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Dos sustancias PFAS se vinculan con un cáncer de mama más agresivo


Una investigación de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos encontró que las mujeres con mayores concentraciones sanguíneas de PFOA y PFOS presentaban una incidencia más elevada de tumores mamarios negativos para receptores de estrógeno, aunque no se identificó una asociación clara con el cáncer de mama en general.


Redacción: Redacción Mundo de la Salud

Editor: Karem Díaz S.


Una investigación de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH) ha identificado una asociación entre la exposición a dos sustancias químicas persistentes en el organismo y un tipo de cáncer de mama que suele presentar características más agresivas. El estudio, difundido el 5 de noviembre de 2026 y publicado en la revista científica Journal of Clinical Oncology, examinó la relación entre determinadas sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS) y la aparición de tumores mamarios.

Los resultados indican que las mujeres con mayores concentraciones sanguíneas de ácido perfluorooctanoico (PFOA) y ácido perfluorooctanosulfónico (PFOS) presentaron una incidencia superior de cáncer de mama negativo para receptores de estrógeno, conocido como ER-negativo.

En comparación con las participantes que tenían las concentraciones más bajas, aquellas situadas en el grupo de mayor exposición al PFOA registraron una incidencia un 67 % superior de este subtipo tumoral. Para el PFOS, la diferencia relativa alcanzó el 93 %.

Los investigadores subrayan que estas cifras representan asociaciones estadísticas entre grupos y no significan que una mujer expuesta a estas sustancias tenga una probabilidad individual del 67 % o del 93 % de desarrollar cáncer.

Un aspecto especialmente importante es que el estudio no encontró una asociación clara entre ambas sustancias y el riesgo global de cáncer de mama. La señal epidemiológica se concentró en los tumores que carecen de receptores de estrógeno.

Un estudio basado en miles de mujeres y muestras sanguíneas

La investigación utilizó información del Sister Study, un proyecto epidemiológico desarrollado por el Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental (NIEHS), organismo perteneciente a los NIH.

El estudio original incorporó a 50.884 mujeres de entre 35 y 74 años residentes en Estados Unidos y Puerto Rico, reclutadas entre 2003 y 2009.

Ninguna de las participantes tenía cáncer de mama cuando ingresó al proyecto, pero todas contaban con una hermana o media hermana que había recibido previamente ese diagnóstico.

Esta característica permitió estudiar factores ambientales y biológicos en una población con antecedentes familiares de la enfermedad, aunque también debe considerarse al interpretar la aplicación de los resultados a otras mujeres.

Para el nuevo análisis, los investigadores incluyeron 1.609 mujeres que desarrollaron cáncer de mama y una muestra de comparación de 2.269 participantes.

El equipo midió las concentraciones de 17 sustancias PFAS en muestras de sangre obtenidas años antes de que las participantes recibieran un diagnóstico de cáncer.

Esta secuencia temporal constituye una fortaleza metodológica, porque permite evaluar la exposición antes de la aparición clínica de la enfermedad y evita depender exclusivamente de mediciones realizadas después del diagnóstico.

Sin embargo, disponer de muestras anteriores al cáncer no demuestra por sí solo que las sustancias analizadas hayan provocado los tumores.

Por qué importa el cáncer de mama negativo para estrógeno

El cáncer de mama no constituye una enfermedad biológicamente uniforme. Existen diferentes subtipos que se distinguen por las características moleculares de sus células, su comportamiento y su respuesta a los tratamientos.

Uno de los elementos utilizados para clasificarlos es la presencia o ausencia de receptores de estrógeno.

Los tumores ER-positivos poseen receptores que permiten que esta hormona contribuya a estimular el crecimiento de las células cancerosas. En muchos casos, pueden tratarse mediante terapias endocrinas dirigidas a bloquear esa señalización.

Los tumores ER-negativos carecen de esos receptores y, por tanto, no responden a los tratamientos hormonales que actúan específicamente sobre ellos.

En términos generales, este grupo presenta una mayor frecuencia de características agresivas y puede asociarse con resultados clínicos menos favorables, aunque el pronóstico individual depende de otros factores, como el estadio, la expresión de HER2 y las opciones terapéuticas disponibles.

La clasificación molecular también resulta importante al investigar tratamientos dirigidos contra el cáncer de mama avanzado, ya que los medicamentos pueden mostrar beneficios muy diferentes según las proteínas presentes en las células tumorales.

Los investigadores estadounidenses consideran que comprender los factores asociados con los tumores ER-negativos es especialmente relevante porque todavía existen interrogantes sobre sus determinantes ambientales y biológicos.

Qué son el PFOA y el PFOS y por qué permanecen en el organismo

Las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas forman una amplia familia de compuestos químicos sintéticos utilizados durante décadas en distintos productos industriales y de consumo.

Se conocen popularmente como sustancias químicas eternas debido a que muchas presentan una elevada resistencia a la degradación ambiental.

Entre sus aplicaciones históricas se encuentran determinados recubrimientos resistentes al agua y a las manchas, materiales antiadherentes y otros productos diseñados para soportar condiciones químicas o térmicas exigentes.

El PFOA y el PFOS pertenecen al grupo de PFAS más antiguos y estudiados. Su producción y utilización se han reducido considerablemente en diferentes mercados, pero su persistencia hace que continúen detectándose en el ambiente y en muestras biológicas humanas.

Estas sustancias pueden permanecer durante años en el organismo, aunque su comportamiento depende de las características químicas de cada compuesto.

Los investigadores señalan que numerosas personas presentan concentraciones medibles de PFOA y PFOS en la sangre.

La presencia de una sustancia en el organismo, sin embargo, no equivale automáticamente a la aparición de una enfermedad. Para evaluar los posibles riesgos es necesario considerar la concentración, la duración de la exposición, los mecanismos biológicos y los resultados epidemiológicos disponibles.

Las diferencias observadas fueron específicas de un subtipo tumoral

El equipo dirigido por Alexandra White, investigadora de los NIH, encontró que las asociaciones más relevantes correspondían al cáncer de mama ER-negativo.

Las mujeres del grupo con mayores concentraciones de PFOA presentaron una incidencia relativa 1,67 veces superior a la observada entre aquellas con las concentraciones más bajas.

En el caso del PFOS, la relación fue aproximadamente 1,93 veces superior.

Estas diferencias no deben confundirse con incrementos absolutos del riesgo individual.

Por ejemplo, un aumento relativo del 93 % no significa que 93 de cada 100 mujeres expuestas desarrollarán cáncer. Para calcular el riesgo absoluto sería necesario conocer la incidencia de referencia correspondiente a la población estudiada.

Los investigadores también realizaron un metaanálisis de investigaciones anteriores, cuyos resultados respaldaron la asociación observada con este subtipo de cáncer.

No obstante, el análisis no permite concluir que todos los PFAS tengan el mismo comportamiento ni que la exposición a cualquier compuesto de esta familia incremente necesariamente el riesgo de cáncer de mama.

La ausencia de una asociación clara con el cáncer de mama considerado globalmente refuerza la necesidad de estudiar los diferentes subtipos de manera independiente.

Los investigadores estudian posibles mecanismos no hormonales

Uno de los aspectos que llamó la atención del equipo fue que las asociaciones más marcadas aparecieron en tumores que carecen de receptores de estrógeno.

Este resultado plantea la posibilidad de que determinadas sustancias PFAS participen en procesos biológicos diferentes de las vías hormonales clásicas.

Entre las hipótesis propuestas figuran modificaciones en la actividad de los genes y alteraciones relacionadas con el sistema inmunitario.

Sin embargo, los autores aclaran que la investigación no comprobó experimentalmente esos mecanismos.

La relación entre las defensas del organismo y el desarrollo de tumores constituye un campo de investigación activo. Otros trabajos han mostrado que determinadas células inmunitarias pueden intervenir en la invasión del cáncer de mama, aunque esos hallazgos describen procesos diferentes y no demuestran que el PFOA o el PFOS actúen mediante las mismas vías.

Por esta razón, los resultados epidemiológicos deben complementarse con investigaciones de laboratorio y estudios clínicos capaces de esclarecer si existe una relación causal y cuáles serían los mecanismos implicados.

Qué limitaciones tiene la investigación

El estudio aporta evidencia sobre una posible relación entre la exposición ambiental y un subtipo de cáncer de mama, pero presenta limitaciones que impiden interpretar los resultados como una demostración definitiva de causalidad.

En primer lugar, se trata de una investigación observacional. Las participantes no fueron asignadas aleatoriamente a diferentes niveles de exposición, sino que los científicos analizaron las concentraciones de sustancias presentes en sus muestras sanguíneas.

Esto significa que pueden intervenir otros factores relacionados con el ambiente, los antecedentes familiares, las características personales y las exposiciones acumuladas.

En segundo lugar, todas las participantes del Sister Study tenían antecedentes familiares de cáncer de mama en una hermana o media hermana. Aunque esta característica resulta útil para investigar factores de riesgo, obliga a considerar cuidadosamente la extrapolación de los resultados a la población general.

Además, el estudio se concentró en compuestos presentes desde hace décadas. Actualmente existen numerosas sustancias PFAS utilizadas como alternativas a productos antiguos, y todavía no se conoce suficientemente su posible relación con los diferentes tipos de cáncer.

Alexandra White destacó la necesidad de ampliar las investigaciones sobre estos compuestos de sustitución y estudiar poblaciones con exposiciones más elevadas.

La prevención del cáncer requiere considerar distintos factores

Los resultados se incorporan a una línea de investigación que intenta comprender cómo las exposiciones ambientales pueden relacionarse con el desarrollo de enfermedades oncológicas.

El cáncer de mama presenta una combinación compleja de factores genéticos, hormonales, reproductivos, ambientales y relacionados con el estilo de vida.

Estudios anteriores han examinado, por ejemplo, la relación entre determinados tratamientos hormonales y el riesgo de cáncer de mama en mujeres jóvenes.

También se investigan las posibilidades de mejorar la identificación temprana de la enfermedad y ajustar las decisiones médicas al riesgo de cada paciente.

En este contexto, los investigadores consideran que la exposición a los PFAS podría representar un factor potencialmente modificable, aunque todavía no se ha demostrado que reducir las concentraciones de PFOA o PFOS disminuya específicamente la incidencia de cáncer de mama ER-negativo.

Los resultados tampoco justifican utilizar una medición aislada de PFAS en sangre como prueba para diagnosticar cáncer o predecir individualmente quién desarrollará la enfermedad.

Las decisiones sobre vigilancia y cribado mamario deben seguir basándose en las recomendaciones clínicas y en la evaluación de los factores de riesgo reconocidos.

La investigación continuará con otros compuestos y poblaciones

El equipo científico considera necesario estudiar las sustancias PFAS más recientes, especialmente aquellas que han sustituido al PFOA y al PFOS en diferentes aplicaciones industriales.

También propone ampliar el análisis a poblaciones con mayores niveles de exposición y a grupos en los que el cáncer de mama ER-negativo representa una preocupación particularmente importante.

Los resultados publicados en Journal of Clinical Oncology aportan una señal epidemiológica específica: dos sustancias químicas persistentes se asociaron con una mayor incidencia de tumores mamarios negativos para receptores de estrógeno, sin que se observara una relación clara con el cáncer de mama en conjunto.

La distinción es fundamental para interpretar el alcance del descubrimiento. El estudio identifica una asociación que merece investigación adicional, pero todavía no establece que estas sustancias provoquen directamente el cáncer ni determina cuánto podría reducirse el riesgo mediante intervenciones destinadas a limitar la exposición.

Fuentes referenciales:
Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos — Comunicado del 5 de noviembre de 2026
Journal of Clinical Oncology — Per- and Polyfluoroalkyl Substance Exposure and Breast Cancer Incidence in the Sister Study