Una encuesta nacional publicada en JAMA Network Open encontró que el 28 % de los participantes reconoció haber alterado la descripción de sus síntomas para intentar conseguir una receta. Los investigadores de la Universidad de Utah señalan que la confianza y la comunicación médica son factores esenciales para comprender este comportamiento.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz
Una investigación dirigida por científicos de la Universidad de Utah, en Estados Unidos, ha identificado un comportamiento relevante para la salud pública: una proporción considerable de pacientes reconoce haber exagerado o inventado síntomas para intentar obtener antibióticos durante una consulta médica. El estudio, difundido el 30 de octubre de 2026 y publicado en la revista científica JAMA Network Open, examinó las respuestas de cerca de mil personas mediante una encuesta nacional.
Entre los participantes, el 28 % declaró haber presentado deliberadamente síntomas de manera inexacta para conseguir antibióticos destinados a su propio tratamiento. Un 27 % reconoció haber hecho algo semejante al solicitar medicamentos para un niño bajo su cuidado.
La investigación no demuestra que todas esas personas consiguieran finalmente una receta, ni permite establecer cuántas prescripciones innecesarias se produjeron como consecuencia de ese comportamiento. Su principal aportación consiste en documentar la frecuencia declarada de estas prácticas y explorar las razones que llevan a algunos pacientes a modificar la información que ofrecen al profesional sanitario.
Los autores encontraron motivaciones relacionadas con la intensidad percibida de la enfermedad, la necesidad de recuperarse rápidamente para regresar al trabajo o a la escuela y la convicción de que los antibióticos eran la única solución eficaz.
Por qué algunos pacientes modifican lo que cuentan al médico
El estudio fue realizado por un equipo de investigadores entre los que figuran Alistair Thorpe, Andrea Gurmankin Levy y Angela Fagerlin, junto con especialistas de otras instituciones estadounidenses.
Los participantes respondieron preguntas sobre situaciones en las que habían exagerado síntomas reales o mencionado manifestaciones que no estaban experimentando, con el propósito de aumentar sus posibilidades de recibir antibióticos.
Las respuestas revelaron que el deseo de obtener estos medicamentos no siempre se relaciona con una intención consciente de utilizarlos de forma inapropiada. En muchos casos, las personas afirmaron sentirse muy enfermas y consideraban que un antibiótico era necesario para mejorar.
La presión por retomar las actividades habituales también apareció entre las motivaciones. Algunas personas señalaron que necesitaban regresar pronto a sus obligaciones laborales, mientras que otros cuidadores buscaban facilitar la reincorporación de sus hijos a la escuela.
Los investigadores observaron, además, que las experiencias anteriores con los servicios sanitarios podían influir en estas decisiones. Quienes habían sentido que un médico minimizaba o desestimaba sus síntomas mostraban una mayor tendencia a declarar que habían exagerado su enfermedad.
Este resultado identifica una asociación, pero no demuestra que una experiencia negativa con un profesional sanitario provoque necesariamente la alteración posterior de los síntomas.
La percepción de gravedad no siempre indica una infección bacteriana
Una persona puede experimentar fiebre, dolor de garganta, tos, congestión nasal o malestar intenso sin que la causa sea una bacteria susceptible de tratamiento antibiótico.
Numerosas infecciones respiratorias frecuentes son provocadas por virus. En esos casos, los antibióticos no eliminan el agente responsable ni aceleran directamente la recuperación.
El resfriado común y las medidas destinadas a aliviar sus síntomas ilustran esta diferencia: aunque el malestar puede ser considerable, la mayoría de los episodios no requiere tratamiento antibacteriano.
El problema se complica cuando una persona recibe un antibiótico durante una enfermedad viral y posteriormente mejora por la evolución natural de la infección. Puede interpretar erróneamente que el medicamento fue responsable de la recuperación.
Según los investigadores, esa experiencia puede reforzar la expectativa de recibir el mismo tratamiento durante enfermedades posteriores.
Por ello, la intensidad de los síntomas debe evaluarse cuidadosamente, pero no constituye por sí sola una prueba de infección bacteriana ni una indicación automática para recetar antibióticos.
Qué riesgos plantea una prescripción innecesaria
Los antibióticos son medicamentos fundamentales para tratar numerosas infecciones bacterianas. Sin embargo, cuando se utilizan sin una indicación adecuada, pueden provocar efectos adversos sin aportar beneficios clínicos.
Entre las posibles consecuencias se encuentran reacciones alérgicas, molestias gastrointestinales y alteraciones de las comunidades microbianas que habitan normalmente el organismo.
La relación entre estos tratamientos y la microbiota intestinal forma parte de las preocupaciones actuales sobre el uso de medicamentos. Los cambios que determinados hábitos y tratamientos pueden producir en la microbiota recuerdan que una intervención farmacológica puede tener efectos más allá del microorganismo que se pretende combatir.
Otro riesgo es la resistencia antimicrobiana. La exposición a antibióticos puede favorecer la selección de bacterias capaces de sobrevivir a medicamentos que anteriormente resultaban eficaces.
Esto no significa que una persona deba rechazar un antibiótico cuando su médico lo considere necesario. La cuestión es utilizar estos tratamientos de acuerdo con el diagnóstico, las características del paciente y las recomendaciones clínicas.
En la infancia, esta distinción resulta especialmente importante. Los beneficios y riesgos del uso de antibióticos en niños deben valorarse considerando tanto la necesidad de tratar infecciones bacterianas como las consecuencias de una exposición innecesaria.
La información incompleta puede dificultar el diagnóstico
Durante una consulta, el profesional sanitario necesita conocer con la mayor precisión posible cuándo comenzaron los síntomas, cómo han evolucionado, qué molestias predominan y si existen antecedentes que modifiquen la evaluación clínica.
Si una persona exagera la gravedad de determinadas manifestaciones o comunica síntomas inexistentes, puede alterar la interpretación del cuadro.
Esto puede favorecer la solicitud de pruebas que no estaban justificadas o aumentar la probabilidad de que se considere un tratamiento antibiótico cuando la información real no lo respaldaría.
La decisión de prescribir estos medicamentos no depende exclusivamente de lo que relata el paciente. También intervienen la exploración clínica, los factores de riesgo y, cuando corresponde, las pruebas diagnósticas.
En determinadas infecciones, el laboratorio puede incluso determinar qué medicamentos tienen mayores probabilidades de funcionar. Las pruebas de sensibilidad bacteriana mediante antibiogramas permiten distinguir microorganismos susceptibles de aquellos que presentan resistencia frente a determinados antibióticos.
Sin embargo, estas pruebas no son necesarias en todos los cuadros y no sustituyen la valoración clínica inicial.
El estudio propone mejorar la comunicación, no desconfiar de los pacientes
Una de las conclusiones centrales de los investigadores es que los resultados no deberían utilizarse para aumentar automáticamente la sospecha sobre las personas que acuden a consulta.
El equipo considera más útil comprender por qué algunos pacientes sienten que deben modificar su relato para conseguir que sus molestias sean tomadas en serio.
Alistair Thorpe, investigador de ciencias de la salud poblacional de la Universidad de Utah, explicó que las personas pueden experimentar síntomas desagradables y estar convencidas de que los antibióticos representan su única posibilidad de mejorar.
Andrea Gurmankin Levy, otra de las autoras principales, destacó la necesidad de construir interacciones clínicas en las que los pacientes y cuidadores se sientan escuchados y no consideren necesario exagerar para recibir atención.
Desde esta perspectiva, explicar por qué un antibiótico no resulta adecuado debe ir acompañado de alternativas concretas para controlar los síntomas y de información sobre las señales que justificarían una nueva evaluación médica.
El objetivo es que el paciente comprenda que no recibir una receta de antibióticos no equivale a que su enfermedad haya sido ignorada.
Qué puede y qué no puede concluirse de la encuesta
La investigación ofrece información sobre comportamientos declarados por participantes estadounidenses, pero presenta limitaciones importantes para interpretar sus resultados.
En primer lugar, se basa en respuestas proporcionadas por las propias personas encuestadas. Esto significa que los investigadores no verificaron clínicamente cada episodio mencionado ni revisaron necesariamente las recetas asociadas.
En segundo lugar, reconocer que se intentó obtener un antibiótico mediante una descripción inexacta no demuestra que el medicamento haya sido prescrito o consumido.
Los porcentajes tampoco deben interpretarse como una medición directa de todas las consultas médicas en Estados Unidos. Se refieren a las personas encuestadas que declararon haber realizado ese comportamiento, no a la proporción de visitas sanitarias en las que ocurrió.
Además, los resultados no permiten afirmar que las mismas cifras se reproduzcan en otros países, donde pueden variar las condiciones de acceso a los servicios médicos, las prácticas de prescripción y las expectativas de los pacientes.
La investigación tampoco demuestra que una intervención específica de comunicación reduzca las solicitudes inapropiadas de antibióticos. Esa posibilidad deberá examinarse mediante estudios diseñados para evaluar estrategias concretas.
La confianza médica aparece como una oportunidad de prevención
Los autores consideran que mejorar el intercambio de información entre profesionales y pacientes podría ayudar a reducir situaciones en las que una persona siente que debe exagerar sus síntomas para obtener tratamiento.
Entre las líneas de investigación propuestas se encuentra evaluar maneras de explicar las decisiones de prescripción, reconocer las preocupaciones de los pacientes y ofrecer orientaciones claras sobre la evolución esperada de las enfermedades.
La necesidad de una comunicación adecuada también se extiende a la atención pediátrica, donde los cuidadores pueden experimentar una presión especial cuando un niño presenta fiebre o síntomas que interfieren con sus actividades habituales.
Los resultados publicados en JAMA Network Open sitúan así un componente de la resistencia antimicrobiana en el terreno de la relación clínica: además de disponer de medicamentos eficaces y métodos diagnósticos adecuados, los sistemas sanitarios necesitan condiciones que favorezcan relatos precisos, decisiones compartidas y confianza mutua.
Fuentes referenciales:
JAMA Network Open — Symptom Misrepresentation to Obtain Antibiotics
Universidad de Utah — Información institucional sobre los resultados del estudio, 30 de octubre de 2026

