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Descubren una proteína clave en la pérdida de fuerza muscular por la edad


Investigadores de la Universidad de Misuri identificaron un mecanismo que altera la comunicación entre nervios y músculos durante el envejecimiento. Los experimentos en animales abren nuevas posibilidades terapéuticas, mientras especialistas españoles destacan la importancia del ejercicio de fuerza y la nutrición.


Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Karem Díaz S.


Un equipo de investigadores de la Universidad de Misuri, en Estados Unidos, ha identificado un mecanismo biológico que podría explicar parte de la pérdida progresiva de fuerza muscular asociada al envejecimiento. El hallazgo apunta a una alteración en la comunicación entre las células nerviosas y las fibras musculares, un proceso esencial para ejecutar movimientos y mantener la capacidad física durante toda la vida.

La investigación, publicada en la revista científica Journal of Clinical Investigation, identificó una disminución de la proteína NaV1.4, necesaria para que las fibras musculares respondan adecuadamente a los impulsos nerviosos. En experimentos con animales, los científicos comprobaron que modificar la actividad de otra proteína, denominada ClC-1, podía mejorar la respuesta muscular y recuperar parte de la fuerza perdida.

El descubrimiento aporta una nueva perspectiva sobre la sarcopenia, una condición caracterizada por la reducción de la fuerza y la masa muscular que adquiere especial relevancia en las personas mayores. Como explica Mundo de la Salud en su artículo sobre la sarcopenia después de los 60 años y la recuperación de la autonomía, su avance puede comprometer la movilidad y aumentar el riesgo de caídas. Sin embargo, los resultados de la nueva investigación todavía corresponden a una fase experimental y no constituyen un tratamiento demostrado para seres humanos.

La comunicación entre nervios y músculos se deteriora con el envejecimiento

Para que un músculo se contraiga correctamente, debe recibir una señal eléctrica procedente del sistema nervioso. Esa señal desencadena una serie de procesos celulares que permiten activar las fibras musculares y producir movimiento.

La proteína NaV1.4 participa directamente en este mecanismo porque forma parte de los canales de sodio responsables de generar y propagar señales eléctricas en las células musculares. Cuando su disponibilidad disminuye, las fibras pueden responder con menor eficacia a los estímulos nerviosos.

Los investigadores de la Universidad de Misuri observaron que este deterioro de la excitabilidad muscular contribuye a explicar por qué una persona puede perder fuerza con la edad incluso cuando la reducción de su masa muscular no parece suficiente para justificar esa disminución funcional.

Este aspecto resulta especialmente importante porque la fuerza no depende exclusivamente del volumen del músculo. También intervienen la coordinación neuromuscular, la calidad de las fibras y la capacidad del organismo para activar el tejido muscular cuando necesita realizar un esfuerzo. La relevancia de estas funciones también se analiza en una investigación sobre la fuerza muscular como indicador del estado de salud, que destaca su utilidad para identificar tempranamente el deterioro funcional.

Una intervención experimental permitió recuperar fuerza en animales

Uno de los resultados más relevantes del estudio fue la identificación de una posible estrategia para compensar la menor actividad de NaV1.4. Los científicos analizaron el papel de ClC-1, una proteína que funciona como canal de cloruro y contribuye a regular las propiedades eléctricas de las fibras musculares.

En los modelos animales estudiados, la inhibición parcial de ClC-1 permitió mejorar la capacidad de respuesta de los músculos envejecidos y recuperar fuerza. El resultado sugiere que determinadas alteraciones funcionales asociadas a la edad podrían modificarse mediante intervenciones dirigidas a los mecanismos eléctricos del tejido muscular.

No obstante, los investigadores todavía deben establecer si esta estrategia puede trasladarse de forma segura y eficaz a las personas. La regulación de los canales iónicos es un proceso delicado, por lo que cualquier intervención farmacológica necesitaría estudios adicionales para determinar sus efectos y posibles riesgos.

El hallazgo tampoco implica que se haya descubierto una cura para la sarcopenia. Esta condición tiene múltiples causas, entre ellas cambios hormonales, inflamación, enfermedades crónicas, inactividad física y modificaciones en el metabolismo de las proteínas.

La pérdida muscular puede comenzar antes de los 40 años

La doctora Marta Supervía, especialista en Rehabilitación y miembro de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF), advierte que la disminución del tejido muscular comienza mucho antes de la vejez.

Según la especialista, el organismo alcanza habitualmente su mayor desarrollo muscular entre los 30 y los 40 años. Posteriormente puede experimentar una reducción aproximada del 0,4 al 0,5 % anual, aunque la velocidad del deterioro varía considerablemente según las características individuales y los hábitos de vida.

A partir de los 60 años, el proceso puede acelerarse. En algunas personas, la pérdida acumulada de tejido muscular puede alcanzar proporciones importantes durante las últimas décadas de vida, especialmente cuando existen enfermedades, inmovilización prolongada o ausencia de ejercicio.

Una particularidad de este proceso es que no siempre provoca una disminución visible del peso corporal. Parte del tejido muscular perdido puede ser sustituido por grasa, de manera que una persona conserva un peso relativamente estable mientras su fuerza y capacidad funcional disminuyen.

Esta diferencia explica por qué el seguimiento del envejecimiento saludable no debería depender únicamente del peso o del índice de masa corporal. La evaluación de la fuerza, la movilidad y la composición corporal puede aportar información adicional sobre el estado físico.

El sedentarismo y las enfermedades crónicas aceleran el deterioro

La pérdida muscular relacionada con la edad puede agravarse por distintos factores. Entre los más importantes se encuentran la inactividad física, las hospitalizaciones prolongadas y las enfermedades que limitan la movilidad o modifican el metabolismo.

La SERMEF señala que períodos relativamente breves de inmovilización pueden producir pérdidas musculares significativas. En determinadas circunstancias, diez días de inactividad pueden asociarse con una reducción cercana a un kilogramo de tejido muscular, aunque la magnitud depende del estado previo de la persona.

También existe una relación entre la sarcopenia y enfermedades como la diabetes, la insuficiencia cardíaca, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, el cáncer y algunas afecciones renales, hepáticas y neurológicas.

En las mujeres, los cambios hormonales relacionados con la menopausia pueden contribuir a modificar la composición corporal y favorecer una reducción de la masa muscular. En los hombres también influyen las variaciones hormonales asociadas al envejecimiento.

Estas circunstancias refuerzan la necesidad de valorar la función muscular como un componente de la atención preventiva, especialmente en personas con enfermedades crónicas o antecedentes de caídas.

El entrenamiento de fuerza sigue siendo una de las principales medidas preventivas

Mientras las investigaciones sobre nuevos tratamientos continúan, los especialistas destacan que el ejercicio de resistencia muscular dispone de evidencia sólida para preservar la fuerza y mejorar la capacidad funcional durante el envejecimiento.

La Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física recomienda incorporar entre dos y tres sesiones semanales de entrenamiento de fuerza, adaptadas a la edad, condición física y situación clínica de cada persona.

Estas actividades pueden realizarse con pesas, bandas elásticas, máquinas de entrenamiento o ejercicios que utilizan el propio peso corporal. Lo importante es aplicar una resistencia adecuada y progresiva que estimule los músculos sin comprometer la seguridad.

El entrenamiento puede ayudar a mejorar la capacidad para levantarse de una silla, subir escaleras, caminar y mantener el equilibrio. Estas funciones resultan fundamentales para conservar la independencia y reducir el riesgo de caídas durante la vejez.

La actividad cotidiana también desempeña un papel importante. Caminar regularmente, interrumpir los períodos prolongados en posición sentada y evitar el reposo innecesario contribuyen a mantener la movilidad, aunque no sustituyen por completo los beneficios específicos del entrenamiento de fuerza. Estas recomendaciones se complementan con una rutina básica de ejercicios después de los 55 años, orientada a preservar el equilibrio, la fuerza y la independencia funcional.

Las proteínas alimentarias ayudan a conservar el tejido muscular

La nutrición constituye otro componente esencial de la prevención. Con el envejecimiento aparece un fenómeno conocido como resistencia anabólica, por el cual el músculo responde con menor eficacia a los estímulos que favorecen la síntesis de nuevas proteínas.

Esta modificación puede hacer necesario prestar mayor atención tanto a la cantidad como a la calidad de las proteínas consumidas diariamente.

La doctora Supervía señala que, mientras un adulto joven sano suele necesitar aproximadamente entre 0,8 y 1 gramo de proteína por kilogramo de peso corporal al día, muchas personas mayores pueden beneficiarse de una ingesta cercana a 1,2 gramos por kilogramo, siempre que su situación médica lo permita.

Para una persona de 70 kilogramos, esa última referencia equivaldría aproximadamente a 84 gramos diarios. No obstante, las necesidades deben individualizarse, especialmente cuando existen enfermedades renales u otras condiciones que requieren supervisión nutricional.

Entre las fuentes alimentarias recomendadas figuran el pescado, los huevos, las carnes magras, los productos lácteos y las legumbres. Distribuir su consumo entre las comidas principales puede facilitar una aportación regular de aminoácidos al organismo. En este contexto, también se han destacado los beneficios nutricionales del pescado y los huevos para conservar la masa muscular después de los 60 años, debido a su contenido de proteínas y otros nutrientes esenciales.

Los suplementos proteicos no son imprescindibles para todas las personas. Su utilización debe valorarse cuando la alimentación habitual resulta insuficiente o cuando existe una indicación clínica específica.

La investigación abre nuevas posibilidades para tratar la sarcopenia

El descubrimiento realizado en la Universidad de Misuri amplía la comprensión del deterioro muscular porque identifica una alteración funcional que podría abordarse independientemente de los mecanismos tradicionales relacionados con la masa muscular.

Si futuras investigaciones confirman estos resultados en seres humanos, las proteínas implicadas en la excitabilidad de las fibras musculares podrían convertirse en objetivos para desarrollar tratamientos destinados a mejorar la fuerza en determinadas situaciones clínicas.

Sin embargo, todavía no se ha demostrado que modificar estos canales permita prevenir o revertir la sarcopenia en pacientes. La investigación deberá avanzar mediante estudios de seguridad, análisis fisiológicos y ensayos clínicos antes de considerar posibles aplicaciones terapéuticas.

Por ahora, la combinación de ejercicio de fuerza, actividad física cotidiana, alimentación suficiente y atención médica de las enfermedades asociadas continúa siendo la estrategia con mayor respaldo para preservar la función muscular durante el envejecimiento.

Fuente referencial:
Infobae, información publicada el 9 de octubre de 2026 sobre el envejecimiento muscular y la investigación de la Universidad de Misuri