Una actualización coordinada por la OMS evaluó 14 parasitosis invasivas y calculó 4,89 millones de años de vida saludable perdidos en 2021
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Eduardo Schmitz
Una nueva síntesis internacional coordinada por la Organización Mundial de la Salud estimó que los parásitos invasivos potencialmente transmitidos por alimentos causaron 277 millones de enfermedades en 2021. Aproximadamente 171 millones fueron atribuidas específicamente a la vía alimentaria, una carga que confirma la persistencia de estas infecciones como desafío para la salud pública mundial.
El trabajo actualizó las estimaciones de 14 enfermedades parasitarias y examinó su evolución entre 2000 y 2021. Los resultados, publicados en The Lancet Global Health, muestran una disminución global durante ese periodo, pero también grandes diferencias entre parásitos, países y regiones.
La investigación fue elaborada por especialistas del Grupo de Referencia sobre Epidemiología de la Carga de Enfermedades Transmitidas por los Alimentos de la OMS. Entre sus participantes estuvo Christine Budke, profesora de la Facultad de Medicina Veterinaria y Ciencias Biomédicas de la Universidad Texas A&M y especialista en enfermedades zoonóticas causadas por tenias.
La carga supera el número de personas infectadas
Los investigadores no se limitaron a contar episodios y muertes. También calcularon los años de vida ajustados por discapacidad, conocidos como DALY, una medida que combina los años perdidos por muerte prematura y el tiempo vivido con enfermedad o discapacidad.
Las 14 parasitosis estudiadas representaron 4,89 millones de DALY asociados con la transmisión alimentaria. Este indicador permite comparar afecciones que producen cuadros clínicos y consecuencias muy distintas, desde diarrea y dolor abdominal hasta epilepsia, daño hepático, lesiones orgánicas crónicas o muerte.
La estimación se construyó con datos de revisiones sistemáticas y del Estudio de la Carga Mundial de Enfermedades, Lesiones y Factores de Riesgo. Para algunas infecciones, el equipo recurrió además a juicios estructurados de especialistas con el fin de determinar qué proporción podía atribuirse al consumo de alimentos.
Los datos fueron integrados mediante modelos de metarregresión jerárquica. La incertidumbre se propagó con simulaciones de Monte Carlo, por lo que los resultados deben entenderse como estimaciones epidemiológicas y no como un recuento directo de cada caso ocurrido.
La tenia porcina produjo la mayor pérdida de salud
Taenia solium, conocida como tenia porcina, concentró la mayor carga entre los agentes analizados, con aproximadamente 1,3 millones de DALY alimentarios. Sus larvas pueden alojarse en diferentes tejidos y, cuando alcanzan el sistema nervioso central, causar neurocisticercosis.
La neurocisticercosis es una causa importante de epilepsia en varias regiones del mundo. Su prevención no depende únicamente de cocinar adecuadamente la carne de cerdo: también requiere saneamiento, higiene de manos, diagnóstico y tratamiento de las personas portadoras de la tenia adulta, además de medidas de control en la producción porcina.
La especialista Christine Budke contribuyó a actualizar las estimaciones de esta enfermedad. Una de las limitaciones señaladas es la dificultad diagnóstica en países donde las tomografías computarizadas y otras tecnologías de imagen no están disponibles para una parte considerable de la población.
Clonorchis sinensis aumenta su impacto en el Pacífico Occidental
El segundo mayor aporte correspondió a Clonorchis sinensis, con cerca de 921.000 DALY. Este trematodo hepático puede adquirirse al consumir pescado de agua dulce crudo, insuficientemente cocinado o procesado de una manera que no destruya sus formas infectantes.
Mientras la carga conjunta de las parasitosis alimentarias disminuyó a escala mundial entre 2000 y 2021, la región del Pacífico Occidental presentó una tendencia ascendente, impulsada principalmente por la clonorchiasis. El hallazgo muestra que un descenso en el promedio global puede ocultar aumentos importantes en territorios concretos.
Taenia solium y Clonorchis sinensis también estuvieron asociados con las mayores cantidades de muertes alimentarias entre los parásitos incluidos. La magnitud de sus consecuencias convierte a ambas infecciones en prioridades para vigilancia, prevención y asignación de recursos.
El Chagas alimentario elevó la carga en América
La región de las Américas presentó la mayor carga total dentro del análisis, principalmente por la enfermedad de Chagas atribuida a la transmisión alimentaria. Esta vía puede producirse cuando alimentos o bebidas se contaminan con Trypanosoma cruzi o con material procedente de insectos vectores infectados.
La actualización amplió el alcance de evaluaciones anteriores al incorporar el Chagas alimentario y ofrecer estimaciones nacionales. Aunque la transmisión vectorial continúa siendo la vía más conocida, los episodios asociados con alimentos requieren investigación rápida, trazabilidad y vigilancia coordinada.
El acceso al diagnóstico sigue siendo una dificultad en zonas de recursos limitados. En ese contexto, un estudio sobre pruebas rápidas para detectar Chagas en Paraguay mostró la importancia de adaptar las estrategias diagnósticas a comunidades con acceso restringido a laboratorios especializados.
África ocupó el segundo lugar en carga regional. Allí, una proporción considerable estuvo relacionada con la epilepsia causada por neurocisticercosis, lo que refleja la conexión entre seguridad alimentaria, saneamiento, crianza animal, capacidad diagnóstica y atención neurológica.
Los brotes de Cyclospora muestran el desafío de los vegetales frescos
Los brotes recientes de Cyclospora cayetanensis renovaron la atención sobre los parásitos presentes en alimentos frescos. Este organismo microscópico causa una infección intestinal que puede provocar diarrea acuosa prolongada, pérdida de apetito, cansancio, dolor abdominal y disminución de peso.
La infección ocurre al ingerir agua o alimentos contaminados con ooquistes maduros. Debido a que estas estructuras necesitan permanecer un tiempo en el ambiente antes de volverse infectantes, la transmisión inmediata entre personas no es la ruta habitual.
El seguimiento de los casos de Cyclospora registrados en Estados Unidos evidencia las dificultades para identificar una fuente cuando intervienen productos frescos, cadenas de suministro extensas y múltiples lugares de distribución.
Otra investigación de Mundo de la Salud sobre los síntomas y la prevención de la ciclosporiasis explica por qué la diarrea persistente requiere valoración médica y pruebas específicas, especialmente si existe un brote activo o antecedentes recientes de consumo de productos señalados por las autoridades.
La prevención debe abarcar toda la cadena alimentaria
Las parasitosis analizadas no comparten una única fuente ni pueden prevenirse mediante una sola medida. Algunas se relacionan con carne de cerdo, pescado o productos acuáticos insuficientemente cocinados; otras pueden llegar mediante vegetales, agua contaminada o fallas de saneamiento durante la producción y preparación.
En el hogar, las medidas básicas incluyen lavarse las manos antes de cocinar y después de manipular carne cruda, evitar la contaminación cruzada, utilizar agua segura y cocinar los alimentos hasta alcanzar condiciones adecuadas para el producto. Congelar, marinar, salar o ahumar no elimina necesariamente todos los parásitos.
El lavado de frutas y verduras puede retirar suciedad y reducir parte de la contaminación superficial, pero no garantiza la eliminación completa de todos los agentes. Ante una alerta oficial, debe comprobarse el producto, la marca, el lote y la procedencia, y seguirse la instrucción de devolución o eliminación.
A escala pública, la prevención exige vigilancia integrada entre salud humana, sanidad animal, agricultura, agua y alimentos. También requiere laboratorios capaces de identificar parásitos, sistemas de notificación, inspección de cadenas productivas y atención accesible para las complicaciones crónicas.
Los autores consideran que las nuevas estimaciones ofrecen una línea de base para evaluar futuras intervenciones y dirigir recursos hacia los agentes con mayor impacto. Aunque la carga mundial bajó durante las dos décadas estudiadas, el aumento de determinadas infecciones y las brechas regionales impiden considerar resuelto el problema.
Fuentes referenciales:
Medical Xpress
The Lancet Global Health
Universidad Texas A&M
