabilidad de recurrencia después del tratamiento.
Según los investigadores de VIB-KU Leuven, la mediana de supervivencia de los pacientes se sitúa alrededor de los 15 meses, aunque el pronóstico individual depende de factores clínicos y moleculares, así como de la respuesta al tratamiento.
El abordaje habitual combina, cuando resulta posible, cirugía, radioterapia y quimioterapia. No obstante, la infiltración del tumor en el tejido cerebral constituye uno de los principales obstáculos para lograr un control prolongado de la enfermedad.
Por esta razón, los científicos investigan tanto mecanismos que permitan destruir las células malignas como procesos que puedan limitar su desplazamiento.
La importancia del entorno cerebral también ha quedado reflejada en estudios sobre la influencia de la actividad neuronal en el crecimiento de los gliomas, que muestran cómo las células cancerosas pueden aprovechar señales procedentes del tejido nervioso.
La microglía puede ayudar involuntariamente al cáncer
La microglía está formada por células inmunitarias residentes en el sistema nervioso central. En condiciones normales, participa en la vigilancia del tejido cerebral, la eliminación de residuos celulares y la respuesta frente a lesiones e infecciones.
Sin embargo, su comportamiento puede modificarse en presencia de un tumor.
Las células malignas interactúan con los componentes del entorno que las rodea, conocido como microambiente tumoral, y pueden aprovechar determinadas señales para favorecer su supervivencia, crecimiento o desplazamiento.
Hasta ahora se sabía que la microglía podía contribuir a la progresión del glioblastoma mediante la liberación de ciertas proteínas.
El nuevo estudio amplía esa explicación al identificar la participación de moléculas lipídicas, es decir, sustancias grasas capaces de intervenir en procesos de comunicación entre células.
Los investigadores encontraron que la microglía libera un tipo específico de lípidos denominado ácidos lisofosfatídicos, conocidos por sus siglas en inglés como LPA.
Estas moléculas pueden unirse a las células tumorales y activar mecanismos que aumentan su capacidad de movimiento.
El hallazgo sugiere que el glioblastoma no depende exclusivamente de sus propias alteraciones genéticas para invadir el cerebro, sino que también puede utilizar señales proporcionadas por células normales de su entorno.
Los ácidos lisofosfatídicos activan la movilidad tumoral
Los ácidos lisofosfatídicos son moléculas que participan en distintas funciones celulares mediante su interacción con receptores específicos.
En el contexto del glioblastoma, el equipo de VIB-KU Leuven observó que las señales lipídicas procedentes de la microglía favorecían la movilidad de las células malignas.
Esta capacidad resulta especialmente relevante porque la invasión tumoral implica que las células cancerosas abandonen la masa principal y penetren en regiones cercanas del tejido cerebral.
Durante los experimentos, los científicos analizaron cómo la comunicación entre microglía y células tumorales influía en ese comportamiento.
Los resultados indicaron que la señalización mediada por LPA desempeñaba una función importante en la propagación de las células malignas.
Posteriormente, el equipo examinó qué ocurría cuando se interrumpía esta interacción.
La intervención redujo la capacidad invasiva del tumor en los modelos experimentales, lo que permitió identificar una posible vulnerabilidad biológica.
La estrategia se diferencia de otros enfoques de investigación oncológica porque no pretende necesariamente activar una respuesta inmunitaria destructiva, sino impedir que determinadas células inmunitarias proporcionen señales que benefician al cáncer.
La complejidad de estas interacciones también explica por qué algunos tumores consiguen aprovechar o modificar las respuestas del sistema inmunitario para favorecer su persistencia.
El bloqueo redujo la invasión, pero no el tamaño del tumor
Uno de los resultados más importantes del estudio es la diferencia entre detener la propagación y reducir la masa tumoral.
Cuando los investigadores bloquearon la comunicación lipídica entre las células inmunitarias y las cancerosas, observaron que el glioblastoma se volvía menos invasivo.
Sin embargo, el volumen del tumor no disminuyó como consecuencia de esa intervención.
Esto significa que la estrategia no puede interpretarse como un tratamiento capaz de eliminar el cáncer por sí solo.
Su posible utilidad estaría relacionada con la capacidad de mantener las células malignas más concentradas en una región y limitar su infiltración en el tejido cerebral circundante.
Los investigadores plantean que, si futuros estudios confirman la eficacia y seguridad del enfoque en seres humanos, podría explorarse su aplicación antes de una intervención quirúrgica.
El objetivo sería conseguir tumores con una distribución menos dispersa, lo que potencialmente facilitaría una resección más completa.
No obstante, esta posibilidad todavía constituye una hipótesis terapéutica. Los experimentos realizados no demuestran que el bloqueo de la señalización lipídica mejore los resultados de la cirugía ni prolongue la supervivencia de los pacientes.
El equipo también considera que el enfoque podría combinarse en el futuro con tratamientos destinados a reducir el tamaño del tumor.
Los resultados también se observaron en células humanas
Para evaluar la relevancia del mecanismo más allá de los experimentos animales, los investigadores analizaron muestras de tejido de pacientes con glioblastoma.
Además, utilizaron líneas celulares tumorales derivadas de pacientes para estudiar cómo respondían a las señales procedentes de las células inmunitarias.
Los ensayos mostraron que la microglía favorecía la invasión mediante un mecanismo comparable al identificado en los ratones.
Esta coincidencia es relevante porque uno de los grandes desafíos de la investigación oncológica consiste en determinar si los resultados obtenidos en modelos animales reflejan adecuadamente el comportamiento de los tumores humanos.
Sin embargo, la reproducción de un mecanismo biológico en muestras humanas no equivale a demostrar la eficacia clínica de un medicamento.
Para establecer si el bloqueo de esta vía puede utilizarse en pacientes será necesario desarrollar y evaluar intervenciones capaces de modificarla de manera segura.
También habrá que determinar si sus efectos se mantienen en tumores con diferentes características moleculares y en las condiciones complejas del cerebro humano.
Una estrategia que no depende de una mutación específica
El glioblastoma presenta una elevada heterogeneidad, lo que significa que distintas regiones de un mismo tumor pueden contener células con características genéticas diferentes.
Esta diversidad representa un obstáculo para los tratamientos dirigidos contra una alteración molecular concreta.
Si algunas células tumorales no dependen de la diana seleccionada, pueden sobrevivir y contribuir a la recurrencia de la enfermedad.
La propuesta del equipo de Gabriele Bergers se centra en una interacción entre las células cancerosas y su entorno inmunitario, en lugar de dirigirse exclusivamente contra una mutación presente en el tumor.
Los investigadores consideran que esta característica podría permitir explorar la estrategia en un espectro más amplio de glioblastomas.
No obstante, todavía es necesario comprobar qué proporción de tumores humanos depende de la señalización lipídica identificada y cuáles podrían responder a su bloqueo.
La investigación forma parte de un esfuerzo más amplio por comprender las relaciones entre el sistema inmunitario y el cáncer cerebral.
Entre las estrategias experimentales desarrolladas se encuentra la administración de nanomedicamentos por vía nasal para estimular respuestas inmunitarias contra el glioblastoma, una aproximación diferente que también se encuentra en fases preclínicas.
El microambiente tumoral gana importancia en la investigación oncológica
Durante años, buena parte de la investigación contra el cáncer se concentró en identificar alteraciones genéticas de las células malignas y desarrollar medicamentos dirigidos contra ellas.
Actualmente, los científicos también estudian las relaciones que mantienen los tumores con células inmunitarias, vasos sanguíneos y otros componentes de los tejidos.
Estas interacciones pueden favorecer o limitar la progresión de la enfermedad.
En algunos casos, el sistema inmunitario reconoce y destruye células cancerosas. En otros, determinadas señales presentes en el microambiente pueden reducir la actividad defensiva o incluso favorecer el crecimiento tumoral.
El descubrimiento de VIB-KU Leuven muestra que las moléculas grasas liberadas por la microglía pueden participar directamente en la invasión del glioblastoma.
Este resultado amplía el conocimiento sobre la comunicación celular dentro del tumor y señala una posible vía para desarrollar intervenciones más específicas.
La investigación también complementa los estudios sobre las señales que determinan cuándo las células T atacan o dejan de atacar un tumor, aunque ambos trabajos examinan mecanismos inmunológicos diferentes.
Qué falta para convertir el hallazgo en un tratamiento
El estudio proporciona evidencia experimental sobre una posible estrategia para limitar la invasión del glioblastoma, pero todavía no constituye un tratamiento disponible para los pacientes.
Los siguientes pasos deberán establecer cómo bloquear la señalización de los ácidos lisofosfatídicos de manera selectiva y determinar qué consecuencias podría tener esa intervención sobre las funciones normales de la microglía.
También será necesario comprobar si la reducción de la invasión tumoral se mantiene durante períodos prolongados y si puede combinarse con cirugía, radioterapia u otros tratamientos sin aumentar los riesgos.
Una cuestión especialmente importante será determinar si una menor infiltración de células malignas permite mejorar realmente la extensión de la resección quirúrgica.
Para responderla harán falta investigaciones adicionales y, si los resultados preclínicos lo justifican, ensayos clínicos cuidadosamente diseñados.
Por ahora, los hallazgos no modifican las recomendaciones terapéuticas establecidas para el glioblastoma.
Su principal contribución consiste en demostrar que interrumpir una forma específica de comunicación entre células inmunitarias y cancerosas puede reducir la capacidad invasiva del tumor en condiciones experimentales.
Esta diferencia entre controlar la propagación y destruir la masa tumoral abre una línea de investigación complementaria para una enfermedad cuya infiltración en el tejido cerebral sigue siendo uno de los mayores obstáculos para el tratamiento.
Fuentes referenciales:
Cancer Cell — Macrophage lipid signaling drives glioblastoma invasion and represents a therapeutic vulnerability (2026)
VIB-KU Leuven / Medical Xpress — How blocking immune cell signals could make brain tumors easier to remove (27 de octubre de 2026)

