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Así determina un laboratorio si una bacteria resiste a un antibiótico


El antibiograma enfrenta una bacteria aislada de una muestra clínica con distintos antimicrobianos y permite clasificar su respuesta mediante criterios estandarizados de sensibilidad y resistencia


Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz


Saber si una infección bacteriana responderá a un determinado antibiótico requiere mucho más que identificar el microorganismo responsable. En los laboratorios de microbiología clínica, las bacterias aisladas de muestras de pacientes pueden someterse a pruebas de sensibilidad antimicrobiana que permiten establecer qué medicamentos tienen posibilidades de ser eficaces y frente a cuáles existe resistencia.

Una de las técnicas más extendidas es la difusión con discos, conocida habitualmente como antibiograma. El procedimiento consiste en cultivar la bacteria sobre un medio adecuado y colocar discos impregnados con cantidades estandarizadas de diferentes antibióticos. Después de la incubación, el laboratorio observa si el microorganismo ha podido crecer alrededor de cada disco.

El principio parece sencillo, pero su interpretación está rigurosamente estandarizada. El Comité Europeo de Evaluación de la Sensibilidad Antimicrobiana (EUCAST) establece métodos, controles de calidad y puntos de corte clínicos para determinar si un microorganismo debe clasificarse como sensible, sensible con una mayor exposición al medicamento o resistente.

Estas pruebas tienen una importancia creciente porque la resistencia antimicrobiana está reduciendo la eficacia de tratamientos utilizados contra numerosas infecciones y obliga a buscar tanto mejores estrategias diagnósticas como nuevos medicamentos.

Todo comienza con una muestra clínica

El trabajo del laboratorio puede comenzar con sangre, orina u otras muestras obtenidas del paciente, dependiendo del tipo de infección que se sospeche. Cuando se consigue aislar una bacteria potencialmente responsable de la enfermedad, los microbiólogos pueden estudiar su comportamiento frente a los antibióticos.

En la difusión con discos, se prepara una suspensión bacteriana con una concentración estandarizada y se distribuye sobre una placa con medio de cultivo. EUCAST utiliza agar Mueller-Hinton para muchas bacterias y medios suplementados para microorganismos con requisitos nutricionales más exigentes.

Sobre esa superficie se colocan discos que contienen concentraciones definidas de antimicrobianos. Durante la incubación, las bacterias comienzan a multiplicarse mientras el medicamento se difunde desde cada disco hacia el agar.

Si el antibiótico inhibe eficazmente al microorganismo, aparece alrededor del disco una zona en la que no existe crecimiento bacteriano visible. Es el denominado halo o zona de inhibición. Su diámetro se mide y se compara con puntos de corte establecidos específicamente para la combinación entre microorganismo y antimicrobiano.

El tamaño del halo necesita interpretación

Un halo grande no significa automáticamente que un medicamento sea adecuado y uno pequeño no puede interpretarse aisladamente como prueba definitiva de resistencia. Los resultados deben compararse con criterios estandarizados que relacionan las características microbiológicas con las concentraciones de antibiótico alcanzables durante el tratamiento.

EUCAST clasifica actualmente los microorganismos en tres categorías: susceptible con régimen de dosificación estándar (S), susceptible cuando se incrementa la exposición al antimicrobiano (I) y resistente (R).

La categoría resistente indica que existe una elevada probabilidad de fracaso terapéutico incluso cuando se incrementa la exposición al medicamento. La categoría I, por su parte, no significa simplemente una resistencia intermedia: señala que existe una alta probabilidad de éxito cuando la exposición al antimicrobiano puede aumentarse mediante ajustes de dosificación, frecuencia, vía de administración o concentración en el lugar de la infección.

Determinar correctamente estas diferencias resulta particularmente importante ante bacterias capaces de acumular mecanismos de resistencia. Un estudio desarrollado en Guatemala, por ejemplo, encontró que la exposición a hospitales y centros sanitarios estaba asociada con una mayor probabilidad de colonización por enterobacterias resistentes a cefalosporinas.

La concentración mínima inhibitoria ofrece otra medida

La difusión con discos no es la única herramienta disponible. Otra referencia fundamental es la concentración mínima inhibitoria, conocida como MIC por sus siglas en inglés. Esta representa la concentración más baja de un antimicrobiano capaz de impedir el crecimiento visible del microorganismo bajo condiciones estandarizadas.

EUCAST considera la microdilución en caldo como método de referencia para determinar la MIC de numerosas bacterias. En este procedimiento se expone el microorganismo a concentraciones progresivas del antibiótico distribuidas en pequeños compartimentos y se identifica la concentración a partir de la cual deja de observarse crecimiento.

También existen sistemas comerciales, pruebas de gradiente y equipos semiautomatizados capaces de estimar la sensibilidad. Independientemente de la tecnología empleada, el control de calidad y la correcta interpretación de los puntos de corte son indispensables antes de emitir el informe microbiológico.

Además, el laboratorio puede recurrir a pruebas específicas cuando necesita detectar determinados mecanismos de resistencia. EUCAST dispone de recomendaciones fenotípicas para identificar resistencias de relevancia clínica y epidemiológica y de reglas destinadas a comprobar que los resultados obtenidos son coherentes con el comportamiento conocido de cada especie bacteriana.

Algunas pruebas pueden ofrecer resultados en pocas horas

El tiempo es especialmente importante en infecciones graves, como las que afectan al torrente sanguíneo. Esperar demasiado para conocer la sensibilidad puede obligar inicialmente a utilizar tratamientos empíricos mientras se completa el estudio microbiológico.

Para reducir esa demora, EUCAST ha desarrollado un método rápido de sensibilidad antimicrobiana, denominado RAST, que permite realizar difusión con discos directamente a partir de determinados frascos de hemocultivo positivos. Las placas pueden ser interpretadas después de 4, 6, 8 o entre 16 y 20 horas de incubación, siguiendo puntos de corte específicos para el método.

La posibilidad de obtener información temprana puede ayudar a ajustar el tratamiento cuando existe sospecha de microorganismos resistentes. Esa necesidad es especialmente evidente ante patógenos capaces de propagarse mientras pierden sensibilidad a varios medicamentos, como ocurre con determinadas variantes de Shigella que presentan una elevada resistencia a los antibióticos.

Resistencia no significa que la bacteria sea invulnerable

Una bacteria resistente a un antibiótico no es necesariamente resistente a todos. Los microorganismos pueden desarrollar mecanismos específicos: modificar la estructura sobre la que actúa el fármaco, producir enzimas que lo inactivan, reducir su entrada en la célula bacteriana o expulsarlo mediante sistemas moleculares especializados.

Por esta razón, un antibiograma puede mostrar simultáneamente resistencia frente a algunos medicamentos y sensibilidad frente a otros. El perfil obtenido proporciona al equipo clínico información para seleccionar opciones terapéuticas, siempre considerando también el lugar de la infección, las características del paciente, la dosis y otros factores clínicos.

La resistencia tampoco surge únicamente durante una infección concreta. Las bacterias y los genes que les permiten soportar antimicrobianos pueden circular entre personas, animales y ambientes. Incluso una persona sin síntomas puede estar colonizada por microorganismos resistentes y contribuir a su transmisión.

El problema alcanza también a la microbiota normal. Investigaciones recientes muestran que algunos efectos de los antibióticos sobre la composición del microbioma intestinal pueden persistir durante años, junto con cambios en la presencia de genes de resistencia.

El antibiograma ayuda a preservar los antibióticos eficaces

Conocer la sensibilidad de una bacteria no solo permite orientar el tratamiento de un paciente. También contribuye a evitar el uso innecesario de antibióticos de amplio espectro y a vigilar la aparición de patrones de resistencia dentro de hospitales y comunidades.

El fenómeno es dinámico. La presión ejercida por los antimicrobianos favorece la selección de microorganismos capaces de sobrevivir, mientras los genes de resistencia pueden mantenerse y propagarse entre poblaciones bacterianas. Por ello, la vigilancia microbiológica constituye una pieza esencial de las políticas de uso prudente de antibióticos.

Incluso exposiciones tempranas pueden influir en este ecosistema. Un estudio reciente encontró que la lactancia materna exclusiva se asoció con una menor abundancia y diversidad de genes de resistencia a los antibióticos en el intestino infantil, un ejemplo de cómo el resistoma comienza a configurarse desde los primeros meses de vida.

El laboratorio de microbiología permite convertir un fenómeno invisible a simple vista en información clínicamente utilizable. Cultivar una bacteria, enfrentarla a diferentes antimicrobianos, medir su respuesta y aplicar criterios estandarizados proporciona una guía para distinguir qué medicamentos conservan actividad y cuáles tienen una elevada probabilidad de fracasar frente a ese microorganismo.

Fuentes referenciales:
EUCAST — Disk Diffusion and Quality Control
EUCAST — Clinical Breakpoint Tables
EUCAST — MIC Determination
EUCAST — Rapid Antimicrobial Susceptibility Testing
Salud y Medicina