La exposición afecta a fumadores y no fumadores, con especial riesgo para niños, embarazadas, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Luis Ortega
El humo del cigarrillo no afecta únicamente a quien fuma. También perjudica a las personas que conviven, trabajan o transitan cerca de fumadores, porque la exposición involuntaria introduce sustancias tóxicas en el ambiente y compromete la salud de niños, embarazadas, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias.
La Dra. Stella Maris Cuevas, médica otorrinolaringóloga, experta en olfato y alergista, plantea esta advertencia en el marco del Día Mundial Sin Tabaco. El mensaje central es claro: fumar en un espacio compartido puede parecer una decisión individual, pero sus consecuencias son colectivas.
Qué contiene el humo del tabaco
El humo del cigarrillo contiene nicotina, alquitrán y monóxido de carbono. La nicotina es una sustancia altamente adictiva que afecta el cerebro y el sistema cardiovascular. El alquitrán deja residuos pegajosos que dañan los pulmones. El monóxido de carbono es un gas tóxico, inodoro, incoloro e insípido que reduce la cantidad de oxígeno disponible en la sangre.
La exposición no ocurre solo dentro de viviendas cerradas. También puede producirse en vehículos particulares, paradas de transporte público, accesos a hospitales y otros espacios donde el humo queda suspendido o alcanza a personas que no eligieron fumar.
Organismos internacionales advierten que el tabaco causa más de 8 millones de muertes al año en el mundo. Más de 7 millones corresponden al consumo directo de tabaco y alrededor de 1,3 millones afectan a personas no fumadoras expuestas al humo ajeno.
Primera, segunda y tercera mano
La exposición al tabaco puede clasificarse en tres categorías. Los fumadores de primera mano son quienes inhalan directamente el humo del cigarrillo. Los fumadores de segunda mano son las personas que no fuman, pero respiran el humo presente en el ambiente. Los fumadores de tercera mano quedan expuestos a residuos tóxicos que permanecen en ropa, alfombras, muebles, paredes y piel después de apagar el cigarrillo.
Esta última forma de exposición resulta especialmente preocupante para niños pequeños y mascotas, porque pueden entrar en contacto con superficies contaminadas. Los residuos del tabaco no desaparecen cuando el humo deja de verse; pueden quedar adheridos al entorno y reaccionar con otros componentes ambientales.
La protección frente al humo forma parte de una conversación más amplia sobre reducción del consumo de cigarrillos y políticas públicas orientadas a limitar la exposición al tabaco en espacios compartidos.
Daño respiratorio, cardiovascular y sensorial
El humo del tabaco afecta prácticamente todos los órganos del cuerpo. Incrementa el riesgo de cáncer, enfermedades cardiovasculares, accidente cerebrovascular, enfermedad pulmonar obstructiva crónica y múltiples trastornos respiratorios.
El daño no se limita a los pulmones. Fumar también puede afectar la laringe, provocar voz ronca, generar lesiones en labios, dejar manchas oscuras y favorecer la presencia de material pegajoso en los dientes. La Dra. Cuevas advierte que ciertas lesiones deben estudiarse mediante biopsia para orientar un tratamiento adecuado.
El humo también deteriora el olfato y el gusto, dos sentidos esenciales para disfrutar los alimentos, detectar peligros y mantener calidad de vida. Además, cada inhalación introduce miles de sustancias químicas que generan inflamación y estrés oxidativo, procesos vinculados al envejecimiento prematuro de los tejidos.
El humo ambiental también irrita las vías respiratorias
El impacto del humo no se limita al cigarrillo. La combustión incompleta del petróleo, los escapes de autos, colectivos y camiones, y las quemas de pastizales liberan contaminantes que agravan síntomas en personas con asma, alergias u otras enfermedades respiratorias.
Entre esos contaminantes se encuentran partículas PM 2.5 y PM 10, hollín y cenizas suspendidas en el aire. Estas micropartículas pueden penetrar en los pulmones y afectar el aparato respiratorio. En los vehículos también aparecen sustancias químicas y metales como arsénico, formaldehído, plomo e hidrocarburos parcialmente quemados que forman parte del smog.
Este contexto se relaciona con otros riesgos respiratorios y ambientales, como la contaminación del aire, cuyos efectos sanitarios se estudian cada vez más por su impacto sobre distintos órganos y grupos vulnerables.
Qué mejora al dejar de fumar
Abandonar el tabaco produce beneficios rápidos. Al dejar de fumar disminuye la frecuencia cardíaca, mejora la oxigenación de la sangre y pueden recuperarse progresivamente el olfato y el gusto. Con el paso de los años también se reduce de manera significativa el riesgo de enfermedades graves.
La recuperación no borra de inmediato todo el daño acumulado, pero cambia la trayectoria de riesgo. En términos de salud pública, cada espacio libre de humo protege tanto a la persona que deja de fumar como a quienes estaban expuestos de forma involuntaria.
Respirar aire limpio no debe entenderse como un privilegio, sino como una condición básica de convivencia. Reducir el humo del tabaco en hogares, vehículos y espacios comunes implica proteger la salud respiratoria, cardiovascular y sensorial de toda la comunidad.
Fuente(s) referenciales
Infobae – Qué tiene el humo del cigarrillo y cómo impacta en el cuerpo humano
