Un ensayo clínico de Mount Sinai, en Estados Unidos, identificó cambios en la actividad de la corteza prefrontal después de ocho semanas de tratamiento psicológico complementario, asociados con una menor necesidad compulsiva de consumir drogas.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz
Un equipo de investigadores de la Escuela de Medicina Icahn de Mount Sinai, en Nueva York, Estados Unidos, ha identificado cambios medibles en la actividad cerebral de personas con trastorno por consumo de opioides después de participar en un programa de terapia psicológica basado en la atención plena. Los resultados proceden de un ensayo clínico aleatorizado con 86 participantes y fueron difundidos el 28 de octubre de 2026.
La investigación, publicada en la revista científica JAMA Psychiatry, examinó cómo una intervención denominada Mindfulness-Oriented Recovery Enhancement (MORE) modifica las respuestas del cerebro ante imágenes relacionadas con las drogas y estímulos cotidianos agradables.
Después de ocho semanas, los participantes que recibieron esta terapia mostraron diferencias en la actividad de determinadas regiones de la corteza prefrontal frente al grupo de comparación. Algunas de esas modificaciones estuvieron asociadas con reducciones de la necesidad compulsiva de consumir opioides, conocida clínicamente como craving.
El estudio también identificó resultados favorables en la duración de los períodos de abstinencia durante el seguimiento. Sin embargo, los investigadores consideran necesario confirmar los hallazgos en poblaciones más numerosas y diversas.
Cómo se desarrolló el ensayo clínico
El trabajo fue dirigido por investigadores especializados en neuroimagen y adicciones, entre ellos Rita Z. Goldstein y Yuefeng Huang, de Mount Sinai, en colaboración con especialistas de otras instituciones estadounidenses.
Los científicos incorporaron a 86 personas diagnosticadas con trastorno por consumo de opioides que recibían atención en un centro residencial de tratamiento de larga duración de Nueva York, administrado por Samaritan Daytop Village.
Todos los participantes estaban recibiendo metadona o buprenorfina, dos medicamentos utilizados para tratar este trastorno y reducir los riesgos asociados al consumo de opioides.
Los pacientes fueron asignados aleatoriamente a dos grupos. Uno participó durante ocho semanas en el programa MORE, mientras que el otro recibió una intervención de psicoeducación y apoyo psicológico de duración y formato grupal comparables.
Los investigadores utilizaron resonancia magnética funcional antes y después del tratamiento para estudiar la actividad cerebral durante diferentes tareas.
Estas pruebas incluyeron la observación de imágenes relacionadas con drogas, fotografías de recompensas naturales y escenas cinematográficas que representaban situaciones vinculadas al consumo de sustancias.
La finalidad era determinar si el entrenamiento psicológico producía cambios en los circuitos cerebrales implicados en la regulación de las emociones, la motivación y el procesamiento de las recompensas.
Una terapia que combina tres estrategias psicológicas
El programa MORE integra tres componentes: entrenamiento en atención plena, reevaluación cognitiva y apreciación consciente de experiencias positivas.
La atención plena consiste en aprender a observar pensamientos, sensaciones y emociones sin responder automáticamente a ellos.
La reevaluación cognitiva busca modificar la interpretación de situaciones capaces de desencadenar deseos intensos de consumir drogas.
Por su parte, la apreciación consciente de experiencias positivas pretende reforzar la capacidad de disfrutar actividades cotidianas que no están relacionadas con sustancias adictivas.
Este último componente tiene especial importancia porque los trastornos por consumo de drogas pueden alterar la manera en que el cerebro atribuye relevancia a diferentes estímulos.
Los investigadores plantean que las señales asociadas al consumo pueden adquirir una influencia desproporcionada sobre la atención y la motivación, mientras disminuye el interés por otras experiencias gratificantes.
El entrenamiento busca modificar ese desequilibrio, aunque la investigación no demuestra que todos los pacientes respondan de la misma manera.
Las estrategias de autorregulación emocional también se investigan en otros contextos de salud mental. Entre ellas se encuentran las pausas conscientes utilizadas para manejar el estrés cotidiano, aunque sus objetivos y evidencia clínica no deben confundirse con los de un tratamiento especializado para las adicciones.
Qué revelaron las imágenes del cerebro
Uno de los resultados principales apareció cuando los participantes observaron imágenes relacionadas con drogas y recibieron instrucciones para reinterpretarlas con el objetivo de reducir su impacto emocional.
Después del tratamiento, quienes participaron en MORE mostraron una menor actividad relacionada con esos estímulos en regiones laterales de la corteza prefrontal, en comparación con el grupo que recibió la terapia de apoyo.
La corteza prefrontal interviene en funciones como la toma de decisiones, la regulación del comportamiento y la evaluación de recompensas.
Los investigadores interpretan que la menor actividad observada durante la tarea podría reflejar una modificación en el esfuerzo cerebral necesario para regular las respuestas a los estímulos relacionados con drogas.
Dentro del grupo MORE, los cambios en estas respuestas cerebrales se relacionaron con reducciones de la necesidad compulsiva de consumir.
También se identificó una asociación entre el aumento de la actividad de la corteza prefrontal ventromedial durante la apreciación de imágenes agradables de alimentos y una disminución del craving.
Estos resultados sugieren que el tratamiento podría favorecer una redistribución de la atención y del valor atribuido a diferentes recompensas.
No obstante, las asociaciones observadas mediante neuroimagen no demuestran por sí solas que los cambios cerebrales sean la causa directa de la mejoría clínica.
Las escenas cinematográficas permitieron estudiar respuestas automáticas
El equipo incorporó una tarea poco habitual en este tipo de investigaciones: observar escenas de la película Trainspotting, que contiene situaciones relacionadas con el consumo de drogas.
Los científicos analizaron hasta qué punto determinadas regiones cerebrales de diferentes participantes respondían de manera sincronizada mientras observaban las mismas escenas.
Después del tratamiento, el grupo MORE mostró una menor sincronización de la actividad en regiones mediales de la corteza prefrontal frente al grupo de comparación.
Al considerar conjuntamente a los participantes, las mayores reducciones de esa sincronización estuvieron asociadas con disminuciones más pronunciadas de la necesidad de consumir provocada por las escenas.
Según los investigadores, esta metodología podría complementar las pruebas convencionales de neuroimagen porque permite examinar respuestas ante situaciones audiovisuales más parecidas a los estímulos complejos que aparecen en la vida cotidiana.
Sin embargo, todavía debe establecerse si estas mediciones permiten anticipar de forma fiable la evolución individual de los pacientes.
El seguimiento también encontró diferencias en la abstinencia
Los investigadores realizaron una evaluación aproximadamente cuatro meses después de finalizar la intervención.
En ese seguimiento, los participantes que habían recibido MORE presentaron un aumento mayor en la duración de sus períodos de abstinencia que quienes participaron en la terapia de comparación.
El resultado aporta una señal clínica favorable, aunque debe interpretarse junto con las limitaciones del ensayo, entre ellas su tamaño y el hecho de que los participantes procedían de un entorno residencial de tratamiento.
El estudio no permite asegurar que los mismos resultados se producirían en todos los pacientes atendidos en consultas externas, servicios comunitarios o sistemas sanitarios diferentes.
La prevención de las complicaciones relacionadas con opioides constituye una preocupación sanitaria importante. Una investigación reciente sobre prescripciones de opioides para la lumbalgia y riesgo posterior de adicción o sobredosis mostró la relevancia de considerar tanto la dosis como la duración del tratamiento farmacológico.
Sin embargo, prevenir un trastorno por consumo y tratar a una persona que ya lo padece son objetivos clínicos distintos que requieren estrategias específicas.
La intervención no sustituye la metadona ni la buprenorfina
Un aspecto fundamental del ensayo es que MORE se utilizó como complemento de la atención farmacológica existente.
Los participantes continuaron recibiendo metadona o buprenorfina, medicamentos cuya eficacia para tratar el trastorno por consumo de opioides está respaldada por evidencia clínica.
Por tanto, los resultados no indican que la meditación, la atención plena o cualquier otra técnica psicológica puedan sustituir por sí solas los tratamientos farmacológicos indicados para esta enfermedad.
La investigación se concentra en un componente diferente del problema: la forma en que el cerebro responde a estímulos que pueden desencadenar deseos de consumir y dificultar la recuperación.
La búsqueda de intervenciones complementarias forma parte de un esfuerzo más amplio por comprender los mecanismos cerebrales relacionados con los opioides. En otra línea de investigación se han estudiado estrategias experimentales para modular el dolor sin recurrir a los circuitos asociados con la dependencia.
Estos enfoques responden a problemas clínicos diferentes y no deben considerarse tratamientos intercambiables.
Qué falta investigar antes de ampliar su aplicación
Los autores señalan que será necesario realizar ensayos con muestras mayores y participantes procedentes de diferentes contextos asistenciales.
También buscan incorporar más mujeres para estudiar si determinados factores relacionados con el sexo y las hormonas pueden influir en la respuesta al tratamiento.
Entre las líneas de investigación posteriores se encuentra la posibilidad de combinar técnicas de reevaluación cognitiva con estimulación transcraneal por corriente directa, un procedimiento no invasivo que utiliza corrientes eléctricas débiles para modular la actividad cerebral.
Otra estrategia consiste en estudiar la retroalimentación mediante resonancia magnética funcional en tiempo real, con el objetivo de entrenar determinadas respuestas de los circuitos prefrontales.
Estas aplicaciones continúan siendo experimentales y no forman parte de los resultados clínicos demostrados por el ensayo de ocho semanas.
La contribución principal del trabajo es haber documentado, mediante un diseño aleatorizado y mediciones de neuroimagen, que una intervención psicológica complementaria puede modificar respuestas cerebrales relacionadas con estímulos asociados al consumo de opioides.
La relación entre esos cambios y la reducción del craving proporciona una base para nuevas investigaciones sobre tratamientos personalizados, pero todavía no permite establecer qué pacientes obtendrán mayores beneficios ni cuánto tiempo podrían mantenerse las modificaciones observadas.
Fuentes referenciales:
Mount Sinai — Comunicado institucional sobre el ensayo clínico, 28 de octubre de 2026
JAMA Psychiatry — Prefrontal Cortical Changes With Mindfulness-Oriented Recovery Enhancement in Opioid Use Disorder: A Randomized Clinical Trial

