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Invertir en salud puede reducir un 30 % la carga de enfermedad en América Latina


Especialistas reunidos en Costa Rica plantean que prevención, diagnóstico oportuno y atención más cercana al paciente pueden mejorar la salud y proteger el desarrollo económico de una región que envejece con rapidez


Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Karem Díaz S.


América Latina afronta una transformación sanitaria marcada por dos procesos simultáneos: una población que envejece rápidamente y una creciente carga de enfermedades crónicas. Especialistas reunidos los días 6 y 7 de octubre en San José, Costa Rica, durante el Roche Press Day LATAM 2026, plantearon que aumentar la prevención, garantizar tratamientos oportunos y acercar los servicios a los pacientes puede producir beneficios tanto sanitarios como económicos.

Uno de los datos centrales presentados durante el encuentro procede de análisis del McKinsey Health Institute. Brad Herbig, director de Datos y Analítica de Salud de la organización, señaló que ampliar el acceso a intervenciones sanitarias cuya efectividad ya está demostrada podría reducir aproximadamente un 30 % la carga de enfermedad de América Latina hacia 2050.

La estimación adquiere especial relevancia porque más del 70 % de los años vividos con mala salud en la región corresponden actualmente a personas en edad laboral. Las consecuencias, por tanto, trascienden al sistema sanitario y alcanzan la productividad, los ingresos de los hogares, la participación en el mercado de trabajo y el gasto público.

El desafío forma parte de una presión asistencial más amplia. Como ha informado Mundo de la Salud, cerca de 470 millones de personas viven con afecciones neurológicas o relacionadas con lesiones del sistema nervioso en América, mientras aumenta la necesidad de rehabilitación y cuidados prolongados.

América Latina envejece en apenas cuatro décadas

Herbig destacó que la transición demográfica latinoamericana hacia una población envejecida está ocurriendo mucho más rápido que la experimentada históricamente por Europa. Mientras el proceso europeo se desarrolló aproximadamente durante un siglo, América Latina podría atravesarlo en alrededor de 40 años.

Una mayor longevidad representa un avance social y sanitario, pero también obliga a diferenciar entre años de vida y años vividos con buena salud. A medida que aumenta la supervivencia, enfermedades cardiovasculares, cáncer, diabetes, trastornos neurológicos y otras patologías crónicas adquieren mayor peso dentro de las necesidades asistenciales.

La capacidad funcional también se convierte en un indicador fundamental. La prioridad no consiste únicamente en prolongar la vida, sino en preservar movilidad, independencia y participación social durante más tiempo. Esta perspectiva coincide con investigaciones que analizan nuevas formas de medir el envejecimiento saludable a partir de la funcionalidad, la resiliencia y la calidad de vida.

El envejecimiento también modifica la organización necesaria de los servicios. Un paciente con varias enfermedades crónicas puede necesitar atención primaria, especialistas, rehabilitación, medicamentos y seguimiento durante años, lo que exige una coordinación diferente a la utilizada para resolver episodios agudos aislados.

La prevención concentra buena parte del beneficio potencial

De acuerdo con las estimaciones presentadas por el McKinsey Health Institute, más del 60 % del potencial de reducción de la carga de enfermedad estaría relacionado con la prevención. Sin embargo, durante el encuentro se indicó que los países latinoamericanos destinan alrededor del 5 % del gasto sanitario a esta área.

La prevención incluye intervenciones muy diferentes: vacunación, control de factores de riesgo cardiovascular, detección temprana, promoción de actividad física, alimentación saludable y medidas dirigidas a reducir el consumo de tabaco y otros factores asociados con enfermedades evitables.

La importancia de anticiparse a la enfermedad se vuelve especialmente evidente cuando se analiza el envejecimiento. La pérdida de fuerza, por ejemplo, puede convertirse en un factor de dependencia durante la vejez, mientras que la intervención frente a la sarcopenia mediante ejercicio de resistencia, nutrición adecuada y atención temprana puede ayudar a conservar autonomía.

El planteamiento de los especialistas no implica que la prevención pueda sustituir el tratamiento de quienes ya están enfermos. Los sistemas sanitarios necesitan financiar simultáneamente estrategias preventivas y la atención de una población que actualmente vive con enfermedades crónicas y requiere medicamentos, controles y cuidados continuados.

La distancia puede convertirse en una barrera para recibir tratamiento

Otro eje del encuentro fue la descentralización de la asistencia. María Pía Orihuela, gerente general de Roche Pharma Argentina, señaló que uno de cada tres pacientes oncológicos en Argentina modifica o interrumpe su atención debido a las grandes distancias que necesita recorrer.

Acercar determinados tratamientos al domicilio o a centros sanitarios próximos puede reducir desplazamientos y liberar capacidad en hospitales de alta complejidad. Algunas innovaciones farmacológicas permiten sustituir, en pacientes seleccionados, procedimientos hospitalarios prolongados por formulaciones subcutáneas, orales u otras modalidades que requieren menos tiempo dentro del hospital.

La descentralización no consiste simplemente en trasladar un medicamento. Martín Sabignoso, consultor senior en salud para América Latina, explicó durante el encuentro que también requiere equipos capacitados, protocolos, circuitos de derivación y coordinación entre centros de distinta complejidad.

Las barreras tampoco son exclusivamente geográficas. Los pacientes pueden enfrentarse a dificultades organizativas para obtener una consulta, costos de transporte y alimentación, pérdida de jornadas laborales o falta de información sobre los servicios disponibles. El mismo problema aparece en diferentes enfermedades: la continuidad del tratamiento y la reducción de barreras de acceso son también objetivos centrales de las estrategias regionales frente al VIH.

La atención domiciliaria puede liberar capacidad hospitalaria

Entre las experiencias presentadas se encuentra el programa de hospitalización domiciliaria del Hospital Municipal de Agudos Dr. Leónidas Lucero, en Bahía Blanca, Argentina. El modelo atiende a pacientes mayores de 17 años clínicamente estables, con acompañamiento familiar y condiciones apropiadas para recibir cuidados en sus hogares.

Según los datos expuestos por Matías Mirofsky, subjefe del Servicio de Clínica Médica del hospital, el programa pasó de atender 270 a 422 pacientes en tres años. Muchos son adultos mayores que presentan entre tres y cinco enfermedades crónicas.

La experiencia muestra además que los resultados económicos pueden cambiar a medida que un programa madura. En su etapa inicial, la atención domiciliaria tuvo un costo superior al de una cama convencional, pero en diciembre de 2025 llegó a representar un costo 54 % menor. El modelo incorporó telesalud, infusiones intravenosas de hierro y determinados tratamientos oncológicos en el domicilio.

Este tipo de estrategia no sustituye a los hospitales. Los centros de alta complejidad siguen siendo indispensables para pacientes inestables, cirugías, cuidados intensivos, procedimientos especializados y otras intervenciones que no pueden trasladarse de forma segura fuera del entorno hospitalario.

El diagnóstico temprano puede ampliar las opciones terapéuticas

La reorganización sanitaria también busca reducir los tiempos entre la aparición de una enfermedad, su diagnóstico y el inicio del tratamiento. Este aspecto resulta especialmente importante en oncología, donde las posibilidades terapéuticas pueden cambiar considerablemente según la etapa en la que se detecte el tumor.

La experiencia regional muestra cómo organización y tecnología necesitan avanzar conjuntamente. Mundo de la Salud ha analizado anteriormente cómo América Latina intenta combinar diagnóstico temprano y medicina personalizada para mejorar la atención del cáncer, aunque persisten diferencias importantes de acceso entre territorios y sistemas sanitarios.

En el encuentro de Costa Rica se expusieron proyectos destinados precisamente a reducir esas brechas. En Córdoba y Mendoza, Argentina, se desarrollan iniciativas para descentralizar la atención del cáncer de mama, trasladando determinadas prestaciones hacia centros periféricos o incorporando modalidades domiciliarias.

La necesidad de mejorar el acceso resulta especialmente importante ante el crecimiento esperado de la carga oncológica. Las proyecciones internacionales indican que el número mundial de nuevos casos de cáncer podría aumentar con fuerza hacia 2050, incluso mientras los avances en prevención, diagnóstico y tratamiento permiten reducir la mortalidad de algunos tumores.

Invertir en salud también protege el capital humano

Marcela Ponce, representante del Grupo Banco Mundial en Costa Rica, sostuvo durante el encuentro que la insuficiente inversión sanitaria genera costos que terminan trasladándose a los hogares, las empresas y la economía. La mala salud reduce la capacidad de trabajar, aumenta el ausentismo, incrementa las necesidades de cuidados y puede obligar a las familias a asumir gastos adicionales.

Uno de los ejemplos utilizados para mostrar el impacto de políticas sanitarias orientadas a resultados fue la experiencia argentina del Plan Nacer, antecesor del Programa SUMAR. Una evaluación respaldada por el Banco Mundial encontró que, en grandes maternidades de un subgrupo de provincias, los bebés de madres beneficiarias tuvieron un 74 % menos de probabilidad de muerte neonatal intrahospitalaria.

El ejemplo ilustra una cuestión central del debate: no basta con aumentar recursos si el financiamiento no se relaciona con resultados verificables. Los especialistas reunidos en Costa Rica plantearon fortalecer la atención primaria, medir el impacto de las intervenciones y organizar los servicios alrededor de las necesidades reales de los pacientes.

América Latina tendrá que afrontar esa transformación mientras crecen simultáneamente la longevidad y las enfermedades crónicas. La discusión sanitaria pasa así de cuánto cuesta atender la enfermedad a cuánto pueden ahorrar, en vidas saludables y recursos económicos, la prevención, el diagnóstico temprano, el tratamiento oportuno y una atención capaz de llegar al paciente sin importar la distancia que lo separa de un hospital especializado.

Fuentes referenciales:
Banco Mundial — Cobertura universal efectiva de salud en Argentina
McKinsey Health Institute — Envejecimiento saludable
Infobae